Yamila Reyna, actriz: “Aquí en Chile los hombres no tienen huevos”

Yamila Reyna, actriz: “Aquí en Chile los hombres no tienen huevos”

Protagoniza con el Mono Sánchez la historia romántica de la pandemia chilena. Aquí esta argentina chilenizada habla del amor, del arquero, de su papá, de su encuentro consigo misma, de un vibrador, de los chilenos hipócritas, de los chilenos ordenados, del presente y del futuro.

“Me gustaría tatuarme la palabra PLENITUD”, ha dicho la actriz Yamila Celeste Reyna, una cordobesa de contextura espigada, llamativa para el empequeñecido ojo chileno, 42 años, sagitario, propietaria de una casa progresista en Ñuñoa, librepensadora con carácter y dulce amante de un ídolo gigantesco. Y, de hecho, en este preciso momento, a través del Lenovo, le enfocamos una alegría natural, sin teatro, la risa de una mujer comprometida y que luce un metal amoroso en el anular: su majestad de Ñuñork, la Reyna con Y, está feliz. Por eso es lógico que, hoy por hoy, la acción que más lleva a cabo es la siguiente:

-¡Agradecer!- pronuncia con fuerza. Y especifica, creyente, que le da las gracias a Dios.

Y, a la vez, hoy por hoy, lo que más odia hacer es:

-Odiar…- pronuncia con un tono de iglesia, más benigno. 

Es una zen de 180 centímetros que protagoniza la gran historia de amor de la pandemia chilena. Es una romántica que pasó cuatro años en estado de soltería, abrumada, sexualmente compungida, convencida que envejecería a solas. Pero un día, hace poco, haciendo el virus a un lado, encontró al príncipe. Al príncipe le apodan el Mono y evita goles. Es un arquerazo con aptitud de líder. No es un príncipe azul, es un príncipe moreno. Se llama Diego Sánchez, es el arquero de Unión Española, es el Capi, como le susurra Yamila. Y entonces ella admite una obviedad:

-Me trata como a una reina- y esta vez no hay Y. 

El Mono, en resumen, es un corpulento de omóplato ancho y mandíbula cuadrada. Un galán sumamente amplificado que un día la elogió por Instagram. La Reyna demoró la respuesta. Y luego le dijo: Gracias. Y el Mono la sedujo con un chiste. La sedujo con una fotografía en que él lucía su inmensidad, el bíceps entrenado, el pectoral firme. Ella suspiró, revela. 

-Guau. Qué guapo- dijo.

Ella se figuró que Unión Española era un equipo de barrio. Ella se figuró, además, que entre ambos nacía un amor esporádico. Uno de esos breves amores eternos, una pasión en Fase 2. Se juntaron a comer. 

-¿Qué vio en él?- preguntamos

-Su sonrisa… me mató.

El Mono tiene sonrisa de spot.

-¿Qué más?

-Es un caballero.

El Mono es educado, incluso paternal.

-¿Qué más?

-Es como tener un amigo con ventaja en mi cama. Es divertido. 

El Mono tiene una tendencia a la talla creativa.

Se sacaron, esa tarde, una fotografía en mitad de una carcajada que pronto publicarían los diarios. Salieron del lugar lanzándose miradas eróticas. Entonces, como si sonaran los violines, la Reyna y el Mono se dieron un beso.

-¡Pero, pará, no fue un beso cualquiera!- aclara Yamila a gritos.

-¿Qué virtud tenía ese beso?

-Ha sido el beso más largo que he dado en mi vida.

-¿Cuánto duró?

-Treinta minutos.

Se sacaron, esa tarde, una fotografía en mitad de una carcajada que pronto publicarían los diarios. Salieron del lugar lanzándose miradas eróticas. Entonces, como si sonaran los violines, la Reyna y el Mono se dieron un beso.

-¿Qué?

-Lo juro. Nos dimos un beso que duró media hora.

-Eso es imposible- duda, aterrada, la prensa.

-¡De verdad! En la realización del beso íbamos primero por un lado, después pasábamos al otro, ninguno de los dos se cansaba y no parábamos.

Estaban de pie, apoyados en un auto, destemplados. Es el beso más largo del siglo 21. Luego, esa noche, alojaron calurosamente juntos. Yamila comenta:

-¡Y qué querés! ¡Si llevaba cuatro años soltera!

Los detalles están con neblina. Pero parece que la Reyna se lanzó sobre el Mono. Y el Mono respondió con ímpetu. Y, entre los besos Guiness, los pilló el amanecer y ella, al instante, notó una magia en etapa formativa. El amor. El Príncipe Morocho. Había allí una pareja.

-Lo paso tan bien con él…

-Se le nota.

-No sabés…

Durante su soltería Yamila revela que en ocasiones hizo el amor sin amor. “Eso es horrible”, sentencia. Durante su soltería, confiesa, se enamoró de Netflix, del silencio, de la pizza. Y durante su soltería, confiesa, intentó tener intimidad con un vibrador. 

-No me gustó nada.

Y cuenta:

-Me lo regaló una amiga. Y lo tuve cinco meses sin usar. Un día preparé todo y casi que tenía una cena arreglada: el vibrador y yo.

Durante su soltería Yamila revela que en ocasiones hizo el amor sin amor. “Eso es horrible”, sentencia. Durante su soltería, confiesa, se enamoró de Netflix, del silencio, de la pizza. Y durante su soltería, confiesa, intentó tener intimidad con un vibrador. 

-¿Usted sentía algo por el vibrador? 

-Muy poco.

-¿Era tan solo un objeto?

-Y, qué sé yo, me daba curiosidad.

-¿Qué ocurrió esa noche en que, digamos, invitó a cenar a su vibrador?

-Bueno, yo me arreglé. Cerré las cortinas para que nadie me viera abusando de ese aparato. Me acerqué a él, coquetamente. Yo ya estaba lista… y…

-…

-¡No tenía pilas el hijo de puta!

Ahora llegó Sánchez, el fiero, y el adminículo quedó apagado en un rincón. 

-¿Confirma que se van a casar?

-Sí, apenas él arregle sus cosas.

Lo que pasa es que el Mono, según la ley, tiene un matrimonio vigente. Tiene otros hijos, una casa en Maipú, aún hay mucha burocracia bajo el puente.

-…y yo quiero una fiesta- sueña Yamila.

-¿Qué imagina?

-Una fiesta grande, una celebración, que venga mi familia desde Argentina…- y se queda mirando el techo, ida, imaginándose atada al brazo muscularmente radiante del Capitán Rojo.

YAMILA CON YAMILA

Durante la pandemia, Yamila Reyna se encerró como todo el mundo y, entre cuatro paredes nuñoínas, con vista a la clase media ilustrada, encontró sorpresas. Durante el encierro, dice, se encontró de pronto a sí misma. Es decir, Yamila una tarde halló a Yamila, a quien no había visto detenidamente desde hace veinte años.

-¡Fue impresionante!

-¿Dónde encontró a Yamila?

-Y, aquí, en casa.

“Una fiesta grande, una celebración, que venga mi familia desde Argentina…” y se queda mirando el techo, ida, imaginándose atada al brazo muscularmente radiante del Capitán Rojo.

-¿Cómo fue encontrarse a sí misma?

-Yo no había parado de trabajar por tantos años. Entonces un día paré de trabajar y me vi.

Yamila se refiere a que vio su interior. Yamila afirma que cada mañana, al salir de la ducha, ella sí ve su exterior. “Y me critico”, aclara, “me hago puré”. Revela que es insegura, que la mortifica cualquier blandura, una curva desmedida, que sufre al voltearse. Pero apenas vio su interior quedó aún más impresionada.

-¿Qué vio, interiormente hablando?

-A una mujer que tiene cosas buenas y cosas malas. Descubrí, por ejemplo, que soy inestable. Que a veces me voy para arriba y otras me voy para abajo. Descubrí que tengo cambios sicológicos. Y que soy intolerante a muchas cosas. Y, bueno, tomé una decisión…

-¿Qué decidió?

-Nunca más correré detrás de los billetes.

Según parece, a Yamila se le ha adherido mayor profundidad. Ahora ha optado por correr detrás de un hombre que corre. 

-…y sí…- suspira. 

Llegó a los 25 años a Chile y, al poco tiempo, exhibió un muslo en televisión, en la serie “Infieles”. Mostró la espalda, el frontis, el escote, besó a varios, en una escena se montó sobre un actor con complejo de inferioridad. “No me avergüenzo de ningún trabajo”, recalca con fortaleza argentina. Luego vino el humor, los stand up comedy, las teleseries, un Palomo y este Diego. 

Yamila hoy es una mujer más mística.

-¿Qué sueña?- preguntamos, en línea esotérica.

-Yo siempre sueño con mi papá.

Su papá fue un cantante legendario de Argentina, conocido como Sebastián y apodado como el Monstruo. Un artista plagado de éxitos musicales que murió el 2017. Yamila fue la nena de papá. Yamila se le colgó al cuello en todas las fotografías. 

-¿Y sabés que mi viejo me dice las cosas que tengo que hacer?

-¿Le habla?

-En signos. Me da vaticinios.

Un día la tarotista Vanessa Daroch se juntó con Yamila y contactaron a Sebastián, su papá. Y, en medio de esa sesión, Vanessa, con una voz diferente, alterada, dijo:

-Tu papá dice que ya no le duele la espalda.

Era efectivo: al Monstruo le dolía la espalda antes de morir. Y luego Vanessa sufrió un estertor, se arregló el pelo, como solía hacer el Monstruo de la canción, pues el señor Reyna tenía mucho ego. Y dijo:

-Tu papá me dice que ya no tiene tanta panza.

Era efectivo: al Monstruo, antes de morir, a causa de una enfermedad, se le agrandó el estómago.

Entonces, como señala, Yamila Reyna todos los días conversa con su papá.

-Lo hago por las mañanas.

-¿Se le aparece?

-¡Claro!

A Yamila se le encienden los ojos.

-¿Cómo se aparece, qué forma toma?

-Se convierte en una mariposa.

-…

-¡Te prometo!

-Le creo. 

-¡Es una mariposa blanca que se aparece todos los días en mi casa! Vuela cerca de mí y luego se va. Es él.

-¿Usted tiene algún tipo de interacción sonora con la mariposa?

Yamila Reyna dice que ve a la mariposa y le dice dulcemente:

-Hola, papá.

Y así queda feliz.

“¡Es una mariposa blanca que se aparece todos los días en mi casa! Vuela cerca de mí y luego se va. Es él”.

-¿Hay algún gesto de, digamos, esta mariposa que podría suponer que su papá acepta al Mono?

-Y, es que… son tan parecidos…

-¿En qué se parecen?

-¡En todo! ¡En lo bueno y en lo malo! ¡Se parecen hasta en las uñas de los pies, en las manos, en el porte!

-¿Será el Mono el sustito de su padre?

-Ay, no sé, pero el Mono es súper paternal.

Y la Reyna ríe enamorada. Como si al fin, sin querer, pudo juntar a los grandes hombres de su vida en un solo ídolo.

CHILENOS TODOS

Tras diecisiete años en la nación, tras haber llorado más en Chile que en Argentina, tras la soledad, las portadas, los elogios, tras tolerar que le griten en la calle: “¡Buena, Infiela!”, tras la gloria y la bancarrota, preguntamos a Yamila:

-¿Qué es lo que más le incomoda de Chile?

-La idiosincrasia- dice secamente.

-¿Cómo?

-El chileno tiene dos caras. A mí eso me rompe las pelotas. El chileno es a medias. Doble standard. Hipócrita. Juzga a todos.

-…

-Si ponés una foto en bolas a tus 40 años, aquí en Chile te señalan de inmediato.

-¿Qué le dicen?

-Puta.

-En su momento, tras sus incursiones televisivas, ¿se le acercaron muchos hombres chilenos?

-Estamos en Chile, papi. Aquí los hombres no tienen huevos.

“El chileno tiene dos caras. A mí eso me rompe las pelotas. El chileno es a medias. Doble standard. Hipócrita. Juzga a todos”.

-¿Cómo es el hombre chileno en la cama?

-Flojo. 

-¿En qué sentido? 

-Siempre están cansados, prefieren dormir. El entusiasmo les dura tres o cuatro meses. 

-¿Qué virtud ve en los chilenos?

-El orden.

-Mencione, por favor, una virtud más deslumbrante…

-¡Pero el orden está muy bien! ¡Argentina es un quilombo!

-¿Cree que en el fondo de cada chileno hay un militar acurrucado?

-Totalmente. Pero son así y no tiene nada de malo.

-¿Cree, discúlpeme, que todo chileno es un poco facho?

-¡Seee! Y, qué sé yo, lo ves en una manifestación: el puño levantado, cara de Che Guevara, y al rato ves al tipo arriba de una camioneta impresionante o no aceptando un sueldo menor a tres palos. Son muy caretas. Esta es una sociedad arribista. 

Pero si miramos el otro lado del vaso, los chilenos, opina, son graciosos. Los chilenos, enfatiza, son más poéticos. Allá hay dos Mundiales de Fútbol, acá hay dos Mundiales de Poesía. Los chilenos, en una micro, dice, escuchan a José José. Los argentinos cumbia villera. Y, además, acá está la vivienda propia, el amor, el arquero del momento.

-Perdone, pero…

-Dale…

-¿Tendrán hijos?

Suelta aire, la cara le cambia.

-Él quiere, yo no tanto. Me había planteado la vida sin hijos.

Y dice: “Veremos lo que dicen los médicos”. Agrega, seria: “Yo no me haré ningún tratamiento”. Filosofa: “Para mí traer un hijo a este mundo es un tremendo acto de egoísmo”. 

Y piensa: “Yo soy tan libre”.

Sonríe.

Ya se verá.

De momento, ella vive con Ernesto, pero ama a su Mono. Ernesto es un perro salchicha con aspecto de gruñón y el Mono, ya sabemos, es un ser humano con aspecto de marido. Y en las mañanas la Reyna destina un tiempo para hablar con el sagrado Monstruo que tiene forma de mariposa. Y luego habla consigo misma porque Yamila Celeste ya se ha encontrado.

-Y ahora sé de fútbol- admite.

-¿Aprendió?

-Na. Por algo me llamo Celeste. Nací el año en que Argentina ganó el Mundial del 78- y Yamila Celeste, la patriota, se ríe.

-¿Y yo le puedo decir algo?

-Dime.

-Me tinca que van a tener un hijo…

Y su majestad de Ñuñork, la Reyna con Y, abre los ojos, estupefacta.

-¿Vos crees?- pregunta con un hilo de voz.

“Por algo me llamo Celeste. Nací el año en que Argentina ganó el Mundial del 78” y Yamila Celeste, la patriota, se ríe.

Y otra vez ríe. Como si ya se hubiese tatuado la palabra PLENITUD.

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