Lorena Armijo
Investigadora Centro de Investigación y Estudios en Familia,
Trabajo y Ciudadanía, CIELO UST
Universidad Santo Tomás

El lanzamiento de la Campaña Papá Conmigo, encabezada por la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Isabel Plá, y su par de Trabajo, Nicolás Monckeberg fue la antesala de la celebración del Día del Padre de este año. Con esta campaña ambas carteras buscan difundir el ejercicio del derecho postnatal y parental entre los padres trabajadores chilenos para revertir la escuálida cifra de padres que los viven.

Cualquier iniciativa que dé visibilidad en la agenda pública al cuidado de los hijos como responsabilidad de los padres será bienvenida. La asociación de la campaña Papá Conmigo con la celebración del Día del Padre es una señal de la opción política que ha tenido este gobierno, así como anteriores, respecto a lo que se vive y entiende por paternidad. Esta se asume como una decisión individual producto de preferencias personales que buscan satisfacer los planes de los hombres o de sus familias, sin que exista de por medio un mandato social similar al vivido por las mujeres ante la maternidad. La paternidad emerge como opción y muchas veces vivida de manera esporádica, sin una real corresponsabilidad. Un avance en esta materia supone repensar la paternidad, la maternidad y las definiciones de género para crear una acción realmente justa entre los sexos. Como esto no se da, es más fácil asimilar la responsabilidad de los padres con un día que pone atención en ello, como consumidores que reciben un premio por realizarlo.

Cabe señalar que las campañas de sensibilización con un plazo definido suelen ser eficaces en la medida que informan sobre un evento que es necesario abordar en un tiempo limitado. No es de extrañar que las campañas de prevención de enfermedades invernales como las puestas en marcha desde hace décadas por el sector salud presenten buenos resultados para cubrir enfermedades que tienen una duración temporal limitada, no así cuando pretenden hacerlo con enfermedades de larga duración. Este ejemplo puede extrapolarse a la cuestión de la paternidad y corresponsabilidad. Si queremos reconocer e impulsar el trabajo de cuidado de los padres como opción personal, un domingo o la campaña de un mes puede ser el medio más indicado. Así tendremos padres que ayuden al cuidado y obtengan reconocimiento (personal) por cada acción de cuidado que realicen. Por el contrario, si el interés público va por una real corresponsabilidad entre padres y madres, las acciones que deben emprenderse son otras, como vemos en la experiencia de países que han tenido grandes avances en la materia.

El anuncio de la Campaña Papá Conmigo no fue acompañado de la posibilidad de instalar en la agenda parlamentaria un aumento de los días del permiso postnatal masculino y la obligatoriedad y no transferencia del permiso postnatal parental exclusivo para padres. Por el momento, no existe una actualización en materia de corresponsabilidad de la actual Ley 20.545 Modifica las normas sobre protección a la maternidad e incorpora el permiso postnatal parental, promulgada en 2011. Recordemos que Chile otorga cinco días de permiso postnatal masculino exclusivo para padres y la posibilidad de transferencia de varias semanas (6 o 12 según el tipo de jornada) a los padres que deciden ejercer el permiso postnatal parental. Si bien hay otros países de la OCDE que otorgan menos días de permiso posnatal masculino que Chile (Grecia u Holanda), incluso no cuentan con este beneficio (Alemania o México), lo cierto es que ofrecen un sistema de protección a la maternidad más extenso que el chileno y, por tanto, las condiciones de protección ante riesgos sociales son distintas. Lo preocupante en el caso chileno no solo es la baja cantidad de padres que ejercen los derechos de paternidad, sino también el débil interés de incorporar nuevas medidas de conciliación que faciliten la corresponsabilidad. A nivel internacional se ha propuesto, por ejemplo, la ampliación del permiso de paternidad para que los hombres disfruten al menos cuatro semanas, la modificación de la normativa como nulidad del despido en caso de producirse durante el disfrute de dicho permiso y el incentivo a las empresas para que elaboren planes de conciliación para padres.

Recientemente, la Ley Nº 21.133 Modifica las normas para la incorporación de los trabajadores independientes a los regímenes de protección social, que obliga a cotizar a quienes emiten boletas de honorarios a partir de 2019, fue difundida por el ministro Monckeberg el 3 de enero de este año, afirmando que como gobierno no querían trabajadores de primera o segunda clase, sean dependientes o independientes. Se refería exclusivamente a asuntos de seguridad social para enfrentar la vejez a futuro porque esta nueva ley no incorpora referencia alguna acerca del cuidado de los padres trabajadores. De esta población casi nada se sabe sobre sus necesidades de cuidado y de las posibilidades realmente existentes que se incorporen al cuidado en el futuro.

Como decía la investigadora inglesa, Jane Lewis, hace más de veinte años: si en un Estado predomina una interpretación patriarcal del cuidado doméstico como cualidad femenina, entonces, se diseñarán políticas de fomento del modelo tradicional de familia, con una participación parcial o doble presencia de las mujeres, con la consiguiente sobrecarga de trabajo para ellas. Esta interpretación tradicional es legitimada por la sociedad chilena cuando ve con buenos ojos que las mujeres aporten con recursos económicos -vía mercado laboral- al ingreso familiar, pero se muestra más reticente a que continúe trabajando con jornada completa cuando la familia tiene hijos preescolares. Es decir, las mujeres pueden aportar al ingreso familiar, pero sin desatender su responsabilidad de cuidado. En un estudio reciente sobre padres trabajadores dependientes (Fondecyt N°3170459) la mayoría de ellos se mostraron muy desconectados de las necesidades que conlleva la sobrecarga de conciliar trabajo y familia, solo algunos que la vivían tenían conciencia de las dificultades que esta supone en su mayoría para las madres trabajadoras. Por lo tanto, el grupo de padres trabajadores dependientes difícilmente exigirá medidas de conciliación de la vida laboral y familiar y tampoco buscará potenciar su responsabilidad de cuidado.

Si seguimos pensando el cuidado de los hijos por parte de los padres como una opción voluntaria y si no se incorpora de manera plena la corresponsabilidad en las políticas, difícilmente los padres dedicarán más tiempo al cuidado. Si la responsabilidad del cuidado recae principalmente en las madres, prontamente -tal como estamos viviendo con los ojos cerrados- se ahondará el déficit de cuidadores porque esas mujeres cada vez más están saliendo al mercado laboral. Si no pensamos que el cuidado es una responsabilidad social que involucra a distintas personas (padres, madres, abuelos, tíos, vecinos, enfermeros, médicas, profesores, dirigentes sociales) e instituciones (la familia, el estado, la comunidad y el mercado), la sobrecarga de las mujeres que cuidan será mayor. Si los hombres no enseñan a cuidar, mediante el ejemplo, a sus hijos, habrá menos personas dispuestas a hacerlo a futuro. Si los hombres no se incorporan al cuidado, ¿quién cuidará a una población cada vez más envejecida? En definitiva, si los hombres no se incorporan de manera extensa al cuidado, perdemos todos.