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Columna de Patricia Politzer: Sincronía y futuro

"No cabe duda de que si estamos escribiendo una nueva Constitución -lo que era inimaginable hace 25 meses- es precisamente porque hace justo dos años el 18-O se produjo un remezón de tal magnitud que, junto con hacer saltar los torniquetes, hizo caer todas las máscaras".

Exactamente el 18 de octubre la Convención Constitucional iniciará finalmente su tarea fundamental: escribir una nueva constitución.

No fue planeado así, debimos llegar a este punto un poco antes, pero los problemas iniciales de instalación y el brote de Covid, que surgió hace un par de semanas, hicieron que este hito calzara precisamente con el 18-O, con el parto doloroso del proceso constitucional.

¿Coincidencia? La Dra. Lola Hoffmann diría que no, que se trata de sincronía. Es decir, hechos que se desarrollan de forma concordante, en un mismo sentido sin que exista una relación de causa efecto. Como si el destino quisiera marcarnos el origen.

No cabe duda de que si estamos escribiendo una nueva Constitución -lo que era inimaginable hace 25 meses- es precisamente porque hace justo dos años el 18-O se produjo un remezón de tal magnitud que, junto con hacer saltar los torniquetes, hizo caer todas las máscaras.

La realidad brotó con tal fuerza que nadie pudo seguir ignorándola. Corrupción, desigualdad, injusticia, discriminación, todo escondido bajo la alfombra de los salones de un país que presumía ser un oasis. Esto terminó aquella noche inolvidable en a cual -en palacio- hasta se temió que nos invadía los alienígenas.

Sin fumar opio -como se dijo alguna vez- y con los pies bien puestos en la revuelta, el país optó por el camino constitucional para superar la profunda crisis político-social que surgió como lava imparable. Dos años más tarde, los y las convencionales terminamos la primera etapa e iniciamos el debate de los asuntos propiamente constitucionales.

Ahora es tiempo de mirar al futuro. Atrás quedan tres meses de conocerse,  aferrarse a las propias convicciones y mirar de manera desafiante, hacer catarsis con tantos dolores acumulados, ocultar miedos a través de la agresión. De alguna manera, todo esto quedó plasmado en la aprobación de un conjunto de cuatro reglamentos con cientos de artículos, en los cuales, se intentó escribir hasta el más mínimo detalle lo que debe y no debe hacerse. Y es que después de tantos años de letra chica, de trampas por doquier, de abusos ignominiosos hasta con los alimentos y los remedios, cuesta creer que ahora sí podemos cambiar el rumbo.

Es tiempo de mirar al futuro. Fijar la vista en las próximas décadas, y ser capaces de superar las desconfianzas y los prejuicios. Ya no será posible votar a favor o en contra de una norma, sólo fijándose en sus autores sin analizar la bondad o el error de su contenido, como ocurrió en más de una oportunidad en la discusión del reglamento. Tampoco será posible votar a favor o en contra de una propuesta pensando en cómo afecta la coyuntura y el vaivén político de los próximos tres o cuatro años.

El pueblo eligió el camino constitucional y quienes fuimos elegidos constituyentes no tenemos derecho a fallar. Esto significa que tenemos que redactar una buena Constitución que permita superar la crisis actual y avanzar hacia un nuevo pacto social que permita construir juntos, una convivencia armónica y solidaria, para un Chile capaz de enfrentar los desafíos del siglo XXI.

De aquí en adelante, el foco sólo puede estar en las propuestas que aborden de mejor manera los desafíos inminentes: nuevos equilibrios de poder, descentralización efectiva y eficiente, paridad de género en todos los niveles e instituciones, plurinacionalidad, derechos sociales garantizados, desarrollo económico en medio de la emergencia climática y ecológica…

Tenemos que asegurar una Constitución cuya columna vertebral sean los derechos humanos para que ningún ser humano que habite nuestro territorio quede a la deriva. Que disponga también los derechos de la naturaleza porque no estamos aquí para dominarla y explotarla sino para asumir que somos parte de ella.

Comenzar esta tarea histórica, sin poder esquivar la sincronía con el 18-O, conlleva un compromiso mayor que ninguno de los y las constituyentes podemos esquivar. Tendremos que escuchar, discutir, ponernos firmes y también ceder, mejorar las propuestas, adaptarlas y seguir dialogando hasta convencer a dos tercios de los constituyentes para cerrar el tema.

No habrá a nadie a quien echarle la culpa. Por mandato popular, sólo quienes integramos la Constituyente seremos responsables del resultado de este proceso, en el que la mayoría del pueblo ancló sus esperanzas. Hay un solo camino posible: redactar una buena Constitución.

Quizás la vida siga sorprendiéndonos con su sincronía, y el 18 de Octubre del próximo año el pueblo sea convocado al plebiscito de salida para dar su veredicto.

*Patricia Politzer es periodista y constituyente por Independientes No Neutrales.

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