En su tiempo libre, Mireya Cecilia Ramona Pantoja Levi, le gusta componer “canciones bonitas”. La guitarra continúa siendo su fuerte, asegura. Se niega a tener una vejez normal y le hace el quite a las posibilidades de retirarse aunque, confiesa, en el fondo le gustaría.

Mientras la esperamos en el living de su casa, una dupla de periodistas se apodera del espacio. Uno porta una cámara envidiable y la otra, lleva consigo una libreta y un lápiz. Son el fotógrafo Carlos Müller y la periodista Isidora Jaen: ambos se encuentran trabajando en lo que será un inédito documental sobre la vida de Cecilia, registro que aún no tiene fecha de estreno.

Mientras Müller afina los últimos detalles para la grabación, la cantante aparece como una diva: lentes oscuros, caminar pausado y acompañada de Yasmín Bau, su manager.

—No me graben sin lentes, no me alcancé a maquillar — advierte.

Pobre de quién no le haga caso.

Nos dice que la tratemos de tú. Está con sueño y algo de mal humor. Después de esta entrevista, Cecilia irá por su siesta.

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Mientras Violeta Parra y Víctor Jara cantaban de penas e injusticias, Cecilia rompía esquemas con bailes estrafalarios y canciones pegajosas. Distintos pero ni tan diferentes, en 1970 “La incomparable” se aventuró a grabar un disco que reversiona canciones como “Plegaria a un labrador” o “Gracias a la vida”, el tema que le da el nombre al álbum. Con ayuda del maestro Valentín Trujillo, la cantante mantuvo el ímpetu de la prosa de Víctor y Violeta, pero con un ávido giro hacia la rítmica y estilo de la Nueva Ola.

Tras el golpe del 73, la actividad cultural en Chile se vio prácticamente extinta. Actores, músicos y diferentes personajes de las artes huyeron del país. Otros, resultaron perseguidos y ejecutados. Víctor Jara fue una de las voces que la dictadura apagó.

¿Tuvo la oportunidad de conocer a Víctor Jara?

Sí poh’, que en paz descanse, sí.

¿Cómo era?

Pesado.

Tú me dijiste que era muy tímido y eso lo hacía ser un poco pesado reprocha Yasmín desde atrás.

Ah sí. Pesado pero buen chiquillo—, responde.

¿Dónde la pilló el Golpe de Estado?

En Arica, estaba actuando.

¿Y qué pasó? ¿La gente se fue?

Claro, se suspendieron las actuaciones pero quedamos varios artistas varados. Y yo fui una de ellas. Me acuerdo que yo estaba cantando y llegaron los milicos ahí. Levantaron una tapa de la tarima que actuábamos y encontraron droga: cinco kilos de cocaína. Más de cinco, estaba lleno.

¿Temió por su vida en algún momento?

No, no teníamos miedo porque puta, quien nada hace nada teme. Pero fui tan pajarona que yo me ventilé, y además le eché la choriá a los milicos.

¿Y no la detuvieron ese día?

No, qué me iban a detener si yo estaba cantando. No era dueña del local. Esperaron a que yo terminara el show, al menos tuvieron la decencia de esperar… y me fui en taxi para la casa.

¿Nunca fue a una marcha?

No, no puedo mija. Yo cuidé esa parte artística. Me habría encantado haber ido y liberarme ¡Porque es una liberación! Viste, las marchas. Para mí son todas liberadoras. Pero de ir yo, al tiro me habrían acusado y estarían pi-pi-pi-pí y empieza la hue…

¿Quién la habría acusado?

Me habrían acusado de… Mira, cuando tomaron presos a los comunistas y todo, la Cecilia quedó preciosa también porque canté Gracias a la Vida y a Víctor Jara. Y eso fue, como dijera, totalmente inaudito.Yo me adelanté y me agarraron.

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Los años pesan, afirma la histriónica Cecilia. Pesan en el cuerpo, pero no en el espíritu. Yasmín asegura que pese a que el tiempo corre, su representada mantiene vivo su espíritu punky.

Siempre he hecho lo que he querido, dentro de todo lo normal. No he hecho nada anormal que digamos—, sostiene Cecilia, desmitiendo su actitud “punky”.

Todo lo haces a tu forma y te da lo mismo. Si te molesta alguien tú lo haces igual—, le recuerda Yasmín.

Yo soy dúctil ¡No vengaí’ que soy rebelde!—, responde de vuelta.

¿Cómo era usted cuando joven?

Encachá poh’.

¿Desordená?

También.  

¿Qué le gustaba hacer además de la música?

Conducir autos.

¿Y para dónde le gustaba conducir?

Uf…pa’ donde no andaba. Recorrí Chile en auto sola. Tenía veintiún años.

No se acuerda de algún episodio de esos en que uno se pregunta “¿cómo pude hacer eso?”

Yo no me arrepiento de ninguna cosa.

¿De nada?

Nada. No me arrepiento de nada, fíjate. La vida es bonita, hasta con sus altos y sus bajos es bonita.

Ya pero, ¿alguna maldad que haya hecho de joven?

Una vez hicimos la despedida no sé de, creo que fueron los de quinto o sexto año de humanidades. Hicimos una comida en el mismo colegio. Y yo no estaba estudiando, pero me invitaron y fui poh’. Nunca me voy a olvidar que curamos al profesor de inglés, que era don Gumercindo Ramírez. Y lo curamos pero raaaaaaja. Todos se marearon un poco igual. La cosa es que alguien llamó a los pacos y nos echaron pa’ fuera. Menos mal que no fuimos a parar a la cárcel.

Menos mal, ¿y el profe no dijo nada?

No, se cagaba de la risa.

Retomando el título de “encachá”, ¿era vanidosa en esos tiempos?

Sí, siempre fui vanidosa. Ve que de repente me sale una cosita -me apunta su mejilla- y yo me la saco.

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De vez en cuando, responde en tercera persona. Habla de su vida como si alguien más la hubiese vivido por ella, como si fuese un testigo privilegiado de las andanzas de una artista que rompió esquemas y abrió paso a una nueva forma de montar un espectáculo.

¿Hay una diferencia entre Cecilia y Mireya?

Es la misma persona. Mireya es mi primer nombre no más.

¿Y lo cercanos le decían Cecilia?

Sí poh’, todos me decían Cecilia. Si me hubiesen dicho Mireya, ¡Me habría quedado con Mireya, poh’!

Yasmín la interrumpe y reitera la pregunta.

¿De verdad no hay ninguna diferencia entre Mireya y tú?

Que es más simpática Cecilia.

¿Tan pesada?

Es pesá.

Pese a que lleva años en el juego, los flashes y los micrófonos le generan algo de desconfianza. Nos advierte que existe gente “muy insidiosa” que vive de rumores y falsedades. Sabe que hay preguntas que la perseguirán por un buen tiempo, por ejemplo, la verdad sobre su orientación sexual.

¿Se sintió incomprendida alguna vez?

Nunca entendieron. Fui criticada. Me tildaron de marimacha.

¿Le molesta que la traten de lesbiana?

No. No permito que me traten mal, eso sí que no. Pero que digan, hablen o formen insidia por detrás, no me interesa.

¿Pero cree que fue en desmedro de su carrera?

No.

La comunidad LGBT la quiere y respeta bastante.

Me respeta, me quiere, me dicen “tía”, “mami”, me dicen “abuela”, me dicen varias cosas hermosas. ¡Y yo me siento bien, pues!

¿Y que la abanderen como una figura de la emancipación sexual?

Sí, igual. Que me abanderen no más.

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Cada vez que Cecilia cuenta una anécdota sobre su carrera, termina mandándonos a estudiar a la Biblioteca Nacional. “Allí está toda la documentación” responde, como si no le creyéramos. Sabida es la relación de amistad que Mireya mantuvo con Violeta Parra durante la época de los 60. Sin embargo, recuerda un desafortunado episodio que tuvo con una de las integrantes del Clan Parra: “Me acuerdo que esta mierda de la hija de Violeta habló mal de mi mamá. Tuvieron que sacar a la Isabel Parra, si no, la mato. Eso pasó en el Puro Chile, debe estar en algún lado esa noticia” dice entre risas.

Pero hay algo que pocos saben o tal vez ignoran: su pasión por el fútbol. “Cuando chica iba al estadio con mi papá…era muy futbolera, echaba las chuchás”, rememora. Dice además que es totalmente azul, y alza las manos con orgullo para decir que pertenece a la barra de la Universidad de Chile.

Entretanto tema, deja un breve mensaje para uno de los futbolistas del momento:

Que el Alexis Sánchez no sea huevón y no se cambie tanto de equipo—, dispara con una sonrisa inocente.

 

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Usted ganó el Festival de Viña el año 1965, ¿recuerda algo en especial esa vez?
Sí. El Festival de la Canción desapareció, ahora es sólo el “festival internacional”.

¿Y eso no le gusta?

No sé, haría volver el Festival de la Canción.

¿Qué le quitaría? ¿El toque internacional?

Le quitaría todo. Lo armaría de nuevo.

¿Ha visto las últimas versiones?

Sí, pero de pasá. Es que es muy costoso el festival hoy en día, es carísimo, dinero que ni siquiera se lo dan a los artistas nacionales. Si les pagan, les pagan poco. En cambio traen artistas de afuera y gastan una barbaridad.

¿Siente que no se aprecia la música chilena?

No, la alcaldesa de Viña no está ni ahí con los artistas chilenos.

Cecilia, la senadora

¿Vota?

Sí.

¿Lo hace ahora que es voluntario?

Mientras pueda ir, voy a ir.

¿Algún candidato que la haya convencido con sus ideas?

Jorge, Jorge Alessandri.

Y de ahí para adelante, ¿ninguno?

De ahí para adelante votaba por si acaso… Bachelet me gustó fíjate, me gustó harto.

¿Y Sebastián Piñera?

Me gusta, porque es plata contra plata; y ese botichero (sic) saca chispa.

¿Alguna vez la llamaron para apoyar alguna candidatura?

No, eso sí que no lo haría. La política es política y la música es música.

Hay artistas a los que incluso se le ofrece un escaño en el Congreso…

Sacarán sus intereses, pero yo no. A mí me ofrecieron ser senadora por Valparaíso.

¿Senadora?, ¿qué partido se lo ofreció?

Ay no, no te voy a decir.

¿Y por qué dijo que no?

Estái loca, si yo no tengo patas para buche. No sirvo yo para política, soy muy chilena.

 

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¿Sigue resistiéndose a abandonar los escenarios?

Me encantaría hacerlo, te lo digo honestamente. Pero no puedo y no debo, me haría mal a la salud. Echaría de menos, me enfermaría y no, para qué si no tengo los deseos de retirarme. Si puedo cantar y lo estoy haciendo bien, yo sigo cantando.

¿Le acompleja que ya no pueda montar un show como los de antaño?

No, no me acompleja. Veo que la gente aún disfruta mis shows. Viéndome la gente recuerda parte de su historia, y bailan.

No sólo los más adultos disfrutan de sus presentaciones…

Sí po, tengo fans que son jovencitos. Una vez una mamá fue con un cabrito chico a saludarme. La mamá le dice al chico: “Mire, allá va Cecilia” y el cabro como que no cachaba. Y ya, me saludó la señora y cuando mandó al niño a saludar me dijo “Ah, sí me acuerdo: Hola, Violeta Parra”, y ese es todo el chiste. ¡Me acuerdo, dijo! mira el hueón…todavía ni nacía, jaja.

¿No le gustaría tener una vejez común? Haciendo gimnasia o asistiendo a los viajes del adulto mayor…

Ah no, no hago huevás yo.

¿No cree que le queda algo por hacer?

¿Qué podría hacer? No creo.

¿Probar alguna comida?

Las he probado todas.

¿Algún vinito?

Los he palpado todos, pero no me ha gustado ninguno. Y ya no tomo ni fumo.

¿Hay Cecilia para rato entonces?

No lo sé mija, quizás.

Pero yo la veo súper pará.

Pará la vieja de mierda, dicen.