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Paciencia, humor y tener intereses independientes: ¿Cómo hacemos para que dure el amor en tiempos de inmediatez?

En tiempos de gratificaciones inmediatas y lo fugaz, algunas parejas insisten en el largo plazo. ¿Cómo sobreviven? No hay fórmula mágica, pero sí respuestas que se repiten, al consultarlas: paciencia, humor, respeto por el espacio propio. Los terapeutas añaden algo más: el hacerse el tiempo obligatorio de estar juntos y solos.

Por 12 de Julio de 2025
Amor duradero
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Clarita y Carlos

Clarita Pizarro (70) y Carlos Palma (74) se conocieron cuando eran solo niños, a los seis o siete años de ella, a los diez de él, en la ciudad donde nacieron y han vivido toda la vida, excepto cuando salieron a estudiar. “Somos de familias antiguas de Chañaral, lo conocí porque era compañero de mi hermano mayor”, recuerda Clarita, y se ríe: “Dije, yo con este me voy a casar”. Pasó el tiempo y este le dio la razón: cuando era una adolescente se pusieron a pololear. A los 18 años de Clarita, nació el amor, se casaron y tuvieron a su primer hijo, convirtiendo la fecha en una de valor familiar: “Es el mismo día San Carlos, nuestro aniversario y el cumpleaños”.

Han pasado ya unas cinco décadas y toda la vida que viene con ellos: tres hijos, cuatro nietos. Carreras: la de él, comenzando en un banco, concejal, hasta ser Gobernador de la localidad. Ella partiendo como paramédico, TENS, arsenalera quirúrgica. Hoy tienen una librería en Chañaral. Y, claro, siguen juntos.

Ella dice que la casa siempre ha sido de los dos: que se compartían las labores desde el lavado de platos hasta turnarse las mudadas de pañales, cuando habían. “Fue en armonía. Ahora pienso cómo lo hicimos, cómo alcanzábamos a hacer todo”, dice y se vuelve a reír, recordando los años de crianza.

Pero estar juntos toda la vida no es obligación, es decisión, explica Pizarro. “Lamentablemente antes, en tiempos míos o de mi mamá, te casabas para toda la vida, cosa que nunca compartí. Yo entiendo a los niños, son capaces de decir en este lugar no hay amor y pueden ser amigos y compartir hijos. Es más honesto, a mí me encanta la juventud”.

La vida ahora es otra, en otra etapa. ¿Significa eso volver a reencontrarse, tras décadas de vorágine, como otras personas? Clarita contesta: “Es muy bonito volver a estar solos, tener conversaciones. Por mil razones en la vida vas olvidándote de ir una noche a mirar las estrellas, tomar un trago mirando el mar. Nos hemos reencontrado. Los dos somos un poco escritores, un poco poetas, cantamos, Carlos toca guitarra. Hemos vuelto a los primeros tiempos juntos”.

En tiempos de inmediatez, de terapias de parejas, de idas y vueltas, pensar en pasar décadas con una pareja se ve como un trabajo titánico. Al consultar a quienes que lo han hecho, muchos dicen que no hay receta, que no sabrían dar clases, que es difícil, que nadie tiene la vida perfecta. Pero se logra: diez, veinte años juntos, o, como Clarita y Carlos, cinco décadas. ¿Cómo se logra?

“Primero está el amor: si estás enamorado la cosa va a funcionar”, dice Clarita, cuando se le preguntan los consejos que le daría a los más jóvenes para una relación longeva. “La paciencia, la tolerancia, entender que el otro fue criado en otra familia, diferente. Llegar a un consenso de cuánto damos tú y yo, sin creer que uno es más que el otro, sin rivalidades. Somos pareja y compartimos todo, con las reglas claras”.

Santa paciencia en el amor

Veo que cuesta colaborar en construir algo en común, porque requiere mucha concesión, muchos momentos incómodos. Mucho acuerdo. A las personas yo las veo más ensimismadas, entonces creen que son buenas parejas, que están disponibles, pero en verdad no lo están, sino más bien están sólo pensando en sí mismas. ‘Es que yo quiero’, ‘es que a mí me pasa’, ‘yo necesito’. Lo que va en contra de él nosotros”, dice Carolina Ulloa, terapeuta familiar y de parejas, sobre lo que ve en relaciones que llegan a su consulta.

Sobre la paciencia, elemento vital que algunas parejas largas dicen es fundamental, añade: “Tiene mucho que ver con todo lo contrario al mundo actual, que es de la gratificación inmediata. La paciencia es respetar el tiempo del otro, respetar el tiempo de la relación, entender que es un proceso y tiene que ver con mucha autodisciplina, de la voluntad de salir del ensimismamiento y mirar al otro”.

Juan Andrés y Felipe

“Felipe me odiaba más a mí”, dice Juan Andrés Rivera (39). “No lo odiaba, pero se hacía todo lo que Juan Andrés quería en la escuela. Todos lo amaban, le iba muy bien, y era como: ¿por qué le dan el gusto en todo a esta persona?”, dice Felipe Olivares (43).

Se ríen. Están en su casa, recordando cómo se conocieron cuando coincidieron estudiando Diseño Teatral en la Universidad de Chile. En la primera clase juntos de dibujo libre, el profesor puso de ejemplo lo que había hecho cada uno: sus estilos, dijo, eran totalmente opuestos. “Yo era mateo y ñoño, y Felipe como más rebelde”, resume Rivera.

La pareja en el año 2008.

Al año siguiente se dieron cuenta que tenían un humor muy similar –“en nuestra casa, es lo central”, dice Olivares-, y que tenían los mismos gustos y referencias pop. Empezaron a hacer trabajos juntos. “Y ya en cuarto año como que salimos un poco del clóset juntos. Somos los únicos pololos que hemos tenido, no hay otros exes. Fue un proceso descubrir que la amistad y complicidad que teníamos se estaba trasladando a lo romántico”, dice Rivera.

Era 2007 cuando empezaron finalmente a pololear; llevan 18 años juntos como pareja y solo un poco menos conviviendo. Son, además, dupla laboral: conocidos como Los Contadores Auditores, se han transformado en una de las duplas más celebradas en diseño y dirección del teatro local, trabajando con otras compañías o montando obras propias llenas de música, ironía y comedia; por estos días están presentando “El asilo contra la opresión” y “Un arcoíris negro”, además de preparar su primer espectáculo de baile para niños. Así que no solo viven juntos hace casi dos décadas, además -aparte de algunos proyectos en independiente- suelen trabajar todo el día en la compañía del otro.

“Nos toca ir a comprar vestuario y en esas caminatas por Bandera hablamos de la vida y de los proyectos que vienen y las obras que estamos creando. No sé si yo se lo recomendaría a otra persona, porque no sé si funciona para todo el mundo, pero para nosotros sí. Yo creo que es porque nos nos conocimos desde lo creativo”, dice Rivera.

“Tenemos mucha admiración por el otro. También hemos aprendido a trabajar juntos, al principio nos costaba mucho más y ahora como que ya dejamos pasar ciertas cosas que no nos importan tanto, sabemos qué tenemos que pelear y qué no”, dice Olivares.

Resaltan que Juan Andrés es hijo único, que Felipe es mellizo; esa es quizás la mayor diferencia que tienen en cómo ven la vida y el mundo. Uno más independiente, a veces egocéntrico, dice, el otro le gusta vivir y trabajar en dupla. Y, repiten, el humor es un ingrediente clave en la convivencia: “El humor nos salva de todo. Yo sé que después de una pelea le voy a tirar un chiste y se va a reír y como que se va a pasar”, dice Olivares.

Juan Andrés y Felipe en 2025.

“Además, no sé si somos evasores de conflicto, pero nunca hemos estado más de un día peleados, en 18 años”, dice Rivera. “Lo máximo es una noche y al otro día en la mañana es como ‘perdóname, voy a cambiar’”. Se ríen.

¿Qué le dirían, entonces, a una pareja joven, que recién comienza su camino juntos? Responde Olivares: “Ante todo, el proyecto colectivo que es. Yo siento eso como de mellizo; que tengo que construir algo con otra persona, con otro punto de vista, con alguien que me opine distinto, a eso mí me parece fascinante y súper importante. Está bien pelearse, son cosas normales. No va a ser todo color de rosa, esos conflictos son parte de la relación también”.

Añade Rivera: “Nosotros fuimos unos veinteañeros muy aseñorados, partimos nuestra relación súper caseros. Nuestro mejor panorama era estar en la casa, ver películas y comer. Todavía lo es, pero desde los 35 fue como, parece que podemos salir más, carretear, y es como una nueva etapa. Sumaría también el disfrutar las cosas más chicas, salir al supermercado puede ser un gran panorama juntos”.

Amor: Vidas juntos, vidas separadas

A la pareja, como formato, quizás hoy se le pide demasiado; es la teoría del libro “The all-or-nothing marriage: How the best marriages work”, de Eli J. Finkel, donde expone que el matrimonio contemporáneo, o la vida en pareja, tiene demasiadas cargas hoy.

La institución del matrimonio comenzó por sobrevivencia y seguridad económica, un acuerdo más impersonal y práctico, durante buena parte de la historia. En la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, se agregan elementos: se añade la compañía, la intimidad emocional, comenzamos a hablar del amor en la pareja.

Y, dice el libro, a partir de los años sesenta y hasta hoy, se espera que nuestros compañero de vida ayude a nuestra realización personal, que nos llene y que la relación sea parte de nuestra identidad. Le pedimos, entonces, al otro, que sea mejor amigo, amante, alma gemela y socio. La teoría de Finkel es que eso es inviable, que la única manera en hacer que funcione una relación y que se vuelva longeva, es ajustar esas expectativas, para no estar eternamente insatisfechos.

Patricia y Leonel

“Nos conocimos en el servicio de urgencia de un hospital, yo era interna y llegó el de jefe de turno. Yo llevaba un año ahí. No me invitó a salir altiro, yo tuve que cambiar algunos turnos para coincidir y que cachara”, dice Patricia (71). “Me invitó a salir. Un año después habló con mis papás, para decirles que se quería casar conmigo”.

Patricia y Leonel, hoy están jubilados de la medicina, tienen tres hijos y cinco nietos. Hoy ella se siente pésimo, tiene gripe, y lo obliga a sentarse lejos para no contagiarse. Cuando él habla, ella lo interrumpe. Los dos se ríen.

Sobre los consejos que le pueden dar a los más jóvenes prefieren no pontificar, sino hablar desde lo que han visto a su alrededor. “No hay fórmula, porque las combinaciones son múltiples. Si tuviera que decir algo, recuerdo que las parejas más ‘caluga’ que he conocido yo, son las peor que anduvieron”, dice Leonel.

Patricia y Leonel en un viaje de 1997.

“Leonel no era ‘caluga’, yo se lo sacaba en cara. Le cargaba”, lo interrumpe Patricia. ¿Qué es caluga? Andar todo el tiempo de la mano, dándose besos, demostraciones excesivas de amor en público, explican.

Leonel luego agrega: “Es importante parte de la vida tenerla separados, las parejas no pueden hacerlo mismo en todas partes y todo el tiempo, deben tener hobbies, amigos diferentes. Una parte de cada uno”. Cuentan que aunque tienen la misma profesión, y cosas en común, cada uno viaja con amigos, por ejemplo, además de los dos solos.

“El matrimonio es tener harta paciencia, por los dos lados”, dice Patricia. ¿Y el humor? “El humor yo lo he desarrollado ahora último, en su minuto me daba rabia. Leonel es más tranquilo. Yo más polvorita. Nos complementamos. Y en las épocas más malas, porque no ha sido fácil, para mí ha sido seguir juntos por el proyecto de familia”.

Agendar el tiempo juntos

Los expertos parecen coincidir que un factor fundamental para hacer sobrevivir una relación longeva es algo que parece fácil, pero en realidad, en estos tiempos, es difícil: pasar tiempo juntos, especial, solos.

La terapeuta Carolina Ulloa menciona el agendar encuentros románticos como algo vital para el reencuentro en relaciones largas: “En general, las parejas se resisten mucho a planificar una cita, planificar un encuentro sexual. Luego, a contrapelo a veces lo hacen y dicen que fue súper bueno. Como dice la famosa psicoterapeuta Esther Perel, la presencia es clave para el deseo erótico, para la conexión. Antes años atrás quizás se valoraba más la novedad, lo desconocido. Hoy es la presencia: no estar haciendo scrolling con el celular, no estar viendo Netflix, no estar todo el rato pensando en qué vamos a hacer con los niños o que tengo que lavar ropa, sino sentarme ahí, con mi compañero o compañera y mirarse. Y que la magia solita empieza a hacer lo suyo”.

Jaime Sánchez es también es psicólogo especialista en bienestar y parejas y es muy enfático el resaltar la necesidad de hacerle tiempo a la relación de pareja. “La mayoría de las personas en este mundo posmoderno viven siempre atareadas y con poco tiempo. Por lo tanto, a veces pasa que si es que tú no lo agendas, no dejas ese espacio reservado, simplemente te comen los distintos compromisos. Lo que está en el calendario o en la agenda de una persona, representa lo que es importante para esa persona. Con la pareja se asume que habrá tiempo de sobra, simplemente porque duermes en la misma cama. Creo que es fundamental reservarse el tiempo, aunque suene tal vez cuadrado, asegurarnos de que esto ocurra y hay una diferencia muy importante entre las parejas que se dedican tiempo y las que no”.

Luego añade: “En la historia de cualquier relación, uno ve que al principio se dedicaban mucho tiempo, atención, detalles. Y así fue como se fueron enamorando. Entonces es un poco fantasioso pensar que después de 10 años o de 20 años voy a poder seguir conectado con mi pareja, si es que ahora no le estoy dedicando el tiempo que le dedicaba al principio. Eso es como pensar que puedo ir al gimnasio a los 15 años y sacar calugas, después dejar de hacer deporte y seguir teniendo el mismo físico. No es así: uno tiene que seguir haciendo deporte para mantenerse en forma. Con la pareja es lo mismo, tenemos que dedicarnos tiempo, buscar aunque sea un espacio de un par de horitas a la semana en que puedan salir los dos solos, sin amigos, sin niños, porque la pareja es un sistema de a dos”.

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