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Yanilda González, experta en violencia policial: “Chile tiene una oportunidad casi única para repensar el rol estructural y social de la policía”

La profesora de Políticas Públicas en la Harvard Kennedy School conversó con The Clinic sobre las dinámicas de la policía autoritaria en América Latina y el camino para lograr reformas policiales tanto en Chile como en la región. "Hay que tener mucho cuidado para asegurar que no solamente sea la policía la que decida lo que la Nueva Constitución dice sobre la policía", señala.

El interés por la cuestión policial, una parte fundamental del trabajo de investigación de Yanilda González, surgió mientras crecía en Nueva York. Como una niña inmigrante proveniente de República Dominicana, durante los 90, cada noche veía en las noticias los constantes casos de violencia policial. Hasta el día de hoy, la ciudad se ha visto marcada por los abusos policiales y el surgimiento de movimientos como Black Lives Matter

“Para mí, como una persona joven, me llamó mucho la atención esta discrepancia entre todo lo que estaba aprendiendo sobre la democracia, las garantías de los derechos que tenemos, uno de los temas más importantes para mí, y lo que estaba viendo cada día en términos de la violencia policial”, señala González a The Clinic. Con un doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton, hoy es profesora asistente en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y se dedica a investigar las características de las instituciones policiales en gobiernos democráticos.

Anteriormente, Yanilda González trabajó en organizaciones de derechos humanos tanto en Estados Unidos como en Argentina. Entre ellas, la Unión de Libertades Civiles de Nueva York, la asociación ANDHES y el Equipo Latinoaméricano de Justicia y Género. En 2020 publicó su libro “Authoritarian Police in Democracy”, en el que da cuenta de cómo las policías mantienen un carácter autoritario por la influencia de los intereses políticos. 

En entrevista con The Clinic, la experta en violencia estatal se refiere a las características autoritarias que poseen las policías en Latinoamérica, la oportunidad que surge en Chile para reformar Carabineros a raíz del proceso constituyente y la importancia de involucrar a la ciudadanía en el diálogo para repensar el rol de la policía en nuestro país. 

Policías autoritarias

-¿Qué dinámicas comparten las policías en Latinoamérica que las hacen diferentes de las instituciones policiales de países más desarrollados?

-En mi libro digo que todas las policías comparten una característica importante, y esa es ejercer el control sobre el poder coercitivo del Estado. Ejercen el uso de la fuerza que la ciudadanía le otorga al Estado y este delega esa función a la policía, otorgándole el poder estructural. Cuando hablamos de América Latina, en la región existen altos niveles de desigualdad social y discrepancias en términos de las capacidades burocráticas. Muchos países tienen bajos recursos, pocas capacidades y además un legado autoritario, lo que genera falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones policiales. Esto genera un escenario bastante complicado en términos de la preparación para cumplir su función en democracia, que debería ser proteger a la ciudadanía

-Muchas policías de la región son profundamente cuestionadas. Por ejemplo, la policía en Brasil ha sido denunciada por ser una de las que más asesina a jóvenes negros y pobres. ¿Es un problema endémico en la región?

-Sí, es un problema totalmente endémico. Es muy difícil de desarraigar, a pesar de que los distintos índices políticos indican que esos gobiernos son democracias. Yo me remito a esta cuestión de la desigualdad social. La policía hace cumplir la ley, ejerce el uso de la fuerza y muchas veces eso implica que se hace a favor de un sector contra otro sector de la ciudadanía. Los altos niveles de desigualdad en América Latina implican que los sectores más acomodados pueden usar a las policías para garantizar su propia protección a través de la represión de otros sectores desfavorecidos: minorías raciales, personas de la diversidad sexual y de género. Las demandas de protección de los sectores más empoderados se dan a través de la represión de los grupos más desfavorecidos de la sociedad. 

-Considerando que gran parte de los países latinoamericanos tuvieron regímenes dictatoriales, ¿cómo influyeron estos procesos en las características que tienen las policías hoy? 

-La influencia es enorme. Para mí, las policías pueden tener características autoritarias aún sin tener un legado de dictadura. Aún así, los períodos dictatoriales fueron realmente fundamentales para muchas policías de la región. Además de formar parte de este aparato represivo, existe esta memoria institucional de haber cumplido esta función en un período dictatorial. También hay distintos elementos de la misma organización que fueron consolidados en períodos autoritarios. Ambas cosas son muy problemáticas, tanto las características estructurales como la participación en la represión. Otra característica que comparten en tantos países de la región es que, al momento de hacer la transición a la democracia, se hizo muy poco para reformar a la policía. Se enfocó mucho en la cuestión militar, obviamente eso fue lo correcto, pero no se enfocó casi nada en la parte policial. Y eso ha influido también en cómo la sociedad se relaciona con la policía. 

-¿Cuál es la diferencia entre una policía autoritaria y una policía democrática?

-Yo defino la policía democrática como una policía que tiene tres características. Son policías cuya función principal es ejercer el uso de la fuerza en función de la protección de la ciudadanía, con la voz y participación de la ciudadanía. Segundo, es una policía cuya acción se comporta según los límites que establece el Estado de Derecho. Y tercero, en donde las instituciones civiles ejercen un control externo robusto. En cambio, la policía autoritaria es una policía en donde el uso de la fuerza se hace en función de los intereses de los gobernantes. Del mismo modo ocurre en los regímenes autoritarios. Segundo, en esos contextos el uso de la fuerza es arbitrario. Y finalmente, hay poco control externo, es decir, la única persona que tiene este poder de supervisión sobre la policía es el mismo líder y no hay otros sectores civiles que puedan ejercer esta función.

“Muchos países tienen bajos recursos, pocas capacidades y además un legado autoritario, lo que genera falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones policiales”

-En tus investigaciones, has hecho hincapié en que la senda autoritaria que han seguido las prácticas policiales es un fenómeno que se ha dado como parte de las lógicas democráticas, y no a pesar de las transiciones democráticas. ¿Por qué ocurre esto?

-Eso tiene mucho que ver con las democracias desiguales. El poder estructural de la policía genera incentivos para que los políticos no ejerzan la que debería ser su función. Su función es servir como entidad de control externo para que la conducta policial se apegue al Estado de Derecho. Los gobernantes usan a la policía para brindarle más seguridad a sus electores y no a los que no los votaron. Lo que sucede en las democracias desiguales es que hay sectores de la sociedad que defienden a estas policías autoritarias. Defienden que la conducta policial no se limite a lo que establece la ley. Por eso es que digo que en las democracias hay dinámicas democráticas donde hay sectores de la misma sociedad que exigen esta policía autoritaria y que eligen a políticos que van a hacer cumplir esa demanda.

Necesidad de reformas

-¿De qué manera las reformas policiales pueden contribuir a la democracia de un país?

-La reforma policial es fundamental para la democracia. Cuando se habla de democracia, se piensa en indicadores como elecciones y libertad de prensa. Estos elementos son parte de la democracia. Lo que no se considera es si la policía acata las restricciones en el uso de la fuerza, si respeta los derechos humanos, elementos que también son importantes en una democracia. Me parece fundamental que en cualquier proceso democrático se contemple cómo la policía, el brazo armado del Estado, hace uso de esta facultad. Cuando se piensa en reformas policiales que quieran limitar el uso de la fuerza de las policías, todas esas reformas aportarían a una democracia mucho más robusta. 

-¿Cómo pueden convivir el derecho a la protesta y la defensa de la seguridad en un contexto latinoamericano donde constantemente hay manifestaciones?

-Esa es una tensión fundamental que se está dando en toda la región. Cuál debería ser el equilibrio entre el derecho a manifestarse y el derecho a la propiedad privada. Ahí es donde se ve la función clave de la policía: brindar seguridad y a la vez proteger los derechos de la ciudadanía. Lo que sucede en la actualidad es que las policías están más de un lado que en el otro en términos de ese conflicto. El reto es ver cómo la policía y otras entidades legales del Estado cumplen una función en donde realmente se genere la convivencia, el diálogo entre distintos sectores de la sociedad, en donde se vuelva un instrumento de resolución de conflictos y no solo de agudizarlos. La policía no debería ubicarse más de un lado que del otro, sino que siempre ubicarse del lado de la protección de los derechos de la ciudadanía. 

“Otra característica que comparten es que, al momento de hacer la transición a la democracia, se hizo muy poco para reformar a la policía. Se enfocó mucho en la cuestión militar, obviamente eso fue lo correcto, pero no se enfocó casi nada en la parte policial. Y eso ha influido también en cómo la sociedad se relaciona con la policía”

-Desde hace tiempo se ha expresado en la región un comportamiento particularmente violento de las policías con las disidencias sexuales. ¿Cómo se explica esto?

Las policías son productos de la misma sociedad, entonces las sociedades intolerantes van a producir policías intolerantes. Por ejemplo, cuando estaba haciendo mi trabajo de campo en Argentina, leía las leyes antiguas y había provincias donde era ilegal que un hombre se vistiera como mujer. El origen de esta dinámica no es solamente policial, es algo que venía de la sociedad. Y las instituciones y las leyes vienen también de cómo las sociedades las construyen. Eso se ve en muchos sectores: las diversidades sexuales, los migrantes, las minorías raciales y religiosas. Hay todo tipo de sectores que se excluyen como el otro en la sociedad y se hace una cierta construcción social de que ese otro es una amenaza a la seguridad. 

-En el caso de Chile en particular, ¿cuál es tu visión sobre la institución de Carabineros de Chile?

-El caso de Carabineros ocupa un lugar especial para quienes estudian la policía en América Latina. En la región, Carabineros se consideraba como una policía altamente profesionalizada, muy capaz en la prevención del delito, con mucha legitimidad social hasta que disminuyó bastante esa confianza en la sociedad. Cada vez que hablaba con chilenos, se problematizaba bastante el papel de Carabineros en la sociedad y cómo la forma de ejercer su función siempre terminaba reproduciendo desigualdades sociales, reprimiendo brutalmente cualquier manifestación política y también a la cultura mapuche, una represión también brutal. Estas dos realidades, la imagen que se tenía desde fuera y la imagen que existía dentro del país llegó a chocar, hasta que la parte represiva de Carabineros dominó esta visión de una policía sociable, capaz, bien preparada. Carabineros es una policía que ya no ocupa el mismo lugar social y político que ocupaba hace unos años. 

Policía y Nueva Constitución

-¿Cómo puede influir la redacción de una Nueva Constitución en un cambio estructural de la policía?

Chile tiene una oportunidad casi única para repensar el rol estructural y social de la policía. A pesar de que en otros contextos como Colombia también se dio este estallido social y se ha visto una fuerte crítica a la policía colombiana, a diferencia de Chile, en Colombia la propuesta oficial busca hacer reformas operacionales. En cambio, en Chile se está pensando de una forma profunda qué papel debe ocupar Carabineros en lo que es el Estado. Creo que es una visión bastante amplia y se le puede dar una mirada integral a la policía, algo que generalmente no se hace. Ni siquiera en los momentos de transición democrática, a pesar de que las policías participaron de aparatos represivos autoritarios, no se le dio esa mirada integral a la policía. 

“Lo que sucede en las democracias desiguales es que hay sectores de la sociedad que defienden a estas policías autoritarias. Defienden que la conducta policial no se limite a lo que establece la ley”

-¿Qué precauciones deben tomarse?

-Si miramos otros procesos de reforma constitucional, algo que sucedió tanto en Brasil como en Colombia fue que las policías tuvieron mucha incidencia en definir lo que decía la nueva Constitución respecto a la policía. En Brasil se pensó en abolir la policía militar, en repensar modelos de seguridad. Pero las policías militares ejercieron una presión enorme y básicamente las estructuras permanecieron iguales a lo que eran antes. En Chile, hay que tener mucho cuidado para asegurar que no solamente sea la policía la que tenga la voz y el espacio, la capacidad de decidir lo que la Nueva Constitución dice sobre la policía, entonces eso va a requerir mucha vigilancia activa por parte de la sociedad cívica, también por parte de las autoridades civiles para asegurar que la policía no cierre el camino para otros actores, para que puedan incidir en estos procesos de redefinición de la policía. 

-En este contexto de manifestaciones, ¿cómo influye la represión policial en la intensificación de los conflictos sociales?

Cuando la policía es usada para defender más a un sector de la sociedad, la policía termina profundizando los conflictos sociales. Algo que sucedió en Chile y en Colombia es que el estallido social, que era sobre otras cuestiones, sobre la desigualdad social, se convirtió en un espacio de repudio contra la policía por la forma en que se comportó en estas manifestaciones. La represión brutal y arbitraria que se vio en esos contextos se convirtió en un actor en el conflicto y no necesariamente comenzó así. A diferencia de Estados Unidos, donde las manifestaciones del año pasado comenzaron por la violencia policial. En el caso del estallido social de Chile, la policía se terminó colocando en el centro del conflicto, tomando partido.

-Considerando la postura que tomó el Gobierno frente a estos ataques, la que generó una mayor desconfianza en la población. ¿Qué rol debería tomar el Estado para restaurar esa confianza con respecto a las violaciones a los derechos humanos que ocurrieron durante el estallido social? 

-Esto tiene mucho que ver con el poder estructural de la policía y la capacidad de presión que ejerce sobre los gobernantes. Eso hace que no solamente los gobernantes no le pongan muchas restricciones a la policía en su actuar, sino que también cuando suceden esos abusos, los gobernantes no tienen mucha capacidad de ejercer el control externo y civil. Entonces, está esa defensa de que la policía está defendiendo a la sociedad, que los abusos son solo casos aislados. Los manifestantes son vándalos, entonces el uso de la fuerza por parte de la policía es justificado. Obviamente, eso es un fracaso de las instituciones democráticas, cuando no se hace el trabajo de investigar qué es lo que sucedió, quiénes sufrieron estas violaciones a sus derechos, quién dio la orden, establecer este proceso de transparencia y de rendición de cuentas que debería ser una función central en una democracia. 

-¿Qué trabajo es necesario hacer para aumentar la confianza en la institución?

-En mi trabajo yo trato de cambiar un poco la forma de hablar de la policía para que no se piense en la violencia policial solamente como algo policial. El trabajo de reformar a la policía, de restablecer la confianza en la policía, no es solamente un trabajo que le pertenece a la policía. Es algo que dentro de la misma sociedad tenemos que pensar. Si no se hace ese trabajo, aún cuando se aprueba un programa de reforma policial, este no se sostiene en el tiempo. Esto porque los sectores sociales y políticos no lo ven como algo propio. Lo que me parece positivo de estos movimientos es que están repensando la protección, la seguridad y cuál debería ser el papel de la policía. Si se deja únicamente en las manos de la policía vamos a terminar exactamente donde estamos ahora. 

-¿De qué manera se puede involucrar a la población en estos procesos de reforma policial?
Creo que ahora las redes sociales permiten que se amplíen los sectores que pueden participar de estos debates sobre qué debería ser la policía. Muchas veces lo que pasa en estos procesos de reforma es que la policía dice que están hablando con la sociedad civil, pero está hablando con cierto sector que siempre ha estado de su lado. No se escucha a las voces críticas y a los sectores que suelen ser los que más sufren abusos por parte de la policía. Entonces, es necesario crear procesos en donde se le dé voz a esos sectores. Me parece que para hacer estos procesos de diálogo se debe dar un espacio a los sectores más violentados por la policía para que puedan tener más protagonismo y puedan hablar de la realidad como la viven.


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