Opinión
31 de Mayo de 2026
Columna de Kike Mujica: El sheriff que viene del frío
Por Kike Mujica
Un voto seguro y de derecha dura que se convirtió en un problema más para La Moneda. ¿Sorpresa? El senador Alejandro Kusanovic tiene historial indócil: estuvo contra Bachelet, contra Piñera, contra Matthei y ahora contra Kast. Esta es la historia de un personaje con fama de taimado y que hoy logró convertir su autonomía -o soledad- en una moneda de cambio.
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Está mosqueado Kusanovic. Casi siempre lo está, dicen. Es autárquico: pasó por Renovación Nacional pero nunca fue de tomo y lomo. Ni él se sintió cómodo, ni en RN estaban cómodos con él. Flirteó con los Republicanos -fue el primer senador de Chile Vamos que se bajó de la campaña Matthei para apoyar a Kast-, pero ahora los amenazó con su voto para la megarreforma. Va de solitario en el Congreso, no tiene bancada.
El senador Alejandro Kusanovic vino del frío: es magallánico. Nació en Punta Arenas en 1960. Su familia -croatas de la isla de Brac- es una de las dueñas de TABSA, una de las empresas más importantes de conectividad marítima del Magallanes. Fue gerente general durante tres décadas. Un clan conocido en la zona. En La Tercera contó que más de una vez visitó la casa de la familia Boric Font. “Con el Presidente nos conocemos y a pesar de que tenemos ideas distintas, nos respetamos mutuamente”, dijo.
Boric, en su cuenta pública del 2022 lo abrazó cuando se encontraron en la comisión de pórtico. Kusanovic estaba con muletas. Una antigua enfermedad -neuropatía periférica- lo obliga a moverse dentro del Congreso en una silla de ruedas eléctrica.
La mano de Carlos Larraín
Su biografía relata que fue presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), una réplica “local” del gremio capitalino.
Su carrera política se inició como consejero regional de Magallanes (Core) en dos períodos (2013-2017 y 2017-2021). Entre septiembre de 2019 y hasta noviembre de 2020 fue presidente de dicho consejo regional.
Dicen en RN que Carlos Larraín, el eterno factótum, lo empujó y apadrinó. Larraín se autoexilio en los confines del mundo magallánico en Estancia Cameron -en Timaukel, en la isla Grande Tierra del Fuego-, un predio de 96 mil hectáreas.
En RN dicen que Larraín movió hilos y piezas en la zona. Ahí coincidió con Kusanovic.
Un político de la zona relata que en el reclutamiento de nombres para el 2021, costó encontrar a alguien dispuesto a la batalla senatorial. “Él fue por descarte”, asevera. Otro me dice que no fue así: “A él lo buscaron porque era un nombre conocido”. Incluso, algunos aseguran que Evópoli lo sondeó. Desde ese partido lo niegan rotundamente.
El salto fue sin escalas desde el anonimato político nacional al Senado. Se aventuró a la batalla en 2021.
Karim Bianchi arrasó: 31.144 votos con 48%. Kusanovic obtuvo 9.282. Ganó con sufragios prestados de sus compañeros de lista: los votos de su lista -Chile Vamos- sumaron 28.7%.
Un hijo de las circunstancias, para algunos. Para otros, se las buscó. Y la encontró.

El Puntarenazo 1.0
EN 2011, Punta Arenas se inundó de banderas negras y magallánicas -azul, blanco y amarillo- a media asta.
En la capital del fin de mundo se inauguraba un ciclo de protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera, que alcanzo su súmmum en mayo de ese año, cuando las calles se llenaron de miles y miles de universitarios -en rebeldía por el lucro en la educación- y de ciudadanos y activistas medioambientales -Patagonia sin Represas- en contra del proyecto HidroAysén.
La indignación en Punta Arenas provenía de la decisión del gobierno de reajustar las tarifas del gas natural. Era transversal: el impacto de la movilización local no se veía desde los tiempos de la dictadura, cuando en la catedral de esa ciudad, Pinochet, por primera vez, escucho pifias e insultos en su cara.
El germen del 2011 se suscitó en 2009. Dirigentes de la CPC, encabezados por Kusanovic, fueron los primeros en activar una alerta roja: se vendrían alzas del 48% en las tarifas del gas natural.
Bachelet era la culpable.
El gobierno desmintió el rumor.
Pese a esto, en un santiamén, Kusanovic organizó el CODEMA (Comando de Defensa de Magallanes), junto, entre otros, al actual diputado Alejandro Riquelme.
El primer puntarenazo fue una caravana de 600 autos que recorrió la ciudad. En Santiago, acusaron el golpe.
El precio del gas finalmente no subió.
Kusanovic se atribuyó la victoria.
El Puntarenazo 2.0
La paz duró poco.
Kusanovic volvió, al poco tiempo, a saltar al ruedo.
En octubre del 2010 él y el vicepresidente de la CPC, Alejandro Riquelme, rebobinaron la alerta roja: de nuevo el poder central pretendía subir las tarifas del gas.
Esta vez el culpable era Piñera.
“De acuerdo a fuentes que tenemos, la idea (de Enap) es subir hoy a la pequeña y mediana empresa. No tenemos cifras pero es un tema que va a venir… se está hipotecando el futuro energético de Magallanes… es un tema gravísimo… tiene que intervenir el gobierno regional, no se pueden apartar los parlamentarios y los partidos políticos”, denunció Kusanovic, en enero del 2010.
El 29 de diciembre de 2010 el directorio de la Empresa Nacional del Petróleo comunicó un aumento del 16,8% del precio del gas natural en Magallanes.
Piñera y su gobierno -a través de la firma de los ministros de Energía y Minería, Ricardo Raineri y Laurence Golborne- respaldaron la decisión.
El Comité de Defensa de Magallanes, la CPC -Kusanovic- y agrupaciones sociales, se volcaron a la calle. El primer puntarenazo parecía un mar de paz al lado del 2011: en este hubo marchas, paros masivos, bloqueo de los pasos fronterizos y de la ruta al aeropuerto.
El ministro Raineri dijo que “el subsidio en Magallanes es una fiesta que debe terminar”.
Magallanes se encendió. Más bencina: dos mujeres murieron arrolladas por una camioneta durante las protestas.
El 14 de enero, cayó el ministro Raineri y otros tres : Jaime Ravinet, Camila Merino y Felipe Morandé. Fue el primer cambio de gabinete de Piñera.
El 18 de enero se firmó un acuerdo entre el Gobierno y la Asamblea, donde se estableció que el alza del precio del gas aumentaría sólo 3% durante los 10 meses siguientes, El Gobierno se comprometió a entregar 18 mil subsidios a las familias más pobres.
El paro terminó. A Kusanovic le gustó la influencia, me dicen. Quería que el poder capitalino lo tuviera en cuenta. “Además nunca le gustó Piñera”, comentan.
Piñera bajo de 46% a 41% su aprobación. La crisis de Punta Arenas quedaba atrás. Nada hacía presagiar que un coterráneo de Kusanovic, Gabriel Boric, sería en unos meses más una migraña para La Moneda. Ni comparada con el puntarenazo.

Soy el sheriff
Kusanovic se embarcó en la carrera hacia el Senado. Su ícono de campaña: un sheriff.
En la propaganda, la estrella del sheriff brillaba en su solapa.
“Usé la insignia de sheriff como emblema porque representa dos cosas, eliminar la injusticia y los abusos. Lo usé también en varias entrevistas como ‘el sheriff del Senado’ aunque ahora me están copiando de la Cámara de Diputados”, relataba orgulloso.
Gaspar Rivas fue el de la copia.
“Cuando se contrataba un sheriff en un pueblo (del viejo oeste norteamericano) era porque la gente quería trabajar tranquila y quería que alguien pusiera orden. Ese era el concepto: la justicia”, explicó en La Tercera.
Kusanovic colecciona armas. Es defensor acérrimo de la tenencia. Su colección contiene casi una docena. En su dormitorio hay una. “Es un revólver. Una Smith & Wesson”, contó.
“Si uno tiene un arma (para defensa) debe tenerla lista para usar”, manifestó en el ya citado medio.
También caza. “Los domingos se sale a cazar liebres, conejos, caiquenes. Las armas se usan como deporte, para colección y también para defensa”, ha dicho.
¿Qué es?
“No me considero un político tradicional y, por eso, la gente agarra confianza conmigo. Si bien estoy en la bancada RN, soy independiente, soy liberal y me gusta luchar por la justicia y eliminar los abusos, que es lo que ha generado lo que estamos viviendo en Chile. Acá se han coludido partidos, parlamentarios y poderes económicos y han hecho cosas que no se deberían haber hecho. La gente lo siente y hay una clase media que está votando contra la clase política tradicional”.
Esa fue su declaración de principios en 2022.
“De liberal, nada. Es del ala pinochetista de la derecha. Diez veces más que un UDI pinochetista”, me dice un oficialista.
Kusanovic no tiene redes políticas aceitadas. “Tampoco ha hecho mucho para tenerlas”, dice un parlamentario RN.
“Es impredecible. Muy rencoroso. Extraño”, agrega.
Así todo, se las arregla para mover la agenda. Con pericia, ha logrado navegar contra la corriente. “Su debilidad -ir solo por la vida política- es su fortaleza y el peligro para el Gobierno. No tiene nada que perder”, me dicen, en una especie de advertencia para La Moneda: no se confíen.
La amenaza
En La Moneda desde hace rato venían sumando los posibles votos para aprobar en el Senado la idea de legislar el megaproyecto.
A Kusanovic lo daban por seguro, pero el senador se emancipó. Otra vez. Se bajó del barco Matthei; se bajó del de Kast.
“Me voy a transformar en una tercera oposición. Todavía no, pero yo creo que voy a terminar ahí”, amenazó con estridencia.
Alerta y sorpresa. Más lo primero que lo segundo.
“Kusanovic es así: taimado, juega sólo, cero tacto, quiere figurar porque siente que necesita ser relevante en un mundo político que no le ve relevante”, me dicen en RN.
¿Por qué se enojó?
Cuenta que a fines de enero él se sentó con el gobierno para conversar “a quién iban a poner como delegado, como las autoridades regionales”.
El quería a “su gente” en los cargos. Todos lo hacen privadamente. Nadie lo dice públicamente. Salvo Kusanovic.
“Cuando estaban nombradas algunas autoridades, las bajaron. Empiezo a investigar y me entero de que esto es producto que negociaron a espaldas del diputado Alejandro Riquelme y a espaldas mía con un sector de izquierda independiente de Magallanes y obviamente nos dejaron como chaleco de mono”, descargó.
Sector de izquierda = Karim Bianchi.
Es su gran enemigo. Paradoja: para el Gobierno, hoy los dos enemigos coinciden: son votos inciertos para Kast.
Kusanovic acusa que el Gobierno lo ignora. “Voy a votar en contra del proyecto porque si negocian con mi competencia, yo voy a ponerle precio a mi voto también”.
¿El precio? que le pidan disculpas, que expliquen por qué “la falta de respeto” y que existan compensaciones a Magallanes. Por ejemplo, proyectos relacionados “con la zona franca que estoy trabajando, también tengo un proyecto que estoy trabajando de tener un IVA diferenciado para los alimentos de primera necesidad”.
“Esta cosa va a tener un costo, no es barato, mi voto no va a ser barato, va a costar el doble de lo que le negociaron a los demás. Si es así, si no, no lo van a tener nomás”, amenaza.
“Se siente maltratado y ninguneado, así que guarda rencores y odios. Es tenaz. Y cuando habla, lo siente. Así que ojo gobierno: no es de andar gritando para transar. Cuando se enoja, se enoja”, advierten.
El sheriff es de gatillo difícil de calibrar.



