Los cien años de la publicación de “El súbdito”, la novela en la que Heinrich Mann hizo un retrato satírico del imperio guillermino, ha hecho que en Alemania se vuelva sobre un libro en el que muchos ven un retrato del tipo de sociedad que haría posible después el ascenso del nacionalsocialismo.

Una exposición en la Biblioteca Nacional Alemana sobre la relación de Heinrich Mann con su sobrino Klaus, el hijo mayor de Thomas Mann, multitud de artículos de prensa y una puesta en escena en el teatro de Dresde son algunas de las formas como se ha querido recordar la novela política por excelencia de la literatura alemana.

La novela tiende a ser vista ahora como un retrato del nazismo antes de que surgiera, una sátira contra todo tipo de autoritarismo y, también, como un texto que le sigue hablando a los tiempos presentes.

“Me faltaba la palabra para identificar al nazismo, pero tenía la visión”, dijo años después de la publicación de la novela, no sin cierta amargura, Mann desde su exilio americano, a donde había llegado huyendo de los nazis.

La novela había sido terminada antes de la I Guerra Mundial y se había empezado a publicar por entregas en enero de 1914 en la revista “Zeit im Bild”.

Sin embargo, con el estallido de la I Guerra Mundial, la publicación se interrumpió y los responsables de la revista le hicieron saber a Mann que no eran momentos para satirizar la vida alemana.

“En otras palabras, la novela fue censurada”, dijo en una entrevista reciente para la emisora MDR la presidenta de la Sociedad Heinrich Mann, Arianne Martin.

La obra quedó archivada durante cuatro años -si se exceptúa una edición privada de doce ejemplares que Mann repartió entre amigos en 1916- hasta que una vez terminada la guerra pudo publicarse, el 30 de noviembre de 1918.

“Cuando volvemos a leer esa novela, nos damos cuenta de todo lo que la literatura actual nos queda debiendo sobre el presente”, escribió el crítico Michael Ebmeyer, en el diario “Die Welt”, a propósito del centenario de la publicación.

Diederich Hessling, el personaje central de “El súbdito”, es un oportunista que se caracteriza por su servilismo obsceno ante quienes están por encima de él y por su despotismo desalmado ante quienes tiene por debajo.

El personaje sería visto posteriormente como la encarnación perfecta de lo que Theodor W. Adorno y Max Horkheimer llamarían la “personalidad autoritaria”

La novela, en el momento de su publicación, fue celebrada por quienes habían recibido con alegría el fin del imperio y la proclamación de la República de Weimar.

Al mismo tiempo, los partidarios del imperio y, sobre todo, los que consideraban que la derrota en la I Guerra Mundial había sido el resultado de una traición de los socialdemócratas, encontraron en Henrich Mann y en su novela un blanco perfecto para desahogar sus resentimientos.

Tras la II Guerra Mundial “El súbdito” se convirtió en lectura obligatoria en los colegios de la extinta RDA mientras que en el occidente de Alemania había reservas ante la novela.

Incluso, una versión cinematográfica de 1951 de Wolgang Staudte estuvo prohibida durante seis años por considerarse propaganda comunista. Esa película solo pudo verse en su integridad en la televisión pública alemana en 1971.

En los años ochenta la novela empezó a ser valorada ante todo por historiadores como Hans Ullrich Wehler que la vieron como una de las mejores descripciones del papel que ejerció la burguesía en el surgimiento de un nacionalismo antidemocrático.

Julia Weinrich, que adaptó “El súbito” para una versión teatral que se estrenará en Dresde el 8 de diciembre, cree que la obra todavía tiene relaciones con el presente.

“Lo que queremos es que los espectadores vuelvan a casa preguntándose quienes son los súbditos de nuestro tiempo y cuanto hay de súbditos en ellos mismos”, explicó en declaraciones a MDR.

Ahora, como a comienzos de siglo, según Weinrich, se viven procesos de modernización que causan inseguridad en mucha gente que busca chivos expiatorios para descargar sus frustraciones.

“Antes los chivos expiatorios eran los socialdemócratas y los judíos. Ahora es el islam. Ahora, como entonces, el mercado florece y al mismo tiempo los nacionalismos renacen”, dijo.