Rafael Yuste - Crédito: Mikel Martínez

Rafael Yuste, neurobiólogo: “Mi obsesión personal es contribuir en una teoría general de cómo funciona el cerebro”

El español ha dedicado gran parte de su vida al estudio del cerebro. Aunque ha sido testigo de avances, aún sigue en la pelea por encontrar una teoría razonable sobre cómo funciona la mente humana. Está convencido de que está cerca de un descubrimiento que puede cambiarlo todo. Yuste participará en la próxima versión on line del Festival de Ciencia Puerto de Ideas Antofagasta.

El neurobiólogo español Rafael Yuste (57) tiene un ambicioso desafío que espera concretar durante la próxima década: contribuir a generar una teoría general acerca de cómo funciona el cerebro humano. Para lograrlo, ha destinado gran parte de su vida a desarrollar investigación y tecnología que permita desentrañar los misterios de la mente. Cree que los inminentes avances en neurotecnología están cerca de encontrar alguna respuesta y no sólo eso: que cuando lo hagan, serán tan relevantes como cuando se descubrió la doble hélice del ADN que permitió la teoría general de la genética.

Es profesor de Ciencias Biológicas en la Universidad de Columbia e ideólogo del proyecto BRAIN, esa investigación colaborativa que alucinó al expresidente de Estados Unidos Barack Obama, y por la que en 2013 comprometió fondos públicos durante 15 años para mapear la actividad de cada neurona en el cerebro. Proyecto que, según Yuste, sólo durante este año cuenta con un presupuesto de más de 500 millones de dólares. 

Aunque no son los únicos. BRAIN es una de las varias investigaciones que se engloba en el Proyecto del Cerebro Internacional, donde países como Estados Unidos, China, Corea, Canadá y Australia, entre otros, compiten de manera coordinada por saber qué pasa al interior de nuestro cerebro. “Una manera de pensarlo es como si fuera una carrera donde hay muchos caballos corriendo y no sabes cuál va a ser el caballo ganador, en este caso, cuál va a ser la tecnología más acertada para saber qué pasa allá adentro”, dice Yuste.

Aunque sigue siendo un misterio qué es lo que pasa cuando soñamos, cómo se registra la memoria y por qué ciertos hechos provocan determinados pensamientos o emociones, ha habido avances en pacientes con parálisis físicas que, por ejemplo, gracias a sensores cerebrales y pensamientos han podido mover partes de su cuerpo e incluso dispositivos. 

Tan seguro está de que estos años de estudios darán frutos, que ya está impulsando junto a distintos líderes y políticos del mundo que se legisle a tiempo sobre los “neuroderechos”. De hecho en Chile, a la fecha, se presentó el primer proyecto de ley sobre el tema. Se denominó “sobre protección de los neuroderechos y la integridad mental, y el desarrollo de la investigación y las neurotecnologías”, fue patrocinado por los senadores Guido Girardi, Carolina Goic, Francisco Chahuán, Juan Antonio Coloma y Alfonso De Urresti y donde participó el propio Yuste.  Con esto se busca promover una reforma constitucional que incorpore los “neuroderechos” a la discusión constitucional chilena, así como la ambición de que sean consagrados como un nuevo derecho humano.

El neurobiólogo español Rafael Yuste

Sobre la protección de este tipo de derechos y los desafíos de cara al futuro, Rafael Yuste conversará largo y tendido en la próxima edición del Festival de Ciencia Puerto de Ideas Antofagasta que se realizará de forma online y gratuita entre el 12 y el 18 de abril. Su charla “La defensa de los neuroderechos” se realizará el próximo 17 de abril a las 10.30 AM a través de puertodeideas.cl.

Lo que están haciendo con el proyecto BRAIN es mapear el cerebro. En fácil, ¿qué significa y para qué sirve hacerlo?

-El cerebro tiene 80 mil millones de neuronas, estas neuronas se están disparando, se activan y se inactivan. Imagínate ver el cielo estrellado por una noche y ver cómo las estrellas se encienden y se apagan. Bueno, eso es lo que está ocurriendo al interior del cerebro con las neuronas encendiéndose y apagándose; y de alguna manera que todavía no entendemos surge toda la mente humana: nuestras memorias, nuestra percepción, nuestro comportamiento, nuestras emociones, todo lo que somos, toda la actividad mental y cognitiva, el pensamiento, todo esto surge de estos campos inmensos de neuronas que se están disparando todo el tiempo. Entonces cuando hablamos de mapear el cerebro, queremos decir mapear la actividad, poder ver qué pasa cuando estas neuronas se disparan. Por ejemplo, trabajar con un paciente que tiene un ataque esquizofrénico y ver qué le ocurre al cerebro en ese momento, o ver el cerebro de una persona con alzheimer cuando no recuerda el nombre de su hijo. El problema es que todavía no podemos verlo porque no tenemos los métodos. Es muy complejo intentar curar algún problema sin poder entrar a ver lo que pasa. Entonces claro, tenemos que averiguar cómo funcionan nuestras neuronas. Pero esa es la parte de registrar actividad; luego, si queremos ayudar a los pacientes, tenemos que cambiar esa actividad. La idea es generar una neurotecnología que no sólo nos permita mapearla sino cambiarla.

Se dice que conocemos sólo un 4% o 5% de nuestro cerebro. ¿En estos años de investigación, se ha podido ir más allá?  ¿Hay nuevas luces?

-Claro, pero como te digo, todavía conocemos muy poco del cerebro porque no tenemos neurotecnología para estudiarlo. Se trata de herramientas ópticas, electrónicas, magnéticas, moleculares y computacionales de inteligencia artificial. Esta neurotecnología se puede utilizar para registrar la actividad del cerebro y para cambiarla en caso de alguna enfermedad. La neurotecnología está en ebullición, hay muchos países incluyendo Estados Unidos, China, Japón, Corea, Australia, Canadá, Israel y la Comunidad Europea que han lanzado grandes proyectos de neurotecnología que involucran a miles de laboratorios en todo el mundo. 

“El cerebro tiene 80 mil millones de neuronas, estas neuronas se están disparando, se activan y se inactivan. Imagínate ver el cielo estrellado por una noche y ver cómo las estrellas se encienden y se apagan. Bueno, eso es lo que está ocurriendo al interior del cerebro”.

En una entrevista anterior planteó que el cerebro nunca se apaga, que siempre está encendido incluso mientras dormimos. ¿Hay alguna sospecha de qué es lo que hace mientras nosotros “descansamos”?

-Uno de los grandes misterios del cerebro sigue siendo por qué siempre está encendido. Científicos durante los últimos 100 años han intentado proponer una teoría general del cerebro tratándolo como si fuese una máquina que responde a los estímulos contextuales con un comportamiento, como si  fuese un reflejo. Haces una cosa y eso genera una respuesta en tu cerebro. Llevamos ya cien años y ese modelo no funciona porque no explica con suficiente detalle y precisión qué es lo que hace el cerebro. Mucho menos explica qué pasa cuando duerme. Entonces, entre los modelos alternativos, un modelo muy interesante es el que propone que en realidad el cerebro no es una máquina de ida y vuelta sino que es un tejido que está siempre generando actividad porque está interesado en sí mismo y esta actividad que genera el cerebro es lo que llamamos la mente humana. 

¿Cómo así?

-Otra manera de decirlo es que el mundo en que vivimos es como si fuese un sueño que lo estamos generando continuamente: cuando estamos despiertos estos sueños encajan en la realidad porque utilizamos los sentidos -la vista, el tacto, el oído, el gusto, el olfato- para que nuestros sueños encajen con el mundo, pero cuando estamos dormidos se apagan todos los sentidos y los sueños siguen flotando. Entonces hay gente que está intentando proponer que lo que está haciendo el cerebro es generar esta realidad virtual dentro de la cabeza y esta realidad virtual para nosotros es el mundo en el que vivimos. Entonces no vivimos en el mundo real sino en un mundo virtual que genera nuestro cerebro. Pero esa es una teoría que no se ha demostrado, ciertamente. Esto se propuso hace mucho tiempo. La primera persona que propuso que el mundo está generado internamente por la mente, por el cerebro, fue el filósofo alemán Immanuel Kant. 

UN DERECHO HUMANO

¿Cómo se debe proteger la información que se revele sobre el cerebro y la mente humana?

-La manera de proteger el conocimiento que se revele del cerebro es a través de nuevos derechos humanos. Y esto es lo que llamamos “neuroderechos” y eso es lo que justamente se está peleando por insertar en la Constitución chilena y en el proyecto de ley que se presentó en el Senado. Los “neuroderechos” que proponemos son cinco y tienen que ver con el derecho a la identidad, al libre albedrío, a la privacidad mental, al acceso equitativo a la mejora cerebral y a la protección contra sesgos. Todos derechos que no están protegidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero queremos y estamos peleando porque así sea.

“Hay gente que está intentando proponer que lo que está haciendo el cerebro es generar esta realidad virtual dentro de la cabeza y esta realidad virtual para nosotros es el mundo en el que vivimos. Entonces no vivimos en el mundo real sino en un mundo virtual que genera nuestro cerebro. Pero esa es una teoría que no se ha demostrado, ciertamente”.

Ese eventual levantamiento de información sobre la mente humana, otorga libertades, aprendizajes, nuevos conocimientos sobre nosotros mismos y cómo combatir enfermedades, pero eso se pone en pugna con quién puede acceder a esa información. ¿Qué pasa con los gigantes tecnológicos?

-Además de de estos laboratorios internacionales, las grandes compañías tecnológicas, se están involucrando cada vez más al desarrollar neurotecnología, porque piensan que ahí están los iPhones del futuro.  Se piensa que los teléfonos inteligentes del futuro van a ser dispositivos cerebrales. Entonces eso es lo que está ocurriendo ahora con la neurotecnología, pero seguimos sin saber cómo realmente funciona el cerebro. Lo lógico es que cuando exista esta tecnología nueva exista, vamos a poder estudiar el cerebro de una manera más profunda y podremos entender qué les ocurre a los pacientes que tienen enfermedades mentales o enfermedades neurológicas. 

De alguna manera se desmonta la idea de que esta investigación es para curar enfermedades. No dejo de pensar que con el conocimiento de esta información los algoritmos y dispositivos sabrán qué queremos, cómo, dónde, cuándo.

-En EE.UU. el proyecto BRAIN dura 15 años con un financiamiento total de 6 mil millones de dólares. Sólo este año involucra a 524 laboratorios y tiene un presupuesto anual de 550 millones de dólares. Pero este proyecto es sólo una parte pequeña de todos los proyectos que hay de esta índole en el mundo de la neurotecnología. En China es tres veces más grande. En el pasado, sólo en EE.UU. las compañías tecnológicas invirtieron 3 mil millones de dólares en neurotecnología. Hoy las compañías privadas están invirtiendo mucho más que lo que están invirtiendo desde el lado público.

A nivel mundial se alerta que la crisis lógica tras la pandemia, es la de la salud mental. Con este contexto, ¿se ha puesto urgencia a la investigación para combatir enfermedades psiquiátricas?

-(La crisis de la salud mental) no es una pandemia en camino. Es urgente tratar a los pacientes que tengan enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Esto no es ninguna novedad. Seguro que tú misma y todos los lectores tienen familiares o amigos que sufren alzheimer, párkinson, depresión, Síndrome de Down, autismo, esquizofrenia, ansiedad, parálisis… Todas estas enfermedades pueden ser tratadas, pero que no tienen cura; y además son enfermedades neurodegenerativas. Entonces existe la necesidad urgente de combatirlas y ayudar a estos pacientes. Sólo vamos a poder ayudarlos si tenemos tecnología suficiente para poder entrar de verdad en el cerebro, mapear cómo funciona y alterar los circuitos cerebrales que sean anormales en los pacientes para poder ayudarlos. 

“Los ‘neuroderechos’ que proponemos son cinco y tienen que ver con el derecho a la identidad, al libre albedrío, a la privacidad mental, al acceso equitativo a la mejora cerebral y a la protección contra sesgos. Todos derechos que no están protegidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero queremos y estamos peleando porque así sea.”

Luego de dedicarle una vida a la exploración del cerebro, entendiendo que todavía hay muy pocas certezas, ¿cuál sería la respuesta que le gustaría encontrar antes del retiro?

-Los que trabajamos en esto, estamos detrás de generar una teoría que explique cómo funciona el cerebro. Por ejemplo, la genética estaba en una fase muy oscura y muy compleja hasta que se descubrió la doble hélice del ADN y con ese descubrimiento de golpe apareció una teoría general de cómo funciona la genética. Esto no lo tenemos todavía en neurociencia. No hemos llegado todavía a un descubrimiento que de golpe nos permita imaginarnos cómo funciona el sistema cerebral. Al momento en que tengamos esa información, será un momento clave, decisivo. Va a ser como girar una esquina, encontrar un norte. Por eso es que trabajamos. Mi obsesión personal es contribuir a descubrir una teoría general de cómo funciona el cerebro. 


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