Un viaje por India tomó un año de sus vidas. Nicolás Molina (N.M) y Marcela Santibáñez (M.S) se dedicaron a registrar un lugar que, debido a su paisaje rodeado por las montañas y el mar, les trajo ciertas conexiones con Chile. A partir de ese sentimiento nace Flow: el documental que devela la vinculación del medio ambiente con las personas. Sus realizadores conversaron con The Clinic sobre el proyecto audiovisual que une la historia de dos culturas sumamente distintas como la hindú y la chilena a través de sus corrientes de agua más importantes.

¿Cuál fue la motivación de Flow?

M.S: La idea nace a partir de un viaje que estábamos viviendo. En un punto de este viaje sentimos una necesidad que cubrir en la India; recorrerla como una película. Nuestra llamada como cineastas era aprovechar ese lugar increíble y  no sabíamos cuanto más íbamos a volver. Decidimos que ese viaje se convirtiera en una filmación.

El río Ganges siempre fue un elemento que aparecía reiteradamente en nuestras vidas. Mucha gente se nos acercaba a contarnos como les había cambiado la vida y decidimos ocuparlo como nuestro motor para terminar en Bahía de Bengala.

Pero, mientras estábamos en el Himalaya empezamos a encontrar que habían muchas conexiones con Chile, con la cordillera de los Andes y ahí sentimos que la película tenía que tener algo más. Ahí decidimos conectar ese territorio con el nuestro.

¿Por qué decidieron realizar este largometraje de manera observacional?

N.M: Lo que a mí me interesa del cine en estos momentos es afinar esa manera de entender el ritmo de la vida. Todos en su medida estamos habitando espacios, viajando o viviendo en nuestra misma ciudad nos fijamos en cosas y estas tienen un ritmo en el  tiempo y el espacio. Ese era el ejercicio que yo más quería entrenar. Simplemente queríamos establecer una ruta de viaje y a través de eso ir afinando lo interesante del ritmo de la vida y después juntar esos momentos en la película.

Yo siento que el documental tiene cierta espiritualidad. La mayoría de los personajes que aparecen están en un estado mental que es muy conectado con el presente. Y nosotros,desde lo fílmico, intentamos a través de la cámara  vivir ese presente sin tantas presiones, sin objetivar el resultado ya que el único fin era llegar hasta el final del viaje.

¿Por qué el documental parte desde la naturaleza, el medio ambiente y después avanza hacia la civilización?

N.M: Es un juego de espejo a la que apunta la película. Refleja el comportamiento de la naturaleza que nos conecta a todos. Hay algo que viven todos los seres humanos desde el vínculo ya casi extinto con la naturaleza . Esa importancia del río y de la naturaleza nos daba la sensación de que ya habíamos visto esto antes en los Andes; un camino en el río que va desde la naturaleza a la civilización y, después desemboca donde nuevamente empieza a ejercer ese vínculo con la naturaleza. Era como el viaje natural de muchos ríos donde se han emplazado civilizaciones.

¿Cual es la intencionalidad de la música en el largometraje?

N.M: La música es la fantasía y la magia que la película busca retratar de la vida misma. Busca conectarlo todo.Desde ahí siempre quisimos fusionar el Ganges y Biobío. No hacerlos paralelos y ni compararlos, sino que uno perdiera esa sensación de estar en un lugar determinado.

La función que tienen las canciones es darle el alma a este nuevo espacio, Ser la voz de la película, porque es mucho de observación y de mostrar las cosas tal cual son.

¿Cómo se integraron en la vida cotidiana de las personas sin dañar la atmósfera del documental?

M.S: Primero, el equipo era muy pequeño, estaba Nico con la cámara y yo con el sonido, eso nos ayudó a entrar de manera menos invasiva a los lugares.

Dependía mucho de donde estuviéramos. A nosotros lo que más nos importaba es que fuera natural frente a la cámara e hicieran sus actividades cotidianas. Fue un ejercicio que tomó tiempo especialmente en las zonas más cordilleranas, donde la gente estaba más conectada con la naturaleza y  estaban menos acostumbrados a gente de afuera. Por ejemplo, en el glaciar de Gangotri, en el Himalaya, estuvimos diez días para que la gente recién empezara a confiar con nosotros y olvidarse de nuestra presencia. Lo que hicimos fue tener un cartel que decía -en su idioma- “No miren a la cámara. Actúen como si no existiéramos”. Ahí se terminó dando una especie de magia, donde se olvidaron de la cámara y comenzaron a actuar más naturalmente.

Las personas que viven alejadas en las montañas, ¿ viven más tranquilas?

M.S:  Eso ocurre tanto en Chile como en la India. Cuando la naturaleza es lo que impera es otra la energía que tiene la gente y cuando uno va entrando a las ciudades, todo cambia. Todo es más complejo.

Como mujer era complicado filmar en la India por su manera de tratar a las mujeres.Es demasiado distinto a lo que una está acostumbrada. Una es invisible para ellos, sobre todo en las ciudades.

¿ Cómo fue compartir con familias que viven en campamentos a los costados de los rieles donde pasa un tren en India?

N.M:  El nivel de ansiedad era indescriptible. Cuando empezamos el viaje hacia el Himalaya tuvimos que hacer un viaje de 36 horas, unos 1.500 km desde Calcuta a Delhi, pero que nunca paraste de ver casas y gente. Eso te habla de un colapso que existe en ese país.

No recuerdo haber visto en Chile  tal miseria como la hay en India, es realmente impactante. Por donde uno ande, la miseria es parte del paisaje que se vive en la ciudad. Tener la misión de estar con una cámara frente a un escenario era muy potente. Por suerte entrar a ese escenario tras varios días de rodaje, nos dio mucha actitud. Eso nos permitió tener confianza con ellos y estar metidos entre medio sin que se dieran cuenta. Nosotros salíamos y dejabamos las cámaras ahí y ellos seguían haciendo su vida.

¿Cuales son sus expectativas para el estreno?

N.M: Nuestras expectativas desde ya están cumplidas. Nunca pensamos que se iba a estrenar. A veces pensamos que la película iba a quedar en el baúl para mostrarsela a los hijos.Pero estamos muy felices por la  posibilidad de que esté en todo Chile. Es una película de un circuito más artístico pero que contiene esa simpleza de la gente de vivir en el campo. De hecho, mostramos la película en Chiloé, fui con un vecino que nunca había ido al cine antes y se le hizo muy natural la película, porque las cosas que él hace todos los días se vieron reflejadas ahí.

M.S: Es una película súper chilena también. Aunque la mitad sea en la India, siempre está en punto de comparación con Chile. Al final, uno se está viendo a sí mismo todo el rato. Tiene esa sensación constante. Los chilenos tienen su propia idiosincrasia y se ríen de lo absurda de una a lo tierna de otra situación.

Si bien es una película súper artística, es súper entretenida y la gente las disfruta.

Nuestro fin es que la vea la mayor cantidad de gente. A nosotros nos encanta y tener la oportunidad de distribuirla  y que esté a lo largo del país es una oportunidad increíble.

¿Creen que será una película entretenida de ver para los chilenos?

N.M:  La visión al fin de cuentas es de cómo un chileno ve la India. Eso se siente al ver la película. Ese humor, las conexiones, el ritmo en que hablan los chilenos, de qué se ríen, como ironizan, como se quieren. Es imposible que pudiéramos ver la India desde otro lugar porque somos chilenos y eso no se quita.

Revisa el trailer del documental aquí: