Adolfo Millabur: “Nuestro llamado es ‘mapuche vota por mapuche’”

En conversación con The Clinic, el ex alcalde de Tirúa y hoy candidato a constituyente repasa su vida y sus ideas. Y evalúa el peso que tendrán las próximas elecciones para el pueblo mapuche: “¿Cuántos van a ser el número de votantes? Porque eso es tener una fuerza política al día siguiente, si van a votar cincuenta mil por los escaños reservados, o cien mil, o quinientos mil o setecientos mil, o lo más cercanos al millón, va a tener una lectura política en cuanto a lo que significa establecer agenda con el movimiento mapuche en adelante”.

Don Adolfo Millabur sostiene que las próximas elecciones son un verdadero plebiscito para el movimiento mapuche que permitirá observar cuánta es la fuerza con la que cuentan los pueblos indígenas. De ahí su grito de campaña: “Con el newen de la gente: Millabur Constituyente”, con el cual espera ser uno de los electos de los siete escaños reservados que redactaran una nueva Constitución. 

Él es uno de los políticos más experimentados del movimiento autonomista mapuche. Ha sido dirigente estudiantil, concejal y luego alcalde (en Tirúa), cargo que mantuvo hasta optar a ser parte del proceso constituyente.  Toda esa experiencia unida al movimiento extra-institucional lo ha usado para crear una fuerza política mapuche autónoma. 

Miembro de la Identidad Territorial Lafkenche (ITL), ante la crisis del Estado que aceleró un proceso constituyente, Millabur desarrolló junto a la organización en la que milita una propuesta para el país: una República Plurinacional e Intercultural que permita encausar las aspiraciones de lo que denomina las Primeras Naciones. 

Gente del Mar

Adolfo Millabur tiene imágenes difusas con relación a su madre: tenía nueve años cuando falleció. Sus recuerdos lo trasladan a rememorar su hablar en mapuzungun y su vestir con ikülla y küpam. Hablamos de Marta Delicias Ñancul Maril, oriunda de Huallapen, sector situado a orillas del lago Llev-Llev en Rucañanco. 

Una parte de los mapuche que viven en esas tierras, rodeados hoy de plantaciones forestales, migraron en la medida que el Ejército de Chile penetró junto a las Guardias Civiles (colonos), como parte de las campañas de ocupación militar con el título de División Expedicionaria de La Araucanía, luego de fundarse la Provincia de Arauco en 1852.  Fue una de las maneras de sobrevivir a la guerra: el desplazamiento a lugares de difícil acceso, aislados, donde comenzaron a re-articularse como pueblo.

Adolfo Millabur tiene imágenes difusas con relación a su madre: tenía nueve años cuando falleció. Sus recuerdos lo trasladan a rememorar su hablar en mapuzungun y su vestir con ikülla y küpam. Hablamos de Marta Delicias Ñancul Maril, oriunda de Huallapen, sector situado a orillas del lago Llev-Llev en Rucañanco.

Otros resistieron a la Ocupación. De hecho, don Adolfo vive en el sector El Malo en Tirúa, una derivación de Malon, que hace alusión a la resistencia que desplegaron los mapuche en ese contexto tan determinante en la historia de nuestro pueblo. Tal vez la madre proviene de una familia “sin tierra” y el padre sea tributario de una práctica que perduró en los mapuche a lo largo del siglo XX y que el antropólogo Milan Stuchlik, en la década del 60, denominara “la vida en Mediería”: colaborar en el trabajo agrícola “a medias” con otros para obtener mutuamente los beneficios.

En las tierras del candidato Adolfo Millabur, el Ejército de Chile estrenó una innovación militar que luego aplicaría en la Guerra del Pacífico: un nuevo tipo de infantería y uso de incipientes granadas que diezmaron la resistencia mapuche. Inclusive, en la costa la resistencia mapuche debió afrontar los disparos de vapores como el Maipú, que los mapuche llamaron “pitrun”, es decir, “humo”. 

La historia de don Juan Francisco Millabur Carilao no difiere de las historias mapuche del siglo XX. Las tierras de su comunidad se hicieron escasas y como dice en un extracto de Recado Confidencial del poeta Elicura Chihuailaf: “las familias crecen y las tierras ahogan”. En los recuerdos del candidato a escaños reservados con el número 118, su padre era dirigente comunitario que vio en la Reforma Agraria una posibilidad recuperar tierras que hacia la década de los 60 eran mas bien escasas a raíz de compras fraudulentas por agricultores llegados a la zona en los primeros años del siglo XX. Por eso don Adolfo recuerda a su padre como “una mezcla de mapuche y dirigente comunitario”. 

La niñez de Millabur, bajo el contexto de las Reforma Agraria de los gobiernos de Frei y Allende, forjaron una primera conciencia política al observar cómo se desarrollaban los trabajos cooperativos, las discusiones y las formas de organización para hacer uso de las tierras recuperadas. 

Las cosas cambiaron con la dictadura militar y comienza una política de Seguridad Interior del Estado que determinó la perdida de las tierras recuperadas bajo la reforma agraria y una reforma a nivel educativo. Esto último en la memoria de Millabur tuvo una especie de disciplinamiento: “Recuerdo al profesor que nos hacía las clases, que era muy bien formalmente vestido, con corbata, con zapatos limpiecitos y bien lustrados, con vestón, cuando el colegio tenía piso de tierra. Nos hacían lavar los pies a cada rato y cada vez que entrabamos a clases”. 

Con un profesor obsesivo por la limpieza “y una fijación con los pies” que lo hace reír al recordar ese momento, describe cómo la educación comenzó a ser una prioridad por parte de la dictadura militar con la fundación de nuevas escuelas. El único espacio de “interacción con los chilenos ya que la vida mapuche era bien cerrada” dice, rememorando una ausencia del Estado en las tierras mapuche. En su reflexión, las carreteras, el sistema de redes eléctricas y agua potable es algo reciente. Esa ausencia de Estado son una de las variables explicativas que dieron surgimiento a un movimiento radical en el escenario mapuche desde 1997, cuando son incendiados los primeros camiones en la zona de Lumaco.

“Recuerdo al profesor que nos hacía las clases, que era muy bien formalmente vestido, con corbata, con zapatos limpiecitos y bien lustrados, con vestón, cuando el colegio tenía piso de tierra. Nos hacían lavar los pies a cada rato y cada vez que entrabamos a clases”. 

Otro hecho que destaca para esos años es la ausencia de una conciencia ideológica  mapuche. A principios de los 90, con otro número de mapuche, deciden fundar el hogar de estudiantes Pegun Dugun (Nuevos Brotes de Conocimientos) en Concepción. Estudiar y colaborar en la reconstrucción del pueblo mapuche va surgiendo como horizonte en un contexto latinoamericano de reemergencia indígena ante el Quinto Centenario. Según Millabur, resignificar a los personajes de la historia de la Guerra de Arauco como Leftrarü, Pelantarü o Lientur era parte del camino a fortalecerse políticamente. 

En esa búsqueda, primero se autodenominaban como “araucanos sin darme cuenta de que eso era incorrecto”. Entre risas rememora ese momento: “muchas veces tal vez grité araucano”. El giro identitario comenzó en la medida que van creciendo como organización y viajan a las tierras wenteche en los alrededores de Temuco. En los encuentros en las comunidades de los alrededores de la capital de La Araucanía, los abuelos y abuelas mapuche los trataban como “Lafkenche”. Lo mismo sucedió en Alto Bío Bío cuando se inicia la oposición a la construcción de Ralco, los llamaban por su identidad territorial: Gente del Mar. 

“Dimos esa discusión en el Pegun Dugun” recuerda y tomaron la decisión de consultarles a los más antiguos y antiguas de las comunidades. “Así preguntando en las casas, en el trabajo en el campo y en el mercado” fueron reconstituyendo como identidad política al interior de pueblo mapuche. En medio de ese contexto, deciden usar las elecciones para promover el quehacer político mapuche y Millabur sale electo concejal. Una apuesta política que luego lo llevaría a atreverse a postular a la alcaldía, en 1996. Esto último lo transformó en uno de los referentes del movimiento mapuche y a la organización en la que milita, la Identidad Territorial Lafkenche, conocida a nivel internacional. También los forzó a pensar en cómo elaborar “políticas públicas para mejorar las condiciones de nuestro pueblo”.

Desde los cimientos

“Éramos como una especie de soñadores” enfatiza el ex alcalde de Tirúa. Usar la coyuntura electoral para cuestionar el sistema, poner en evidencia la discriminación, politizar a nuestro pueblo considerando nuestras propias formas de organización e ideas políticas. En paralelo, el Pegun Dugun promovió las recuperaciones de tierras y caminatas hacia la ciudad de Concepción para relevar los asuntos políticos en la agenda del gobierno. Movilizaciones civiles que la Identidad Territorial Lafkenche volverá a desarrollar en 1999, con pancartas que decían: “fuera ENDESA”.

La Identidad Territorial Lafkenche expresa una visión al interior del movimiento mapuche, que en palabras de Millabur cruzó de un intento tal vez inocente de la juventud a nuevas formas de lucha que “es por la vía política, la vía electoral, acumular fuerzas, que se complementan con la lucha de las movilizaciones sociales”. En su reflexión política dice: “que el pueblo mapuche use pequeños espacios institucionales, que puedan colaborar en la reivindicación del territorio mapuche, contribuye a la reconstrucción del Wallmapu”.

Como organización reconocen que la oposición a la Ley de Pesca fue importante en su desarrollo político, lo que los llevó a revisar experiencias costeras de protección y fomento de la identidad en torno a las derechos marítimos. En el 2002 hicieron una convocatoria internacional en Tirúa para debatir sobre experiencias hermanas, luego encuentros a lo largo del borde costero lafkenche entre Tirúa a Chiloé. De esa experiencia surge una propuesta para debatir con el gobierno de ese entonces, encabezado por Ricardo Lagos, quien no llega a la visita en que se le entregaría una propuesta de Ley para el uso y preservación del borde costero.

La Identidad Territorial Lafkenche expresa una visión al interior del movimiento mapuche, que en palabras de Millabur cruzó de un intento tal vez inocente de la juventud a nuevas formas de lucha que “es por la vía política, la vía electoral, acumular fuerzas, que se complementan con la lucha de las movilizaciones sociales”

En el año 2006, la ITL plantea ante el surgimiento del movimiento secundario la necesidad de establecer una nueva Constitución. Tres años después, en San Juan de la Costa, una Asamblea Constituyente; y en el año 2012 “construir poder constituyente para una nueva Constitución teniendo en consideración como horizonte el Introfil Mongen para lograr el Küme Mongen”. 

Un año después sostienen la Plurinacionalidad e Interculturalidad; y en el año 2014 el derecho colectivo para redactar una nueva Constitución. Con la protección del Borde Costero lograron la promulgación de la Ley Lafkenche hasta que la explosión social del 18 de octubre del 2019 los hizo dilucidar el contexto a favor de los cambios políticos y proponer un país Plurinacional e Intercultural como resultado de una nueva Constitución.

A todo esto se suma su experiencia como alcalde. Esto último lo llevo a conocer experiencias internacionales, las que usaron la democracia como vía política, reformaron las instituciones excluyentes de los Estados nacionales en relación a lo que denomina como “Primeras Naciones”. Así fue como se aproximó a la CONAIE del Ecuador, el MAS de Bolivia, organizaciones indígenas del Perú y Centroamérica. También experiencias de Autonomía en Europa e inclusive la tan citada Maorí en Nueva Zelanda.

Algunas formulas las han adaptado a la situación mapuche: los derechos de la naturaleza, políticas de gestión autonómica, los derechos sobre el borde costero, formación y diálogo constante con la ciudadanía. Según Millabur, de llegar a constituyente, trabajará en “la creación de políticas interculturales” que sobrepasen lo que califica “como interculturalidad funcional” –en alusión a lo que hoy vive el pueblo mapuche– por “una emancipadora”. Reconoce las dificultades que han vivido los gobiernos Plurinacionales en Ecuador y Bolivia, pero esas mismas problemáticas lo hacen ser optimista: “Nosotros creemos que son los dos temas que hay que discutir para la nueva Constitución -dice, mientras camina en su comunidad-; para establecer relaciones de interculturalidad se debe redistribuir la discusión del poder, y lo plurinacional que identifique a un colectivo como nación”.

Según Millabur, de llegar a constituyente, trabajará en “la creación de políticas interculturales” que sobrepasen lo que califica “como interculturalidad funcional” –en alusión a lo que hoy vive el pueblo mapuche– por “una emancipadora”.

Luego sigue reflexionando con ese “newen de la gente” como dice su slogan de campaña: “Se debe avanzar en la elaboración de nuevos conceptos propiamente mapuche para fortalecer el proceso político. Zafarnos del relato andino del Küme Mongen, porque nosotros ya discutimos de que no es la aspiración de nosotros principal, porque el Küme Mongen va a llegar por sí solo si logramos ejercer el Introfil Mongeñ. Esto último garantiza la vida de todos, y si garantizamos y respetamos la vida de todos, el Küme Mongen va a venir por una cuestión de resultado, de acuerdo con las reglas de convivencia”. Para lograrlo, “como pueblo -dice- debemos construir las cosas desde los cimientos”.

Dice estar consciente que siete escaños para cuarenta candidatos es muy poco. Por eso en un reciente encuentro en Mariluan, ubicado en Victoria, los y las candidatas a constituyentes se comprometieron a seguir trabajando colectivamente con los treinta y tres que no salgan electos. “Asumir este trabajo de tomar en cuenta la voz, la opinión y el newen de esos dirigentes y dirigentas que van a quedar afuera que serán treinta y tres. Lo segundo, hacer un llamado a que esos treinta y tres no se vayan, porque en la política wingka el que perdió nunca más vuelve ni siquiera a dar la palabra. Nosotros acordamos seguir como colectivo, porque si uno va a este desafío es porque quiere representar al pueblo mapuche y tiene ideas colectivas, entonces esa fuerza debiese seguir interactuando con los electos”. 

Un segundo compromiso fue desplegar e instar a que “mapuche vote por mapuche” para las elecciones, que adquieren casi una analogía de plebiscito de correlación de fuerza y adhesión para el movimiento mapuche. “¿Cuántos van a ser el número de votantes? Porque eso es tener una fuerza política al día siguiente, si van a votar cincuenta mil por los escaños reservados, o cien mil, o quinientos mil o setecientos mil, o lo más cercanos al millón, va a tener una lectura política en cuanto a lo que significa establecer agenda con el movimiento mapuche en adelante”. 

Dice estar consciente que siete escaños para cuarenta candidatos es muy poco. Por eso en un reciente encuentro en Mariluan, ubicado en Victoria, los y las candidatas a constituyentes se comprometieron a seguir trabajando colectivamente con los treinta y tres que no salgan electos

Estas elecciones son por ello muy importantes. Es una “encuesta política al día siguiente”, dice. Por eso el llamado que hicieron a los representantes a escaños reservados de sufragar a favor de los mapuche y que luego, “esos siete electos, convoquen a una reunión a la semana subsiguiente, en algún punto del territorio mapuche, para elaborar esa agenda en común: la idea es hacer un acto de unidad”.

*Fernando Pairican es Doctor en Historia, posdoctorante del Centro de Estudios Interculturales Indígenas (CIIR) y Académico de la Universidad de Santiago.

Comentarios