Esteban Engel, neurovirólogo de la Universidad de Princeton: “Este virus te transforma en una bomba de tiempo y tú no lo sabes”

Esteban Engel, neurovirólogo de la Universidad de Princeton: “Este virus te transforma en una bomba de tiempo y tú no lo sabes”

Está en uno de los peores lugares del mundo, dice. La semana pasada, sólo en 24 horas, la pandemia costó 400 vidas en Nueva Jersey, Estados Unidos. Y ahí es donde está Esteban Engel, hijo del conocido astrólogo de la televisión. En esa ciudad, en un laboratorio de la Universidad de Princeton, trabaja con distintos virus. Con él hablamos del SARS-CoV-2, que causa COVID-19. Lo llama un virus astuto, que hace muy bien su trabajo: propagarse y enfermar. Pese a todo, confiesa que tiene fe a corto plazo: “En octubre vamos a tener mayor sobrevida, aún sin la vacuna”.

Lo que nosotros vemos como una amenaza de morir, Esteban Engel -bioquímico, biotecnólogo y postdoctorado en Neurovirología de la Universidad de Princeton- lo ve como una posibilidad de sanar. 

El 2010 decidió tomar un avión a Nueva Jersey, Estados Unidos, para aprender sobre el trabajo con virus en el cerebro humano. En la Universidad de Princeton, donde llegó a estudiar, no fueron demasiado optimistas: Engel estaba cambiando el estudio en uvas, que había desarrollado en Chile, por el motor que nos controla como seres humanos. “Me dijeron que me estaba tirando a la parte honda de la piscina sin saber nada”, recuerda. Pero él no se intimidó. El desafío era aún más interesante: partir de cero, investigando virus que infectan el sistema nervioso central. 

Superó la prueba. Hoy, a sus 43 años, está a cargo de un laboratorio de neuroingeniería viral en Princeton, donde trabaja con terapia génica; una técnica que experimenta con microorganismos capaces de entrar en una célula enferma y sanarla. “Nosotros ocupamos los virus como los buenos de la historia, los aliados, para tratar enfermedades y entender el sistema nervioso”, explica.

Esteban es hijo de Pedro Engel, con quien comparte el gusto por la ancestrología: dice que entender traumas de la infancia y llevarlos al presente es algo que le hace sentido y lo fascina. “¿Cómo llegas a ser científico siendo hijo de un reconocido astrólogo y tarotista?”, le pregunto. “Cuando le dije a mi papá que quería ser científico, me dijo que hablara con la persona que odió la carrera científica y con el que la amó, y que ahí yo decidiera. En mi casa siempre hubo libertad para decidir lo que quisiéramos ser”, responde. Extraña a su padre. Ahora más, reconoce, porque sabe que el coronavirus es peligroso y amenaza a la gente mayor. Una vez a la semana lo invaden las ganas de volver a Chile. Él y Melissa, su mujer, sienten nostalgia de participar de los cambios sociales que se cultivan desde octubre. La contradicción es fuerte, porque una vez a la semana, también, creen que lo mejor es quedarse allá y llevar a nuevos científicos a su laboratorio para aprender. 

Con la pandemia cuesta imaginarse el lado positivo de los virus, que es en lo que trabajas.

-Claro, es que hacen las dos cosas. Una dualidad, es un ying-yang. El mismo virus que le está costando la vida a miles de personas en el mundo, tal vez en 20 años más, cuando se conozca bien, alguien lo va a usar para tratar enfermedades respiratorias, como asma o fibrosis quística. Estudiarlos puede ser una herramientas para beneficio de la humanidad.

“Es una dualidad, un ying-yang. El mismo virus que le está costando la vida a miles de personas en el mundo, tal vez en 20 años más, cuando se conozca bien, alguien lo va a usar para tratar enfermedades respiratorias, como asma o fibrosis quística”

En palabras sencillas, ¿cómo trabaja un virus?

-Para partir, no son seres vivos. Son trocitos de material genético y proteínas que necesitan parasitar una célula. Entran a través de unas antenitas que tienen las células que son receptores para distintos propósitos y ahí se replican y propagan. La antena o receptor que usa el SARS-CoV-2 se llama ACE2. Entonces cuando encuentran estas antenitas se meten a una célula e inyectan su ADN o ARN que es el que toma el control, es como si la secuestrara. 

¿Hay acuerdo científico sobre de dónde viene el virus SARS-CoV-2?

-Hay familias de virus. Hay decenas de miles de especies de virus e infectan a todos los seres vivos, desde un elefante hasta una bacteria. Es la entidad biológica más simple y abundante en el mundo, son muy eficientes porque lo único que hacen es evolucionar para tomar control del huésped. Una de estas familias es la de los Coronaviridae que se conocen hace más de 50 años, y dentro de esta familia hay muchas especies. Hay algunos prevalentes que no nos matan con mucha frecuencia y causan enfermedades respiratorias, en su mayoría, leves. En los últimos 20 años han aparecido unos más letales. El primero fue el SARS que empezó en China en el 2003 y causaba un problema respiratorio agudo, pero se logró contener a tiempo. Después apareció el MERS, que es del Medio Oriente, tiene alta letalidad, y sigue dando vueltas pero nunca agarró tanto vuelo. Y ahora éste, el SARS-CoV-2. 

Y la familia de los coronavirus tiene en común su origen en animales.

-Son virus que normalmente están en animales; es decir, tienen origen zoonótico. A los animales no les hace nada porque los ocupan de vehículos de transporte. En murciélagos se ha visto que hay cientos de especies de coronavirus en la secuencia de ARN de sus fluidos. En general se quedan en los animales pero algunas veces saltan, a través de contactos muy directos entre murciélagos y humanos o un murciélago y otro mamífero intermediario. 

Aquí aparece el pangolín en la historia, una especie de oso hormiguero con escamas grandes.

-Se piensa que podría ser el pangolín, aunque no está 100% demostrado. Se sabe que se originó en el murciélago, no se sabe si después se fue al pangolín o directamente al humano. Lo que es un hecho que este coronavirus se originó en el murciélago; y el MERS pasó de murciélagos a camellos y de ahí a humanos. 

Una de las teorías es que este coronavirus ya llevaba un tiempo infectando, pero en una versión que no daba síntomas y menos mataba. 

-Basado en lo que se sabe hasta ahora, yo diría que no. Como podemos secuenciar el genoma de los virus, sabemos que se detectó a fines del año pasado en China. No sé cuánto tiempo antes podría haber estado circulando, pero las infecciones severas partieron en noviembre. ¿Cuándo pegó el salto del murciélago al humano? No se sabe. Y sabemos también que llegó a Estados Unidos en enero o tal vez un poco antes. Este SARS-CoV-2 es nuevo en humanos, pero los coronavirus han estado siempre infectándonos. 

“No sé cuánto tiempo antes podría haber estado circulando, pero las infecciones severas partieron en noviembre. ¿Cuándo pegó el salto del murciélago al humano? No se sabe. Este SARS-CoV-2 es nuevo en humanos, pero los coronavirus han estado siempre infectándonos”

Pero la ciencia parece partir desde cero con este virus.

-No de cero, pero no parte de 100. Desde que se encontró este aumento de pacientes con problemas respiratorios severos en China hasta que se supo que era un coronavirus y se secuenció el genoma completo y se cristalizaron algunas de sus proteínas, pasaron dos o tres meses. Con el SARS pasó como un año. Y con la gripe de 1918, décadas. 

Más allá de conocer su origen, ¿Cuál es el desafío científico?

-El avance con el que se está diagnosticando y desarrollando antivirales y vacunas tal vez no va a la velocidad con la que se está muriendo la gente y no va a ser de la noche a la mañana. Si lo comparas con cualquier otra pandemia anterior, la velocidad con la que se está avanzando es mucho mayor. Hoy, mientras hablamos, hay más de 700 estudios clínicos desde antivirales hasta vacunas. Y algunos ya están en la última fase antes que se sepa si funcionan o no. En un mes más vamos a tener noticias de algunos fármacos. 

¿Qué crees que mueve más a los países a invertir tanto en la batalla contra este virus: su letalidad o el desplome de la economía? 

-Al final vivimos en una sociedad mercantilista y lo que más les preocupa a algunos países es irse a la quiebra como sociedad. Obviamente también les apremia que muera tanta gente. Da para reflexionar sobre nuestras prioridades en la vida. 

“Al final vivimos en una sociedad mercantilista y lo que más les preocupa a algunos países es irse a la quiebra como sociedad. Obviamente también les apremia que muera tanta gente. Da para reflexionar sobre nuestras prioridades en la vida”. 

¿Esa inversión tiene que ver con lograr la paralización de la cuarentena?

Buen punto. Yo creo que ésa es la razón principal, reactivar el mundo y la economía. No se puede tener a la humanidad encerrada por años, además somos seres sociales. Con menos frecuencia, y lo veo acá que hay tantos casos, hay muertes de personas sanas de 40 y 50 años. Es verdad que son menos, pero también se han muerto médicos y enfermeras de nuestra edad. No son solo viejitos muy mayores, lo que es igualmente triste.

Pero en médicos y enfermeras tiene que ver con la carga viral, porque están muy expuestos a los contagiados. 

-Así es, como el personal médico está muchas horas en una pieza con aerosoles con alta carga viral que se generan al intubar y extubar pacientes, la dosis infecciosa a la que se exponen es mucho más alta que la que podríamos tener nosotros que lo agarramos porque alguien tosió al lado en un supermercado. Aunque personas jóvenes con enfermedades de base, como diabetes o hipertensión, también se están muriendo. 

Hablamos de 18 meses para poder tener una vacuna aprobada. Considerando que el promedio para que la FDA dé su aprobación es de cinco años ¿qué pasa con los riesgos que podría tener apurarnos sin ver sus efectos secundarios en un tiempo más prolongado?

-Con la urgencia que hay, se van a acelerar todos los procesos regulatorios y de pruebas, pero tampoco tanto. El antiviral que le das a una persona que está con ventilador y un 80% de probabilidad de morir, lo decides usar porque es eso o morirte. Los antivirales se están probando en enfermos, algunos muy graves, porque el riesgo es menor que el potencial beneficio. La vacuna es distinta, porque se la vas a poner a billones de personas sanas. No puedes arriesgarte a que la vacuna les provoque algo malo, por eso hay que hacer cuidadosamente todas las fases de los ensayos clínicos. No se trata de evitar que les dé coronavirus pero que en cinco años tengan una enfermedad por la vacuna. 

Y va a estar la vida del mundo entero en manos de esa vacuna…

-Por eso la vacuna no va a estar pronto, porque ningún gobierno o empresa va a querer acelerar una vacuna que puede tener riesgos más grandes que los beneficios. Se va a demorar uno o dos años en el mejor de los casos. Primero hay que ver la seguridad: que la vacuna no hace nada malo. Si es segura, se empieza a probar en pacientes para ver la eficacia. Si es eficaz, se prueba en una población más grande para ver efectos secundarios: en etnias, niños, adultos mayores, por zonas geográficas, si hay factores ambientales, genéticos. Y si todo funciona, hay que hacer ocho billones de dosis para todo el mundo.

¿Antes de la vacuna vamos a ver un tratamiento aprobado por la FDA?

-Sin duda. Esto es lo que veo: la vacuna en el mejor de los escenarios tiene para uno o dos años. Y eso es algo sin precedentes. Ninguna vacuna ha pasado de cero a estar en tu brazo en un año, en la historia de la humanidad eso no existe. Parece lento, pero científicamente sería llegar a la Luna. Lo que creo que se va empezar a saber en mayo o junio de este año es la aparición de posibles tratamientos paliativos: los antivirales o los que controlan la respuesta inflamatoria excesiva de algunos pacientes. Estos están en fase 3, que es la última antes de pasar al mercado, porque se están probando en gente que está ahora con COVID-19. 

“Lo que creo que se va empezar a saber en mayo o junio es la aparición de posibles tratamientos paliativos: los antivirales o los que controlan la respuesta inflamatoria excesiva de algunos pacientes. Estos están en fase 3, que es la última antes de pasar al mercado”

Eso bajaría la letalidad.

-Claro, la infección va a seguir igual; pero ese porcentaje de 20% ó 30% de los infectados que termina en el hospital va a tener menos posibilidad de morir. Cuando les baje la saturación de oxígeno, van a tener un tratamiento y eso va a salvar a muchos de morirse. Eso creo que va a pasar este año, ahora, pronto. Las empresas que tienen estas drogas en fase 3 han tenido inyección de recursos del gobierno para que empiecen a hacer cientos de millones de dosis, subvencionados por el Estado, incluso si fallan. Si no funcionan, se guardan o se botan a la basura; pero si funciona, en 48 horas estará en todos los hospitales. 

Entendiendo que el virus no es un ser vivo, hagamos igual un ejercicio: ¿podrías darle una personalidad al SARS-CoV-2?

-A los virólogos no nos gusta humanizar los virus porque no son seres vivos. Pero humanicémoslo, hagamos el ejercicio. Es un virus muy eficiente, que ha hecho bien su pega como virus (ríe). Por ejemplo, hablemos de un virus que evolutivamente es tonto: el ébola. Es muy letal, la mayoría de la gente que se lo agarra, se muere. Pero desde que lo tienes hasta que agonizas pasan pocos días, entonces no se transmite tan rápido. Pensando en un virus que quiere apoderarse del mundo, el ébola es medio bruto, es un matón tan letal que no alcanza a transmitirse tanto. El SARS-CoV-2 es súper astuto porque un gran porcentaje de la población no sabe que lo tiene, pero contagia. El virus está muerto de la risa porque la persona contagiada va al supermercado, se sube a la micro, al avión y lo transmite sin parar. Y mata a unos pocos, pero deja a muchos transmitiendo. ¡Imagínate que llegó a todos los países del mundo!

“El SARS-CoV-2 es súper astuto porque un gran porcentaje de la población no sabe que lo tiene, pero contagia. El virus está muerto de la risa porque la persona contagiada va al supermercado, se sube a la micro, al avión y lo transmite sin parar”

Y tiene un porcentaje de letalidad bajo.

-Es más alto que el de la influenza estacional, pero tiene números que se están corrigiendo. Se decía que la letalidad al comienzo era de un 3% a 5% y que el índice reproductivo del virus- la cantidad de personas que un contagiado infecta- era aproximadamente dos o tres. Ahora que se está viendo que hay tantos asintomáticos que no han sido diagnosticados y que no entran al sistema de salud, se sabe que la tasa reproductiva del virus (R0) es más alta, se transmite más de lo que se pensaba pero mata mucho menos porque hay más infectados de los que el sistema conoce. La letalidad podría ser bajo el 1%, pero la R0 es más alta. Es un virus muy eficiente, te transforma en una bomba de tiempo y tú no lo sabes. 

¿La ciencia no estaba preparada para esto?

-Se sabía que iba a pasar, lo que no se sabía era dónde y cuándo. Las pandemias en potencia están ahí, todo el tiempo. Hay gente que está tomando constantemente muestras de murciélagos y aves migratorias, en las chancherías, avícolas y criaderos, para ver si hay algún virus que está a punto de saltar a los humanos. Hay epidemiólogos que se dedican a decir: hay que ponerle ojo a estos gansos de Vietnam porque el gallo que los cría está tosiendo y tiene fiebre. 

Y esto va a volver a pasar…

-Claro. Espero que ésta sea la lección para que el próximo virus que venga y que tenga una letalidad del 50% nos pille mejor parados. Los gobiernos deben tener más stock de camas, de ventiladores, más mascarillas, todo en forma preventiva. Hay que estar listos para reaccionar mejor la próxima vez, porque mientras hayan seres vivos en la faz de la Tierra esto va a seguir pasando. 

“Los gobiernos deben tener más stock de camas, de ventiladores, más mascarillas, todo en forma preventiva. Hay que estar listos para reaccionar mejor la próxima vez, porque mientras hayan seres vivos en la faz de la Tierra esto va a seguir pasando” 

Edward Holmes, un reconocido virólogo de la Universidad de Sydney, postula que debemos reducir nuestra exposición a la vida silvestre. ¿Estás de acuerdo?

-Una de las cosas que ha causado esto es el aumento de la población y la demanda por más proteína animal en la dieta. Muchos pollos hacinados, muchos murciélagos y animales exóticos, la gente está comiendo mucho animal. Y naciones que antes comían sobre todo arroz en zonas rurales, ahora están comiendo más gallinas, chanchos. Nosotros mismos comemos más carne que nuestros antepasados. Este hacinamiento de animales en contacto cercano con humanos y la producción tan industrializada, es la receta ideal para el desastre, para que un virus salte y se provoque una zoonosis. Cuando vamos a deforestar bosques y nos metemos en hábitats que están colonizados por animales que no es normal que estén en contacto con humanos, nos exponemos a que nos transmitan un virus. 

¿Tienes miedo de contagiarte tú y tu familia?

-Sí, porque antes que científico soy humano. La apuesta es la siguiente: olvídate de la vacuna este año, y podrían venir varias oleadas de este virus, al menos dos. La primera oleada ya no tuvo vacuna, con mucha suerte la segunda va a tener. Mi apuesta es que para la segunda oleada, donde nos vamos a terminar infectando muchos de los que no nos infectamos ahora, existan mejores tratamientos antiinflamatorios y antivirales.  Los médicos van a saber cómo tratarlo mejor, porque ahora están aprendiendo cómo tratar a un bicho nuevo. Por ejemplo, se dieron cuenta que hay que conectar menos a ventilador, aun cuando los pacientes cumplen con los requisitos de baja saturación de oxígeno, porque saben que es tan invasivo que te vas a terminar muriendo en más de la mitad de los casos. Mientras más nos demoramos en infectarnos, más chances le damos a los médicos que sepan mejor qué hacer y qué no, y que haya nuevos fármacos eficaces. 

¿Una persona que se infecte en octubre tiene mayor porcentaje de sobrevida que ahora?

-Pienso que sí, aún sin vacunas, pero siempre y cuando se aplane la curva y no colapsen los servicios hospitalarios.


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