Columna de Beatriz Sotomayor, Lucas Blaset e Isadora Reynolds: El papel de la franqueza en el poliamor

El poliamor requiere de un contrato honesto, no de honestidad sin empatía.

El poliamor es un tipo de no-monogamia ética que exige franqueza entre sus participantes, no solo por que es su base ética, sino también porque que es pragmáticamente esencial para que este tipo de relaciones funcionen. La franqueza es un requisito a priori, no una discusión a posteriori.

Como sustento ético la franqueza se relaciona al concepto foucaultiano de Parresía, término griego que significa “decir todo”. Fue Michel Foucault quien puso en el escenario intelectual el concepto de parresía, como nexo entre la ética y la política, o, en otros términos, entre el cuidado de sí y el cuidado de los otros. Este concepto también puede tomar un significativo peyorativo, del parresiastés, aquel que no calla y, en su impertinencia, no distingue “entre lo que se piensa y lo que se puede decir”. El poliamor requiere de un contrato honesto, no de honestidad sin empatía.

El papel de la Parresía en el Poliamor

En las relaciones humanas, incluso las más banales, la posibilidad de un malentendido está siempre presente. Pero en el Poliamor aumenta exponencialmente por varias razones.

La primera, dado que hemos nacido en la mononorma, nuestros prejuicios son anti-poliamor. Por defecto, para desaprenderlos, incluso entre quienes llevan tiempo viviendo poliamorosamente, es necesario comunicar nuestros sentimientos, perspectivas y opiniones. También tener apertura y madurez sentimental para escuchar la de los otros y otras, es decir, involucrarse en conversaciones profundas, de esas en que las neuronas quedan acalambradas del esfuerzo de honestidad emocional.

Segunda razón, no se puede simplemente “suponer” en el poliamor que las involucrados en la relación vayan a reaccionar a lo que hagamos de la manera que esperamos, o que vayan a actuar de la misma forma que nosotros actuaríamos. Conflicto que, no está de más decir, se da también dentro de la mononorma.

Dado que hemos nacido en la mononorma, nuestros prejuicios son anti-poliamor. Por defecto, para desaprenderlos, incluso entre quienes llevan tiempo viviendo poliamorosamente, es necesario comunicar nuestros sentimientos, perspectivas y opiniones.

En el Poliamor es fundamental el “contrato poliamoroso”, donde se discute abiertamente las expectativas de los participantes dentro de una relación, que es lo que quieren y que no, cuáles son los límites, dejando a la vez, espacios de libertad de acción. En este proceso se negocian y establecen acuerdos, los que se pueden ir revisando en el camino. La flexibilidad también es un valor deseable, más bien imperativo, en el poliamor.

En cambio, la monogamia tradicional establece binarios simplistas, que dejan claro lo que le toca a cada cual, mutilando las posibilidades de desarrollo de ambas partes. Aquí entra el imaginario de la media naranja, el azul contra el rosado, la razón vs los sentimientos, la fuerza vs la debilidad, y así con todo lo observable, es catalogable en binarios en contradicción.

Estamos hablando de los tan conocidos roles de género, o sea el conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construyen en cada cultura y momento histórico.

Entonces, en una relación monógama tradicional, se pueden actuar los roles binarios de género, más o menos en automático. Sin embargo, esa opción no es posible en el poliamor, porque por definición hay por lo menos una tercera persona involucrada. Las medias naranjas complementarias revestidas de azul y rosado simplemente no existen en esta dinámica. Entonces, lo que usualmente no se dice, porque se supone que es obvio dentro de la monogamia, en el poliamor se tiene que hablar, en detalle, y con mucha franqueza.

La monogamia tradicional establece binarios simplistas, que dejan claro lo que le toca a cada cual, mutilando las posibilidades de desarrollo de ambas partes.

La tercera razón es de autocuidado. La honestidad y la comunicación permiten un mayor autoconocimiento de todos los involucrados, por lo que los puntos ciegos de las y los vínculos disminuyen.

La cuarta razón, es que el poliamor es una ética contemporánea no-monógama, hija de tiempos modernos que valoran la construcción de uno mismo como individuo, la creación y el relato de la propia historia e identidad individual, y desde ahí crear vínculos con otros.

No hay medias naranjas, porque cada uno es una fruta completa, que se puede suplementar a otras frutas, frutas de diversos colores.

La quinta razón es que no se puede “tocar de oído”. Cada experiencia siempre es nueva, y, por lo tanto, la respuesta no es siempre igual. Pongamos el ejemplo clásico: una pareja tradicional decide abrirse a incluir sucesivamente a otros, otras, otrxs u otres en la relación. Pues bien, la respuesta de la pareja original ante la misma situación va a ser distinta dependiendo de quiénes se vayan involucrando a la relación primaria y eso se debe conversar antes, durante y después entre todos quienes participan, para procesarlo de manera satisfactoria y evitar los posibles dramas, conductas destructivas y sufrimientos innecesarios.

Si llevamos el concepto de la parresía al plano social, podemos hablar de libre expresión.

El poliamor es una ética contemporánea no-monógama, hija de tiempos modernos que valoran la construcción de uno mismo como individuo, la creación y el relato de la propia historia e identidad individual, y desde ahí crear vínculos con otros.

En general, el libre flujo de información nos da mayor autonomía a la hora de tomar decisiones, lo cual expande los límites de lo posible, tanto en nuestras vidas privadas, como las de ciudadanos en una democracia realmente transparente y como actores innovadores dentro de una sociedad libre.

*Beatriz Sotomayor es Psicóloga de la Universidad Católica; Lucas Blaset es analista político e Isadora Reynolds es PhD(c) en Lingüística UniMelb.

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