Juan Velásquez, científico que estudió el esoterismo: “Algo de verdad debe haber en lo que consideramos chanta”

El ingeniero civil electricista y en computación de la Universidad de Chile, doctorado en ingeniería de la información de la U. de Tokio, era un tipo bastante incrédulo. Para él, el esoterismo era charlatanería. Sin embargo, puso a prueba sus propios prejuicios. Y visitó a tarotistas, radioestecistas y brujos de campo que le abrieron la mente y decidió escribir una novela al respecto. En “Magia. Iniciado”, la primera de una saga de cuatro libros, trata de darle una explicación científica, a través de la física cuántica, al mundo del tarot, las canalizaciones, las sanaciones crísticas y la magia negra. Juan Velásquez, que además de ser barman, rockero y ex tallerista de Nicanor Parra, es un bicho raro en las ciencias: también cree en la existencia de Dios y pone en duda la teoría del Big Bang.

Este libro es bien curioso. Es una novela romántica, pero que mezcla la física cuántica con los temas esotéricos.
-Sí. Siempre había querido escribir una novela romántica, porque siempre me ha gustado ese género, pero actualizada con las herramientas tecnológicas de hoy, que metiera tinder o facebook por ejemplo, y tuviera otros ingredientes que al principio no tenía muy claros. Pensando en esos ingredientes, un día caminando por la calle 21 de Mayo, que queda a un costado de Plaza de Armas, vi a unos tipos leyendo el tarot. Se me prendió la ampolleta: “Aquí puede haber una historia”, pensé. Y me dieron ganas de estudiar todo lo relacionado al tarot y otras cosas esotéricas que sirvieran para contar la historia de amor entre un científico que se enamora de una ingeniera que conoció hace 16 años en el sitio tucita.com, el tinder de la época, y se reencuentran después en facebook ya con sus vidas hechas. Él tiene sus rollos propios. Es un médico muy connotado, que no cree en nada que no le demuestre la ciencia, pero que empieza a cuestionarse todo. Al final, es una provocación la que estoy haciendo al poner en duda lo que se conoce como verdad científica. Habría que preguntarse también qué es una verdad científica.

¿Qué es?
-Hace 200 años Newton promulgó sus famosas leyes de la física que se transformaron prácticamente en dogma, pero aparece Einstein y ahí quedaron. Hoy estamos hablando de las ondas gravitacionales predichas por Einstein. Y él mismo decía que para poder detectarlas necesitaríamos 5 mil años para medir este cambio a nivel cuántico. Y, bueno, se hicieron en menos de 80 años. Entonces, ¿hasta dónde dura la verdad científica? Dura hasta que aparece otra. Ese planteamiento me llevó a armar un libro donde te digo que los temas esotéricos, efectivamente, son fantásticos, pero qué pasaría si en un tiempo más demuestro que sí tenían asidero. O que podamos demostrar que es verdad cuando dicen que una persona anda con la nube negra. Ahora no tenemos cómo, pero imagínate que podamos desarrollar algún instrumento mucho más fino en percepción de ondas electroencefálicas, que logre marcar un estado tuyo que diga “pucha, aquí hubo una variación que está relacionada con lo otro”. Eso cambiaría todo.

En el libro, desde la mecánica cuántica, intentas darle una explicación a la magia negra, por ejemplo.
-Sí. En el esoterismo se habla de la existencia de un cuerpo energético o sutil ligado a nuestro cuerpo físico. O sea, se nos invita a pensar que somos energía. La famosa ecuación de Einstein nos dice lo mismo: E=MC2, donde C es la constante de la luz. Es decir, la masa que forma nuestro cuerpo físico es energía también. Si se dice que la magia negra quiebra la voluntad o el libre albedrío de las personas para influir negativamente en ellos, me pregunto ¿cómo ocurre este fenómeno? Si somos energía y ésta se representa como un tren de ondas, entonces ¿no será que algunas personas son capaces de influenciar a otros a través de las ondas cerebrales que generan? Mira, al personaje principal de mi novela le empiezan a pasar cosas después de un quiebre con su pareja. Siente mareos, le viene un ataque, queda mal y ve cosas.

Le dicen que es víctima de magia negra.
-Sí. Pero él piensa que se volvió loco. Obviamente, como buen científico, intenta darle una explicación racional: “bueno, esto fue producto de una hipoxia”. Sin embargo, queda con el bichito dándole vueltas y comienza a tratar de darle respuesta a estas situaciones que la ciencia descarta. El tipo va a ver a un tarotista y el tipo le dice que le hicieron magia negra. Conoce a un radioestecista, estos tipos que andan con un péndulo, que le dice lo mismo.

¿Te juntaste con ellos para este libro?
-Sí. Lo que hice fue una investigación periodística, si quieres, en la cual entrevisté a dos tarotistas, un radioestecista y un meico de campo. Estos personajes van ayudando a que el personaje de la novela transite desde la no creencia total a decir ¿si fuera cierto? Te diré una premisa científica: “El tarot no puede predecir nada”. Ahí se zanja el tema, pero ¿tenemos la herramienta científica para decir que no predice nada? No. Decir esto es mentira, desde el punto de vista científico, es un tanto complejo.

Te leíste las cartas con tarotistas. ¿Le achuntaron en lo que te dijeron?
-El tarot no puede predecir nada, pero te puede hacer una extrapolación de algo que podría suceder en el futuro. Te voy a hacer una magia: ¿qué pasa si nos tomamos una botella de whisky entera? Si te digo que mañana nos dolerá la cabeza, ¿me creerías o no?

Sí…
-Ya, hicimos una predicción. Para mí, el tarot es eso, es como el Test de Rorschach.

¿Cómo así?
-Cuando te leen las cartas, tú vas diciendo cosas y el otro te va analizando. Y en el Test de Rorschach es lo mismo: te van preguntando qué es lo que vas viendo, y basado en eso, te dicen si tienes ciertos temores. Ahora, me preguntas si le achuntaron o no, la verdad es que da poco pie a que te puedan hacer un análisis muy profundo. Pero ni un psicólogo lo podría hacer. Ahora, los médicos sintergéticos me llaman la atención. Ellos combinan medicina occidental con oriental. Y usan el péndulo también en sus diagnósticos. Los escuchas hablar de campos energéticos o practicando acupuntura. En ese sentido, ¿cómo puedo explicar científicamente que si tienes un dolor en la espalda tremendamente agudo llegue un tipo, te clave una aguja y te sane? No tengo explicación. Pero pasa. Por eso hasta que no pueda demostrar que la medicina cuántica es charlatanería, al menos mantendré mi mente abierta a que algunas enfermedades puedan ser, en parte, diagnosticadas usando métodos que se consideran alternativos por la medicina occidental.

LA SOBERBIA

¿Por qué están tan separadas la ciencia del mundo más esotérico?
-De alguna manera, nos ha alejado esta forma que tenemos los científicos de decir “aquello que no se demuestra, para mí no corre”. El esoterismo en el mundo de la ciencia se descarta a priori por no tener explicación científica y se denosta diciendo que es chanta. De hecho, antes yo también era de esos que decía “esto es charlatanería”. Antes pensaba cómo alguien con un pendulito o tirándome las cartas va a ver mi vida. Pero cuando conversas con ellos empiezas a cuestionarte ciertos cánones que dabas como verdad absoluta.

¿Ahora eres un científico esotérico?
-Ni siquiera ahora creo tanto en estas cuestiones esotéricas. Y no se trata de creer o no. Lo que me pasó fue que se me abrió la mente. Ahora pienso: algo de verdad debe haber dentro de todo esto que consideramos fantástico o chanta. Lo que cambia es la actitud. Esa soberbia científica… Este camino me produce una sana humildad para no pararme en el podio y decir como científico esto es así y no de otra manera.

Los científicos suelen creerse dueños de la verdad. A veces son bien soberbios.
-Uf, en el mundo científico parece que es requisito de contratación ser soberbio y que si no tienes esa soberbia no te pescarán. A algunos científicos les falta un poquito de humildad y menos prepotencia para no denostar lo que consideran chanta solo porque no tiene explicación científica. Hay algunos que se creen dueños de la verdad absoluta. Pero esa soberbia está en todo el mundo. Por ejemplo, a los médicos les llaman muchas veces como diostor. Bueno, eso mismo pasa con los ingenieros o periodistas. Si ves los debates presidenciales, muchos periodistas están dando cátedra de ser portadores de la verdad. A Galileo Galileo le hicieron jurar que las cosas no se movían. En ese momento la fe se impuso a la ciencia. A Giordano Bruno, a ese pobre monje lo quemaron por atreverse a decir que habían otros planetas, y fue más allá porque dijo que probablemente existían seres animales igual que acá. Lamentablemente, el monje no tenía un telescopio. Y si lo hubiese tenido, le habrían dicho que era algo satánico. ¿Cuántas de estas verdades científicas o creencias populares son denostadas por no tener el instrumento adecuado para medirlo? Por ejemplo, Einstein, según sus ecuaciones, dijo que existían las ondas gravitacionales. ¿Y si nunca las hubiésemos descubierto 80 años después, tendríamos que decir que Einstein era un charlatán?”.

¿En qué crees?
-Te cuento: yo soy cristiano. No católico, pero creo en Dios.

Los científicos suelen ser más incrédulos.
-Hay de todo, pero la mayoría son ateos o agnósticos. Cuando declaro que soy cristiano, que creo en Cristo, paso a ser un bicho raro entre mis compañeros. Un amigo para entenderme me dijo: tú crees en un ser imaginario, que no tenemos cómo probar que existe, pero tú sientes que siempre te acompaña, ¡demuéstramelo!” Y yo voy y le digo: “demuéstrame que ese ser no existe”. Y ahí quedan.

¿Dios nos creó?
-No sé si es el Dios católico o hindú, pero tuvo que haber algo, una presencia, que le dio el vamos y generó ese primer impulso para que haya vida en esta tierra.

La explicación científica es la Teoría del Big Bang…
-Trata de explicarme el Big Bang. ¿Me puedes dar una certeza de que existió, estuviste ahí o no? Si mi colega me dice ¿tú viste a Dios?, yo le respondo “bueno, ¿tú estuviste en el Big Bang? O cuando te dicen el núcleo de la tierra está formado por hierro. Yo digo “¿y cómo sabís?” “No, es que un experimento”, “¿pero has estado allá?” “No”. Yo tengo fe en que eso fue así. Y le creo, porque me están mostrando un paper de que hicieron un trabajo serio, pero no lo he visto. También puedo dudar.

Además de ser científico, interesado en temas esotéricos, eres un barman que prepara tragos mágicos con nombres como “Conjuro de Negroni” (ver recetas en www.magialasaga.cl).
-He tratado que esos tragos sean bien mágicos. Es un juego. Soy cocinero también y le pongo a los platos nombres esotéricos. Ambas facetas las practico solo con mis amigos. No me vas a pillar en un restorán o bar. También soy rockero de los duros. Lo mío es el heavy metal, Metallica, Iron Maiden, Anthrax. Soy un académico bastante atípico.

¿Es verdad que tomaste un taller de literatura con Nicanor Parra?
-Sí. Hace 26 años fui de oyente a su taller en la U. A este caballero le pregunté si tenía alguna recomendación para darme si algún día me daba por escribir. Y me quedó mirando y con esa voz profunda que tiene me dijo: “la recomendación es que cuando le baje la inspiración póngase a escribir”. Él siempre repetía que tenía la función de abrirnos la mente, que no por estar metido en la ciencia uno tenía que dejar de lado las humanidades. Yo siempre tuve ese conflicto. ¿Por qué me metí estudiar ingeniería? La verdad es que quería ser astrónomo. ¿Por qué me metí a estudiar ciencia dura? Bueno, la verdad, la medicina no era mi área, veo un poco de sangre y me desmayo. Por otro lado, yo tenía una ortografía y redacción bien horrenda en el colegio. No me veía escribiendo un libro y terminé haciendo una novela.

¿Seguiste en contacto con Parra?
-No. Él fue un referente para decir “pucha, no estoy tan mal”. Siempre tuvo una buena disposición para orientarme. Tampoco quiero decir que haya sido trascendental en todo lo demás. Simplemente, lo que me dijo me quedó dando vueltas.

MAGIA. INICIADO
Juan D. Velásquez
Simplemente Editores, 272 páginas.
Comentarios
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