Este viernes se lanza el libro "Cine chileno en el Santiago del apagón cultural" de Claudio Lagos Olivero.
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La lejana década del 80 sigue dando material. Mientras más se rasca en la producción cultural, más cosas aparecen teñidas por el blanco y negro de imágenes -que cuentan historias y señalan lugares- apenas reconocibles en la distancia del cambio de siglo. Son calles y edificios pasados por el cedazo de la historia que ofrecen un Santiago tan inhóspito como nuestro. El espacio público registrado se vuelve un lugar para la melancolía y el recuerdo.
Allí, un puñado de valientes hizo cine. Casi como un acto heroico o a una acción de arte, donde se arriesgaba el prestigio creativo, el patrimonio personal, pero también la integridad del cuerpo. Era una época donde pasaban cosas. “Y puestos a reflexionar sobre los riesgos que conllevaba hacer cine en dictadura, conviene señalar una diferencia ‒en apariencia obvia, pero significativa‒ desde el punto de vista de un texto como éste: filmar en la seguridad del espacio privado del set o plató, era una cosa. Otra muy distinta fue hacerlo en el espacio público”, reza el texto.
Allí afuera, a vista y paciencia de la gente y los agentes de la represión, se rodaron 7 filmes que proponen a la ciudad de Santiago como escenario de sus relatos y tuvieron estrenos oficiales en sala: Los deseos concebidos de Cristian Sánchez (1982); Cómo aman los chilenos de Alejo Álvarez (1984); Hijos de la Guerra Fría de Gonzalo Justiniano (1985); Hechos consumados de Luis R. Vera (1986); Nemesio de Cristián Lorca (1986); Sussi de Gonzalo Justiniano (1988); Imagen latente de Pablo Perelman (1988-90).
El análisis de estas obras recoge el libro Cine chileno en el Santiago del apagón cultural de Claudio Lagos Olivero, que se lanza este viernes 26 en la Universidad Finis Terrae.




