Se casó, dejó el trago y la noche, y hoy estudia. Su reloj suena los lunes a las cinco y media de la mañana para venir a estudiar a Santiago desde San Felipe.

Durante su recreo, en el patio del Instituto Nacional del Fútbol, antes de una prueba de fisiología para la que no estudió mucho, revela después, Kike tira cinco besos a los exjugadores y compañeros que pasan cuando está delante de los micrófonos de The Clinic y que le tiran tallas.

– ¿Desde cuándo quieres ser técnico, Kike?
Hace harto tiempo. Antes estuve ocho meses estudiando, hace como cuatro años, más o menos, pero me tuve que ir a jugar a Cobresal por la Copa Libertadores entonces congelé, pero no lo hice de la mejor forma porque cuando quise retomar tuve que empezar de cero así que aquí estoy.

– ¿Está orgullosa la familia, tu mamá?
Sí, siempre ha estado muy orgullosa de todo lo que he hecho pero sin duda sufrió mucho cuando empecé a salir, me preocupé de otras cosas y dejé el fútbol de lado. Ella tenía mucho miedo, especialmente cuando salía.

– ¿Por qué?
Si iba a llegar vivo o no… si cuando me llamara al día siguiente iba a estar vivo. Por el mismo hecho de los excesos. Me refiero, y no tengo problema en decirlo, al tema del copete. A mí en ese momento me daba lo mismo lo que mi familia pudiera sentir. Después que pasó mucho tiempo hoy me doy cuenta. Ahora puedo decir que estoy sobrio y no porque me haya puesto algo… aunque tuve un pellet casi un año, pero al final, los últimos dos meses, estaba contando los días para ver cuando se iba a acabar el efecto, entonces no me servía de nada.

– ¿Y cómo lo hiciste?
Ahora lo hice solo, además que estoy estudiando y abrí una escuela de fútbol en Ovalle. Tengo que enseñarles a niños chicos y tengo que dar el ejemplo. Tengo que estar bien físicamente, no me puedo mostrar en mal estado, no puedo andar chupando, no quiero andar tampoco con cigarro…

– ¿Sí?
Yo fumé toda mi carrera en el fútbol. Mientras jugué también, siempre lo hice, siempre me tomaba mi copa de vino, una cerveza, era muy bueno para el whisky y ahora nada. De un día para otro le dije a mi mamá “sabí qué, voy a ir a comprar el último pack de cerveza y te voy a comprar uno a ti”… mi mamá toma cerveza también… Y me compré la linterna grande, tampoco nada de hueón, si era el último y tenía que asegurar. De ahí nunca más.

Al día siguiente mi mamá no creía, porque le dije muchas veces antes y quizás sin estar tan convencido, pero ahora fue algo que me nació. Dije me voy por el camino que debo irme, que es responsable, venir a INAF a estudiar, levantarme a las 5:30 en San Felipe para llegar acá o seguir por el lado malo… aunque ya no chupaba como antes, pero puta, quizás me iba a morir chupando.

– ¿Te costó?
Preferí hacer un cambio y la verdad es que no me costó nada, ni una hueá… Lo que sí, cuando dejé de fumar andaba odioso porque fumé siempre, me fumaba casi una cajetilla diaria, una y media. En las concentraciones, a veces en el entretiempo de los partidos, siempre fumé. Obviamente no lo hacía delante de los técnicos porque no te dejan. El 80% de los jugadores fuma entonces no era algo tan complicado.

– ¿Tuviste un episodio en particular para tomar la decisión de dejar el alcohol?
Me río porque trato de recordar si alguna noche se me pasó por la cabeza parar, pero nunca fue así. Para mí la noche era la raja, lo pasaba increíble… Nunca decía “puta la estoy cagando”, porque lo pasaba espectacular. Estaba siempre bien acompañado y había de todo. De repente, al tercer o cuarto día de carrete decía “no chupo más”, porque me sentía un poco mal, pero me tomaba una cerveza y me volvía a prender.

– ¿Y entonces qué fue?
Después de ver tanto sufrimiento de toda la gente que estaba alrededor mío, por mis actos y por mis indisciplinas, ahí me pegué el alcachofazo y dije basta. Al final iba a terminar quedando solo. Hoy me doy cuenta que así como estoy ha comenzado a llegar alguna gente que había perdido por lo mismo.

– ¿Quiénes?
Amigos del fútbol, por ejemplo. Mi mejor amigo es Francisco Pancho Arrué y se ha acercado otra gente que ni siquiera me acordaba que existía. Esos son buenos amigos porque no los tengo que andar invitando como a los de antes. Yo decía “puta vamos pa allá” y me decían “a mí me gusta estar contigo Kike porque me invitai a comer y a chupar gratis”.

Invitaba a mucha gente. Mis filas en el Eladio eran 25 personas. Llegaba a las 12 del día al Eladio a almorzar y eran las 12, 12 y media la noche y seguía sentado con todos los hueones. Pero sigo siendo así con las cosas que tengo… Obviamente no son tantas como las que tenía antes, pero lo sigo siendo. Si tengo luca y tú la necesitas, te la paso aunque yo me quede sin nada. Eso no lo voy a cambiar nunca, porque estoy seguro que quizás el día de mañana no voy a tener y tú me la vas a pasar. Pero yo entregué muchísimo y no recibí nada a cambio, por más que no lo esperara. Entregué mucho pensando que la gente que estaba al lado mío realmente me quería y eran amigos míos, pero me equivoqué.

– ¿De cuál círculo te decepcionaste más? ¿Hubo alguien que te dijera que pararas?
Mucha gente me dijo “para Kike”, pero no le hacía caso a nadie. Era yo, tenía la razón yo, era mi círculo, mi burbuja y lo que pudieran hablar fuera, tanto mi familia, amigos más cercanos, las mujeres que tuve en ese tiempo, que fueron muchísimas, no me importaba. Nunca me importó nada, en realidad.

– ¿Cuál fue el carrete más denso que te pegaste?
Chuta… Varios, muchos.

– Pero uno.
Es que nunca era una noche. Te puedo decir que una vez carretié casi un mes seguido.

– ¿Un mes?
Cuando te digo un mes es un mes. Mis carretes no eran de una noche, yo solamente tomaba. A mí me gustaba tomarme mi cervecita, un vinito, al principio empezaba con whisky pero después ya no porque con Red Bull era demasiado fuerte pero ahí empecé a probar el vino y me acostumbré a tomar vino. Siempre tomaba vinito, en el departamento estaba con mi vinito. Pero si me preguntas por una noche no te podría contestar, porque el carrete mío nunca duró una noche. Una semana, dos, un mes, así.

– ¿Y esos carretes eran acá en Santiago o con after en otro lado?
Siempre íbamos a Tongoy. Me acuerdo que una vez estuve con la Marisela Santibáñez, una buena amiga mía, la invité y fuimos. Con la Vale Roth también fuimos a Tongoy, son amigas ellas y yo las nombro porque les tengo mucho cariño. Y ellas también a mí. Íbamos para allá y comíamos mariscos, lo que hace cualquier persona normal, pero como lo hacía yo era un escándalo. Yo me iba para allá y llegaba SQP, En Portada, Primer Plano y estaba lleno de medios. Iba a comer, me pedía unos piures porque me encantan, con una botellita de vino blanco, por supuesto, pero algo así lo agrandaban demasiado.

– ¿Rescataste a alguien de todo el mundo que conociste en la tele? ¿Es mundo frío?
Al principio me gustaron las cámaras pero después quise retroceder y no había forma. No se podía porque ya era tanto que la gente quería saber lo que yo hacía que no era una sola cámara y llegaban al departamento mío a las 8:30 de la mañana. Tenía que salir en el portamaleta de un auto de un amigo, que se metía al subterráneo y me sacaba. Era complicado. Después se volvió horrible.

– ¿Y qué te gustaba de eso? ¿El reconocimiento de la gente?
No sé si fue por eso, antes fui siete años seleccionado chileno entonces la gente me quería igual. Le pegué a (Pablo) Aymar en Argentina en las eliminatorias y me acuerdo que después jugamos con Perú acá y en ese tiempo estaba Marcelo Salas. Cuando él salió a calentar con estadio lleno lo aplaudieron, pero cuando salí yo me ovacionaron y el estadio casi se viene abajo. Estaba acostumbrado a eso, pero me gustaron otras cosas. Prendía la tele y estaba yo, a las 10 de la mañana prendíai la tele y también estaba yo, en el matinal estaba yo, en la tarde estaba yo y así fue durante cinco años.

– ¿El fútbol o la farándula?
Lejos el fútbol, para mí el fútbol es mi vida. Por algo estoy aquí estudiando. La farándula es una anécdota en mi vida. Es lindo igual, lo pasé la raja, hice lo que quise, cuando quise, con quien quise y es un recuerdo que lo voy a tener para mi vida, para contarle a mis nietos, a mis hijos, algo que no cualquiera hace. No cualquiera se retira del fútbol, huevea hasta que le da hipo y después vuelve al fútbol. Porque yo volví tres veces. Por eso digo, hice lo que quise y bien o mal, ahí está.

– ¿Y en qué parte de tu carrera futbolística te afectó?
Cuando empecé a salir estaba en San Felipe, pero siempre me gustó el tema de la tele. Siempre, cuando chico, dije que iba a ser famoso. Lo tenía metido en la cabeza. Cuando salí de Ovalle, muy chico, me propuse cosas que iba a cumplir y se las prometí a mi papá. Le dije voy a jugar en la Católica, ser capitán en la Católica, jugar en la Selección y jugar en Europa. Tenía 23 años y ya había cumplido todo eso. Tuve la posibilidad de irme al Borussia Dortmund de Alemania, a España, pero estuve ocho meses en Inglaterra. Creo que cumplí todo muy rápido y eso fue como un techo. Nunca le perdí el gusto, pero al haber cumplido todo lo que prometí como que ya no había nada más porqué seguir luchando. De ahí parte todo este tema.

– ¿Pero cuándo empezaron tus salidas más reventadas?
Estuve en la U el 2007 y me junté con Mauro Pinilla, mi compadrito, y ahí salimos harto. Mauro venía de vuelta de Europa. Ahí empecé a salir hasta que me casé con la Carlita Jara. Nos fuimos a Sudáfrica, me fui seis meses primero, solo, y luego ella, porque se quedó preparando el matrimonio. Después volví, nos casamos y nos fuimos a vivir para allá. Cuando vuelvo de Sudáfrica, ahí parte todo.

– ¿Sí?
Ahí empecé a salir, la Carla se fue de vacaciones con una tía a Egipto, después volvió y fue a Estados Unidos y yo me quedé aquí. Ahí salí harto. Me acuerdo que una vez, en el tiempo del Festival, fui como tres veces a Viña y salí en la portada de La Cuarta y Las Últimas Noticias con una cerveza. Después de eso cualquier cosa que hacía salía en los medios. Empecé a salir con todas las mujeres de la farándula… modelos y todo el cuento.

– ¿Muchas?
Sí, estuve con mucha mujer linda, a veces estuve con cuatro… compartiendo en una mesa. Nidyan Fabregat es muy linda, por ejemplo, pero hay nombres que no puedo decir, que no los sabe nadie. Hay una que es espectacular, pero no puedo decirlo. Mi pareja actual sabe.

– ¿Tipo Salma Hayek con Nicolás Massú?
Sí, y mejor puede ser.

LA ROJA

– ¿Qué visión tienes de las críticas que apuntan a Arturo Vidal como un tipo que se apoderó de la Roja?
La prensa deportiva está más preocupada de otras cosas que de lo futbolístico. La Copa América va a ser muy difícil por todo lo que se vive dentro y fuera de la cancha. Por ejemplo criticaron mucho a Vidal por ir a entrenar un rato con Rodelindo, su equipo de San Joaquín, pero no le veo lo malo. Arturo es un tipo inteligente, no va a ir a matarse, solo compartió con los muchachos y creo que es un incentivo para ellos.

Después del entrenamiento en Pinto Durán se cierran las puertas y el jugador puede hacer lo que quiera en su rato libre. A los ídolos chilenos la prensa siempre los quiere cagar. Eso no lo entiendo. Al Chino Ríos cuando era el número uno le andaban buscando una hueá pa’ cagarlo. Hacen lo mismo con Arturo.

– ¿Qué opinas del quiebre Vidal-Claudio Bravo?
Eso pasa en todos lados. Acá mismo en el INAF tenemos un grupo más sólido que se lleva mejor que con otros y es así. Estuve en varios equipos y siempre pasa lo mismo. El tema Selección obviamente repercute más porque todo el país está pendiente pero siempre fue así. Yo no pertenezco a esta generación, aunque sí los conozco a todos los que están y compartí con Claudio cuando debutó por la Selección en Colombia, el 2005. Pero lo que realmente pasa dentro lo desconozco.

– ¿Sientes más afinidad por Vidal o por Bravo?
No te voy a responder eso. Al final es una tontera, a mí me gustaría que los dos estuvieran en la Selección. Me gustaría que pudieran conversar las cosas y que puedan ser como antes. Para mí hoy Vidal es el mejor de la historia de Chile, por logros, nivel de juego, tiene mucho que entregar… Y Claudio debería estar en el arco de Chile.

– ¿Crees que hay mucha soberbia dentro del camarín?
Para el Mundial del año 98 también decían que habían problemas y que supuestamente Salas y Zamorano se llevaban mal. Siempre ha sido igual. Siempre habrán bandos… hay algunos que les gusta más Alexis, otros que les gusta más Arturo y así. Va a seguir pasando pero no debería repercutir tanto como está pasando. Esto para mí es culpa de la gente que trabaja en los programas de deportes y diarios. Se preocupan más de lo extrafutbolístico.

– ¿Es difícil estar dentro de la Selección, con todos los ojos puestos sobre ti?
Es una responsabilidad muy grande, por lo mismo que tú dices. Todos te están mirando. Y cuando entras a la cancha a jugar no solamente defiendes a un equipo, sino que a un país entero y eso no es fácil. Hay que tener los pantalones bien puestos para entrar a la cancha y defender a Chile.

No es fácil porque, además, supuestamente están los mejores y obviamente siempre habrá algo de ego. No solo en la Selección… que este viene de afuera, que este gana más plata, este llegó con mejor ropa, el auto… siempre será así en la Selección. Se va a ir Arturo, Alexis, Gary y llegarán otros. Es una cuestión que no se va a terminar nunca.

– ¿Conviviste con tipos con mucho ego?
Sí, con Benni McCarthy, un sudafricano con el que estuve en Inglaterra. Le tenían mucho respeto los mismos ingleses, él me hablaba en español en el camarín y me decía mira estos hijos de puta, se cagan enteros conmigo, siempre me decía lo mismo. Era súper goleador y me llevaba la raja con él.

Con Robin Van Persie lo mismo, en Holanda, muy buen amigo mío. Ahora haré mi despedida del fútbol y espero que pueda estar. Lo estoy gestionando, me gustaría hacerlo en San Carlos de Apoquindo, voy a ir a conversar y quiero que esté el Pipo Gorosito, el Beto Acosta… ese weon era pesado, cabrón el Pipo. Mario Lepe también, pesadito. Pero a mí todos los jugadores siempre me han tenido mucho cariño. Siempre fui respetuoso con todos, nunca falté el respeto dentro de la cancha ni a nadie. Podía haber una puteada, pero nunca falté el respeto.

INICIOS

“Empecé muy chico a jugar fútbol, a los cinco años allá en el colegio San Viator allá en Ovalle. Me acuerdo que jugábamos con unas camisetas naranjas y mi mamá siempre estaba, con un buzo celeste y un buzo rosado corriendo por el borde gritándome dale hijo, dale hijo”, recuerda Acuña cuando le preguntamos por sus primeros pasos en el fútbol.

Siempre fue regalón, llegó de los primeros. “Después estuve en una academia y cuando nos tocaba ir a jugar afuera, a La Serena o San Antonio, ella también estaba. No sobraban los recursos así que en un camarote se quedaba conmigo y abajo otros tres compañeros. Mi mamá siempre estuvo en todos lados”, recuerda.

“Hasta que me vine a los 11 años a Católica y ahí se hizo cargo mi papá. Siempre he sido regalón de ambos, cuando voy a Ovalle todavía mi mamá me dice mi bebé o me lleva el desayuno a la cama, aunque a mí no me gusta. Estoy acostado y ella llega con la bandeja y yo la agarro y me voy a desayunar con ella a la cocina. Soy como una guagua aún, tengo 40 años y me trata como una guagua”, añade.

– ¿Eres el mayor?
Soy el mayor, luego está mi hermana once meses menor… no aguantó ni una hueá de cuarentena mi papá, nada (risas). Después viene mi hermano odontólogo y un hermano chico veinteañero. Y aparte tengo tres hermanastros.

– ¿Cómo es la relación con tu hija?
Ahora es buena, después de harto tiempo que fue súper difícil para mí. Tuve problemas con la mamá, una demanda donde me pedían muchas lucas… una brutalidad, $1 millón 800 mensual, hasta que al final llegamos a un acuerdo en los tribunales y ahora la puedo ver, aunque la perdí harto tiempo.

No es como se dice, como Roxana dijo que hace 5 años que no veía a mi hija. Yo a la Tayra la mudé cuando era chiquitita, la llevaba con mi pareja actual a San Felipe y después vino el problema donde la dejé de ver casi un año y medio, casi dos años. Ahora estamos bien, tiene seis años, nació el 14 de febrero.

– ¿La dejas tener tablet o teléfono?
Sí, pero no me gusta. Tiene que entender que la infancia no puede ser en una pieza con un teléfono, tiene que salir y correr y por eso mismo me la llevo a San Felipe. Allá la llevo al río con los perros, hay corderos, le gustan las gallinas y les da comida entonces es algo lindo que acá no lo vive. Si quiere jugar con tierra, barro, me da lo mismo.

– ¿Te da miedo que ahora o más adelante se dé cuenta de los videos tuyos que están en YouTube?
He pensado harto en eso. Pero voy a ser la primera persona en pescar a mi hija y decirle “mira veamos juntos los videos. Estas cosas hacía yo por un momento”… voy a ser la persona indicada para decirle las cosas que están bien o las cosas que están mal: “No hagas esto, porque te puede pasar esto otro, yo estuve complicado”. También hay cosas buenas: “Yo te mudaba, me levantaba en la noche, me preocupaba de ti”. Ella sola se va a dar cuenta del papá que soy ahora.

No me gusta que me diga Kike, quiero que me diga papá, pero también siento que Roxana tiene culpa en eso porque un día Tayra me dijo papá y se tapó la boca, como si estuviera mal. Eso me hizo pensar que no la dejan decirme papá. Después, con el tiempo, sé que me podrá y querrá decir papá, pero yo sería incapaz de decirle a un hijo que no le diga mamá a su mamá. Independiente de todas las cosas que hayan podido pasar entre nosotros, el papá soy yo. Mientras pude y hasta donde me dejaron siempre he sido un buen papá.

– ¿Y hoy?
Ahora estoy sobrio, ahora estoy sano y cuando comparto con mi hija disfruto como no disfruté nunca antes.

– ¿La desaprovechaste?
No, porque cuando estuvo chica la aproveché a concho y me levantaba, le daba la papa, la sacaba en el coche, la mudaba, porque a mí me gustaba eso. Ella lloraba y yo saltaba como un resorte. A lo que voy es que en ese tiempo yo chupaba igual y me tomaba su vinito, su cerveza, íbamos a algún asado y la aprovechaba, pero muchas veces no me acuerdo cómo la aprovechaba.

No sé si me explico bien, pero yo sé que estuve para ella. Quizás al mismo nivel de ahora, pero ahora sé perfectamente lo que hago con ella.

– ¿A quiénes más les quedaste debiendo atención?
A mi vieja, como ya te dije, pero también a mi papá. Me llamaban por teléfono y solo apretaba el rojo…

– ¿Es cierto que tuviste una persona que te manejaba el teléfono?
Sí, es que empecé a hacer muchos eventos y tenía una persona que contestaba mi teléfono y que me decía “mira Kike llaman de tal discoteque cuánto le cobrai por ir a hacer un evento de 20 minutos”. Llegué a cobrar 1 millón 800 por 20 minutos y hacía cuatro eventos en una semana, imagínate. Salía a las 2 de la mañana, 20 minutitos y un palito 800 al bolsillo, antes de irme a otra. Todo gratis, además.

– ¿Cómo lo hacía tu mamá para comunicarse contigo?
Yo la llamaba. Ella pensaba que yo iba a seguir siempre en esa, pero me di cuenta de todo lo que estaba perdiendo. Porque el colchón que uno tiene, el respaldo que uno tiene por haber jugado te hace ser un hueón muy querido por la gente. En algún momento eso se acaba y afortunadamente no se acabó. La gente me tiene muchísimo cariño, pero si llego ahora a preguntarle a mi mamá por cómo iba a terminar yo casi seguro diría que me perdía para siempre.

– ¿Sacaste lecciones en limpio, Kike?
Nunca tienes que dejar de lado a la gente que a ti te quiere y pensar que otra gente te va querer por lo que tú eres. No, a ti esa gente te quiere por lo que tienes. Y los que realmente te quieren por lo que eres es tu familia y uno que otro amigo.

Yo me olvidé completamente de eso. Los dejé de lado porque pensé que con la gente que estaba eran los me querían realmente. Ya pedí disculpas y afortunadamente me las aceptaron las y hoy puedo decir que soy un hueón feliz como no lo fui antes.

Porque claro, la felicidad me duraba cuando estaba sentado en la mesa, cuando estaba con las minas pero al día siguiente me despertaba y tenía una sensación de angustia impresionante. Y para que esa sensación de angustia no creciera me tomaba una cervecita, se me olvidaba todo y empezaba de nuevo de vuelta. Y al día siguiente pasaba lo mismo, ya eran dos días y después una semana.

– ¿En qué momento te sentiste más solo?
Acá en Chile, afuera no. Yo pensaba que no estaba solo por estar con 25 personas al lado… cuando más solo estuve fueron esas veces sentados con ellos en esa mesa. En las discoteques lo mismo, cuando varios me sobaban la espalda. Ahora cuento los amigos con los dedos de una mano, y con mi gente estoy más acompañado que nunca.

EL MEME SIN FRASE

– Pocos tienen un meme sin frase. ¿Te gusta el tuyo?
Ojo que eso lo hacía en todas las canchas. Mientras jugué era un tipo que tomaba mucha agua siempre, entonces iba a la banca, cuando hacían un gol, y toda la gente empezaba “nooo, no”, entonces yo tomaba agua y hacía (hace el gesto de arcadas), burlándome o riéndome de todo lo que me gritaban y la gente se cagaba de la risa.

Eso lo empecé a hacer y sabía que en algún momento iba a salir un meme, pero me encanta, yo lo tengo y es buenísimo.

Si es que te ponís grave más te van huevear entonces con ese gesto me los daba vuelta altiro. Me aplaudían y me gritaban dale Kike dale Kike. Y ahí se acababa todo el hueveo para mí. Yo sabía, antes de empezar el partido, que en un momento iba a tener que tomar agua.

– ¿Qué viene ahora para ti?
Ahora estoy en el segundo año, en unas semanas terminamos el primer semestre y de ahí mi idea es terminar a fin de año como monitor y pedir un permiso especial a la ANFP para ser ayudante técnico. Mientras estoy en eso terminar mi tercer año para recibirme como técnico profesional.

– ¿Dónde te gustaría dirigir?
Voy a dirigir a Católica. Acuérdate de mí.