Luis Merino Zamorano: Legado antipoeta

Hablar con Luis Merino Zamorano en Las Cruces es conectarse con la historia, el presente y el futuro de ese pueblo costero situado en medio de la Provincia de San Antonio (también conocida como Litoral de los Poetas), hogar de antiguas civilizaciones autóctonas y marcado a fuego por la residencia del connotado físico y antipoeta Nicanor Parra, pero también por otros grandes personajes como el escritor Gustavo Frías o el pintor Arturo Pacheco Altamirano, por mencionar algunos. 

Luis es el bibliotecario de la pequeña, pero ordenada biblioteca municipal de Las Cruces, ubicada en la calle Ignacio Carrera Pinto 496, al frente de la Casa de la Cultura Gustavo Frías Reyes, personaje también fallecido hace poco más de tres años, y con quien Merino estableció una fuerte relación de amistad, como la que de alguna manera también hizo con Nicanor Parra, a quien el antipoeta llegó a confiarle parte su intimidad, y digo parte porque todos saben lo receloso que era Parra con todo el mundo. El Lucho -como todos lo conocen- es uno de los delfines de Parra y sin duda quien más sabe del antipoeta. 

Para hacer esta entrevista nos juntamos en un lugar entre la naturaleza, ubicado en la Punta del Lacho, dentro del barrio Vaticano, con una privilegiada vista al mar, a los pies de lo que fue la antigua caleta de pescadores de Las Cruces, lugar al que acude religiosamente casi todos los días desde hace más de 30 años. El spot se trata de una roca en la cual él se sienta durante largas horas, divagando, leyendo y generando gran parte de una obra que avanza con el sigilo de la vida costera fuera del periodo estival, y nada más que con los chaguales como testigos.

¿Qué pasa hoy con Nicanor en Las Cruces?

Todavía es un recuerdo nomás. Ahora falta que llegue la Fundación para que empiece su desarrollo. Alguien tiene que gestionar su obra.

¿En qué están topando?

Están con el problema de la herencia todavía. Los dos hijos mayores no se convencen de que lo que hizo don Nicanor era lo que se tenía que hacer: dejar el 50% para la Fundación y la otra mitad para la familia, para los seis herederos. El tema es que ellos (los mayores) se están basando en que se lo dejó a la Colombina y don Nica lo hizo así para que fuera más rápido todo.

¿Y por qué todavía no funciona la Fundación Nicanor Parra?

Ya existe, es decir, ya cuenta con una constitución legal, pero resulta que todavía no tiene fondos, porque están retenidos. Estos dos hermanos se oponen a la forma de reparto. En el fondo don Nicanor no le dejó a la Colombina el 50%, ella tiene el 8,3% como todos los herederos, lo que pasa es que a ella le dejó el trabajo de ser la albacea y una vez que exista la Fundación, será ésta la que administrará el 50% del patrimonio del antipoeta, y ahí cada hijo tendrá algo que decir.

¿Cómo te imaginas eso funcionando?

En la casa tendría que haber un centro de desarrollo de la antipoesía, como lo que hay en Isla Negra, en donde se supone que hay una centro de desarrollo de la poesía de Neruda. En este caso la obra de Parra tiene otras implicancias, no es tan solo literaria, hay temas que tienen que ver con el desarrollo de las artes, de las vanguardias, porque don Nicanor aparte de la escritura, estuvo abocado en los últimos años a las artes plásticas, a expandir el espacio de la poesía, porque se supone que la poesía ha sido siempre solamente literatura, pero en el caso de Nicanor, éste empezó en el ’72 a mezclar el lenguaje poético con los artefactos y después siguió con lo que se conoce como los trabajos prácticos o las obras públicas.

A propósito de los artefactos y los trabajos prácticos, tú tienes una visión muy particular con respecto a ellos, los ves más bien como piezas comunes.

En el caso de los trabajos prácticos, que podríamos decir son las esculturas o las instalaciones, en donde él toma un objeto (que es tridimensional, porque si no fuera así estaríamos hablando de un artefacto) y lo transforma en una instalación, a la cual le pone un letrerito y junta el objeto con una palabra o un concepto. Por ejemplo, él elige un tomate, lo atraviesa con un clavo, con la connotación que tienen los clavos de Cristo y todo eso, y él escribe un papel que dice: “naturaleza muerta”. Entonces el tomate con el clavo adquieren una vida común y se transforman en un objeto, y finalmente lo que tiene de particular es que el tomate está destinado a perecer, de tal manera que no existiría un tomate único, de tal manera que tú podrías tener en tu casa un tomate atravesado por un clavo y tendrías la escultura de Parra, es decir, tú la puedes construir.

¿Todavía no se entiende a Parra?

Como esto es algo nuevo, no hay mucha gente que investigue. Por ejemplo los expertos en literatura y los expertos en artes visuales están en campos separados y no mezclan ambas cosas. Entonces este tipo de arte o poesía expandida, está súper poco criticada en Chile. Por eso el estudio de la obra de Parra se puede decir que está en desarrollo. Por ejemplo en la exposición que se hizo en el Museo de Bellas Artes de Santiago, que se llamó “Poesía en Expansión”, donde por primera vez se juntó la historia de este tipo de trabajos, que juntan la palabra con las artes visuales…

En el cual por cierto entra Vicente Huidobro. 

Claro. Huidobro habría sido el primer chileno que creó, a través de los caligramas, esta unión entre lo escrito y lo visual. Él sería el padre. Luego habían como cuarenta exponentes, entre ellos la Carmen Berenguer, José Luis Martinez, Bertoni, la Cecilia Vicuña, Millán. Y de Parra lo único que pusieron fue una caja con artefactos del ’72, sin incluir los del ’85 (son 244 y 244 piezas), y como tres o cuatro abiertos, entremedio de otras cosas. Entonces lo que yo veo es que el legado de Parra está súper poco explorado por los entendidos, y cuando hablo con alguien y le cuento que no existe un tomate original, se interesan. Parra demostró esto que digo en la Universidad de Concepción, cuando pide una ampolleta -está grabado-, la rompe y le pone “el insecto de Edison”. Finalmente es una obra muy proletaria, porque cualquiera podría tener una escultura de Parra, está al alcance de todos. 

“EL LUCHO MARINO”

Luis Merino es un tipo afable, cariñoso; culto y popular a la vez, una mezcla perfecta entre “vinagre y aceite de comer”, que nació en Santiago, pero que lleva más de 30 años viviendo en el antipueblo de Nicanor Parra, y que con el tiempo se ha transformado en parte casi del inventario de ese lugar.

Él también es muy conocido en toda la Provincia, pues se ha hecho un nombre y una imagen de erudito de Las Cruces, eso gracias a las investigaciones, libros y reconocimientos que ha recibido durante su residencia en la zona.

Quienes lo conocen mejor, también comentan con cariño que en el último tiempo ha sufrido una pequeña metamorfosis, en el sentido de que está un poco más mañoso, o tal vez más sincero, y que también se le ha visto más preocupado de lo que será de alguna manera su propio legado.

Pero Lucho nunca se queda quieto, ahora también está expandiendo su conocimiento profundo hacia Vicente Huidobro, esto a través de una pasantía que “termina el 9 de septiembre con un trabajo que será una antología oral a la que he llamado ‘que el verso sea como una llave’. Ha sido una experiencia maravillosa, leyendo libros del poeta, otros sobre su vida y obra; investigando en la muestra museológica y acompañando algunas veces a los guías en su recorrido”, comenta Lucho desde su roca de Punta de Lacho.

¿Y ahora en qué está Luis Merino?

En una etapa bastante simpática, terminando varios libros referente a los “Códices”. 

¿Qué son los Códices?

Son una simbiosis entre lo visual y lo escrito. Hay algunos que funcionan bastante bien en 50 y 50, pero hay otros que son más escritos y otros más visuales. Ahora se supone que los mejores códices serían aquellos que realmente son una simbiosis, y eso ha sido un trabajo largo, de ir buscando cómo ensamblar estos dos lenguajes.

¿Cómo se te ocurrió?

El nombre salió después. Lo que quería al principio era crear algo visual, donde también estuviera la palabra, como los artefactos de don Nicanor Parra. Yo quiero basarme en ello, pero crear mi propio estilo, que se note la diferencia entre lo que él hacía y lo que hago yo.

¿Cómo está Las Cruces en estos momentos?

Se mantiene en un estado virginal, la gente no alcanza a percibir la eternidad de Las Cruces. Las personas van viviendo momentos. Parra vivió 30 años y luego vienen otros, así como Gustavo Frías. Las Cruces nunca se va a destruir, estas rocas siempre van a estar, lo que va cambiando es la civilización humana. Hace 500 años seguro que habían dos compadres como nosotros que estaban aquí sentados y vieron los primeros barcos venir… y seguimos sentados aquí.

¿En la misma colonización?

Ellos trajeron su idioma, su cultura, su religión, sus costumbres… nosotros sabemos todo de ellos, pero ellos no nos conocen a nosotros, porque nunca se han tomado el tiempo de saber. Es como si nosotros fuéramos a Europa y tratáramos de imponer Chile allá y les dijéramos a los españoles, ya, ahora hablen mapudungun y amen la tierra. Y recordemos que cuando ellos llegaron estaban cagados, venían de la inquisición, se les estaba desmoronando el mundo, y en vez de venir a buscar aquí lo mejor, vinieron a imponer lo peor, pero lo divertido es que acá, en el litoral, continuamos mirando las estrellas, el mar, la poesía y seguimos siendo los que éramos.

LITORAL POETA

Pablo Salinas, pintor y escritor residente de Algarrobo hace más de treinta años, y creador de la página informativa local Algarrobo al Día, comenta en su sitio sobre la realidad de esta zona: “Con relativa frecuencia, se organiza algún encuentro entre operadores turísticos y alguna autoridad -quizá pasada en copas- amenaza con potenciar este ‘Litoral de los Poetas’. Es un eslogan, una marca, una estrategia, o más bien, una tentativa de estrategia de ventas. Pero aún así, da pena. David Bustos -escritor y poeta- el año pasado recogió el guante y tuvo la delicadeza de plantearlo en tono de pregunta: ¿No será acaso nada más que un cartel del MOP? Sí, porque los habitantes de estos pagos, como sus visitantes, recordamos de tanto en tanto ese mote, esa pretendida marca de territorio, por la señalética vial. Han pasado veinte años o más desde que a algún avispado le vino en gracia que toda esta zona de las costas de Chile central, donde se concentran varios de los más típicos y tradicionales balnearios del país, debía ser nombrada como el ‘Litoral de los Poetas’. Pero ese título, parafraseando a David, tiene tanto espesor como los adhesivos de las letras de los carteles del MOP”.

¿Litoral de los Poetas o solo un cartel del MOP?

Cualquiera que venga de visita al Litoral de los Poetas, alguien que desconozca los vericuetos del territorio, pensaría debido a su señalética que se trata de un lugar en que se respira la poesía.

En ese escenario -que no deja de ser cierto- y a pesar del pesimismo por parte de algunos actores culturales de la Provincia, en el Litoral Poeta están pasando cosas. Tal vez la muerte de Nicanor revivió un poco el espíritu, o quizás estos tiempos de malestar social o la poca sintonía de la humanidad con la naturaleza, están siendo caldo de cultivo para una especie de resurgir poético y eso se nota a través del llamativo aumento de artistas que han escapado de Santiago para radicarse en la zona, y también algunas iniciativas culturales-colectivas y medios de comunicación que han empezado a proliferar por las distintas comunas. Sin embargo, todo se trata iniciativas autogestionadas, empujadas con sudor y ñeque por ciudadanos patipelados. En ese sentido, es cierto lo que comenta Pablo Salinas, las autoridades se sacan fotos, pero no hay desarrollo profundo en una zona estratégica para el desarrollo cultural-turístico de Chile. Con respecto a tirar piedras para luego construir, Luis Merino es más bien reacio al conflicto.

Se te ha escuchado decir en algunas oportunidades que, por ejemplo, la poeta Damaris Calderón, que vive en Isla Negra, ya la hizo… ¿A qué te refieres con eso?

Creo que en el arte, a diferencia de otras disciplinas, constituirse en un profesional se hace por sí mismo. Por ejemplo, la Damaris todos saben que es poeta, por lo tanto yo creo que la hizo. Es como si alguien hubiera querido ser futbolista y jugó en Colo Colo, no importa que tal vez no lo vendieran al Barcelona, pero el compadre jugó 10 años y la hizo. No todo el que la hizo tiene que ser Neruda. Para mí el que la hizo en esta zona es el que al final la gente la reconoce como un poeta. Por ejemplo, todos saben que Roberto Bescós es un Poeta, entonces la hizo, lo mismo con Jean Jacques (Pierre-Paul), la hizo. Ahora si me dices si viven de hacerla, esto del arte no funciona tan así, Van Gogh no vendió un solo cuadro en vida; creo que trata de algo que tiene más que ver con el alma.

¿Bajo esa lógica podríamos decir entonces que el Litoral de los Poetas también ya la hizo?

Lo que pasa es que el Litoral de los Poetas nunca se desarrolló. Lo que aquí reconocen es una marca que logró entrar. Es cosa de buscar los diarios de hace 20 años atrás, el Litoral de Los Poetas no existía, era solo la provincia de San Antonio. En ese tiempo el problema era que Valparaíso se quejaba porque era el patio trasero de Santiago; San Antonio se quejaba que era el patio trasero de Valparaíso; y nosotros nos quejábamos que éramos el patio trasero de San Antonio; entonces la región se llamaba como una provincia y esta provincia como una comuna y las personas que venían a Las Cruces o El Tabo no existíamos. Por lo tanto, lo que teníamos que hacer en ese momento era crear una fuerza unificadora, que ya no fuera la provincia de San Antonio, porque era una comuna, y ahí se levantó el nombre que aparece por primera vez cuando Huidobro cumple 100 años. 

¿Cómo nació el eslogan del Litoral de los Poetas?

Esto fue un proyecto que nació en la Gobernación Provincial, con un gobernador especial que se llamaba Gastón Pereyra Massei, que era un arquitecto; y con un señor que estaba a cargo de cultura que era un profesor, que luego llegó a ser gobernador y que se llama Omar Morales. Ellos fueron los visionarios que vieron potencial en este nombre y empezaron a conversar con los alcaldes y a nadie le pareció mal. Nunca hubo un rechazo. Recuerdo que se hizo una gran convocatoria en el antiguo Gato Negro, en la que se juntaron todos los concejales, los artistas de la Provincia… a mí me tocó exponer esa vez y se hizo una carta con las cosas que se habían acordado. Una de ésas era que este lugar se tenía que llamar el Litoral de los Poetas. Había gente que no estaba en contra, pero proponía que esto se podría llamar el Litoral de Las Artes, para agrandar el espectro.

¿Y qué piensas de ese nombre?

Es que no se podía llamar así, porque lo que aquí habían eran tres grande poetas. Era evidente. Y sobre todo por el caso de Neruda, que es un poeta mundial; y Huidobro que es muy conocido afuera; y Parra, que en ese entonces iba en ascenso. Fue lo que tenía que ser. Ahora el problema radicó en que el proyecto se desvirtuó, porque en un principio consistía en desarrollar el arte a nivel local y eso no se hizo, ya que alguien tenía que investigar. Sin embargo, todo empezó a ser negocio, emprendimiento. Yo recuerdo perfectamente que Sercotec, que fue el primero que puso plata y creyó en la idea, hizo un llamado para que los emprendedores adoptaran la idea del Litoral de los Poetas. Ahí recuerdo que un conocido de El Quisco de nombre Urbano, que tenía una residencial que hoy está a cargo del comercio en esa zona, me decía: “Qué tienen que ver los poetas, si a nosotros nos invitaron para aprender a hacer negocios; ellos son artistas”. Ahí se les explicaba que cuando se desarrolla un lugar turístico tiene que tener una identidad, y cuando terminamos ese curso, que duró como un mes, a la gente le quedó claro por qué tenían que agarrarse de los poetas y no tan solo de ellos, sino también de los pintores, los escultores, los músicos. Pero eso no se siguió desarrollando y continuó solo la idea del emprendimiento y así hasta el día de hoy. Si tú te pones a investigar cuánto dinero ha metido Sercotec en el nombre Litoral de los Poetas, yo te aseguro que deben ser varios miles de millones, pero no se mantuvo el enfoque de desarrollar las artes. Por eso mientras el Estado de Chile no lo entienda, para que se lo diga a la Gobernación y ésta a cada una de las comunas, que aquí de lo que tenemos que vivir es de un turismo de interés especial, el turismo de las artes, seguiremos igual.

¿Crees que faltan jóvenes en la Provincia de San Antonio?

Creo que lo que falta son profesionales jóvenes, que lleguen a la municipalidades, las gobernaciones y que lleguen con esta impronta de que la cultura es algo estratégico para esta zona.

En la misma línea de pensamiento ¿Qué rol crees que cumplen los medios de la provincia?

Es lo mismo que necesitan las municipalidades, la gobernaciones y me faltó los medios de comunicación. No podría haber en la provincia de San Antonio un periodista que el compadre no tenga una mínima inclinación hacia las artes. No sé, un tipo al que le preguntes si conoce a Pacheco Altamirano y te diga que no, ya no le puedes dar la pega. O si se le preguntas si ha leído un libro de Parra y te diga que no, es un compadre que no puedes contratar. Hay que tener ciertos perfiles. Acá es súper importante. Es como si en Francia alguien no supiera quién fue Eiffel, o sea que crea que la torre Eiffel se llama así porque a alguien se le ocurrió y no porque es el apellido de quien la construyó.

LA ROCA

Entre la vegetación y la fauna autóctona del borde costero del pueblo antipoeta, mirando hacia el sur el inmenso mar del pacífico que choca con el gran macizo de tierra que da término a Cartagena y marca el comienzo de San Antonio, al frente del varadero, como le llamaban los antiguos lugareños de la Caleta de Las Cruces, está esa roca silenciosa y compañera de Lucho Merino por más de tres décadas. Mientras lo entrevisto se pone el sol y la penumbra también se vuelve parte de la conversación.

Siempre se te puede ver sentado en esta roca… ¿Qué hay en esa costumbre?

Todas las personas creemos en algo. Yo soy un ecólogo profundo, que para mí significa que soy parte de la naturaleza y tengo que estar conectada con ella. Yo por ejemplo no me siento diferente a un árbol o a una roca; somos seres que compartimos un mismo universo. Yo me vengo para acá desde niño, porque aquí me siento parte de eso, puedo estar conectado con ellos y no es que a mí las rocas me hablen ni nada de eso. Trato de venir todos los días, me quedo hasta muy tarde, y en este tiempo que oscurece temprano, me quedo hasta la noche, veo las estrellas; sé cuando van a salir las plantas, he ido averiguando los nombres científicos, las dibujo… hay una conexión con el entorno, pero eso no es algo de lo cual yo pontifique, porque de partida en todos estos años que llevo sentado acá, somos los mismos diez los que estamos siempre en el borde, porque la gente que vive en el pueblo no hace esto, porque ya perdió esa costumbre y ahora se sientan en frente del televisor.

¿Y qué haces mientras estás en la roca?

Aprovecho de dibujar, de hacer mis Códices… la mayoría de ellos los hago sentado aquí en las tardes. También leo mucho, nunca dejo de leer; un libro lleva a otro y a veces hasta estoy leyendo más de uno. Y voy explorando autores. Ahora estoy con la Diamela Eltit y bastante entretenido. Leí el último de ella que se llama “Sumar”, y ahora estoy leyendo uno anterior que se llama “Los vigilantes”.

¿Y qué tal?

Preciosos. Son formas de escribir, ella tiene un estilo y por eso es premio nacional. No son novelas como las que uno se imaginaría de aventura; son más pensadoras. Y todo esto a la vez me va permitiendo hacer mis códices, porque se supone que a través de ellos voy dando cuenta de lo que investigo, porque una característica de ellos es que reconocen a otros… y no todo lo que aparezca en el Códice tiene que estar hecho por mí.

¿Cómo los artefactos de Parra?

Claro, o sea el maestro Parra me enseñó… Yo me apropio de cualquier cosa: agarro frases, a veces les cambio una pequeña parte o les agrego un dibujo.

LA ILUSIÓN DEL HUESO

“Al ‘Litoral de los Poetas’, al ‘Litoral Poético’, hay que llamarlo mejor ‘El Litoral Turístico’, porque la mayor parte de los esfuerzos van hacia allí: conseguir una marca, vivir de la marca poética, vender la marca poética, convertir todo en un producto interesante para el turista. Los poetas y escritores que vinieron a Isla Negra, como Neruda, Parra, Donoso, entre otros, vinieron a vivir tranquilos, a escribir alejados de todo el ruido, la chuchoca y el comercio. Cuando uno ve tanta “deliberación poética’, en un lugar donde al poeta vivo le cuesta vivir y es ignorado, bien vale mejor vender un hueso de reliquia o la ilusión de un hueso poético. Y eso es hoy el litoral: un balneario cercano a Santiago, desbordado de veraneantes que no compran un libro y que con cueva habrán leído un verso de Neruda; y de gringos que van al museo por la reliquia: la ilusión del hueso poético”. Así describe la premio Altazor 2014, Damaris Calderón, al Litoral de Los Poetas durante el verano, en una conversación informal de Facebook con respecto al nuevo hotel boutique de Carlos Cardoen, que se instalará en la antigua Hostería Santa Elena, a pasos de la Casa Museo Pablo Neruda de Isla Negra.

La “ilusión del hueso” a la que se refiere Damaris, pareciera ser el único premio al que todos los artistas residentes del Litoral Central pueden aspirar, es decir, que una vez muertos, tal vez recién se genere un reconocimiento, o se haga un esfuerzo por enmarcar, entender y reconocer la obra, mientras que cuando están vivos se las arreglan al tres y al cuatro, precariamente, bajo una triste y absoluta indiferencia.

Todo esto Lucho Merino lo tiene claro, y aunque pareciera hacer el quite al tema, se refiere a su obra con una idea de trascendencia y una pasión que de cierta manera transparenta una condición asumida, una apuesta.

¿Qué esperas que suceda con los Códices?

Que sea un documento, algo que permita que la gente despierte. Pero cada uno tiene que despertar en su cama, no pueden hacerlo en la mía. O sea, que por favor no se pongan mil huevones al lado mío a mirar el mar, sino que lo hagan en otros lados… alguien lo hará en una plaza o acostado en su cama; alguien lo hará viendo tele, incluso. Acá la idea es despertar, ahora cómo despiertes tú y para qué lo hagas, es cosa tuya. Pero que te remezca. Por ejemplo el Instituto Nacional debe estar como a dos cuadras de la Moneda y los adultos que ahí trabajan son incapaces de llegar a un acuerdo con los jóvenes. Además cuando habla el presidente del centro de alumnos, te das cuenta que el cabro está más preparado que el propio alcalde de la comuna ¿No te parece extraño eso? Esa es la gente que necesitamos, porque el cabro está despierto, cacha todo lo que está pasando. Entonces los códices hablan de eso, de que hay un mundo en que las cosas resultan y ¿Cuál es ese? Las olas resultan, las rocas resultan, la flores resultan, “la hacen”, como te digo yo. En este lugar la luna la hace, las estrellas la hacen. Entonces eso yo espero de los Códices, como una especie de testamento de alguien que está observando.

¿Un poco como la ilusión del hueso de la que habla Damaris Calderón?

Los recuerdos más felices que tienen las personas son en la playa. Yo tengo una sobrina que me dice “tío, tú vives donde yo soy feliz 15 días al año”. Y ahora cada día hay más de esa gente, todos los fines de semana están llenas las carreteras, se arman algunos pequeños tacos incluso hasta los jueves. Hay una clase, que somos los artistas, que tenemos que tener un espacio de comunicación, que en verdad ya existe. Sin vivir en el conflicto, ni con las personas ni con el entorno… yo vivo en la armonía.

¿Cómo se puede vivir en la armonía sin pasar por el conflicto?

Uno tiene que vivir en la contradicción, porque por un lado yo vivo conectado a la naturaleza, pero también vivo con los hombres, en donde a veces me cobran de más en el agua o en el teléfono y tengo que llamar; no puedes evitar el conflicto, que es inherente a nuestra cultura. Imagínate que vivimos en una cultura tan huevona, que para trabajar te tienen que pagar con dinero, pero bueno, vives en esa contradicción estúpida, porque eso en la naturaleza no ocurre, pero uno lo que tiene que hacer es vivir feliz en la contradicción, porque la cultura no es la vida, es una parte nomás. Ahora si yo quiero tener un avión, pero gano 400 lucas al mes, evidente que voy a tener problemas, porque para comprarlo voy a necesitar cinco vidas. Ahora otro problema sería que todos despierten juntos, porque no sé quién trabajaría. 

*Entrevista realizada por Alberto Gulppiz, editor de LitoralPoeta.cl desde Consistorial – El Tabo.

Comentarios
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