Columna de Valentina Rosas: Hasta la paridad y más allá

Hoy necesitamos avanzar para que la Convención paritaria no sea una instancia anómala y nos quedemos sólo con el recuerdo de esa foto. La imagen que vimos por televisión, y que seguiremos viendo a lo largo del trabajo de la Convención, nos recuerda que esta es una oportunidad única para fortalecer la democracia.

La transmisión que vimos sobre la instalación de la Convención Constituyente quedará registrada en la retina de la ciudadanía como un día crucial en la historia del país. Por primera vez 155 representantes electos tendrán la misión de redactar una nueva Constitución Política con una variedad importante de orígenes territoriales, educativos y experiencias de vida; observamos la celebrada labor de Carmen Gloria Valladares guiando la primera y tensa parte de la ceremonia, se eligió como presidenta a Elisa Loncon, una representante de pueblos originarios; y vimos hecho realidad la conformación de una Convención paritaria que está integrada por 77 mujeres.

En este contexto lleno de hitos y símbolos, el que la Convención sea paritaria no es un dato al margen. Con esto Chile asume un lugar de vanguardia a nivel mundial que, esperamos, debiera ser un punto sin retorno.

Observamos la celebrada labor de Carmen Gloria Valladares guiando la primera y tensa parte de la ceremonia, se eligió como presidenta a Elisa Loncon, una representante de pueblos originarios; y vimos hecho realidad la conformación de una Convención paritaria que está integrada por 77 mujeres.

Si queremos mirar a fondo nuestra democracia, debemos mirar el rol de las mujeres en ella. En los últimos años, las mujeres votan más que los hombres. Según datos del Servel, en el plebiscito de octubre 2020 la participación fue en torno al 51%, sin embargo, al observar por género vemos que el voto femenino aumenta al 53%. También es interesante destacar que en el plebiscito las que más votaron fueron mujeres jóvenes, entre 20 y 34 años.

En los diálogos digitales de Tenemos que Hablar de Chile también observamos una brecha en la participación por género, donde incluso buscamos intencionadamente la paridad. Constantemente las mujeres participaban en mayor proporción que los hombres, siendo el 56% del total.

Si bien lo digital es una barrera en algunos sentidos, el haber hecho diálogos en línea abrió nuevas oportunidades. En varias ocasiones vimos cómo las herramientas digitales que usamos, las fechas y horarios disponibles, facilitaron que muchas mujeres pudieran ser parte de diálogos sobre política mientras ejercían labores domésticas, de cuidado, de generación de ingresos, etc. Para muchas esta era la primera vez que formaban parte del debate público porque, lamentablemente para varias, asistir a un cabildo o asamblea en la municipalidad, con los tiempos y costos de traslado que esto puede implicar, es un privilegio lejos de su alcance.

Si queremos mirar a fondo nuestra democracia, debemos mirar el rol de las mujeres en ella.

En nuestros diálogos vemos que tanto hombres como mujeres sienten emociones negativas e intensas que marcan su presente. Las conversaciones se enmarcan en dos sucesos: post estallido y la pandemia. Sin embargo, en tiempos donde sabemos que el encierro ha afectado especialmente a la participación de las mujeres en el mercado laboral o en el aumento de la violencia intrafamiliar, qué importante fue tener una conversación política para escuchar sus vivencias, sueños y dolores. Así, logramos integrar dichas vivencias particulares a nuestra conversación general sobre el país que anhelamos. Es en el espacio personal donde quienes dialogan esperan que se ponga la atención de la conversación política.

Según el último estudio de Rimisp (2020), los hombres participan más que las mujeres en sindicatos, cooperativas y partidos políticos. La participación en juntas de vecinos es el único indicador que presenta una brecha favorable a las mujeres. Y es que las mujeres tienen menor probabilidad que los hombres de contar con la educación, contactos y/o los recursos necesarios para convertirse en líderes o dirigentes, los que se acrecientan aún más cuando subimos de escalafón.

Para muchas esta era la primera vez que formaban parte del debate público porque, lamentablemente para varias, asistir a un cabildo o asamblea en la municipalidad, con los tiempos y costos de traslado que esto puede implicar, es un privilegio lejos de su alcance.

Hoy sólo el 33% de las concejalías y el 17% de las alcaldías quedó en manos de mujeres. En el Senado hay apenas un 23% de mujeres y en la Cámara de Diputados un 22%. Si bien estas cifras superan el máximo histórico alcanzado en estos cargos seguimos con una representación muy menor que solo un mecanismo robusto de paridad como el aplicado a la Convención pudo revertir. El mecanismo actual, logrado con el trabajo articulado de múltiples colectivos, mejoró los requisitos de las candidaturas femeninas y puso presión a los partidos para visibilizar a mujeres capaces y competitivas. Porque las hay.

Así, hoy necesitamos avanzar para que la Convención paritaria no sea una instancia anómala y nos quedemos sólo con el recuerdo de esa foto. La imagen que vimos por televisión, y que seguiremos viendo a lo largo del trabajo de la Convención, nos recuerda que esta es una oportunidad única para fortalecer la democracia.

La participación en juntas de vecinos es el único indicador que presenta una brecha favorable a las mujeres. Y es que las mujeres tienen menor probabilidad que los hombres de contar con la educación, contactos y/o los recursos necesarios para convertirse en líderes o dirigentes, los que se acrecientan aún más cuando subimos de escalafón.

Complementemos este enorme logro trabajando para generar espacios de diálogo donde las mujeres podamos participar y opinar de lo que nos vulnera de manera segura. Cuestionémonos si los horarios, lenguajes, ubicación o plataformas de participación ciudadana generan alguna barrera de acceso. Visibilicemos y aprendamos todos de los múltiples liderazgos a nivel local, los roles de la mujer en las redes comunitarias, los roles de género en las distintas cosmovisiones indígenas. Por sobre todo, busquemos deliberadamente la participación de quienes normalmente no participan, especialmente aquellas que no pueden o no saben cómo hacerlo.

Avancemos en aumentar la participación de las mujeres en todos los ámbitos, porque formar parte del debate público y de las tomas de decisiones solo nos llevará a vivir en una democracia donde todas nos sintamos parte.

*Valentina Rosas es subdirectora de Tenemos que Hablar de Chile, una plataforma de diálogo e incidencia ciudadana impulsada por la Universidad Católica y la Universidad de Chile. 

Comentarios
Sabía ud que... Meghan Markle jamás viviría en la comuna de la Reina. -------------------------------- Sabía ud que... Los transfóbicos odian el ajedrez porque el peón en la octava casilla se convierte en dama. -------------------------------- Sabía ud que... Cuando me sale mal la ensalada hago morrón y cuenta nueva. -------------------------------- Sabía ud que... Hay dos Jadue famosos: el de Miami y el de Cuba. -------------------------------- Sabía ud que... Paris y Daza hacen leseras porque la risa es la mejor medicina. --------------------------------