Foto: Gentileza Francisco Westermeier

Francisco Westermeier, científico: “La fatiga crónica puede también ser gatillada por virus, uno de ellos el SARS-COV-2”

Es bioquímico y académico de la U. de Ciencias Aplicadas FH Joanneum en Graz, Austria. Desde hace tres años se dedica a estudiar el síndrome de fatiga crónica. Recién publicó un artículo en la revista Scientific Reports, de la prestigiosa editorial Nature, donde expone la importancia de estudiar este síndrome, fuertemente asociado a las infecciones virales, incluyendo el virus causante del COVID-19: el temido SARS-COV-2.

Estudió Bioquímica en la Universidad Austral, en Valdivia, para luego especializarse en Fisiología en la Universidad Católica, donde obtuvo un magíster y un doctorado. Luego de realizar un post-doctorado en la Universidad de Chile, se radicó en Graz, Austria, ciudad en que hoy vive junto a su familia. Allí es profesor e investigador de la U. de Ciencias Aplicadas FH Joanneum.

En el inicio de su carrera, Francisco Westermeier se interesó en estudiar las consecuencias cardiovasculares de la diabetes y la obesidad; y ahora investiga las del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), una enfermedad multisistémica compleja y debilitante, que consiste en un agotamiento persistente, deterioro cognitivo y dolor crónico que puede empeorar con el tiempo. 

Dificultades para concentrarse, problemas de memoria, mareos, incapacidad de mantenerse en pie o incluso hablar son algunos de los síntomas que enfrentan los pacientes que presentan esta enfermedad, también conocida como Encefalomielitis Miálgica. Según Westermeier, elemento clave es que los pacientes diagnosticados presentan fatiga por más de 6 meses. Para conocer mejor lo que padece un paciente con fatiga crónica, recomienda el documental Unrest, de Netflix, sobre la historia de una estudiante que comenzó a padecer las consecuencias de este síndrome, dejándola postrada en cama.

Crédito: Gentileza Francisco Westermeier

Decidió comenzar a investigar el tema hace tres años atrás, con el fin de descubrir nuevas piezas del complejo rompecabezas de esta enfermedad, que afecta al menos a 25 mil personas en Austria y entre 65 y 78 millones de personas en el mundo, según la Dra. Maureen Hanson, experta en alteraciones metabólicas en fatiga crónica. “Cuando me propusieron estudiar esto, me di cuenta de que no había nada, cero investigación en Austria. Vi en esa falta de evidencia una súper buena oportunidad para hacer algo desafiante conectando lo que había aprendido antes en otras patologías”, dice Westermeier.

En mayo de este año, la revista Scientific Reports de la editorial científica Nature publicó un estudio liderado por él sobre el potecial impacto vascular de la fatiga crónica, que es la primera investigación centrada en esta enfermedad en Austria. Según explica el bioquímico, los hallazgos de este estudio sentaron las bases de su nuevo proyecto que plantea la necesidad de tomar en cuenta el papel de las infecciones virales en el desarrollo de esta enfermedad y de reforzar la necesidad aumentar el financiamiento para estudiarla más en profundidad.

¿Cómo se caracteriza la fatiga crónica?

-Este síndrome es una extrema fatiga que no se alivia con descanso, ese es un punto muy importante. Además, los pacientes que cursan con esta enfermedad no pueden realizar ningún tipo de actividad física ni tampoco esfuerzo mental. Por mi área de investigación, he tenido la oportunidad de estar en contacto con varios de ellos y, en algunos casos, no pueden mantener una conversación como la que estamos teniendo nosotros, necesitan parar, porque les genera mucho cansancio mental. Esa es la gran diferencia de la fatiga cotidiana o el concepto que tenemos del cansancio. Estos pacientes también sufren mucho estigma.

¿Por qué?

-Porque lo primero que uno escucha o lo que piensa cuando escucha fatiga es que esta persona está cansada solamente y no es así. Hay un tema social terrible relacionado a que lo que sufren estas personas es mero cansancio o flojera. Eso se asocia también con que estas personas no tienen el apoyo de los sistemas de salud, porque esta condición no es tan conocida. 

¿Cuáles son sus causas?

-La causa exacta no es está clara hoy, lo que sin duda es un problema. Sin embargo, hay sólida evidencia que asocia este síndrome con alteraciones a nivel metabólico con fuerte impacto a nivel del sistema inmune y nervioso autónomo. Cuando no conoces la causa, es difícil estratificar a estos pacientes, porque es un grupo super heterogéneo. Eso sí, muchos de estos pacientes presentan una infección viral previa como el inicio o el causante de la enfermedad. Entonces, este síndrome puede ser gatillado también por distintos virus, uno de ellos el SARS-COV-2.

¿Cómo se trata esta enfermedad? ¿Tiene cura?

-Lamentablemente, hoy el tratamiento está solo enfocado en remediar los síntomas. Esta es una enfermedad multisistémica, lo que implica que el tratamiento depende de cada paciente y sus síntomas. Por ejemplo, si en algunos pacientes se asocia mucho al dolor, es darle medicamentos para sobrellevarlo. Hablar de cura, lamentablemente hoy es súper difícil. Mi sensación es que quizás, con todo lo que está pasando con el COVID-19, probablemente va a llegar a un punto de fusión entre estas condiciones y la cantidad de evidencia que se va a generar en los próximos años va a llevar a que luego se trabaje en el tratamiento, pero hoy no hay absolutamente nada. 

“Eso sí, hay cierta evidencia que necesita confirmarse respecto a que, como se conoce en este caso que el long COVID es causado por el SARS-COV-2, virus que genera el COVID-19, hay pacientes que han reportado una mejoría en sus síntomas luego de recibir la vacuna. Si eso yo lo pienso en retrospectiva con los pacientes de fatiga crónica infectados por otros virus, habría que identificar en ellos cuál fue el virus gatillante y ahí intentar buscar alternativas de tratamiento. El problema es que son muchos virus, incluso enterobacterias también. Hay que tener súper claro que la fatiga crónica involucra una serie de gatillantes, entonces encontrar una cura va enfocada en determinar primero cuál fue la causa del problema. 

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Foto referencial. Crédito: Unsplash

¿Qué relación tiene este síndrome con el COVID-19?

-La conexión de ésta con el long COVID, que es lo que se conoce como las secuelas que puede generar la infección con este virus, es que ambas condiciones están súper relacionadas por los síntomas de debilitamiento y fatiga. Ambos grupos de pacientes desarrollan síntomas muy parecidos y lo más probable es que aquí viene un problema súper grande respecto a cómo vamos a manejar una gran cantidad de personas que no van a poder trabajar, que no van a estar en condiciones de hacerlo y van a estar postrados. 

“Uno de cada cuatro pacientes de fatiga crónica no es capaz de levantarse de la cama. Es decir, están asistidos 24 horas al día por sus familias y no están cubiertos por los sistemas de salud, porque al ser una enfermedad poco conocida, suele quedar fuera de la cobertura y no sólo en Chile, sino que también en Austria y otros lugares de Europa. Es tremendo, porque estas personas es como que desaparecieron del mundo. Muchos de ellos están postrados en cama sin poder moverse, ni pararse de su cama ni poder ir a un médico o hacerse exámenes de sangre”.

¿Cómo puede afectar a la fuerza de trabajo?

-Es un tema, porque es un hecho que las mujeres lamentablemente están más propensas a desarrollar este tipo de síndromes de fatiga post-infección viral. Como hoy no están cubiertos, hay un vacío enorme. Creo que el punto de partida es poner este tema sobre la mesa, porque es un tema súper complejo y delicado que debe ser tratado y que nos va a pegar fuerte en todo el mundo. Es gente que no se puede levantar ni tiene la posibilidad de trabajar y hay que buscar la forma de informar sobre esta condición.

¿Qué panorama enfrentan hoy estos pacientes que presentan secuelas post-infecciones virales en cuanto a su rehabilitación?

-En cuanto a la rehabilitación, como es multisistémico, va a depender de los síntomas del paciente, porque en algunos casos son gente que no se puede levantar de la cama. En otros casos más moderados, la gente puede hacer algún tipo de actividad en su casa, pero pasan ciertos periodos en los que tienen que volver a la cama de nuevo y no se pueden levantar. He escuchado a muchos de ellos durante este tiempo de pandemia que nos comentan que mucho de este encierro que hoy vivimos todos durante esta pandemia, ellos lo llevan experimentando 10 ó 20 años. 

“Para ellos, estar en una pieza o una casa sin poder moverse, sin poder salir es algo que han vivido un montón de tiempo entonces esto de alguna manera ha ayudado a visibilizar a muchos de estos pacientes que han sido negligenciados por años por una enfermedad que, lamentablemente, el nombre no le ayuda mucho, porque si hablas de fatiga lo primero que te dicen es ‘descansa, duerme, sólo es cansancio’. Pero va mucho más allá de eso”.

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Foto referencial. Crédito: Freepik

¿Crees que el tema de los secuelados post-covid va a conformar un problema sanitario a futuro?

-Sin duda. Los datos que nosotros teníamos sólo en Austria, un país pequeño que tiene casi 9 millones de habitantes, según algunos datos que manejamos concluimos que alrededor de 25 mil personas estaban afectadas con fatiga crónica antes de la pandemia. Es una alta proporción de la población. Ahora, con este virus dando vuelta, es lamentable el tema porque la cantidad de personas que hoy están desarrollando este síndrome o secuelas post-infección viral asociadas a fatiga va a ser altísimo. Nos vamos a enfrentar a un problema grande y la pregunta es: ¿están los sistemas de salud preparados para manejar esta cantidad de pacientes hoy? Va a depender de cada sistema de salud en particular.

¿Y cómo es la situación de las personas secueladas por Covid-19 allá en Austria? 

-Acá, en Austria y en Europa en general uno podría pensar que es otro sistema muy diferente y sí, en muchas cosas lo es, pero en este caso en particular no. Probablemente ahora las cosas comiencen a cambiar un poco, pero hay un vacío enorme aquí también. Es un panorama complejo, porque sin duda que hay formas de paliar de alguna manera los síntomas, pero el gran problema es que no esté reconocida ni cubierta por los sistemas de salud. No es como la diabetes y el cáncer, donde puedes acceder a un seguro o un plan. Son secuelas, síntomas post-infecciones viral, pero aún no posee una entidad clara.

“Por ahora, hay agrupaciones de pacientes que lideran una iniciativa en el parlamento europeo para que esta enfermedad sea cubierta por los sistemas de salud. Estas agrupaciones de pacientes son súper fuertes acá en Europa. Son personas que se conectan por internet y dicen ‘mira, mis síntomas son parecidos, yo tengo lo mismo’ y comienzan a generar estos grupos. A través de ellos, empiezan a conectar investigación y a enfocar políticas que los puedan beneficiar”

¿Qué medidas crees que se podrían tomar al respecto? 

-Creo que tenemos que ver la manera de asistir a esos pacientes que hoy están postrados y estar mejor preparados para eso en cuanto a la atención médica domiciliaria asociado también a la toma de exámenes y muestras. También la asociación de pacientes es importante. Sería bueno considerarlo como una vía para conseguir mejoras en paralelo a las vías burocráticas clásicas, a través del Estado. Acá es increíble su organización, uno publica un trabajo y ellos están rápidamente leyendo los papers y te llegan correos haciendo preguntas super atingentes.

“Eso también me ha ayudado mucho a replantearme tanto personal como profesionalmente la forma de hacer investigación que creo, sin duda, debe incorporar al paciente como un elemento central. Ellos están ávidos de leer información y agradecidos también porque en el fondo uno está trabajando en algo que no es tan conocido hasta ahora. Pero con todo este tema de la pandemia, vino a tomar fuerza este síndrome que por años ha estado súper negligenciado”.

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