Aquí el escrito íntegro del diputado del Frente Amplio, Renato Garín:

“El niño de la foto soy yo. Tenía apenas 5 años y era enormemente feliz en mi hermosa casa en Melipilla. El niño de la foto hoy tiene 32 años y es Diputado de la República.

Y, en esa calidad, debo ser lo más sincero posible. Asesores y expertos recomiendan mostrarse “fuerte” y no desnudar “debilidades”. La verdad, es que prefiero la verdad. Empezó hace once años. Hoy ya sé cómo llamarlo: Trastorno del Sueño. No es que yo “no quiera” dormir, sino que me resulta imposible llegar a dormirme completamente. Desde hace once años, he desarrollado una capacidad para ser productivo de noche. Escribí libros exitosos, dibujé profundas cartas de amor, leí, comí, bebí, fumé, bailé, sonreí, lloré, saqué tres magísteres, contemplé al ladito a algunas dulces compañeras dormir, luego de esa explosión de vida que llaman “orgasmos”. Todo de noche.

En mis tiempos de estudiante, en la Chile, se reían de mí: “Dicen que no duerme”. Lo malo es que era cierto. No dormía. El asunto fue empeorando con los años. Dormía poco cuando vivía en Nueva York, no por juerga o por bohemio, que lo soy también, sino porque no podía. Parecido fue en Oxford, donde terminé acostumbrado a estudiar con la luna. Una noche promedio duermo entre 4 y 5 horas, aunque hay otras en que no duermo nada. El problema es el día que comienza. La falta de sueño dispara los niveles de cortisol. El cortisol eleva el estrés, la tristeza e incluso la ira. La ira ha sido un sentimiento que me ha visitado a menudo este año. Una ira tenebrosa, contra hechos y actitudes, una ira vengativa y oscura.

Así, también, la falta de sueño me genera melancolías abismales llenas de sensibilidad. Esa dualidad es difícil de sobrellevar.

Este año he visto, con total claridad, que tengo un problema y que debo intentar vivir mejor. Y para mejorarme debo enfrentar la verdad. Y también recordar quién soy. Debo dormir, debo recordar que quiero ser feliz, recordar que hay tanto por qué luchar, recordar que hay tanto por qué vivir. Que ya no quiero esta pena en mi corazón, que ya no quiero esta ira en mis días, que ya no quiero esta melancolía en mis noches.
Debo recordar, en el fondo, que el niño de la foto sigo siendo yo”.

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El niño de la foto soy yo. Tenía apenas 5 años y era enormemente feliz en mi hermosa casa en Melipilla. El niño de la foto hoy tiene 32 años y es Diputado de la República. Y, en esa calidad, debo ser lo más sincero posible. Asesores y expertos recomiendan mostrarse "fuerte" y no desnudar "debilidades". La verdad, es que prefiero la verdad. Empezó hace once años. Hoy ya sé cómo llamarlo: Trastorno del Sueño. No es que yo "no quiera" dormir, sino que me resulta imposible llegar a dormirme completamente. Desde hace once años, he desarrollado una capacidad para ser productivo de noche. Escribí libros exitosos, dibujé profundas cartas de amor, leí, comí, bebí, fumé, bailé, sonreí, lloré, saqué tres magísteres, contemplé al ladito a algunas dulces compañeras dormir, luego de esa explosión de vida que llaman "orgasmos". Todo de noche. En mis tiempos de estudiante, en la Chile, se reían de mí: "Dicen que no duerme". Lo malo es que era cierto. No dormía. El asunto fue empeorando con los años. Dormía poco cuando vivía en Nueva York, no por juerga o por bohemio, que lo soy también, sino porque no podía. Parecido fue en Oxford, donde terminé acostumbrado a estudiar con la luna. Una noche promedio duermo entre 4 y 5 horas, aunque hay otras en que no duermo nada. El problema es el día que comienza. La falta de sueño dispara los niveles de cortisol. El cortisol eleva el estrés, la tristeza e incluso la ira. La ira ha sido un sentimiento que me ha visitado a menudo este año. Una ira tenebrosa, contra hechos y actitudes, una ira vengativa y oscura. Así, también, la falta de sueño me genera melancolías abismales llenas de sensibilidad. Esa dualidad es difícil de sobrellevar. Este año he visto, con total claridad, que tengo un problema y que debo intentar vivir mejor. Y para mejorarme debo enfrentar la verdad. Y también recordar quién soy. Debo dormir, debo recordar que quiero ser feliz, recordar que hay tanto por qué luchar, recordar que hay tanto por qué vivir. Que ya no quiero esta pena en mi corazón, que ya no quiero esta ira en mis días, que ya no quiero esta melancolía en mis noches. Debo recordar, en el fondo, que el niño de la foto sigo siendo yo.

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