La libertad democrática, esa que tanto le costó obtener a Chile, le permitió a muchas personas dar a conocer su opinión sin temor a que alguien pudiese rebatir lo que otro decía. Para muchos, el momento exacto para brillar. Para otros, un acto más de varios pequeños esfuerzos que ya habían demostrado que se puede ir contra los grandes, los poderosos, esos que alguna vez se creyeron superiores. En el deporte, las historias de los rebeldes, de los héroes que dieron su opinión frente a entes superiores para cambiar el mundo abundan y son parte de la historia.

Como olvidar a Jesse Owens, el atleta negro que ganó cuatro oros en los Juegos Olímpicos de 1936 en una competencia organizada por Adolf Hitler para demostrar la superioridad de la raza blanca. El führer ni siquiera habría querido darle la mano al ganador que vio como el racismo le pegaba duro a su vuelta a Estados Unidos. Sin reconocimientos, pero con la certeza de que había generado un cambio. Mismo llamado de atención que logró el denominado Black Power en los Juegos Olímpicos de México 68. Dos atletas afroamericanos alzaban sus puños con guantes del mismo color de su piel tras quedar entre los tres mejores de los 200 metros planos. Todo para ir contra las fuertes políticas de discriminación a su población. Un acto que generó el repudio de varios presidentes de la época por atentar contra los valores que ellos mismos querían implementar en la competencia. Tommie Smith y John Carlos pasaron a la historia… Dos puños en alto para comprometerse contra las causas que les parecían justas.

2019… y en Estados Unidos se replica la frase “Tu mensaje excluye a gente que se parece a mí”. Su autora es Megan Rapinoe, la capitana de la selección femenina de EE.UU. y apunta a Donald Trump y sus desafortunadas frases contra las minorías sexuales y emigrantes. La condición homosexual de la jugadora y su abierta lucha contra la desigualdad de género y discriminación ha hecho que no solo le responda al presidente, sino que también lleve tras su espalda una gran cantidad de personas que la postulan a la casa blanca para las elecciones del otro año. Es más, la volante tiene actualmente una proyección de voto de 43% un punto más que el actual mandamás que llega a 42%.

Chile no se ha hecho el desentendido sobre esta materia. Carlos Caszely se mantuvo firme, con los ojos cerrados, inmóvil y con las manos en la espalda para no saludar al ex dictador Augusto Pinochet en la ceremonia que organizó la junta militar para despedir a la Roja que viajaba a jugar el mundial de Alemania 1974. Un acto que no solo trajo consigo la incomodidad del ex gobernante de facto, también una vuelta al mundo…

En marzo de este año Nicolás Maturana emplazó al gobierno a que no le cobre de más a la tercera edad de nuestro país por cambiar el medidor eléctrico de sus casas. José Pedro Fuenzalida ha revelado ser de derecha, Jorge Valdivia estuvo en la campaña presidencial de Sebastián Piñera y Jean Beausejour participó del Consejo Ciudadano para una nueva Constitución en el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Hasta hoy es un firme defensor de las causas mapuches.

En ocasiones la forma de protestar o mostrar el parecer de un grupo se hace a través de la televisión y ante una gran cantidad de personas. La selección chilena no dudó en mostrar su disconformidad contra la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca antes de enfrentar a Honduras por un amistoso. La Roja fue contra la administración de Arturo Salah, ex presidente de la ANFP, que consideraba que la idea del plantel iba contra la actividad deportiva y el fútbol. Presionados en su momento por el mismo gobierno para no hacer mayor eco de la situación, el acto de Arturo Vidal y sus compañeros dio la vuelta al mundo. Un hecho que reflejaba la voz y repudio de un equipo que pasaba a representar a todo un pueblo que no estaba de acuerdo con lo ocurrido.

Así, no solo existen jugadores y estrellas que han mostrado su opinión a lo largo de los años contra decisiones políticas, acciones que no les parecen válidas o competencias en las que eran considerados desde el comienzo como perdedores. También hay políticos que han decidido buscar al fútbol y aprovechar este nicho para hacer crecer su popularidad. A algunos les ha funcionado de maravilla, a otros les ha traído más problemas que satisfacciones. Silvio Berlusconi se hizo cargo del Milan en 1986. El ex primer ministro italiano quiso demostrar que a través de un negocio externo se puede llegar más alto. El magnate quería un equipo de élite, que diera confianza a los hinchas, que deleitara por su forma de juego, que fuera confiable, que trabajara con esfuerzo y que estuviese formado por los mejores hombres para ganarlo todo. En el fondo traspasar el liderazgo al fútbol. Sí, le resultó bien. No solo contó con nombres a los que cualquier entrenador le gustaría dirigir como Zlatan Ibrahimovic, Genaro Gatusso, Clarence Seedorf, Andrea Pirlo y Kaká entre otras figuras. En total ocho Scudettos, una Copa de Italia, siete Supercopas, cinco Champions, dos Copas Internacionales, un Mundial de Clubes y cinco Supercopas de Europa.

El actual mandatario de Argentina, Mauricio Macri, también ha incursionado en el deporte. Fue presidente de Boca Juniors entre 1995 y 2007. Con él al mando el cuadro xeneize ganó 16 títulos y se convirtió en el líder del club que más trofeos ha ganado. Homenajes para su salida, buena gestión que le permitió dar cuenta de su seriedad y buenos resultados para ser elegido como el que llevaría las riendas del vecino país. En Chile, Sebastián Piñera llegó a Colo Colo el 2006 y junto al cacique ganó cuatro campeonatos seguidos viendo la final de la Copa Sudamericana 2006. Su desafortunada frase “Vi a los cuatro fantasmas” haciendo alusión a Macnelly Torres, Cristóbal Jorquera, Lucas Barrios y Daúd Gazale terminó por romper su unión con los hinchas que no dudaron en recordarle su pasión por otro equipo Universidad Católica. Fanatismo que incluso fue dado a conocer por su hermano Miguel.

Para algunos el deporte ha servido como una forma de protestar contra lo que les parece injusto, lo que no va con ellos, para decir ¡Esto pasa! ¡No todo está bien! Para otros una forma de acercarse a la gente, de conseguir el apoyo popular, de demostrar que se la pueden. Ya sea en una u otra vereda, la relación de amor y odio con la política perdura hasta el día de hoy.