Como parte de una campaña de Internacional Liberal (IL) para conmemorar el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se invita los parlamentarios de los partidos miembros de LI a escribir artículos de opinión breves sobre algunos de los artículos principales de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Forjada en 1948 como una herramienta de consenso global para romper los núcleos gemelos de dominación y discriminación, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) es un hito en nuestra búsqueda compartida de las libertades básicas y el desarrollo.

Desde las Filipinas hasta Zanzíbar, el diálogo sobre los derechos humanos ha florecido durante siete décadas, barriendo continentes y alentando a las comunidades a desafiar las creencias tradicionales. Los liberales pueden estar orgullosos de la demanda de los valores que defendemos, arraigado en parte en la gran carta de Eleanor Roosevelt. El derecho a los derechos, tanto individuales como colectivos, sigue siendo vociferante y persuasivo.

Para los autores, parlamentarios liberales de Canadá y Chile, estamos comprometidos, en diferentes etapas, en uno de los debates más emotivos en el léxico de los derechos humanos: la muerte médicamente asistida. La autonomía está ganando terreno en la relación médico-paciente, ya que el control sobre las elecciones médicas importantes relacionadas con el cuidado al final de la vida recae cada vez más en el paciente.

A medida que más países se embarcan en los debates delicados en torno a la muerte médicamente asistida, tienen el deber de considerar los estatutos de sus derechos nacionales, pero también los valores liberales establecidos en la DUDH, ya que un número creciente de personas están considerando si es un principio legítimo para los gobiernos prohibir a los adultos en el uso de sus facultades de morir con dignidad, incluso en circunstancias bien definidas. Nuestra respuesta es que no lo es.

Diez años después de la adopción de la DUDH, la presidenta de la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Eleanor Roosevelt, preguntó: “Después de todo, ¿dónde comienzan los derechos humanos universales? En lugares pequeños, cerca de casa, tan cerca y tan pequeño que no se los pueden ver en ningún mapa del mundo. Sin embargo, son el mundo de la persona individual… donde cada hombre, mujer y niño busca la igualdad de justicia, la
igualdad de oportunidades, la igualdad de dignidad sin discriminación”.

Sin embargo, la verdad es que la despenalización de la muerte médicamente asistida no encuentra su justificación exclusivamente en el valor de la libertad; también está profundamente arraigado en la necesidad humana de proteger a un ser querido del sufrimiento.

La muerte médicamente asistida está igualmente preocupada por la compasión.

Por eso, como autores de este artículo, instamos a los países a modernizar su legislación para crear un espacio para que la autonomía y los derechos humanos existan en armonía, en el contexto de la muerte médicamente asistida. Para cultivar el debate, proponemos los siguientes criterios básicos, que son consistentes con la ley aprobada en Canadá y el proyecto de ley presentado con éxito al parlamento chileno.

Para ser apto para la asistencia médica y legal para la muerte, un paciente debe:

1. Tener al menos 18 años y ser mentalmente competente.

2. Hacer voluntariamente una solicitud de la muerte médicamente asistida y libre de cualquiera presión o influencia externa.

3. Padecer una enfermedad terminal grave e irreversible, una enfermedad o una discapacidad en la que el paciente se encuentra en un punto en lo cual su muerte natural es razonablemente previsible y está experimentando un sufrimiento insoportable que no puede ser aliviado bajo condiciones que sean aceptables para él o ella.

4. Declarar, frente a dos profesionales de la medicina en ocasiones separadas, con al menos cierto período de diferencia, que él o ella desea asistencia médica para poner fin a su vida.

Bajo estas condiciones muy precisas, creemos que una sociedad que respeta la libertad individual debe reconocer la muerte médicamente asistida como un derecho fundamental.

Medically assisted dying is being implemented in Canada and Colombia and it must not be relegated by politicians elsewhere to the league of ‘too tough to talk about’. We hope that those states which have not yet moved in this direction will do so carefully but promptly.

Aquellos que buscan usar el poder del estado para restringir las libertades de este selecto grupo de ciudadanos buscan imponer sus creencias morales a individuos que viven en condiciones en las que ellos probablemente nunca hayan vivido. Estos no son valores que compartimos.

Estamos totalmente de acuerdo en que ningún profesional médico u otro individuo debe ser obligado a participar en la muerte médicamente asistida y que no se debe alentar ni obligar a ningún individuo a hacer uso de ella. Pero prevenir que las personas que cumplan con todos los criterios que establecimos anteriormente tomen la decisión de terminar con su vida a través del poder del derecho penal, va demasiado lejos en una sociedad que valora los derechos humanos y la autonomía. La muerte médicamente asistida se está implementando en Canadá y Colombia y no debe ser relegada por políticos en otros lugares bajo la justificación de “demasiado difícil de hablar”. Esperamos que aquellos estados que aún no se han movido en esta dirección lo hagan con cuidado pero con prontitud.

Anthony Housefather MP,
Presidente del Comité Permanente de Justicia y Derechos Humanos, Partido Liberal de Canadá

Vlado Mirosevic Verdugo MP
Miembro de la comisión de Relaciones Exteriores, Asuntos Interparlamentarios e Integración
Latinoamericana, Partido Liberal de Chile.