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Emilio de la Cerda, subsecretario: “Mucha gestión no significa aprobar proyectos a tontas y a locas desprotegiendo el patrimonio cultural”

De vuelta en el cargo que ocupó durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, Emilio de la Cerda enfrenta ahora una misión que considera clave: modernizar una institucionalidad que arrastra un marco legal de casi 100 años y que se ha convertido en uno de los focos de la discusión sobre la llamada “permisología”. El subsecretario defiende la necesidad de agilizar los procesos del Consejo de Monumentos, pero advierte que reducir los tiempos no significa desproteger. En esta entrevista aborda la nueva Ley de Patrimonio, los hallazgos arqueológicos que pueden paralizar millonarias inversiones y el desafío de conciliar desarrollo económico y protección patrimonial.

Por 29 de Agosto de 2026
Francisco Paredes
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

Emilio de la Cerda afirma que “mucha gestión no significa aprobar proyectos a tontas y a locas desprotegiendo el patrimonio cultural”. Defiende agilizar el Consejo de Monumentos, con sesiones semanales y 26% más expedientes revisados, mientras impulsa la nueva Ley de Patrimonio, que busca modernizar una normativa de 1925 sin vulnerar la protección.

  • De la Cerda volvió al cargo para dar continuidad y cerrar temas pendientes en patrimonio.
  • El Consejo de Monumentos sesiona semanalmente y revisa 26% más expedientes.
  • La nueva Ley de Patrimonio busca actualizar un marco legal que data de 1925.
  • El subsecretario rechaza oponer desarrollo económico y protección patrimonial.
  • Plantea revisar qué se considera arqueológico para evitar cuellos de botella.

La entrevista aborda el trabajo de Emilio de la Cerda para modernizar la institucionalidad patrimonial y acelerar permisos sin debilitar la protección cultural. Explica que el gobierno busca destrabar proyectos, revisar criterios arqueológicos y avanzar en una nueva ley que amplía la definición de patrimonio y actualiza una normativa vigente desde hace casi 100 años.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

“Uno vuelve porque lo invitan”, dice elSubsecretario del Patrimonio, Emilio de la Cerda, sobre su retorno al mismo cargo que ocupó durante el segundo Gobierno de Sebastián Piñera. Desde marzo pasado que está de regreso en el Palacio Pereira, ahora en la administración Kast, junto al ministro Undurraga.

El arquitecto luego agrega: “Pero una vez que te invitan, la decisión de por qué volver, yo la tomo justamente por darle continuidad y cerrar algunos temas que quedaron en el camino y que yo considero que son súper importantes para el país, en el campo del patrimonio”.

En una administración con urgencias y prioridades puestas en Seguridad o Hacienda, resulta que patrimonio se coló, primero, en los veinte proyectos que presentó la administración Kast en el Congreso, apenas asumió el nuevo Presidente: la Ley de Patrimonio, que lleva años siendo discutida y armada en distintas administraciones, como una llave fundamental para terminar con la “permisología”.

De la Cerda, quien ya había trabajado en el proyecto, tiene ahora esta misión de celeridad para concretar su aprobación y, por fin, actualizar una normativa que data originalmente de 1925.

Estos meses ha liderado una agilización en el Consejo de Monumentos: ahora sesionan todas las semanas, logrando un 26% más de expedientes revisados, bajando los tiempos de respuesta la mitad. Con esas y otras modificaciones, se está logrando el destrabar “cuellos de botella” en inversiones o proyectos.

¿Cree que su llegada de nuevo a este cargo tuvo un buen empujón? Porque dentro de todas las urgencias que se están hablando dentro del gobierno, de repente Patrimonio agarró vuelo?

—Sí, Patrimonio hoy día está en el centro del debate, es verdad. Y nuestro desafío es poder alinearnos muy fuertemente con esa agenda de crecimiento económico y simplificación de permisos y tal, sin vulnerar. Sino que modernizando para proteger mejor lo que tenemos que proteger.

Ese es el desafío que tenemos nosotros en este tránsito. Pero desde luego que es una gran oportunidad, no da lo mismo, porque las cosas tienen caminos inesperados, que la modernización de nuestra protección patrimonial venga ligado a estas materias y que por lo tanto haya mucha masa crítica y mucho esfuerzo para llevarlo adelante. Eso es una oportunidad buena.

¿Patrimonio versus “permisología”?

De la Cerda en su oficina del Palacio Pereira. Foto: Francisco Paredes

Según las cifras que ustedes mismos han entregado, ha cambiado mucho cómo se está administrando el Consejo de Monumentos y cómo se está trabajando. ¿Con qué se encontró cuando asumió en marzo? ¿Y cuál fue esa misión inicial de hacer avanzar este tema?

—Una de las cosas que ha pasado los últimos años es que se ha instalado muy fuerte esta idea de la “permisología”, concepto que encuentro bien complicado, pero entendido como un sistema de permisos que tendría márgenes de arbitrariedad, y que dilatarían mucho proyectos de inversión, proyectos de vivienda, proyectos de beneficio social. Y eso se ha transformado en un foco muy fuerte, yo diría en el gobierno del presidente Boric y hoy día también en el gobierno del presidente Kast, como un desafío grande atender.

Desde el lado de patrimonio, nuestro foco no apunta a cuestionar la relevancia o el valor de ese patrimonio protegido, ni tampoco a instalar la idea según la cual los equipos técnicos no harían bien el trabajo o habría una especie de sesgo determinado.

Estamos trabajando súper articulados con otros ministerios sectoriales. El Consejo de Monumentos está integrado también por el Ministerio de Obras Públicas, por el Ministerio de Vivienda, entonces tenemos un diálogo más o menos permanente para acelerar proyectos, priorizar, pero esto va acompañado de un soporte de la Secretaría Técnica y también del Consejo de Monumentos, que son más o menos los mismos equipos”.

De la Cerda destaca cómo se han organizado: el sesionar todas las semanas ha disminuido los periodos de repuesta. En la subsecretaría han sumado un equipo trabajando directamente con el Consejo de Monumentos, para coordinar mejor e ir sorteando problemas aceleradamente, y dar seguimiento directo a todos los proyectos rezagados.

Pero, advierte: “Mucha gestión no significa aprobar proyectos a tontas y a locas desprotegiendo el patrimonio cultural. Y tampoco significa cuestionar la importancia de ese patrimonio”.

“Chile tiene patrimonio valioso, no el patrimonio de Pompeya, no el patrimonio de México, porque es otro tipo de patrimonio. Pero existe y es relevante: cuando tú hablas de las momias Chinchorro en Arica, o hablas de las pinturas rupestres, o de los geoglifos, o de Rapa Nui, o de Monteverde.

Entonces mantener la defensa, la importancia, del patrimonio y a la vez hacer esta vuelta hacia el elemento de gestión, para nosotros es un foco, sin desconocer que hay materias reglamentarias y legales que hoy día muestran como muy abierto, qué es lo patrimonial. Eso también está, pero no es lo central.

Nosotros creemos que Chile tiene un patrimonio relevante y estamos tratando de conciliarlo con el desarrollo social, económico y hasta ahora en lo que es un marco de gestión se han logrado avances”.

Cuando usted dice que no le gusta el concepto de “permisología”: pareciera ser que se ha instalado este enfrentamiento de progreso o cultura, progreso o patrimonio. ¿Usted cree que es tan así? ¿No le gusta la “permisología” porque está mal entendido este choque de fuerzas?

—Claro, la palabra “permisología” encierra un fenómeno real: tenemos un desacople muchas veces entre los proyectos de inversión, el crecimiento económico, la entrega oportuna a las viviendas sociales, la habilitación de una carretera, con la adecuada protección del medio ambiente o el patrimonio cultural. Y la idea de la “permisología”, como concepto, es como que existiría una burocracia injustificada, que afectaría fuertemente el desarrollo de esa otra iniciativa, mostrándolas como incompatibles.

Por lo tanto, en la medida en que yo resuelvo esa “permisología”, que es como un espacio opaco, yo lograría avanzar con estos proyectos. Esa premisa nosotros no la compartimos completamente, sí creemos que es fundamental reducir los tiempos de respuesta, que es impresentable que tengamos viviendas sociales estancadas cinco años, porque tenemos permisos que no se han recibido.

Obvio que coincidimos con eso, pero mostrar el desarrollo económico y social como algo incompatible con la protección de estas otras estructuras de valor que la sociedad tiene y que nosotros mismos nos hemos dado, entre ellas el patrimonio cultural, nos parece una línea argumental que no compartimos.

Nosotros estamos trabajando una línea que es distinta, es decir, haciendo propio ese desafío del crecimiento, haciendo propio el desafío de los beneficios sociales, tenemos que hacerlo compatible con la protección del patrimonio cultural en este caso.

Y eso no es una elección, nosotros tenemos un mandato legal, tenemos leyes vigentes, y tenemos una convicción además, cultural, ética, respecto a ese patrimonio. Y creemos sinceramente que en los ejercicios de gestión que se han venido haciendo del Consejo Monumento, que han tenido resultados nítidos, los hemos hecho con esa premisa, sin vulnerar esa protección.

¿Qué es arqueológico y qué es patrimonio?

Parte de las dificultades de reducir las esperas a proyectos por ciertos hallazgos al excavar, tienen que ver, dice De la Cerda, por la definición actual de lo que es un artefacto arqueológico. Quizás el ejemplo cliché sea hablar de que se encontraron hasta tapas de bebidas que detienen inversiones millonarias. Él explica la raíz de ese problema: “Tenemos desafíos conceptuales, que hoy día son demasiado amplios. Se hace necesaria una revisión normativa, para acotar eso. Hoy día estamos revisando con el Consejo de Monumentos que el período de arqueología histórica va de 1536 hasta 1970”. Una posibilidad, dice, sería acortar hasta el periodo preindustrial, del siglo XIX.

“Pero a la vez decir que rescatar un fragmento cerámico del arcaico no tiene valor porque tú no lo puedes mostrar en un museo, es no entender la naturaleza de nuestra protección patrimonial”, hace el alcance De la Cerda. “El patrimonio está protegido por su importancia científica, porque nos permite construir conocimiento de la ocupación humana temprana”.

—¿Eran demasiados los proyectos de inversión importantes que estaban parados por hallazgos patrimoniales o arqueológicos? O se ha ensañado un poco la opinión pública en decir, solo por esto no estamos creciendo. ¿Había un cuello de botella real?

—Existe un cuello de botella real, por diversos factores. Cuando uno tiene un problema complejo como es este, no existen balas de plata. No existe esta cosa como de aquí doy los permisos y se abrieron las esclusas.

Pero es verdad. El caso del metro línea 7, es un ejemplo que nosotros hemos dado varias veces. Línea 7 de Metro invirtió $52 millones de dólares en arqueología, con todo lo que excavó. Y en esas excavaciones hubo hallazgos que eran extremadamente relevantes para la comprensión de la ocupación temprana de la zona metropolitana de Santiago, como los hallazgos arcaicos que se encontraron en las excavaciones en Renca.

Pero también hay, por ejemplo, lo que ocurre acá cerca de la ex CCU de Providencia, arqueología industrial de periodo histórico, que pueden tener, entre otros elementos, tapitas de cualquier bebida. Entonces nosotros tenemos el desafío de poder conservar lo que debemos conservar, establecer criterios de relevancia, establecer criterios de representatividad.

Te pongo otro ejemplo que es interesante: en Magallanes se hizo un concurso que partió el presidente Piñera uno, que lo llamó la presidenta Bachelet dos, que es para el nuevo Archivo Biblioteca de Magallanes, la antigua cárcel que está muy cerca de Plaza de Armas. Se hizo por concurso público, magnífico, alegre. Y esa inversión, si mal no recuerdo, era del orden de $34 mil millones.

Y se gastó en arqueología del orden de mil millones. Se hallaron como 30 mil fragmentos arqueológicos. Pero de esos, 20 mil eran vidrios industriales, botellas de distinto tipo. ¿Tiene sentido guardar eso? Entonces estamos llevando el debate al reglamento de arqueología y a la Ley de Patrimonio respecto a qué es lo arqueológico.

Qué guardamos, qué es relevante, qué pasa con los depósitos, varias cosas. Pero partir por qué es lo arqueológico.

—¿En cuanto a la nueva Ley de Patrimonio Cultural, debería estar este año ya lista, oleada y sacramentada?

—Sería lo ideal. Vamos bien. A mí lo que me alegra mucho es poder contribuir a un proceso que ya lleva tres gobiernos en el cuerpo, pero que tiene hacia atrás mucho más proceso. Se ha ido construyendo una cuestión bien colectiva, lo digo sinceramente.

¿Por qué? Porque desde que nosotros tenemos ley de Monumentos Nacionales, que es la ley del 70, que a la vez está basada en un decreto del 25, incorpora ciertas cosas, la zona típica, el Santuario de Naturaleza, actualiza un poco el Consejo, pero es un marco normativo de 100 años.

Desde que se promulgó la ley, ya empezaron a surgir debates en Chile, porque la ley era muy legalista, porque no entregaba recursos a los propietarios, porque le endosaba toda la responsabilidad de cuidado a los particulares, porque era muy centralizada, porque no incorporaba las regiones, entre otras, y en el tiempo se han ido haciendo varias iniciativas para modificarla”.

De la Cerda va recorriendo la historia de la nueva legislación: partiendo en el primer gobierno de Bachelet, donde se armó un diagnóstico para un Instituto de Patrimonio, que no llegó al Congreso pero sentó bases de esta futura actualización. Luego, en el primero gobierno de Piñera se ingresó un proyecto de ley por el Consejo de Monumentos; Bachelet dos y la creación del Ministerio de las Culturas. Piñera dos, donde comenzó a trabajar De la Cerda, sumó el tema de los Monumentos Nacionales. Y, tras proyectos debatidos en el año 2019 y una indicación sustitutiva, en la administración Boric vino la consulta indígena. Varios hitos, muchos años, formando un proyecto.

“Hoy nosotros estamos en conversaciones bastante avanzadas, ya cerrando las indicaciones del paquete completo de la ley”, dice el subsecretario.

El proyecto no solo busca desconcentrar la institucionalidad y ir disminuyendo procesos burocráticos, sino que amplía lo que es patrimonio: si la normativa de 1970 solo reconoce el patrimonio material tradicional, la nueva lo amplia, incorporando paisajes culturales, bienes muebles, archivos, sitios de memoria, itinerarios culturales, patrimonio inmaterial e indígena. “Entonces allí uno ve que la comprensión global del patrimonio queda mucho más calibrada con lo que la sociedad ya viene valorando”, explica.

Ahora, eso tiene siempre el peligro de que si todo es patrimonio, nada es patrimonio.

—Hay un principio de selección. El patrimonio no puede ser todo. No es que algo que no está protegido por el Estado no tenga valor patrimonial, pero quizá no hay valor patrimonial para la comunidad toda del país.

Tu familia, mi familia, la foto de tu abuela o su máquina de escribir: es un patrimonio familiar, pero no exijas que sea del Estado. Entonces el principio de selección no cuestiona que los bienes culturales tengan valores para determinados grupos. Lo que establece es que ese valor cultural le interesa resguardarlo a la sociedad toda.

Esa es la diferencia. Entonces, esta actualización de los conceptos no busca que todo sea patrimonio, sino que busca tener categorías adecuadas para la época.

El proyecto también incorpora la gestión del patrimonio “de manera mucho más integral”, dice el subsecretario. “Tener herramientas de subsidio para poder intervenir barrios patrimoniales protegidos y que no caigan en el deterioro total. Pensemos en Valparaíso, pensemos en La Serena. Incorporar beneficios tributarios, la lógica de las compensaciones. Que también el Estado pueda compensar el gravamen o la limitación al uso de un particular en atención a ese interés público”.

—¿Podría estar lista la ley antes de fin de año? ¿Le puso esa meta el presidente Kast?

—No, no puso esa meta directamente, pero es una meta que todos acá internamente la conversamos y nos gustaría que así fuera. Ahora, vemos que hay un muy buen piso en el Congreso. Hoy día la pelota la tiene el Ejecutivo, nosotros estamos cerrando estas materias para indicar.

El presidente Kast lo que sí pidió es que se mantuviera la suma urgencia del proyecto todo el tiempo. Entonces si es este año, ideal, y si no, será el próximo año cuanto antes.

Al chileno, ¿hoy día le interesa más el patrimonio? ¿Lo valora más y lo cuida más? Le pregunto en base a los dos gobiernos en los que usted ha participado.

—Yo no tengo ninguna duda que sí. Los números del Día del Patrimonio son una señal, te permiten ver el nivel de interés que hay. Y es brutal el nivel de interés.

Pero además después del estallido social, que también nos tocó vivirlo, en un momento se instaló la idea muy perniciosa de que el patrimonio cultural era como una especie de relicto burgués ligado a los grupos de poder que habían manejado la agenda del país por muchos años. Esa justificación moral fue el piso que permitió mirar con complacencia la destrucción de los monumentos del país: antes de destruir un monumento o de incendiar una iglesia monumento histórico, había una especie de justificación moral que soportaba eso y no hacía la acción criticable.

—Y que lo veía como algo ajeno a lo propio.

—Tal cual, pero además como algo pernicioso en sí mismo. La iglesia es iglesia, la vamos a atacar, la estatua es un hombre a caballo, lo vamos a atacar.

Creo que hay que tratar de entender los fenómenos que están detrás de las cosas. No solamente en los que botaron monumentos o incendiaron iglesias, también en todo el ámbito intelectual y académico, que miraba esto con una cómoda distancia, incluso justificando lo que estaba ocurriendo. Y tratar de entender, no es justificar.

Yo veo que ese movimiento que fue muy notorio en todo Chile, trajo una resaca, donde hoy día vemos lo que quedó dañado en las ciudades y la discusión patrimonial está como en otro piso.

Tú te encuentras con actores que estaban en una determinada posición hace un tiempo, y también con una opinión pública más generalizada, y veo que esa valoración del patrimonio se ha modificado completamente para bien.

Con lo cual no significa que el patrimonio no sea reflejo de una época o de unas élites, pero quizás poder comprender que la manera de incorporar esa diversidad o esas valoraciones nuevas, esas minorías incluso que quieren comparecer en el ámbito de lo público, no pasa necesariamente por borronear lo antiguo.

Y también entender que el patrimonio no debe ser una herramienta de instrumentalización política para un discurso u otro. Ojalá logremos tenerlo como un espacio más de convergencia, el patrimonio, y no como una trinchera.




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