Para el Bellolio “negro” -como él se distingue de su primo “rubio”, Jaime- el liberalismo hoy en Chile no se sitúa solamente en la centro derecha, como acusan desde la izquierda. “Actualmente hay liberales en Chile Vamos, en el Frente Amplio y más de alguno en lo que llaman Nueva Mayoría” asegura. Y recalca: “decirse liberal es como apellidarse Pérez”.

– Así como los Pérez, no hay un liberalismo hegemónico, sino que tiene diferentes expresiones y corrientes, ¿no?

– El liberalismo es una casa con muchas piezas. Están los primos libertarios, que son como los primos locos, atrincherados más a la derecha. Pero hay otros liberales igualitarios como el propio Vlado, Agustín Squella o Carlos Peña. Y te diría que hasta (Ricardo) Lagos pasa hoy por liberal igualitario.

– En la izquierda te darían la razón con lo de Lagos.

– Y yo creo que dentro del Frente Amplio está lleno de liberales dentro del closet. Qué risa que eso sea una especie de epíteto agraviante. Pero esas calificaciones no son enteramente injustas. Yo creo que muchos de los argumentos que hoy entrega el Frente Amplio para apoyar ciertos proyectos, tienen una estructura liberal: están pensados desde la autonomía individual. Ahora, no es sólo el Frente Amplio. Puedes ver argumentos de Camila Vellejo y Karol Cariola en determinados proyectos de ley, y son argumentos que podríamos llamar de raigambre liberal. Ahora el liberalismo no es sólo acerca de la autonomía individual. Pero creo que es también lo que pasa con aquellas doctrinas que se vuelven un poco hegemónicas, permean las distintas estructuras partidarias y finalmente pasan a ser como un dato dado.

– ¿Por ejemplo?

– Gran parte de las libertades individuales o derechos civiles, como a algunos les gusta llamar -el derecho a asociación, la libertad de expresión, libertad de culto-, son conquistas liberales. Pero hoy tú no distingues a alguien de izquierda o derecha por si está de acuerdo con la libertad de asociación, o con la libertad de expresión.

– ¿Apoyarías una unificación o convergencia liberal?

– Soy escéptico de que eso ocurra. Pero eso no me hace menos idealista respecto de que sería estupendo que ocurriera. Me encantaría tener en el mismo partido a Vlado Mirosevic y a Hernán Larraín Matte, por ejemplo. A Sylvia Eyzaguirre y Alessia Injoque. Me parece que sería interesante ver cómo ese partido sería capaz de superar ya por completo la dicotomía duopolica. Porque necesariamente tendría a la derecha a los conservadores y a la izquierda a los socialistas.

– ¿Se instalarían en el centro?

– Podría ser. Así fue como lo interpretamos varios de los que concurrimos a la fundación de Red Liberal hace casi 10 años. La apuesta y el diagnóstico que hacíamos era que el binominal nos estaba obligando a los liberales a hacer negocios con la derecha, o acostarnos con la izquierda, pero no poder necesariamente tener un lugar común. Una casa desde la cual nosotros producir una propuesta. Hoy Red Liberal no tiene ninguna relevancia pública. Pero los que han invertido en trabajar desde las coaliciones, no les ha ido nada de mal. Pienso en Evopoli y en el Partido Liberal de Vlado, cuyas acciones van en alza. Hoy el Partido Liberal es uno de los que más vale en el seno del Frente Amplio.

– ¿Qué lo hace tan valioso, considerando que tienen sólo dos parlamentarios de los 20 que tiene el Frente Amplio?

– Si tu te deshaces del Partido Liberal, va a ser poco plausible venderte como una coalición que llega hasta el centro. Vas a ser una coalición de izquierda solamente.

– ¿Y Revolución Democrática (RD) no es parte del centro?

– Para la burbuja sobre ideologizada universitaria, puede que RD sea amarillo, pero para la percepción de la opinión pública, es un partido de izquierda. Y es autoflagelante respecto del legado de la concertación. Por tanto estaría más a la izquierda de lo que fue la Concertación. Desde el punto de vista del espectador que mira esto desde el centro. Si tu lo miras por supuesto desde la unión de estudiantes libertarios o esos grupúsculos de Juan Gómez Millas, claro que RD va a parecer amarillo. Ahora, RD es el nuevo PPD. Todos caben ahí.

– ¿Por qué crees que son el nuevo PPD?

– A finales de los 80′ si tu eras progresista y querías derribar a la dictadura, pero no querías echarte al hombro la pesada mochila de lo que significaba ser del PS o la DC, nada mejor que recalar en un proyecto fresco, innovador, conectado con los nuevos tiempos, que estaba pensado para derrocar al dictador. Ese era básicamente el único requisito. Entonces me imagino que era bastante atractivo para un joven de los años 80′ ser PPD. Yo hoy día que voy mucho a las universidades y tengo bastante contacto con lo que ocurre con la juventud más politizada, veo que eso mismo ocurre con RD. Si tu tienes 25 años, te defines como progresista, o de izquierda y no quieres cargar con las pesadas mochilas del PS, el PC o la DC, RD funciona como eso que los politólogos llaman un Catch all Party  o “partido que atrapa mucho”. Es un partido fresco, estéticamente atractivo, un partido taquilla. Tampoco le trataría de sacar el bulto al mote instrumental. No tiene nada de pecaminoso.

– Para la izquierda más purista sí es una pecado el partido instrumental parece.

– Sí, lo entiendo. Pero bueno, la izquierda más purista nunca va a ser gobierno. Y RD quiere ser gobierno. Y por eso digo que vale tanto el Partido Liberal. Y por eso creo que Giorgio y Gabriel Boric le prestan tanta ropa a Vlado. Es lo que podríamos llamar el partido transversal.

– ¿Boric no entra en esa izquierda purista?

– Yo no lo veo así. De hecho, sé que no le va a gustar esto (risas), lo veo como una persona en contacto con sus contradicciones. Lo veo como un político honesto, en el sentido de que es capaz de transparentar esas contradicciones públicamente. Eso lo hace un personaje complejo y esos son los más interesantes en política. En ese sentido, Jaime Bellolio me parece que ha hecho algo parecido. Él viene con un tránsito similar.

– ¿Son Evopoli y RD el mismo fenómeno en distintos lados de la cancha?

– A Evopoli y RD los miro como fenómenos similares. Yo sé que a mucha gente en la izquierda no le gusta eso. Le gusta sentirse que ellos son distintos y especiales. Yo creo que no lo son tanto.

– ¿En qué sentido son similares?

– En que el 2011 funciona como una especie de Big Bang que provoca la generación que adquirió consciencia política en democracia, y decide poner en movimiento estructuras políticas que sean fieles a la experiencia de su generación. Rechazando el clivaje que impusieron sus padres y hermanos grandes, que es el clivaje del SI y el NO. Lo que pasa en el 2011, es que los hijos de la generación del Plebiscito, dicen, “papá, mamá, abuelo, abuela, todo bien con lo que ustedes hicieron, pero hay un grado en el cual la épica es intransmisible, y yo tengo derecho a construir una propia”. Y creo que gran parte del 2011 sirve para gran parte de la generación que podríamos llamar “millenial”, como ese gatillante. Y si te fijas, la diferencia que tiene Evopoli con RD, es que tienen 10 años más. En vez de estar en la calle el 2011, estaban haciendo sus primeras armas en el primer gobierno de Piñera. Hernán Larraín, Felipe Kast, Ignacio Briones, la Lorena Recabarren, toda esa primera plana de Evopoli. A ellos el 2011 los pilla dentro del gobierno de Piñera. Y por eso también es interesante ver cómo RD construye una casa nueva, fuera del barrio de los papás y Evopoli construye una casa nueva pero dentro del barrio de los papás. Lo que hace RD es decir, “ya weon, no vamos a ser ni PS, ni PC, ni DC, ni PPD, vamos a ser RD. Okey, ¿dónde lo hacemos?”. Hacemos una casa nueva, pero además fuera de la coalición de los papás. Y fundaron el Frente Amplio.

– ¿Por eso Bachelet llama al Frente Amplio “hijos de”?

– Cuando Bachelet dice que el Frente Amplio “es hija de” no lo vería como algo peyorativo, ni los está minimizando. Son hijos muchos de ellos, biológicamente. Efectivamente es una generación de hijos de dirigentes de la Concertación, muy vinculados al bacheletismo, que es lo más interesante de todo esto. Desde cierto punto de vista, Bachelet es como la madre espiritual del Frente Amplio. Además ella ha tenido la mala cuea de que siempre se enfrenta a escenarios filiales complejos.

– ¿Cuál fue el primero?

– Al fin de su primer gobierno, ella parió, por así decirlo, a dos hijos políticos: el mateo que era Velasco y el chascón que era Marco. Por alguna razón no le dio el espaldarazo a Velasco, que no fue candidato después de haber sido un ministro de Hacienda super bien evaluado. Marco corrió por fuera. Y ella abdicó, por así decirlo. Y la Concertación fue a buscar al baúl de los recuerdos entre Insulza, Lagos y Frei. Cuando era obvio que si tu querías continuar un poco el legado del bacheletismo, la pregunta obvia era por cuál de los hijos, ¿el mateo o el chascón?

– ¿Y Guillier no era uno de sus hijos?

– Guillier no era el hijo político de Bachelet. Era mucho más Beatriz Sánchez, una especie de hermana menor o hija mayor, la que yo creo que en cierto sentido encarnaba parte de esa aspiración, que es casi mitológica del bacheletismo. El día de mañana cuando el Frente Amplio haga sus convenciones y ponga esos pendones con caras, como ponían a Lennin y Stalin los comunistas, van a tener que poner uno con la cara de Bachelet. En cierto sentido Bachelet -motivada quizás por su propio fracaso de conservar una coalición en buena salud-  permitió la existencia del Frente Amplio. Es la que permite que los hijos no solamente se vayan de la casa, sino que también se cambien de barrio.

– Pero Evopoli es lo contrario entonces.

– En el caso de Evopoli es un poco distinto, porque optó por renovar dentro de la coalición. Yo escribí un libro hace unos años atrás que se llamaba Renovación & remplazo (Ariel, 2013). Y la diferencia entre renovar y reemplazar, es que renovar es cuando un partido le da tiraje a la chimenea de su propia cantera. Los viejos tercios salen de escena y le dan el protagonismo a los que vienen. Eso es renovación. Por ejemplo, lo que hace el Partido Comunista con la Karol, con Camila Vallejo. Jaime Bellolio originalmente dentro de la UDI era renovación. En cambio reemplazo es cuando construyes un partido para competir con el de los papás.

– Por lo tanto, ¿lo que los asimila es que serían partidos de reemplazo solamete?

– Sí, pero RD es reemplazo partidario y además es reemplazo coalicional. Porque construye una coalición para competir con la coalición de los papás. Evopoli es reemplazo partidario, porque construye un partido para competir a los partidos de los papás. Pero renovación coalicional, porque se da dentro de la misma coalición. No compite contra la coalición de los papás.

– ¿Cuánto le sirve a Evopoli, siendo liberal, quedarse en la derecha tradicional, con el surgimiento de un cuarto actor que es José Antonio Kast?

– Si me hubieras hecho esta pregunta hace dos años atrás, yo te hubiera dicho que la apuesta de Evopoli era pura ganancia, una “crónica de un éxito anunciado”. Y por una razón bastante plausible. La derecha chilena durante todo el siglo XIX, fue una combinación de un partido conservador y un partido liberal. Dicho en forma más coloquial, eran todos cuicos. La única diferencia era que unos iban a misa los domingos y los otros no. Después en el siglo XX la cosa se complejizó porque aparecieron radicales, socialistas, etc. Mucho pensaban que cuando terminó la dictadura, esta alianza entre la UDI y RN podría en cierto sentido reeditar esta unión liberal-conservadora. Obviamente la UDI iba a ser la conservadora y RN podría haber sido la patita liberal de la alianza. Esa fue de hecho la apuesta inicial de Allamand, Piñera, Espina, Evelyn Matthei.

– ¿Y qué pasó con ese impulso liberal? Porque RN terminó siendo lo mismo que la UDI.

– Cuando Allamand pierde la famosa senatorial del 97′ a manos de Carlos Bombal, ya se cachaba que el lavinismo venía con una fuerza imparable, la derecha liberal desaparece. Puede que nunca haya existido. Ahí viene el autoexilio de Allamand que termina siendo un samurai de Lavín. Y después con el largo reinado de Carlos Larraín, en RN termina por desaparecer cualquier posibilidad de que juegue el rol liberal en la coalición.

– Entonces Evopoli no es el primer intento de liberalizar la derecha post dictadura.

– Lo interesante de Evopoli, es que no es la primera vez que se trata de hacer algo en este sentido. Unos años antes de que naciera Evopoli, se lanzó un movimiento que se llamaba “Independientes en Red” y lo organizó la Cristina Bitar con Juan Carlos Eichholz. Ahí estaban Felipe Kast, Hernán Larraín, la ministra Schmidt, Claudio Sibag, Juan José Ossa que hoy día es subsecretario. Todas estas figuras relativamente jóvenes de derecha que no eran UDI ni RN. Todo ese grupo estaba en este mundo tratando de crear una derecha post Pinochet. Era como el mínimo común denominador. Finalmente ese proyecto no resultó. Pero cuando entran al gobierno, muchos de los mismos se juntan y dicen “hagámoslo ahora en serio”, y se forma Evopoli. Habían algunos que ya estaban olfateando que en la derecha había un espacio para un proyecto liberal. Porque si tu te fijas, los estudios muestran que la juventud chilena es más liberal que la de sus padres.

– ¿Cuándo se origina ese “quiebre” con la derecha tradicional?

– Cuando las acciones de la marca Pinochet comenzaron a ir a la baja, como ocurrió después de su detención en Londres y después del caso Riggs. Pero el joven de derecha, que seguía siendo partidario del libre mercado, creció en un Chile en donde no estaba prohibida La Última Tentación de Cristo, y tenía amigos con orientaciones sexuales diversas. ¡No le tenías miedo a lo que era distinto! Entonces, ese joven ya tenía una visión del mundo que probablemente era más liberal que la de los jerarcas de la UDI y RN. Jaime Bellolio dice, “el problema de la UDI no es de stock, es de flujo”. Tiene stock, hoy día son uno de los partidos más grandes, pero, ¿cuánta gente está entrando? En cambio tu miras Evopoli, tiene poco stock todavía, pero lo que va entrando flujo.

– A pesar de la frescura que ofrece Evopoli, emerge el kastismo con fuerza. ¿Cómo explicas esta alza y de dónde proviene?

– En Game of Thrones hay un personaje que se llama Mance Ryder, que es el rey más allá del muro. Y su gracia es que fue capaz de unir a todas las tribus salvajes que nunca habían estado unidas. En cierto sentido, Kast ha tenido la habilidad de juntar una serie de tribus, prácticamente igual de salvajes, que pululan en lo que podía ser un mundo de extrema derecha que no estaba necesariamente siendo capturado por el sistema de partido. Desde los Social Patriota hasta estos libertarios acérrimos, pasando por los católicos ultramontanos, hasta los evangélicos fanáticos. O sea hay todo un mundo ahí que ven en José Antonio Kast su pastor.

– ¿Cómo logra José Antonio Kast esta unificación?

– Yo creo que el toca dos teclas correctas, desde el punto descriptivo -no estoy diciendo que esto me guste a mi-. La primera es esta idea de que uno puede ser de derecha sin complejos. Mucha gente de esas tribus salvajes que vienen de más allá del muro -que es el sistema de partidos, por así decirlo, como la UDI- estaba a la derecha de la UDI, y sienten que la UDI, RN, y para qué hablar de Piñera, los ha traicionado. Son demasiados blandos frente al avance cultural de la izquierda. Mucha gente en la derecha siente que la izquierda corrió la frontera.

– ¿Y corrió las fronteras? ¿O son películas que se pasa la derecha?

– Diría que alguien que quiera ser crítico del 2011 -y es bienvenido a hacerlo -tiene una percepción distorsionada de la realidad si es que no entiende que el 2011 corrió algunas fronteras. Puede ser más nominal que real. Cuando yo estaba en la universidad, a principio de los 2000, lo más osado que pedía la izquierda era el arancel diferenciado. Eran cuestiones cosistas, como el pase escolar.

– ¿Cuál sería el cambio que se logró el 2011 y que molesta a la derecha?

– Cuando se instaló la idea de la educación gratuita como derecho, demonizando al lucro. Y, especialmente, cuando plantearon las preguntas que me parecen más interesantes: ¿qué cosas son las que el dinero puede comprar? ¿Hasta qué punto el dinero puede ser un legítimo diferenciador en el acceso a bienes y servicios, como educación, vivienda, previsión? Eso es cuestionar profundamente las bases estructurales del legado de Pinochet. Y creo que, en cierto sentido, la izquierda fue exitosa. Tan exitosa que sus papás, la Concertación, ni siquiera pusieron resistencia y se subieron al carro de la victoria. Absorbieron como propias las propuestas del movimiento estudiantil, las presentaron en la campaña de Bachelet como si fuesen de ella. Gratuidad, fin al lucro, selección y copago, desmunicipalización. Es decir, la señora, que nunca ha sido una gran compositora pero sí una gran intérprete, leyó la partitura que escribieron los muchachos el 2011 y la interpretó a la perfección. De hecho ella intervino para que Jackson no tuviera competencia en Santiago. Camila fue por La Florida dentro de su coalición. Iván Fuentes, que había sido la otra pesadilla de Piñera, también fue dentro de la coalición. La izquierda chilena presentó una capacidad envidiable para otros países, la de absorber lo nuevo dentro de la institucionalidad.

– ¿Está llegando el kastismo a los jóvenes?

– Según un estudio de Huneeus que salió hace poco, si solamente hubiesen votado en la última elección presidencial aquellos que alcanzaron a votar en el plebiscito, es decir la generación que tiene 47 hacía arriba, José Antonio Kast habría sacado 5,5%. Si sólo hubiese votado la generación que no alcanzó a votar en el plebiscito, Kast hubiese sacado un 11,1%. Prácticamente el doble. José Antonio Kast es una opción más atractiva para la generación de la democracia que para la generación del plebiscito.

– ¿Y le estaría quitando flujo a Evopoli? Suena raro siendo tan distintos.

– Me consta que hay mucha gente formada en la Fundación Para el Progreso, que entró a Evopoli. La FPP es, para mi, uno de los centros de estudios que mejor contribuye a la formación de cuadros políticos hoy. Y que no están necesariamente aproblemados con el alza de José Antonio Kast.

– ¿Cómo se explica que no les incomode, si en teoría la FPP se define como “liberal”?

– Yo fui a la Fundación Para el Progreso hace un año atrás, después de la primera vuelta y pregunté por quién habían votado. Y me llamó la atención de que los 40 estudiantes con los cuales tuve esta reunión, 30 habían votado por José Antonio Kast en primera vuelta.

– ¿Cómo se explica que jóvenes liberales voten por el Kast conservador?

– Porque “iba duro contra los progres”. El “progre” se transformó en el enemigo cultural. Lo que le molesta a ese tipo de derecha es el patrullaje de redes sociales que te castiga hasta por cómo dijiste una palabra. Ahí aparece José Antonio Kast a decirles, “yo soy el paladín contra la corrección política, digan las cosas como son. ¿Quieren decir fleto? Digan fleto. ¿Quieren decir maraca? Digan maraca”. Y ocurre que gran parte de la élite de los medios de comunicaciones y de la academia, son mucho más progresistas, quizás, que el resto del país. Entonces muchas veces nos escandalizamos cuando salimos de nuestra burbuja y nos encontramos con gente que efectivamente no quiere haitianos. Y nos indignamos.

– ¿Y por eso la derecha se atribuye la defensa de la libertad de expresión?

– Sí y es una cuestión bien interesante que está pasando. Cierto mundo de la derecha, se dio cuenta que hay batallas que culturalmente son mucho más atractivas que pelear por el porte del Estado. Una de esas es esta sobre los límites de la libertad de expresión. La izquierda vive en cámaras donde se reproduce un pensamiento idéntico y que castiga al pensamiento que es distinto. Que reduce el espacio de lo que es legítimo en la convivencia democrática y después cuando sale de esa burbuja del campus y se encuentra con el mundo real, donde la gente sí dice “maraca”, “fleto” y “mongólico”, se indigna. Se frustra o echa mano a la censura. Ahí aparece José Antonio Kast como el paladín contra ese impulso de izquierda.

– ¿Tiene la izquierda responsabilidad en el auge de José Antonio Kast?

– La izquierda millenial, copito de nieve, que es hipersensible, que se ofende por todo, le está haciendo el juego a José Antonio Kast. Lo que hicieron el año pasado haciéndole camoteras cada vez que iba a las universidades, lo transformó, para su gente, en una especie de mártir.

– ¿Tiene techo José Antonio Kast?

– Yo creo que hoy en Chile, esto puede cambiar mañana, José Antonio Kast tiene techo. Porque hay una derecha altamente institucionalizada, que tiene otras cartas tan o más competitivas. El propio Felipe Kast, Ossandón, Allamand que nunca está muerto, Chahuán. Y no nos olvidemos del resucitado Lavín que hoy día desde el punto de vista de la curva de conocimiento y aprobación, es lejos el mejor candidato que tiene la derecha. Y eso es un problema para lo dos Kast.

– Uno de los ejes que atravesó el debate en la última elección interna en RD era la eventual alianza con los partidos de la ex Nueva Mayoría. ¿Puede prescindir de ellos el Frente Amplio?

– Si a mí lo que me interesa es gobernar, yo tengo que pensar en construir una mayoría política para gobernar. ¿Tiene hoy el Frente Amplio mayoría para gobernar? No. De hecho el Frente Amplio y la Nueva Mayoría, viven algo parecido a lo que vivieron en España el Podemos y el PSOE. En el sentido de que cuando Podemos irrumpe como una cuestión que se veía casi incontrolable, muy taquilla, se pensó que iba a terminar por comerse el PSOE. Y el PSOE aguantó y terminaron valiendo un poco lo mismo. Entonces tuvieron que repartirse la izquierda. Hoy están en una especie de coexistencia pacífica ambos en la izquierda con un tamaño similar.

– ¿En la izquierda chilena se repetirá el mismo escenario?

– En la izquierda chilena se está dando algo parecido. El FA va hacía arriba, también por una cuestión de flujo. La Nueva Mayoría tiene el stock, el Frente Amplio tiene el flujo. Y se encuentran en un momento en el cual las dos fuerzas van a ser más o menos similares en peso. Si eso es correcto, ¿qué debería hacer uno si quiere gobernar? Yo creo que hay dos alternativas: una, el purismo, “sigamos solamente con el Frente Amplio”. Eso sólo se justifica si tu crees que la Nueva Mayoría se va a morir. Si tú no crees que la NM se va a morir, lo que yo recomendaría es reciclar de la NM los partidos que me dan lo que yo no tengo.

– ¿Cuáles serían esos partidos?

– Hay dos partidos que al FA le dan lo que ellos no tienen y son el PS y el PC. El FA lo que tiene es frescura, rebeldía, figuras electoralmente atractiva. Una estética conectado con los nuevos tiempos, muy vinculada con la política de las identidades. Más adelante tendremos que revisar si es tan rentable electoralmente como ellos creen o no. Porque hoy día meterse a la página de RD, es encontrarse con frente de mujeres, frente de indígenas, frente inmigrantes. Pero parece que no hay nada para el resto de Chile, que es un poco la crítica que le hicieron a los demócratas en Estados Unidos. Te metías a la página de Hillary Clinton y salía: latinos, negros, mujeres. Pero no había nada para el resto. ¿Qué pasa con el blanco heterosexual de 50 años? Básicamente lo que la página te decía es que votes por Trump, tu no eres de acá.

– ¿Cuál sería el problema de las identidades para RD y el FA?

– RD está enamoradísimo de la política de las identidades. Todo el Frente Amplio. Y yo creo que en eso los comunistas son más inteligentes y se dan cuenta de hay otros problemas estructurales que no solamente tienen que ver con las identidades. Ahora mi punto es, al Frente Amplio lo que hoy día le sobra es frescura, novedad, rebeldía, renovación. ¿Qué es lo que le falta? Profundidad histórica. Que no pasen por moda, que se conecten con las reivindicaciones de la lucha obrera en Chile. ¿Y quienes son los dos mejores partidos que pueden reclamar esas tradiciones y reivindicaciones? El PS y el PC. Dicho de otra manera, si yo pensara en un gran polo de izquierda de aquí a cinco años plazo, lo pensaría con el FA + PS + PC. El PPD va a morir y chao la DC. Con eso te bastaría para construir una mayoría.

– ¿Quién le suma a quién, el PC al FA o el FA al PC?

– Ambos. Veámoslo por el otro lado. ¿Qué es lo que no tiene el PC y el PS? Frescura, buena onda. Cuando se sacan la foto los diez diputados de RD saltando, es una puta serie de Netflix. Estéticamente, y que alguien me llame superfluo por relevar la importancia de la estética en política, significa que no entiende cómo funciona el juego. La estética es fundamental. De hecho hay estudios que dicen que la gente vota por candidatos más atractivos físicamente, que por candidatos no atractivos. Alguien que maneje bien las comunicaciones en la política, se dará cuenta que la estrategia que están usando el Frente Amplio y RD, ha sido exitosa y así lo confirman los últimos estudios, respecto de la elección del 2017. El Frente Amplio fue exitoso en su apuesta de transformarse en un polo atractivo generacional para la izquierda.

– ¿Y logró permear en los sectores más jóvenes efectivamente?

– Si solamente hubiese votado la gente que votó en el plebiscito, Guillier habría sacado muchos más votos que Beatriz Sánchez. Si solamente hubiera votado la gente que no votó en el plebiscito, Beatriz Sánchez habría caminando a segunda vuelta. Hay objetivamente un quiebre en el electorado de la izquierda. Los jóvenes votan por el Frente Amplio. Eso es lo que han demostrado los estudios de Hunneus que acaban de salir. Los de la Loreto Cox del CEP. Todos los estudios muestran más o menos lo mismo. Es más difícil hacer ese cálculo en la derecha, porque Evopoli fue por dentro.

– Volvió a Chile el ex frentista Patricio Ortiz y Palma Salamanca concedió una entrevista exclusiva a The Clinic. ¿Cuál es la trascendencia del FPMR? ¿Aportó la vía armada en el derrocamiento de Pinochet?

– La trascendencia histórica del FPMR y en qué medida aportaron al fin de la dictadura es materia de historiadores. Ahora bien, Pinochet no fue precisamente derrocado. Fue derrotado en las urnas, que es distinto, y ese no era el camino que había tomado el FPMR. Desde esa perspectiva yo prefiero agradecerles a los partidos de la Concertación que apostaron por la vía democrática: fueron más efectivos y sin derramamiento de sangre. Para mí la estrategia del FPMR fue la perdedora. Pero entiendo la fascinación de romanticismo guerrillero que despierta en ciertos sectores de la izquierda y especialmente en los más jóvenes que no vivieron esos tiempos. No sólo Boric y Orsini. No olvidemos que el frenteamplismo nace para cuestionar la obra de la Concertación. Creen que fueron muy blandos con el legado de Pinochet. Por lo tanto, se eleva a categoría heroica al revolucionario que nunca estuvo dispuesto a pactar ni transar. Tiene algo medio adolescente. Pero no vamos a negar que la imagen de un frentista escapando de la cárcel en un canasto es más sexy que la de un operador del PPD. Nadie le dedica poemas a esos héroes cansados, como les decía Marco Enríquez.  

– Juan Pablo Saez sostuvo en El Mostrador que sin justificar el asesinato de Jaime Guzmán, es comprensible y señaló que la lógica del FPMR sería similar a la que enarboló Guzmán para justificar las violaciones a los DDHH. ¿Es comprensible el asesinato de Guzmán bajo esa lógica?  

– Filosóficamente hablando, creo que es un ejercicio permisible. Ahora bien, anda a decirle a las víctimas de violaciones de DDHH o de violencia de género que no vas a justificar sino a explicar (“comprender”) la lógica de los victimarios y femicidas. No te va a ir bien. Pero volviendo al punto, creo que el argumento de la columna es insuficiente. Que Guzmán haya sido consecuencialista en su actuar político es una cosa. Pero no veo la lógica utilitarista de sus asesinos. El utilitarismo distingue éticamente entre acciones buenas y malas de acuerdo con el resultado ¿Cuál es beneficio que trajo a su causa la muerte de Guzmán? No lo veo. Por el contrario, yo diría que los asesinos fallaron en captar una máxima deontológica: no se atenta contra la vida de opositores en democracia. Punto. Siguiendo a Kant, ésa no admite excepciones, no es contingente y siempre es universalizable.

– Otro de los temas que ha marcado la agenda lo poco que va del 2019 ha sido Venezuela y vemos a la izquierda chilena dividida. ¿Debe dar explicaciones por el régimen de Maduro?

– La izquierda ya perdió esa batalla. La opinión pública chilena ya se formó una convicción respecto de Maduro y su régimen. Maduro es caca. Es casi una caricatura de todo lo que no queremos: autoritario, inepto, militarizado, paranoico, déspota e insensible al sufrimiento de su propia población. Los que quieran defenderlo, deben saber que están defendiendo caca. Si no se van a distanciar por convicción, al menos deberían hacerlo por estrategia, porque les puede pasar la cuenta electoral.  La carta Chilezuela ya le funcionó a la derecha y le va a seguir funcionando en la medida que el conflicto siga abierto y haya políticos en Chile que le prestan ropa al tiranillo. El Frente Amplio ya lo entendió. Aunque su “partido transversal” (Mirosevic, Jackson, Boric) ya se había desmarcado, ahora se nota que hay una voluntad política por aislar a los disidentes. Del PC no esperaría mucho más, la verdad.

– Cuando Ampuero se resta de los diálogos promovidos por UE, ¿no está transformando a Chile en un cómplice pasivo de un eventual conflicto bélico?

– Aquí cada actor tiene su agenda. Piñera puso a Ampuero en cancillería con la expresa intención de antagonizar a los “socialismos del siglo XXI” de la región. De esa manera Chile aparece como el paladín de la democracia y los derechos humanos en el cono sur. Todo ha sido ganancia para el gobierno en este conflicto, porque hay un malo (Maduro) y un bueno (Guaidó) perfectamente identificados por la opinión pública, y Chile está del lado del bueno. Pero Piñera no es Mandela. No le pidan que se ponga por encima del conflicto. Ideológicamente hablando, Chile ya está camiseteado con un bando.

– ¿Cuál es la mejor opción para Venezuela, un referéndum, elecciones presidenciales nuevamente, qué? Considerando que al menos la mitad de Venezuela sigue siendo chavista.

– No estoy de acuerdo con la premisa de la pregunta. Aunque no tengo evidencia para esto, mi impresión es que Maduro sacaría bastante menos que Pinochet si mañana se realiza un plebiscito con todas las garantías en Venezuela. La mitad fue chavista durante un buen tiempo. En medio de una crisis humanitaria y con la oposición envalentonada por la comunidad internacional, se abaratan los costos morales y políticos para abandonar el barco. En esto le encuentro razón a Ampuero: creo que no es descabellado pensar en algo parecido al proceso de recuperación de la democracia y transición que tuvimos en Chile. Es cierto que eso puede significar hacer ciertas concesiones al chavismo -como las tuvo el pinochetismo en los noventa- pero las concesiones son parte de las transiciones pactadas. Guaidó ha sido inteligente en ofrecer amnistías, por ejemplo, aun sabiendo que éstas pueden beneficiar a agentes represores del régimen o a la “boliburguesía” que se ha llevado el estado para la casa.

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