Cuentos en Cuarentena | Pandémica creatividad

Cuentos en Cuarentena | Pandémica creatividad

Una trabajadora del área de salud piensa, en los pocos tiempos libres que tiene, en cómo convertir la pandemia en fuerza creativa. Entre gatos, bicicletas y turnos, nos envía este cuento, seleccionado como una de las menciones honrosas de The Clinic en el ciclo Cuentos en Cuarentena, edición Ciudadano.

Era tal el aburrimiento por el encierro necesario, que un día, después de mirar tutoriales en YouTube, Josefa preparó su primer brownie de chocolate.   Le quedó exquisito.   Otro día preparó “Rejillas” con mermeladas y manjar.   Al otro día Roscas y así sucesivamente fue incursionando en dulces o pasteles, pese a que jamás había cocinado, teniendo ya 14 años.    Además, sacó del baúl de los recuerdos un telar pequeño que le habían regalado cuando hizo un curso de tal actividad a los 8 años. No recordaba cómo se hacían, pero con la ayuda de internet y su buena memoria, hizo varios telares de bellas combinaciones de colores para regalar en navidad. 

Entre tanto, su hermano Manuel, quién pasaba la mayor parte del tiempo jugando play, tomó conciencia del sobre peso que le aquejaba, iniciando una rutina de ejercicios en casa, usando pesas y la bicicleta elíptica que no se veía con toda la ropa colgaba encima.   En pocos días comenzaron a verse los resultados, ese cuerpo solo necesitaba movimiento.     Siempre destacó en lo musical, tanto en guitarra y teclado, pero ahora comenzó autodidácticamente a tocar Flauta Traversa y armónica, regalos que le había hecho su abuelo hace unos años. 

Sergio, el padre de la familia, nunca había hecho quehaceres de hogar, siempre se dedicó al trabajo en su oficina, la que ahora estaba en casa por las circunstancias y mandato del Ministerio de Salud.   Los primeros días, fueron de difícil adaptación, acostumbrado a ser “atendido” pasó a ser “quien atiende”.  Colocaba la ropa sucia en la lavadora, la sacaba para tenderla, la recogía, la guardaba… aprendió a preparar ensaladas con atún, o huevo cocido o bistec, no era un menú elaborado, pero alimentaba.  Incluso limpió baños durante semanas. 

La más feliz con todo, era la jefa de hogar, Cecilia.   Orgullosa de ver la creatividad y ayuda de la familia durante la cuarentena, periodo de mayor trabajo para ella.

-El único que me falta es Harry.  Si todo esto se alarga, estoy convencida veré a ese gato botar una bola enorme de pelos, con la que se hará un ratón de juguete-    

Les contaba a sus compañeras de trabajo del hospital, dos días antes de enviar su relato al concurso de cuentos en cuarentena.  

Por María Alejandra Reyes

Foto enviada por la autora: María Alejandra Reyes
Comentarios
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