Yasna Provoste, presidenta del Senado: “Este Chile le quedó grande a la derecha”

Tajante, la senadora DC afirma que el problema de fondo es que “la derecha no conoce este Chile que le tocó gobernar”. De allí que su estrategia sea reunificar a la oposición. “Necesitamos lograr la unidad para recuperar la estabilidad política y la paz social que se ha perdido con este gobierno”, dice.

Ella misma ha dicho que es una mujer con carácter. Y asumió la presidencia del Senado poniendo su biografía encima de la mesa, casi como una declaración de principios. “Asumo este deber como lo que soy: mujer, profesora, madre, esposa, humanista y cristiana. Nacida en una comuna pequeña como Vallenar, con ascendencia indígena e hija de una familia trabajadora de clase media”. 

Con esas palabras, Yasna Provoste tomó el timón del Senado; la misma institución que en abril del 2008 la destituyó como ministra de Educación por una acusación constitucional que la dejó fuera del quehacer público durante 5 años. 

Hoy muchos analistas la miran con franco interés. ¿Yasna Proviste cristaliza un nuevo liderazgo en la oposición? ¿Se levanta como una figura desafiante al gobierno? ¿Es la nueva voz de un mundo político fragmentado, como lo es la centro izquierda? Mientras las preguntan se agolpan sobre ella, la senadora camina segura. 

En menos de un mes, desde asumió el 17 de marzo, logró forzar al Presidente y a su gobierno a aumentar el paquete de ayudas sociales a cambio de posponer la fecha de las elecciones producto del aumento de contagios y hospitalizaciones por Covid.  

Pero todo indica que la senadora va por más. Su diagnóstico es que el mundo progresista debe envolverse en torno a la unidad de propósitos y llegar a la papeleta con candidato único. 

-Ha llamado la atención la manera en que asumió la presidencia del Senado. Dicen que llegó pisando fuerte. ¿Hay una decisión política de cambiar el tono frente al gobierno?

-No, eso tiene que ver con mi carácter. No soy distinta a la siempre he sido. Me parece que el punto es otro. Aquí hay que entender el contexto que estamos viviendo. El país está pasando por un momento extremadamente difícil. Y una de las cosas que más me llama la atención es que la derecha no conoce este Chile. No conoce este Chile que le tocó gobernar. Eso ha sido muy complejo.

-¿Complejo? ¿Por qué? 

-Hay que partir por comprender lo que ha ocurrido en el país tras el estallido social. A este gobierno le ha tocado enfrentar una pandemia sanitaria con consecuencias en lo social y lo económico. Entonces, esa desconexión de la realidad, este desconocimiento del Chile real, resulta ser muy complicado a a hora de responder a las demandas ciudadanas. Pero también ha sido muy difícil para nosotros desde la oposición.

-¿En qué sentido ha sido difícil para ustedes? El mundo de la centro-izquierda está desconfigurado, pero eso no tiene que ver con el gobierno, ¿o sí?

-Tal vez nos costó mucho reponernos después de la derrota electoral que tuvimos el año 2018. Pero hoy más que nunca, necesitamos lograr la  unidad para recuperar la estabilidad política y la paz social que se ha perdido con este gobierno. Lo que quiero decir es que estamos en una situación dramática y eso pasa, en buena medida, por este desconocimiento que tiene la derecha del país actual. Si uno lo pudiera poner  en una imagen, se podría decir que este Chile le quedó grande a la derecha. 

“A este gobierno le ha tocado enfrentar una pandemia sanitaria con consecuencias en lo social y lo económico. Entonces, esa desconexión de la realidad, este desconocimiento del Chile real, resulta ser muy complicado a a hora de responder a las demandas ciudadanas”.

-¿Cree que es sólo un problema de desconexión?

-No. Es una forma de entender la sociedad. El gobierno no ha estado a la altura de la situación que se vive en nuestro país. Como te digo: les cuesta muchisímo entender el país que les tocó gobernar. Están superados por esta falta de conocimiento. 

-¿No se podría decir que la centro-izquierda también se desconectó del país real, que perdió el pulso de la calle? Varios se sorprendieron con el estallido social. 

-Bueno, lo que estamos viviendo hoy nos permite remover más las conciencias de la centro-izquierda para lograr construir la unidad. 

-¿La unidad para qué? 

-Para avanzar en el restablecimiento de la estabilidad del país, de la paz social que ha estado extraviada durante este gobierno. Hay que recuperar la gobernabilidad. Y no hablo de la unidad sólo desde el discurso, sino de la unidad en los propósitos. 

-¿Y cómo se hace cuando no hay un propósito común? 

-Bueno, todo eso pasa por reconocer lo que está viviendo la mayoría de los chilenos. Se requiere un cambio en la forma de establecer una conexión con nuestro país. 

-¿Diría que en Chile conviven dos países paralelos?

-Sí. Hay familias que que han tenido que abandonar sus casas y que están viviendo en campamentos. Más de dos millones de chilenos cayeron de la clase media a la vulnerabilidad. Y, por otro lado, vemos cómo aumentan las ganancias los grupos más ricos del país. No es verdad que esta pandemia es democrática. No nos afecta a todos por igual. Hay sectores que han sido duramente golpeados y hay otros que han visto aumentada su riqueza. Por eso que la discusión respecto del impuesto a los súper ricos no es una discusión técnica, es una discusión ética. 

-¿Discusión que habría que reponer con más fuerza?

-Claro. Porque si realmente queremos recuperar la estabilidad, la paz social, tenemos que disponer de mayores recursos para apoyar a las familias. 

“No es verdad que esta pandemia es democrática. No nos afecta a todos por igual. Hay sectores que han sido duramente golpeados y hay otros que han visto aumentada su riqueza. Por eso que la discusión respecto del impuesto a los súper ricos no es una discusión técnica, es una discusión ética”. 

-Senadora, ¿por qué la gente podría pensar que la centro-izquierda sí puede dar gobernabilidad? Ni siquiera funcionan como equipo. 

-El individualismo neoliberal también permeó a la centro-izquierda. Nos pegó fuerte en la forma de hacer política, de construir comunidad. Hay una lógica más individualista que colectiva. Uno ve, por ejemplo, a un grupo de personas progresistas que se reúnen para debatir, pero siempre terminan nombrando una candidatura presidencial. Es la lógica de fortalecer tu identidad por sobre un proyecto común. 

-¿Lo ve reversible?

-Ese es el desafío. Es muy importante lo que está en juego. Ni más ni menos que el bienestar de los chilenos. Ya hemos visto que a Chile no le va bien con la derecha. Por eso la centro-izquierda tiene unirse, organizarse y ser capaz de construir un presente y un futuro. 

-Parte de la unidad también pasa por la decisión de ir juntos o separados a la elección presidencial. ¿Cómo lo ve?

-Yo espero que seamos capaces de tener una candidatura presidencial única de la oposición. Una candidatura de toda la centro-izquierda. Tenemos buenos candidatos y candidatas. 

¿No ve inevitable que el próximo gobierno sea de derecha?

-Depende de nosotros. Sería una muy mala noticia para el país que volviera a ganar la derecha. Y tenemos que contribuir decididamente para que eso no ocurra. Es una responsabilidad que también implica, obviamente, tener una candidatura presidencial única. Es cosa de mirar lo que nos ocurrió. En la última elección presidencial terminamos con cinco candidaturas. Esa historia ya la hemos vivido.

“Sería una muy mala noticia para el país que volviera a ganar la derecha. Y tenemos que contribuir decididamente para que eso no ocurra. Es una responsabilidad que también implica, obviamente, tener una candidatura presidencial única”.

“NO HAY CHANTAJE”

Luego de su reunión con el Presidente de la República, quedó la impresión de que usted forzó un acuerdo. ¿Lo asume así? ¿Como un triunfo?

-A ver. La postergación de las elecciones es, sin duda, la constatación de un fracaso de la política social-sanitaria del gobierno. Pero sí hubo un hecho muy importante para la oposición. El lunes 29 de marzo en la mañana, la centro-izquierda dialogó y deliberó colectivamente. Imperó la unidad. Se dijo: “Lo más importante es la salud de las personas. La simple postergación no basta si es que el gobierno no cambia su política sanitaria, se endurecen las medidas, se mejora la trazabilidad y si se entregan ayudas sociales de verdad”. Ese fue un hecho muy relevante. 

-¿Y con ese mandato llegó a La Moneda?

-Coincidentemente, ese día mismo día 29 teníamos la reunión protocolar con el Presidente. Efectivamente, fui mandatada para decirle que nuestro foco era cuidar a la familia y que eso pasaba por fortelecer la ayuda a la gente y no seguir a cuenta gotas. A mí me parece increíble que el Presidente Piñera no sea capaz de mirar lo que está haciendo Joe Biden, Boris Johnson en el sentido de ir llegando con ayudas rápidas, concretas.

-Y en esa reunión, ¿cómo percibió al Presidente? ¿Con preocupación, desconexión?

-Estuvimos hablando una hora y cincuenta minutos. Y es lo que le decía al comienzo: la derecha no conoce el Chile que está gobernando. 

Pero Piñera no es propiamente de derecha. Bien pudo ser compañero suyo en la DC.

-No. Nunca lo quisieron fichar. Así que no.

Pero él se declara como humanista cristiano.

-… Lo primero que hizo en la reunión fue mostrarme la estatuilla de Frei que tenía ahí y que se la habían regalado porque había hecho importantes donaciones. Pero, volviendo al punto, esa dificultad para entender radica en que la derecha sigue anclada a la idea de que economía está por sobre todo. No entienden que buena parte de lo que ocurre en Chile, tiene que ver con un malestar profundo de la ciudadanía. 

“Estuvimos hablando una hora y cincuenta minutos. Y es lo que le decía al comienzo: la derecha no conoce el Chile que está gobernando”. 

-En esa larga esa conversación con el Presidente, ¿había buena disponibilidad al diálogo?

-Ese día le planteamos al Presidente el tema de la renta básica universal. Él me dijo: “Pero nosotros estamos llegando con un ingreso familiar de emergencia”. Le respondí: “Sí, Presidente, pero nosotros estamos planteando una renta básica universal al 80% de la población”. “Ah -me dice-, pero estamos muy cerca. Nosotros estamos en el 75%. Así que no tengo problema en acceder a lo que usted me dice”. El proyecto de ley del gobierno decía que era al 60%, no al 75%. Pero el Presidente dijo que estaba disponible para llegar al 80%. Por eso, antes de terminar la reunión, le dije: “Presidente, revisemos los puntos que hemos conversado”. 

-O sea, ¿amarrar los acuerdos?

-Nunca fue un acuerdo. Revisamos los puntos conversados. Le digo: “Entonces, usted está dispuesto a la solicitud que ha hecho la oposición para llegar al 80%”. Él me dice que sí, pero que no diga que fue la oposición, porque o si no lo iba a poner en un problema con la derecha. Al día siguiente, el ministro de Hacienda entregó la propuesta a la Comisión de Hacienda. Ahí se decía que el gobierno se comprometía a establecer una mesa de trabajo para revisar el incremento del Ingreso Familiar de Emergencia del 60 al 80% y en un plazo de 60 días.

-¿Era distinto a lo conversado? 

-Claro. 

-¿Y qué hizo usted?

-Yo tomé el papelito sin ningún escándalo. Me fui a la oficina. Pedí que me comunicarán con el Presidente y le dije: “Esto no es lo que Usted dijo en el día de ayer. Usted señaló que se llegaría al 80%”. Él trató de decirme: “No, fue usted la que dijo lo del 80%”. Yo pensé: “Han pasado menos de 24 horas y ya nos cambian esto por una mesa de trabajo”. Y como justo teníamos reunión de la oposición, acordamos no apoyar ninguna reforma del gobierno. En eso estábamos cuando me llama el ministro de Hacienda y me dice: “Me llamó el Presidente y tengo instrucciones de hacer el cambio ahora. Vamos a introducir una indicación en este proyecto de ley de bono de clase media para eliminar el techo del 60% y subirlo al 80%”. Así fue.

-Sabrá que hay sectores de la derecha que están molestos con el gobierno. Dicen que finalmente ganó el “chantaje” de Yasna Provoste. 

-Esa imagen no corresponde a la realidad. Cuando uno está colocando el foco en la familia no hay gallito posible, ni menos chantaje. Toda la oposición acordó jugársela por la protección a las familias. Y hemos visto cambios en medidas sanitarias, en cierre de fronteras, pero nada de eso basta si no están acompañadas de ayudas sociales.

“Yo pensé: “Han pasado menos de 24 horas y ya nos cambian esto por una mesa de trabajo”. Y como justo teníamos reunión de la oposición, acordamos no apoyar ninguna reforma del gobierno”.

-¿Quedó tranquila con el acuerdo?

-Creo que nosotros fuimos capaces de mover un poco las ayudas, pero no todo lo que quisiéramos. Al gobierno le cuesta sacudirse de la lógica de la híper-focalización y de no ser capaz de entregar certezas a la familia. Eso da cuenta que es un gobierno que le cuesta escuchar. O sea, le cuesta escuchar voces que sean distintas a los grandes grupos económicos.

-¿Y qué pasa si, por ejemplo, las elecciones se vuelven a suspender porque la pandemia sigue así de activa?

-Bueno, ése fue el punto que le planteamos al gobierno. ¿Qué nos asegura que si postergamos esta fecha no vamos a tener una situación similar? Por eso empujamos cambios en la política sanitaria y en las ayudas. Eso da cuenta de que cuando tenemos un discurso de unidad, podemos tener buenos logros para nuestro país. Creo profundamente que a Chile le va mejor con la unidad de la centro-izquierda. 

“Al gobierno le cuesta sacudirse de la lógica de la híper-focalización y de no ser capaz de entregar certezas a la familia. Eso da cuenta que es un gobierno que le cuesta escuchar. O sea, le cuesta escuchar voces que sean distintas a los grandes grupos económicos”.

EL LEGADO

-Pone el estallido social como un punto central de lo que está pasando. ¿Piensa que podría reactivarse?

-Yo siento que vivimos en un estado permanente de estallido. No puedo desconocerlo. Cuando la gente de clase media está cayendo en vulnerabilidad y no somos capaces de llegar con ayuda. Cuando a esas familias no les damos certeza de que no van a perder sus viviendas o que no van a tener cortes de sus servicios básicos, bueno, estamos en un estado permanente de estallido. No verlo, es no estar entendiendo nada. No es casual que hayamos pasado de 3,5 millones de personas en el Registro Social de Hogares a 14 millones y medio de personas. No podemos seguir tratando de tapar el sol con un dedo. No me deja de sorprender cuando la gente dice: “No se condena con fuerza la violencia”. Yo al menos he condenado siempre la violencia. Para mí no es un camino para las transformaciones sociales y políticas. ¿Pero sabe qué?

-Dígame…

-Yo soy capaz de condenar la violencia que se da en la Araucanía, en Atacama o la violencia policial contra aquellos que se manifiestan pacíficamente. Soy capaz de reconocer y de condenar la violencia que se hace con las mujeres, con nuestros niños, con las familias más pobres. A veces aquí hay un discurso de condenar la violencia, pero la verdad es cuando las mujeres estamos condenadas a tener pensiones más bajas, simplemente por ser mujer. O cuando las mujeres tenemos que enfrentar dobles y triples cargas laborales simplemente por ser mujer, ahí todos miran para el lado. Y ésa es una forma muy violenta también.

Usted fue criticada por apoyar un proyecto de ley que concedía un indulto a los detenidos en el contexto del estallido. Se decía que ese proyecto avalaba la violencia… 

-Yo soy cristiana. Desde mi lógica humanista cristiana me siento muy bien de haber acompañado al senador Juan Ignacio Latorre en este proyecto de ley. La nuestra es una sociedad muy violenta. Además, aquí se ha colocado en el tapete la necesidad de hacer una conversación respecto a las reparaciones de las víctimas ocurridas durante este gobierno. Me imagino que no vamos a tener lecturas muy distintas en la condena que hará la Historia al gobierno del Presidente Piñera.

-¿Será tan claro? No pareciera haber una mirada común al respecto.

-No me cabe ninguna duda de que este gobierno va a ser severamente juzgado por la falta de acción para proteger a las víctimas de la violencia de las policías. Yo no me voy a olvidar nunca de la primera sesión de la Comisión de Derechos Humanos tras el estallido social. Se invitó a la unidad de derechos humanos del Colegio Médico y nos dijo: “Estamos frente a una pandemia de las víctimas oculares”. Por eso te digo: ése va a ser el juicio más severo que va a enfrentar el gobierno del Presidente Piñera con la Historia. Todo lo que hemos conocido de las violaciones, los desnudamientos a las mujeres en las cárceles, las torturas, cuerpos mutilados, es tremendo. 

-¿Cree que el gobierno no está consciente de eso o lo ha negado a propósito?

-Yo creo que este gobierno es bien rápido para presentar acciones judiciales en contra de los manifestantes y es bien pasivo para presentar acciones cuando se cometen violaciones a los derechos humanos por agentes del Estado. Por eso, insisto, las violaciones a los derechos humanos van a ser el juicio más duro que va a enfrentar el gobierno tanto aquí como en los tribunales internacionales.

“Yo no me voy a olvidar nunca de la primera sesión de la Comisión de Derechos Humanos tras el estallido social. Se invitó a la unidad de derechos humanos del Colegio Médico y nos dijo: “Estamos frente a una pandemia de las víctimas oculares”. Por eso te digo: ése va a ser el juicio más severo que va a enfrentar el gobierno del Presidente Piñera con la Historia”.

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