Aravena-Mila, la dupla improbable que irrumpió en tierras mapuche

El arquitecto Alejandro Aravena y el presidente de la Asociación mapuche de Loncoche Juan Mila encabezan un proyecto arquitectónico impulsado por la forestal Arauco y que irá a la Bienal de Venecia. Aquí explican la iniciativa, que no ha estado exenta de reproches, y su aporte en momentos de gran tensión en la zona.

Hace más de 60 años, Juan Mila se enfrentó a su familia para poder ir a la escuela en Lautaro. Las aprehensiones entre las familias mapuche con los niños que querían recibir educación chilena -recuerda Mila- eran comunes por esos años, pero él estaba empecinado en aprender en otra lengua y escuchar otra visión de la historia, aunque eso significara la decepción de sus parientes. 

Mila ha contado esta historia otras veces: a sus nietos, en medios de comunicación y en reuniones con autoridades de gobierno, como las que sostuvo con el ex ministro de Desarollo Social y hoy candidato presidencial, Joaquín Lavín. Lo que le pasó ese primer día de clases, no lo olvida nunca. 

Su abuelo, quien lo llevaba a la escuela, le habló en mapudungún, dándole un consejo, o más bien una instrucción: “Tú vas a ir a la escuela a aprender a leer, a escribir y a sumar. Pero vas a aprender eso para que los huincas no nos sigan engañando. No para que estés al servicio de ellos”, le dijo.

Hoy, más de medio siglo después, asegura seguir al pie de la letra aquel consejo de su abuelo. En una entrevista por zoom, figura al lado de un referente de la arquitectura nacional, Alejandro Aravena. Juntos encabezan un singular proyecto, financiado por el gigante forestal, Arauco. Se trata de la construcción de un recinto ceremonial, Künü, al sur de Loncoche. Si la ruka simboliza el espacio territorial cotidiano, el künü es el habitar en el ritual, la idea del proyecto busca levantar un espacio de encuentro y conocimiento. 

Ambos saben que la iniciativa no está exenta de polémica. No sólo por su emplazamiento, sino por su contexto y por quién la financia, símbolo del poder de las madereras en tierra mapuche.

Aravena, ganador del premio Pritzker en 2016 y reconocido a nivel mundial por sus viviendas sociales, admite que en su oficina, Elemental, “no hay un solo proyecto que hagamos que, en principio, no tenga algún tipo de conflicto”. Mila hace lo propio y explica que la obra y su trasfondo ha recibido críticas por otras comunidades mapuche, principalmente porque su origen viene desde la forestal del grupo Angelini . 

Sin embargo, nada de eso los hace retroceder y defienden la iniciativa, la que ya ha generado el interés de Hashim Sarkis, curador de la próxima Bienal de Venecia, quien decidió que formará parte de la muestra, suspendida el 2020 pero proyectada para mayo de este año y cuya temática será la de ¿Cómo vamos a vivir juntos?

¿Cómo se desarrolló la idea del Künü?

Alejandro Aravena: Cuando llegamos a las primeras reuniones con la asociación en Loncoche, supimos que, entre un conjunto de demandas, había un proyecto con un estudiante de arquitectura de la Universidad Austral que tenían medio formalizado. Era una idea que integraba un lugar de reunión de los lonko, una parte de educación, un museo y una especie de lugar para alojar. Se parecía más a una pequeña ciudad que a un edificio. 

¿Y cómo eso derivó en lo que terminó siendo?

-A.A: Nosotros dijimos “bueno, si esto va a ser una pequeña ciudad, toda ciudad necesita un acto fundacional” y el acto fundacional de esta ciudad no puede ser igual que el de las leyes de damero, que partía por un cuadrado, porque en el mundo mapuche, el círculo es más bien una manera de relacionarse con el territorio. Entendimos que nuestra primera operación, era más bien un acto simbólico y no un acto práctico o económico.

¿Qué les pareció la idea?

-Juan Mila: Nuestra idea era tener un local propio y con características mapuche. Cuando trajeron la propuesta y el diseño para nosotros tampoco fue fácil. Hubo opiniones encontradas. Hubo dirigentes que no les gustó porque era otra cosa lo que queríamos. 

¿Cómo fue esa presentación?

-A.A: Íbamos con una pequeña maqueta que estaba despegada de la base. Eran varias partes pequeñas, que no estaban fijas, porque intuimos que habría ajustes durante la reunión. Cuando pusimos la fotografía aérea del terreno y la maqueta encima, don Fidel Curallanca, que es otro de los dirigentes de la asociación, dijo “se equivocaron. Está mal”. No habíamos terminado de poner las piezas y dijo está mal. ¿Y qué es lo que está mal? Sabíamos que en el mundo mapuche la orientación hacia el este, donde sale el Sol, es fundamental, por eso habíamos orientado hacia allá esta pequeña ciudad. Sin embargo, don Fidel dijo “sí, pero el Sol, para el We Tripantu, que es el año nuevo mapuche, no sale exactamente en el Este, está levemente desviado entre el 21 y el 24 de junio”. Y yo le respondi: “bueno, don Fidel, la maqueta no está pegada. Usted conoce algo que nosotros no conocemos, usted tiene un conocimiento del territorio que a nosotros nos falta, nosotros podemos saber otras cosas, pero es aquí donde necesitamos lo que usted sabe” e hizo un pequeño ajuste de la geometría. Por eso es una especie de círculo, no exactamente un círculo.


¿Cuál es su visión de lo que está pasando actualmente con otras comunidades, principalmente en Temucuicui?  ¿La posición que ustedes están tomando en cuanto al conflicto puede ser el camino?

-J.M: Eso es lo que soñamos. La situación en Ercilla del pasado 7 de enero, fue una cuestión muy terrible, principalmente para nuestros jóvenes, para nuestros niños. Ver esas imágenes: cómo maltratan al anciano, a la mujer, al niño mapuche, es una cosa muy compleja para nosotros. Entonces, por eso que yo digo aquí, el que comete más que las propias forestales, es el Estado chileno. Primero, no escucha las ideas de las comunidades, de los dirigentes, de las autoridades mapuche. Segundo, lo único que hace es reprimir. Y al reprimir se producen desconfianzas. Aquí, la asociación de comunidades mapuche de Loncoche, no estamos en contra de las peleas que están dando nuestros hermanos en otras partes. Nosotros estamos con ellos. La diferencia es con su metodología. Hay una diferencia con loo que hacemos nosotros.

¿Me imagino que esa metodología conlleva críticas desde otras comunidades?

-J.M: Sí, hemos recibido críticas. Mentiría si dijera que no. Pero con la diferencia que entre nosotros nos respetamos. Tengo mi postura, por eso yo les respeto que ellos actúen de esa forma, pero también tienen que respetarme a mí. Entre los mapuche nos respetamos.

Alejandro, ¿en qué momento de la relación entre la comunidad y Arauco te incorporaste?  ¿Qué te parece la filosofía de Juan con respecto a la relación entre el mundo mapuche con la empresa forestal?

-A.A: El tema de la relación entre el mundo mapuche y el mundo chileno nos había interesado desde hace mucho tiempo(…).  Pasó que nos llegaron por WhatsApp las fotos del funeral de Catrillanca, y fueron un punto de inflexión en la conversación interna de la oficina. Comentamos que aquí había una cultura que estaba completamente viva, que estas fotos podrían haber tenido 300 años y se verían exactamente igual. Había rituales, una escala, un mundo que lejos de ser lo que a uno le enseñan en el colegio, un libro de historia de Villalobos, verbos conjugados en pasado, esto es presente. Después de eso, en marzo de 2019, surge la posibilidad de sumarnos a esta relación antigua que había desarrollado la asociación de Loncoche con Arauco. Nos llamaron para saber si podíamos traducir alguna operación de proyecto en el territorio, sin tener muy claro en qué iba a consistir. Nuestra primera reacción fue que, para poder hacer algo, en primer lugar, nos parecía importante desaprender lo que creíamos saber.

¿Sacarse a Villalobos de la cabeza?

-A.A Sí, había muchas cosas que sacarse de la cabeza y hacer un esfuerzo muy riguroso e intensivo de tratar de volver a un estado como muy neutro. Y que esa introducción a ese mundo fuera por una inmersión en el territorio. Partimos por ir físicamente. Nos subimos a una micro y visitamos varios lugares: Elicura, Cañete y terminamos en Loncoche. 

Juan, más allá de este proyecto y en relación a cómo aportar. Hace poco, directivos del grupo Matte, que también está en una estrategia de acercamiento con las comunidades, se abrieron a la posibilidad de cesión de tierras. ¿Está dentro de sus objetivos alcanzar también eso con Arauco? 

-J.M: Es lo que nosotros planteamos y la forestal lo sabe. En Loncoche, se han llevado los antecedentes de las tierras que reclaman las comunidades para que sean devueltas. Aquí lo que ha fallado es la CONADI, el Estado chileno que no pone los recursos.

¿A qué se refiere?

-J.M: Ellos (Arauco) están dispuestos a devolver esos terrenos y aquí hay varios, aquí en la comuna de Loncoche, pero se hace a través de esto (Conadi). Ahora, si dijeran “se los vamos a devolver gratis” cuánto mejor, pero sabemos que eso no va a ser así.

Alejandro, ¿cuál es tu reflexión sobre que uno de los promotores de esta idea sea una forestal?

-A.A: No hay un solo proyecto que hagamos que, en principio, no tenga algún tipo de conflicto. De hecho, probablemente, la razón por la que ni siquiera nosotros empezamos a trabajar en distintos proyectos es porque el punto de partida es un conflicto, es una fricción, o es algún tipo de tensión. Y la única cosa, la única condición, que pedimos a quienes nos llaman para trabajar es libertad profesional e independencia intelectual. Si nosotros, luego de haber entendido las circunstancias, proponemos algo que va en contra de lo que en principio serían los intereses de quien nos llama para trabajar, bueno, entonces no somos las personas indicadas.

¿Cómo se desarrolló la invitación a la Bienal de Venecia?:

-A.A: El título de la Bienal de este año es “How will we live together”, es decir, “Cómo vamos a vivir juntos”. Nos habían invitado para hacer otro proyecto, que era un pabellón de niños y contestamos “mira, en verdad, con esta pregunta, con este título, lo que nos parece más natural es hablar de un proyecto que está buscando contestar exactamente esa pregunta en ese caso entre el mundo mapuche y el mundo chileno”. 

¿Se puede “vivir juntos”?

-A.A: Nunca habríamos imaginado cada una de las cosas que hemos ido aprendiendo en el proyecto de Loncoche.  Ahora no sólo las miramos con el lente de cómo lo vamos a hacer para vivir juntos mapuches y chilenos. Ahora es ver cómo lo vamos a hacer para vivir juntos entre chilenos. Todas las claves que hemos ido aprendiendo de “oye, conozcámonos”, de ver por qué el otro tendrá rabia, por qué el otro estará descontento, por qué el otro hace referencia a indignaciones antiguas, ya no son sólo una cuestión histórica con otro pueblo, pasa entre nosotros mismos. Entonces, desde octubre, en vez de aplicar lo que sabíamos al proyecto de Loncoche, nos ha pasado al revés. Lo que hemos ido aprendiendo en el proyecto de Loncoche, lo estamos tratando de aplicar a Chile.

-J.M: Aquí lo que estamos haciendo es una pequeña lucha. Yo siempre digo una pequeña lucha, que a lo mejor puede servir. No estoy diciendo que de esta forma vamos a solucionar todo. No. Pero para poder entendernos, hay que conversar. 


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