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Opinión

20 de Julio de 2019

Columna de Sergio Caniuqueo Huircapan: El entretiempo de la consulta indígena, un espacio para la reflexión

Hoy la derecha se muestra preocupada de estos temas, pero si uno ve esto en términos finos, la consulta encerraba puntos negativos, como el rebajar los años de prohibición para la venta de tierras compradas por la Conadi de 25 a 5 años, y sobre todo el punto nº7 sobre los procesos de conflictos territoriales, donde se plantea la idea de ofrecer compensaciones económicas a cambio de desistir de la recuperación territorial. La verdad es que hoy nadie da respuestas a esas realidades que afectan a las comunidades, pero también a quienes viven en las ciudades y tienen la calidad de herederos o que son titulares y no tienen las condiciones para vivir de sus tierras.

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La fallida consulta indígena, sumada al mal manejo del caso Catrillanca y a las compras de tierras del subsecretario Ubilla, han llevado a una debacle de la política indígena del gobierno de Sebastián Piñera. En un afán reduccionista por dar explicación a lo sucedido, la derecha ha culpado a diversos actores: partidos políticos, los sectores ideologizados mapuche, e incluso se han culpado entre ellos. El cambio de gabinete es un breve espacio para reorganizar la política indígena e intentar salir de este pantano.

Si la vemos con atención, esta consulta no difiere mucho de las consultas anteriores. En su mayoría, procedieron casi de la misma forma: informando a los dirigentes in situ que eran invitados a reuniones donde, después de la explicación que entregaba el funcionario, se les presionaba a deliberar sin una discusión de fondo. Hoy, lo que molestó a muchos dirigentes de base, es que se siga reproduciendo el mismo patrón de las consultas anteriores. La primera consulta, en tiempos del primer gobierno de Bachelet, generó casi el mismo rechazo e incluso terminó con funcionarios golpeados, y todas las demás han terminado en decepciones, con excepción de la que hizo el Consejo de la Cultura y las Artes, hoy ministerio. Y tanto más cuando en la mayoría de las actas de las consultas hay una serie de observaciones –muchas de ellas en alusión a situaciones sociales que han empeorado con el tiempo– que jamás han sido tomadas en cuenta.

Si, de un lado, el gobierno no hace eco de los puntos críticos que tiene la consulta, del otro el movimiento mapuche solo habla de los grandes temas, lo cual ya parece un diálogo de sordos. Los medios no dan una información clara y las personas no entienden por qué los mapuche están reclamando. Si le preguntamos a cualquier persona mapuche de la calle qué sabe sobre la consulta indígena, lo más probable es que diga que no está informado, y podemos suponer que el actual debate le ha parecido lejano a su realidad.

Tampoco se ha informado que la derecha impone una consulta –mecanismo legal que convoca a todos los indígenas– para resolver temas mapuche, sin incorporar las necesidades de los demás pueblos indígenas.

¿UNA DERECHA PREOCUPADA?
En un canal de televisión regional, un peñi defensor de la consulta señalaba que hay puntos urgentes, sobre todo en el tema de la titularidad de los predios, y los ejemplos que ponía le dan la razón. La imposibilidad de herencia en el caso de las comunidades que tienen títulos en común comprados por la Conadi es un problema real, o los casos de personas que viven eternamente con la posesión efectiva y no pueden acceder a la titularidad porque las tierras que recibieron de herencia son menores de tres hectáreas, condición que, por si fuera poco, los deja fuera de los programas de fomento. También hay temas como la regularización de arriendos o de permutas, situaciones muy comunes, o de cómo regular el tema en el caso de las personas que han obtenido la calidad de indígena por gracia y que gozan de los mismos derechos que cualquier indígena.

Hoy la derecha se muestra preocupada de estos temas, pero si uno ve esto en términos finos, la consulta encerraba puntos negativos, como el rebajar los años de prohibición para la venta de tierras compradas por la Conadi de 25 a 5 años, y sobre todo el punto nº7 sobre los procesos de conflictos territoriales, donde se plantea la idea de ofrecer compensaciones económicas a cambio de desistir de la recuperación territorial. La verdad es que hoy nadie da respuestas a esas realidades que afectan a las comunidades, pero también a quienes viven en las ciudades y tienen la calidad de herederos o que son titulares y no tienen las condiciones para vivir de sus tierras.

Llama la atención la falta de articulación de las necesidades actuales mapuche, ya sea en la comunidad como en lo urbano, y es preocupante cómo se instala el discurso que instala una oposición entre lo micro (los casos individuales) y lo macro, lo cual le sirve de argumento a la derecha para deslegitimar a quienes plantean los derechos colectivos como pueblo.

Es necesario abordar todas estas problemáticas, pues afectan al millón setecientos mil mapuche, y avanzar en la construcción de una agenda política propia que dé cabida a los temas sociales que existen y conectarlos con los grandes temas. En la actualidad estos grandes temas, como el autogobierno, por ejemplo, para muchos son solo un elefante blanco, porque no hay demostración de capacidad de autogobierno, ni un proceso de unificación organizacional que lo sostenga. Hay coyunturas que agrupan a organizaciones, pero no existe un marco de movilización al corto, mediano y largo plazo que le dé sustento. Sin duda los gobiernos que vengan seguirán haciéndose cargo de las necesidades sociales desde su interpretación política, pero es ahí donde los movimientos sociales deben entrar a disputar estos temas y darles una perspectiva más amplia, conectando soluciones sociales con procesos de los derechos colectivos.

Hoy tenemos una coyuntura favorable porque dirigentes de base dijeron que no a una consulta, pero ¿cuál va a ser la propuesta del movimiento mapuche para abordar todas estas necesidades? Sin ella, el gobierno habrá ganado tiempo para rehacer una estrategia para abordar estas necesidades, y quizás sin pasar necesariamente por la modificación a la ley, porque en términos concretos, ¿qué gana la derecha con la modificación a la ley, si el actual mercado inmobiliario puede seguir utilizando las triquiñuelas jurídicas que utilizó el subsecretario Ubilla? Por lo pronto, en el mejor de los casos, todo puede seguir igual sin que afecte en nada al mercado ni al Estado, ni ahora ni a futuro.

Para el sistema global una minoría organizada es inofensiva hasta que logra articular a toda su base social; de hecho una minoría crítica es beneficiosa, porque permite identificar falencias y elaborar respuestas de corto plazo que eviten la movilización social. Si comparamos la situación actual con lo que ocurrió en los años 60, cuando el avance conservador y anticomunista de EE.UU. llevó a prestar dinero a Chile para políticas de vivienda social y para la reforma agraria, los grupos de izquierda y la población en general supieron aprovechar la coyuntura para ocupar los espacios, dar contenido y levantar un proyecto político que fue parte del programa de gobierno de la Unidad Popular. ¿Cuáles son las posibilidades de que el pueblo mapuche utilice a su beneficio los mecanismos jurídicos internacionales que, a regañadientes, Chile ha debido incorporar para los indígenas del territorio?

Sergio Caniuqueo Huircapan,
Historiador Mapuche. Investigador adjunto CIIR-PUC.

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