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Por María Lilibeth Da Corte, desde Caracas, Venezuela.

“Que me importa Guaidó o Maduro cuando casi no tengo ni qué comer”, alcanza a responderme un hombre de mediana edad antes de subir a un autobús, desde donde grita “me voy porque no hay transporte, mija (muchacha, en el argot venezolano)”. Aunque prefirió no identificarse, el sujeto definió algunos de los problemas que enfrentan los venezolanos, mientras Caracas trata de volver a su ya extraña normalidad, pese a la tensión que produce el inusual escenario de contar con dos presidentes.

Largas colas para adquirir alimentos subsidiados, quejas por la falta de transporte público o por el alto costo de lo que se encuentra en los anaqueles, por una hiperinflación que podría ubicarse este año en 10.000.000%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), es el escenario habitual en la capital venezolana de hoy, la cual dejó atrás su otrora bien ganado título de “la sucursal del cielo” y ahora busca retomar esa loca cotidianidad.

Y es que el pasado 23 de enero los venezolanos salieron a las calles, una gran mayoría, a protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro y una minoría a respaldar a la revolución bolivariana que encabeza el sucesor del fallecido presidente Hugo Chávez. Pero lo que no sabían es que volverían a sus casas con dos mandatarios, luego que en la manifestación opositora Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento) se autojuramentó como “presidente encargado” de Venezuela.

“¿Qué gana él con eso? Nada, porque si la oposición no pudo cuando estaba Chávez, y si no lo tumbaron con las guarimbas (protestas del 2017) donde murieron más de cien personas esto tampoco lo va a tumbar. Esto lo que es, es un ridículo”, opina Lesbia Santana, una mujer de 39 años, que trabaja en una peluquería en el centro.

Nos cuenta que vive en el 23 de enero, una barriada popular y tradicional bastión chavista, donde la noche del miércoles pasado los llamados colectivos (fuerzas civiles de choque armadas) impidieron las protestas, al obligar a los manifestantes, con disparos al aire, a apagar los objetos que incendiaron para cerrar las calles y resguardarse en sus casas. “Hasta el sol de hoy todo está tranquilo, no dejan caer ni una cucharilla para que nada suene”, dice al asegurar que custodian la zona desde ese día.

Lesbia nos argumenta que no está de acuerdo con la autoproclamación de Guaidó, porque “es ilegal”, pero ve con buenos ojos que los militares presionen a Maduro para convocar a elecciones. “Pienso que debe darle la oportunidad a otra persona porque ya tienen mucho tiempo mandando. Que entre otra persona a ver si esto cambia porque cada día está peor la cosa”.

Casi de inmediato a la autoproclamación de Guaidó, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo reconocía como presidente y casi en paralelo Maduro denunciaba que había un golpe de Estado en marcha liderado por Washington. El Parlamento insiste que a Guaidó lo asiste el artículo 233 de la Constitución, que señala que “cuando se produzca la falta absoluta del Presidente antes de la toma de posesión, se procederá a una nueva elección (…) mientras se elige (…) se encargará de la Presidencia de la República el Presidente de la Asamblea Nacional”.

“Si no se supera esta situación con Guaidó como Presidente interino, con todo este apoyo internacional, no habrá forma que Maduro tenga la capacidad de establecer canales de diálogo con el pueblo y habrá más protestas violentas porque no se sienten escuchados y ven que la situación económica no mejora”, opina Aaron Mundo, diseñador gráfico y estudiante.

Con 34 años no ve salida para los jóvenes en Venezuela. “Si los profesionales están pasando trabajo para buscar el sustento, imagínate una familia con cinco hijos y un salario mínimo que es insuficiente. Con una inflación que demanda como diez sueldos mínimos para medio vivir. Lo que les queda es la ilegalidad para sobrevivir”, reflexiona.
Considera que Maduro está recibiendo “una cucharada de su propia medicina”, porque cada vez que la oposición ganaba una gobernación o alcaldía el Gobierno le nombraba “un protector”, un funcionario que ejercía paralelamente las funciones del elegido. “Ahora están sintiendo lo que es que los deslegitimen”, sentencia.

El pasado 21 de enero, al menos 27 sargentos de la Guardia Nacional (policía militarizada), acantonados en unidades del Distrito Capital se rebelaron contra Maduro. Este hecho sumado al pronunciamiento del generalato a favor de Nicolás Maduro indicaría que de haber un movimiento militar vendría de los mandos medios.

Ese fue el preámbulo del 23 de enero, día en que Venezuela conmemora el fin de su última dictadura militar en 1958 y cuando inició un capítulo novedoso en su historia: Dos presidentes. Maduro, reelecto en mayo de 2018 en unos comicios donde parte de la oposición estaba inhabilitada para participar y desconocidos por 14 países integrantes del Grupo de Lima, EE.UU., Canadá y la Unión Europea. Por otro lado está Guaidó, presidente del Parlamento elegido en 2015 y el cual fue inhabilitado en la práctica por el Tribunal Supremo de Justicia, el cual lo declaró en desacato en enero de 2016 y que tanto sus decisiones como directivas “eran nulas”.

“Veo que hay un líder nuevo y este tipo (Guaidó) surgió aparentemente de la nada y tiene mucho más credibilidad solo por el factor de que es un desconocido. Me parece que es una persona que está haciendo mejor las cosas”, comenta William Mendoza de 28 años, quien dejó su profesión de técnico en Tributos Fiscales para dedicarse a la barbería.

Tras las protestas en la Gran Caracas (como se denomina el Distrito Capital y parte de los cercanos estados Miranda y Vargas), se observa mayor presencia policial y militar. Los pocos comerciantes que abrieron sus locales luego del asueto navideño- muchos permanecen cerrados para evadir la hiperinflación-se apresuran a cerrar incluso antes de las 4 de la tarde. Entre la falta de transporte, la inseguridad y la necesidad de comprar diariamente lo necesario para comer la “llamada hora pico” (cuando coincide la salida y mayor flujo de personas regresando a sus casas), se rodó de 6 a 4.30 de la tarde.

“Ahora sí va a caer. Si no lo saca la presión internacional los militares se le voltearán”, lanza un jubilado mientras hace la larga cola para cobrar su pensión en un céntrico banco de Caracas.

La opción castrense parece estar en la mira de la mayoría del país y así lo corroboran las agendas tanto de Maduro como de Gauidó en los últimos días. Mientras el líder socialista visita los cuarteles pidiendo lealtad y anuncia ejercicios militares del 10 al 15 de febrero, el autoproclamado Presidente promueve una ley de Amnistía entre los militares que decidan reconocerlo.

Mendoza coincide con Aaron Mundo con que la rebelión de Cotiza tomó por sorpresa al alto mando militar y que de haber un movimiento castrense contra Maduro vendrá de los mandos medios. “Ciertamente hay un descontento, no en la alta dirigencia porque están demasiados cómodos. Hay bandos medios que están descontentos porque de pronto no son corruptos y no están obteniendo los ingresos de un general”, advierte.

“Tengo mis precauciones. No voy a decir que esto será definitivo, pero me parece más probable que antes”, nos dice optimista William Mendoza, sobre un posible triunfo de Maduro sobre Guaidó, quien a pesar de eso nos cuenta que se prepara como al menos 5 millones de venezolanos para irse del país ante la hiperinflación y la escasez de alimentos y medicinas.