Tiffany Watt Smith: ¿Por qué disfrutamos de la desgracia ajena?

Tiffany Watt Smith: ¿Por qué disfrutamos de la desgracia ajena?

La historiadora británica de las emociones humanas habla con The Clinic sobre el regocijo del fracaso de los demás y la importancia de reconocerlo para no transformarnos en castigadores de imperfección, ambas temáticas que desmenuza con humor y maldad en su más reciente libro.

Se viraliza una serie de audios de jóvenes de la clase alta asustados por un masivo contagio en Cachagua después de un carrete de Año Nuevo. ¿Por qué eso me da risa, incluso una verdadera satisfacción? Por resentida, puede ser, pero también porque siento que esa exposición se la merecen por su imprudencia en plena pandemia. Destaco esto no por un interés particular de exponer mis defectos ante el lector, sino porque justamente tiene que ver con el Schadenfreude o ese regocijo que a muchos nos da el error ajeno cuando lo creemos merecido y que la historiadora británica Tiffany Watt Smith, aborda ampliamente en su libro “El placer de la desgracia ajena” (Planeta, 2021). 

Estudió Filosofía y luego Dramaturgia. Más tarde hizo una maestría en Historia donde puso especial atención a las emociones: cómo funcionan, cómo nacen, cuál ha sido su evolución y sus particularidades. Las estudió durante tantos años, que esa investigación se cristalizó en el libro «La historia de las emociones humanas» y del que puedes escuchar una sinopsis en su famosa charla TED. No sólo eso: desde el año pasado dirige el Centro de Historia de las Emociones, donde continúa en la exploración de un tema tan intrincado como interesante.   

Una de las grandes revelaciones de su permanente estudio está en que las palabras que utilizamos para describir nuestras emociones afectan la manera en que sentimos. También, que vale la pena observar el Schadenfreude y sus consecuencias en la vida en sociedad: cómo nos está convirtiendo, de alguna forma,  en policías de la moral. Aunque de buenas a primeras ese regocijo puede sonar malicioso y que malentendido incluso puede transformarse en una forma de odio, la autora propone en su ensayo que identificar dicha emoción en nosotros mismos “puede ser una confusa forma de amor, un deseo de inclusión”. 

“Si dedicamos cinco minutos a mirar las noticias o Twitter -especialmente esta última- nos veremos bombardeados con ejemplos permanentes de transgresiones y delitos. Esto nos prepara para querer que se restaure la justicia, que se cumplan los castigos. Y esto da lugar a la indignación moralista propia de Twitter. Más allá de identificarlo, necesitamos entender de dónde viene el placer de esto y qué nos está haciendo colectivamente”.

¿Qué importancia tiene reconocernos a nosotros mismos que sentimos gozo ante la desgracia ajena?

– Bueno, es una experiencia muy humana obtener algo de placer de las desgracias de otras personas. Hay muchos tipos diferentes en este placer: puede ser reírse de un video fallido de YouTube, obtener una satisfacción secreta de que alguien que no te agrade se haya encontrado con alguna desgracia, o puede ser la sensación de reivindicación ante alguien que ha cometido un error y ha tenido su merecido. Este último tipo lo llamo Schadenfreude y es muy común y puede estar relacionado con ver a alguien que es presumido, se cree superior o piensa que es más importante que otras personas, y es castigado por el universo de alguna manera. 

En “El placer de la desgracia ajena” abordas ampliamente este concepto alemán, lo defines, lo explicas. “La felicidad del daño”, defines etimológicamente en el libro.

-Claro, mi libro trata sobre las diferentes condiciones en las que podríamos disfrutar de este placer. La gente a menudo no quiere pensar en Schadenfreude porque es una emoción aparentemente desagradable. Es reirte, disfrutar, encontrar placer en la desgracia ajena. Pero creo que es importante comprender mejor, especialmente ahora, debido a nuestra vida online. O sea, si dedicamos cinco minutos a mirar las noticias o Twitter -especialmente esta última- nos veremos bombardeados con ejemplos permanentes de transgresiones y delitos. Esto nos prepara para querer que se restaure la justicia, que se cumplan los castigos. Y esto da lugar a la indignación moralista propia de Twitter. Más allá de identificarlo, necesitamos entender de dónde viene el placer de esto y qué nos está haciendo colectivamente. 

“Pero por otro lado, este placer puede convertirse en un deseo voraz de ver castigadas a las personas imperfectas. Hay muchos estudios que muestran que experimentamos una verdadera gratificación cuando las personas malas reciben su merecido, y quizás sea comprensible que podamos buscar ese “éxito” de muchas formas en el mundo online, donde es posible que no obtengamos la historia completa sobre alguien”.

Claro, esa emoción tiene una doble cara…

-Exacto, porque por un lado, este placer puede ser bastante benigno y divertido. Por ejemplo, esa sonrisa astuta cuando tu molesto y dominante jefe tiene el cierre del pantalón abajo. Pero por otro lado, este placer puede convertirse en un deseo voraz de ver castigadas a las personas imperfectas. Hay muchos estudios que muestran que experimentamos una verdadera gratificación cuando las personas malas reciben su merecido, y quizás sea comprensible que podamos buscar ese “éxito” de muchas formas en el mundo online, donde es posible que no obtengamos la historia completa sobre alguien.

¿El desconocimiento de esta emoción puede volverse contra nosotros?

-En una era de guerras culturales y políticas populistas, este placer de Schadenfreude también se puede utilizar para crear grupos que nos hagan sentir “dentro” y “fuera”, o que generen una mentalidad de “ellos” y “nosotros”, por lo que es una herramienta muy poderosa. Vimos cómo Trump lo usaba y cómo seguramente alguien volverá a usarlo en el mundo, por eso es importante que lo entendamos mejor.

“Este placer de Schadenfreude también se puede utilizar para crear grupos que nos hagan sentir “dentro” y “fuera”, o que generen una mentalidad de “ellos” y “nosotros”, por lo que es una herramienta muy poderosa”.

¿Se empobrecen las emociones si no nos tomamos el tiempo y el coraje para reconocerlas?

-Eso creo. Y también creo que la vida es más ligera cuando tenemos el coraje de identificar lo que podríamos estar sintiendo y nos tomamos el tiempo para comprender esos sentimientos. Si tenemos suerte, nos abrirá la posibilidad de responderle a los otros de maneras más consideradas y apropiadas.

¿De qué sirve nombrar o identificar las emociones, incluso aquellas que culturalmente pueden ser consideradas “malas” u “oscuras”?

– La neurocientífica Lisa Feldmann Barrett dice que las fisiologías de las emociones suelen ser bastante generales y similares. Por ejemplo, mi corazón podría latir con fuerza y ​​podría sudar si tengo miedo, o si estoy lleno de deseo, o si he estado haciendo mucho ejercicio. Es nuestro lenguaje el que nos ayuda a dar sentido a estas experiencias incipientes y a comprender cómo se relacionan con el mundo que existe. Existe la noción de que nuestras emociones son sólo respuestas a desencadenantes externos, y sentimos la emoción apropiada en un momento dado (veo un oso, tengo miedo, corro). Pero como señaló William James, las emociones no son realmente así: ves al oso, corres y luego te sientes asustado. Usamos el lenguaje y los conceptos para dar sentido a nuestras experiencias, darles forma y textura, y vincularlas a nuestras propias otras experiencias. Cuanto más granularidad podamos aportar a la forma en que reconocemos las emociones, más conciencia tendremos de su papel en nuestras vidas y más significado tendrán para nosotros.

“Creo que la vida es más ligera cuando tenemos el coraje de identificar lo que podríamos estar sintiendo y nos tomamos el tiempo para comprender esos sentimientos. Si tenemos suerte, nos abrirá la posibilidad de responderle a los otros de maneras más consideradas y apropiadas”.

En los tiempos actuales, donde la pandemia ha instalado el infortunio como condición perpetua -o al menos hasta que todo el mundo esté vacunado-, ¿reírnos de él, de nosotros mismos y de los demás puede ayudarnos a sobrevivir a la hostilidad de estos tiempos?

-Es extraño, ¿no? A mí personalmente me resulta difícil disfrutar de la risa de mí mismo o de otros humanos en este momento. Quizás sea el viejo adagio de que la comedia = tragedia + tiempo. En otras palabras, tal vez me lleve un tiempo, de todos modos, disfrutar de la risa de nosotros mismos y de cómo son las cosas ahora: la forma en que todos nos apartamos del camino de los demás en la calle o cómo se nos imposibilita el contacto con otros por el miedo al contagio.

¿El contexto posibilita que florezca el tipo de justicia Schadenfreude en este momento? 

-La gente que veo en mi vecindario suburbano en Londres está bastante frustrada, enojada y triste, y hay muchas personas que se miran entre sí en busca de evidencia de incumplimiento de las reglas (por acá ya vamos en nuestro tercer encierro). Así que puedo imaginarme que algunas personas pueden experimentar placer y satisfacción cuando la policía multa a las personas que infringen las reglas. O si la persona que no lleva la máscara correctamente en el transporte público deja caer su teléfono móvil en un charco de agua o algo así. Probablemente ninguno de nosotros esté por encima de esto. ¿Recuerdas a los ciudadanos de EE. UU. que estaban acumulando todo el desinfectante para manos al comienzo de la pandemia y vendían las botellas por US$70 en Ebay? ¿Cuánto te habrías reído si su cobertizo hubiera explotado por todos los químicos? Creo que la pandemia nos hace estar mucho más alerta a las reglas y a las transgresiones, y aquí es donde realmente florece el tipo de justicia de Schadenfreude. Habiendo dicho eso, creo que el tipo de accidente de Schadenfreude todavía puede traer un poco de alivio.

“Usamos el lenguaje y los conceptos para dar sentido a nuestras experiencias, darles forma y textura, y vincularlas a nuestras propias otras experiencias. Cuanto más granularidad podamos aportar a la forma en que reconocemos las emociones, más conciencia tendremos de su papel en nuestras vidas y más significado tendrán para nosotros”.

¿En qué sentido?

-Creo que para que Schadenfreude sea realmente gracioso, debes tener la sensación de que la gente se lo merecía de alguna manera, tal vez porque estaban exagerando o tal vez porque pensaban que eran mejores de lo que eran. Obviamente, nadie se merece esta situación perpetuamente horrible creada por Covid, por lo que hay muchas menos oportunidades de reírnos de nosotros mismos y abrirnos a ese placer puede ayudarnos a aliviar la tensión.

En tiempos en los que el conocimiento de las emociones se convirtió en una mercancía que tiene como resultado la producción de libros de autoayuda, documentales, charlas, seminarios y coaches, sumado a la presión social por el autodescubrimiento, ¿dónde se puede encontrar la autenticidad de esas emociones, incluso las más oscuras? 

-Es una pregunta realmente interesante. Creo que la capacidad de comprender los propios sentimientos y poder articularlos con uno mismo es una parte importante de sentirse completo, sentirse humano o “sentirse real”, como lo expresó el psicoanalista Winnicott. Tal como dices, también vivimos en una época en la que el conocimiento de las emociones es una especie de capital, una mercancía, y se nos puede animar a desear y cultivar la ‘inteligencia emocional’ para ser exitosos, eficientes, etcétera. El autodescubrimiento, en tanto, tiene un elemento de presión social y puede ser en sí mismo bastante alienante. Creo que las emociones siempre forman parte de una conversación entre presiones sociales y sentimientos internos. Tal vez “autenticidad” no sea la mejor palabra para pensar nuestras emociones. Todos somos producto de un entorno cultural y de las historias que lo han moldeado, por lo que nuestras emociones no son completamente nuestras. Para citar erróneamente a Marx, creamos nuestros propios sentimientos, pero no los creamos a nuestro antojo. Nuestras historias, nuestras sociedades, incluso lo que pensamos que es una emoción, da forma profundamente a cómo y qué sentimos. Entonces, para responder a tu pregunta, creo que ser consciente de cómo operan las emociones no sólo dentro tuyo, sino también a tu alrededor -o qué fuerzas culturales moldean nuestras emociones de cierta manera- es realmente importante si queremos expandir la comprensión de nuestras propias respuestas emocionales en cualquier situación.

“Obviamente, nadie se merece esta situación perpetuamente horrible creada por Covid, por lo que hay muchas menos oportunidades de reírnos de nosotros mismos y abrirnos a ese placer puede ayudarnos a aliviar la tensión”.

Libro: El placer de la desgracia ajena
Autor: Tiffany Watt-Smith
Editorial: Paidós
Número de páginas: 150
Comentarios
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