Crédito: Gentileza de Heidi Stange

Heidi Stange, “la quinn” de los camioneros del sur

Por años sufrió violencia intrafamiliar. Hasta que un día, de manera inesperada, encontró en los camiones un espacio de libertad y de recuperación para sí misma. Empezó a manejarlos y no se detuvo más. Hoy lucha por los derechos de sus compañeros a través del Primer Sindicato Interempresa de Conductores de Camiones de la Zona Sur de Chile, del cual fue elegida presidenta.

Uno, dos, tres bocinazos. 

Quienes pasan cerca suyo en la carretera siempre la saludan. La reconocen desde lejos. Tampoco es muy difícil: tiene la parte trasera de su camión personalizado con una gran Harley Quinn, la villana de DC Comics reconocida como novia del Guasón. Eso sin contar el volante y asientos rosados, además de algunas Panteras Rosas alrededor del retrovisor interno de su vehículo, una escoba y un sombrero de bruja. 

“Por donde paso mis compañeros me ponen apodos. Dicen: ‘Ahí viene la pantera rosa’, ‘la reina’, ‘la princesita’. Algunos también se burlan de mí, me dicen ‘la bruja’. Yo me divierto y voy incorporando esos elementos a mi camión”, dice Heidi Stange (42), transportista de la Región de Los Lagos.   

“Hasta hice una patente personalizada con el nombre ‘Heidi Quinn’, siento que ella me representa, porque es una tipa loca, pero femenina, hace las cosas sin pensar… Me encantan los apodos”, comenta. 

Pero hay un sobrenombre que a Heidi le desagrada. Que le recuerda un momento difícil de su vida: ‘la Chilindrina’. 

“Por donde paso mis compañeros me ponen apodos. Dicen: ‘Ahí viene la pantera rosa’, ‘la reina’, ‘la princesita’. Algunos también se burlan de mí, me dicen ‘la bruja’. Yo me divierto y voy incorporando esos elementos a mi camión”, dice Heidi Stange (42), transportista de la Región de Los Lagos”.   

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Heidi jamás se imaginó a sí misma como transportista. Su tío trabajaba en el rubro, pero a ella no le llamaba la atención. “Yo ya trabajé como administrativa en bancos, como promotora… Nunca pensé que terminaría siendo camionera”, afirma. 

Su llegada a la profesión se dio por casualidad. Un día, hace cerca de una década atrás, tenía que viajar a Santiago porque su hijo más chico, Edmundo Hernán (hoy de 13 años), nació con 80% de sordera y necesitaba ser operado. Heidi no quiso hacer el viaje desde Puerto Montt hasta la capital sola. 

“Le pedí a uno de los transportistas que trabajaba para mi tío que cuando se fuera a Santiago me avisara. En la víspera de la operación de mi hijo subimos mi auto a su camión y emprendimos viaje”, detalla. 

Crédito: Gentileza de Heidi Stange

Tras unos 100 kilómetros, a la altura de Osorno, Heidi se dio cuenta que algo andaba mal. El camión no se estaba moviendo como debía: el conductor se estaba quedando dormido. “Empecé a sacudirle los hombros y a decirle que no me importaba que yo nunca había manejado un camión en mi vida, que lo iba a hacer. ‘Pásame el volante, pásame el volante, pásame el volante ahora’, le repetía”.

El conductor aceptó. Se cambiaron de asientos y Heidi siguió manejando el camión durante los más de 900 kilómetros de carretera restante, casi 10 horas al volante.  

“Fue cuando dije: ‘esto es lo mío’”, recuerda. 

“Tras unos 100 kilómetros, a la altura de Osorno, Heidi se dio cuenta que algo andaba mal. El camión no se estaba moviendo como debía: el conductor se estaba quedando dormido. “Empecé a sacudirle los hombros y a decirle que no me importaba que yo nunca había manejado un camión en mi vida, que lo iba a hacer. ‘Pásame el volante, pásame el volante, pásame el volante ahora’, le repetía””.

Heidi sintió la libertad de poder respirar. Una calma que no percibía hacía años. Una tranquilidad que le permitía pensar, por primera vez después de mucho tiempo, en todo lo que había vivido y por lo que estaba pasando. 

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Se casó a los 21 años. A esa misma edad tuvo su primer hijo, Kevin Eduardo, y también el Síndrome de Guillain-Barré, un trastorno poco frecuente en el cual el sistema inmunológico del organismo ataca los nervios, produciendo parálisis. 

Heide estuvo una semana entera en la clínica y, según rememora, en un estado prácticamente vegetativo. “Kevin era una guagua y yo me acuerdo de que lo escuchaba y me arrastraba en el suelo para recogerlo, para darle amor. Después de eso estuve casi dos años enteros reaprendiendo a andar, a comer, a moverme con naturalidad. A hacer cosas tan simples como arreglarme y peinarme sola”, detalla. 

Poco después de recuperarse, empezó a sufrir violencia intrafamiliar. Palabras, amenazas, golpes. No podía tener amigos, no podía ver a su familia, no podía llevar nadie a casa. “Pero yo no lograba salir de ahí”, sostiene.   

No lograba hasta que empezó a trabajar como camionera. 

“Luego del viaje a Santiago, me di cuenta de que estar en la carretera, siendo transportista, me permitía deshacerme de mi marido y de todo lo que me pasaba en casa, aunque fuera por algunas horas. Cuando regresé al sur ya sabía que a eso me dedicaría”. 

Dejó su trabajo, hizo un curso de conducción para obtener la licencia A4 (que autoriza conducir vehículos destinados al transporte de carga, siempre, sin acoplado, con peso superior a 3.500 kilos) y empezó a laborar en la empresa de su tío, realizando viajes hasta Santiago.

Crédito: Gentileza de Heidi Stange

En la capital, los ‘chicos de la bodega’, como les dice Heidi, la veían llorando constantemente. “Me decían Chilindrina (por el icónico personaje del Chavo del Ocho), veían que yo no estaba bien. Siempre que iba a las bodegas lloraba. Lloraba demasiado, por cualquier cosa que pasara. Y no era porque me retaran mis jefes o hablaran duro conmigo. Yo lloraba por lo que estaba pasando en mi casa, pero no me podía desahogar en mi casa. Lo hacía allí, con ellos”.  

“Luego del viaje a Santiago, me di cuenta de que estar en la carretera, siendo transportista, me permitía deshacerme de mi marido y de todo lo que me pasaba en casa, aunque fuera por algunas horas. Cuando regresé al sur ya sabía que a eso me dedicaría”. 

“Los colegas me decían que yo no podía seguir así, pero era difícil, porque cuando un hombre, como mi exmarido, es maltratador, hace todo de tal forma que una queda inmersa ahí, que es difícil de salir de la violencia. Pasan los días y una sigue ahí. Es terrible”, relata. 

En cada viaje Heidi volvía a escuchar los mismos consejos. Que tenía que aprender a defenderse, que tenía que aprender a decir basta, a ponerle freno. Hasta que un día, dos años después de haber ingresado al rubro camionero, reunió fuerzas y conversó con el jefe de su exmarido. 

“Le dije lo que pasaba en mi casa y le pedí que por favor lo trasladara a otra parte, porque yo no sabía cómo deshacerme de él y porque mis hijos no podían seguir creciendo en un ambiente así, tan tóxico”, cuenta. 

Finalmente, su jefe aceptó, su exmarido se fue de casa y nunca le volvieron a decir Chilindrina. “Por eso digo: yo, a mis colegas, a los chicos que encontraba en las bodegas, les debo la vida”.  

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Hoy, Heidi no es sólo una camionera: es presidenta del Primer Sindicato Interempresa de Conductores de Camiones de la Zona Sur de Chile. Este, además de ser el primero en la región en constituirse, es el primero a nivel nacional liderado por una mujer. 

“Las mujeres han ido adquiriendo roles muy importantes dentro del mundo laboral y Heidi no fue la excepción. Cuando la elegimos presidenta del sindicato lo hicimos considerando la inclusión de mujeres en nuestro trabajo y porque sabemos que ella es muy capaz de liderarlo”, comenta Víctor Leiva, tesorero del sindicato. 

“Hoy, Heidi no es sólo una camionera: es presidenta del Primer Sindicato Interempresa de Conductores de Camiones de la Zona Sur de Chile. Este, además de ser el primero en la región en constituirse, es el primero a nivel nacional liderado por una mujer”. 

Para él, Heidi “tiene mucha personalidad, es muy luchadora, muy apañadora, una mujer de mucho carácter”. “Ella no tiene miedo a enfrentarse a nadie y nosotros necesitábamos eso: una persona con personalidad, con pachorra, que sea capaz de pararse frente a alguien y, si hay que discutir un tema, lo discute; si hay que pelear por una causa, se pelea. Ella reúne todas esas cualidades y, a la vez, sabe ser muy tierna, muy sensible y conoce a mucha gente”, agrega. 

Luego de trabajar para su tío, Heidi empezó a ser llamada de distintas partes: encargados de ambulancias, caminos vecinales y responsables de camiones pluma querían que ella trabajara para eso. “Se dice que ser transportadora no es un trabajo para mujeres, pero esa concepción quedó ultrapasada. Nosotras podemos desempeñarnos en lo que nos propongamos. Y me atrevo a decir que lo hacemos incluso mejor que los hombres, porque somos más minuciosas, más detallistas. De hecho, siempre me ofrecen mucho trabajo. Y no va a ser por mi linda cara, po”, comenta, riéndose. 

Tras dos años con la licencia A4, Heidi hizo un curso y obtuvo la A5, que le permite utilizar camiones de carga simples o articulados con peso superior a 3.500 kilos. Actualmente, maneja su propio -y decorado- camión de frigoríficos y transporta productos congelados.  

“Se dice que ser transportadora no es un trabajo para mujeres, pero esa concepción quedó ultrapasada. Nosotras podemos desempeñarnos en lo que nos propongamos. Y me atrevo a decir que lo hacemos incluso mejor que los hombres, porque somos más minuciosas”, comenta Heidi.

En ese proceso de cambios de trabajos, fue conociendo a distintas personas. Afirma que, para las mujeres, se trata de un trabajo solitario solamente mientras andan en la carretera. “Para los hombres es mucho más difícil. Yo creo que, por ser mujer, siempre que llego a algún lado, las plantas, las bodegas, no sé, vienen a conversar conmigo. Me vienen a saludar, tengo más relación con las personas. Pero para los colegas es más solitario. Siento que los marginan constantemente”. 

Esa soledad de los compañeros es algo que Heidi ha querido cambiar. Hace cinco años, en un Día de San Valentín su pololo, Pablo, le preguntó qué le gustaría hacer que hasta entonces no hubiese hecho. “¿Sabes qué? Tengo un poco de celos de los camioneros de Santiago. Ellos siempre hacen juntas de camioneros y acá en el sur nunca se ha hecho eso”, le contestó.  

A través de sus redes sociales, invitó a todos los camioneros que había conocido trabajando en el sur de Chile. Pidió apoyo a la municipalidad de Llanquihue, que les facilitó un espacio para reunir a los transportistas. Menos de un mes después del Día de los Enamorados, se realizó el primer encuentro de camioneros del Sur de Chile, con sus hijos, familias, juegos y comida.

Heidi se jacta de que en la ocasión logró juntar 54 transportistas. “La primera vez que se hizo algo así en Santiago juntaron solo a 22 ó 23”, aclara. A excepción del 2020 y de este 2021 por la pandemia, el encuentro de camioneros del sur se hace anualmente. 

Esa soledad de los compañeros es algo que Heidi ha querido cambiar. Hace cinco años, en un Día de San Valentín su pololo, Pablo, le preguntó qué le gustaría hacer que hasta entonces no hubiese hecho. “¿Sabes qué? Tengo un poco de celos de los camioneros de Santiago. Ellos siempre hacen juntas de camioneros y acá en el sur nunca se ha hecho eso”, le contestó.  

Ella considera que esos eventos fueron clave para que sus compañeros la consideraran a la hora de formar un sindicato, de nombrarla candidata y de elegirla presidenta de éste. 

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Sentada en su camión esperando que descarguen los congelados que trae, Heidi reflexiona, por zoom desde Calbuco, sobre el rol de los transportistas en Chile y lo que ha logrado su sindicato. 

Para ella, los camioneros siguen “muy manchados” por el gran paro de 1972, que obligó al gobierno de Salvador Allende a decretar el Estado de Emergencia. 

“Nosotros no somos los mismos de aquella época. Siento que la gente se queda pegada con ese tema, que nos encasilla en una idea de quiénes somos los camioneros. No somos una masa homogénea. Somos de partidos, ideologías, creencias distintas”, defiende Heidi.  

Heidi frente a su camión. Crédito: Gentileza de Heidi Stange

Según ella, “hace falta que se entienda que sin nosotros el país para. La gente nos ve mal, pero incluso en las peores crisis como esta (la pandemia), nosotros seguimos trabajando para no matar Chile”. 

Bajo su gestión, su sindicato logró en agosto pasado la apertura 24 horas de la aduana sanitaria de El Avellanal, que funcionaba sólo de 08:00 a 20:00. En la práctica, eso significó una reactivación de la cadena productiva y de reabastecimiento del sector y que las ambulancias puedan circular a toda hora. 

También conquistó la apertura de un restaurant exclusivo para camioneros en Chiloé en tiempos de pandemia, cuando no había nada autorizado para comer o hacer uso de servicios higiénicos en todo el archipiélago. 

“Desde que asumí el cargo como presidenta les dije a mis colegas que si vamos a tener un sindicato tenemos que hacerlo bien. Entender que las cosas no resultan de un día para el otro y que la contraparte no es nuestra enemiga, porque necesitamos de ella para tener trabajo”, explica Heidi. 

La camionera dice que su principal foco es mejorar sus condiciones laborales. De acuerdo con el Ministerio del Trabajo, quienes se desempeñan como transportistas de carga terrestre interurbana, salvo en materia de jornada de trabajo, se rigen por las mismas reglas y tienen los mismos derechos laborales que el resto de los trabajadores sujetos al Código de Trabajo, como descanso en días festivos y semanales, derecho a sala cuna, protección frente al acoso sexual y laboral, acceso a cobertura en materia de seguridad social, indemnizaciones por término de contrato, entre otros.

También conquistó la apertura de un restaurant exclusivo para camioneros en Chiloé en tiempos de pandemia, cuando no había nada autorizado para comer o hacer uso de servicios higiénicos en todo el archipiélago.

 Pero esto, según la camionera, no basta. “En muchos lados no podemos acceder a baños y no tenemos acceso a comida. Hay colegas que en las rutas paran cuando van vacíos, pero cuando uno va cargado con algún producto, va monitoreado por GPS y no puede parar. Si quieres ir al baño, no puedes parar. Si te sientes mal, tampoco”, explica.

“Creo que mi principal aporte es que los dueños de camiones y las empresas nos vean como un asociado. Por eso nos hemos comunicado con la Inspección del Trabajo, con el Seremi de Trabajo, con Salmón Chile, que es el que más trabajo da en la zona. Hemos trabajado en conjunto y hemos llegado a acuerdos buenos donde había abusos”. 

Heidi relata que en algunos lugares los transportistas tenían que esperar entre seis y nueve horas para poder ingresar a una planta y cargar sus camiones. Ahora, solo esperan 15 minutos, lo cual, según ella, les permite tener tiempo para estar con la familia, llegar bien a la casa, sin estar apurado en las carreteras.  

Parte trasera de su camión. Crédito: Gentileza de Heidi Stange

Actualmente, además, su sindicato dialoga con las empresas para que los transportistas puedan capacitarse en carreras técnicas. “Si uno sufre un accidente y queda inválido, ¿qué pasa con esa persona? Queda completamente desamparada, porque a alguien que es un conductor y sólo sabe hacer eso, cuesta mucho reinventarse. Quiero que logremos esas capacitaciones para garantizar nuestro futuro ante cualquier emergencia”, sostiene Heidi, añadiendo que quiere conquistar “más derechos”. 

“Quiero lo mejor para ellos. Mis colegas me ayudaron muchísimo cuando más lo necesité. Ahora me toca a mí, su ‘pantera rosa’, su ‘Heidi Quinn’ ayudarlos a ellos”, concluye.    

Actualmente, además, su sindicato dialoga con las empresas para que los transportistas puedan capacitarse en carreras técnicas. “Si uno sufre un accidente y queda inválido, ¿qué pasa con esa persona? Queda completamente desamparada, porque a alguien que es un conductor y sólo sabe hacer eso, cuesta mucho reinventarse. Quiero que logremos esas capacitaciones para garantizar nuestro futuro ante cualquier emergencia”, sostiene Heidi, añadiendo que quiere conquistar “más derechos”. 

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