La imagen muestra al investigador Juan Fernández frente a Piñera y Boric

Columna de Juan Fernández Labbé: Del 2011 al 2021: la emergencia del nuevo horizonte político

Tanto el movimiento estudiantil de 2011, como el estallido de 2019 y el Chile de hoy no son monolíticos, hubo y hay diversas experiencias y visiones que verán lo que viene con distintos grados de crítica o conformismo. Los liderazgos de entonces son hoy más relevantes que ayer y asumen un compromiso histórico que requiere tanto de convicción como de humildad. Al lado de ellos y ellas hay muchas personas que desean y esperan lo mejor para el futuro, un futuro que ya se empezó a escribir con esperanza.

Se va el año 2021, intenso en lo político como pocos que se recuerden. En mayo se eligió a los integrantes de la Convención Constitucional encargada de redactar la Nueva Constitución. En julio se instaló la Convención, en un acto inédito y del mayor simbolismo, eligiendo en su primera sesión como presidenta a Elisa Loncón, de origen mapuche. Entre los 155 constituyentes existe paridad de género y 12 escaños de pueblos indígenas.

Luego del trabajo de elaboración de su reglamento de operación, en octubre -a dos años del Estallido- la Convención inicia la discusión temática para el nuevo texto constitucional, que deberá estar culminado entre julio y octubre del 2022. El funcionamiento de la Convención incluye, entre otros aspectos, la posibilidad de presentación de “iniciativas populares de norma” por parte de la ciudadanía para que sean discutidas formalmente.

Mientras dicha instancia avanza, en paralelo el poder constituido también experimenta procesos relevantes. Año de elecciones presidenciales, parlamentarias y municipales y, por primera vez en la historia, de gobernadores regionales. Lo más destacado es el triunfo, en la segunda vuelta de la presidencial, de Gabriel Boric, candidato de la coalición Apruebo Dignidad, con una participación histórica (55,7% del padrón) y una mayoría para el presidente electo de 55,9% de los votos, que lo convierte en el candidato más votado de la historia (4.620.890 votos).

Se va el año 2021, intenso en lo político como pocos que se recuerden. En mayo se eligió a los integrantes de la Convención Constitucional encargada de redactar la Nueva Constitución.

Destellos del año que se va, segundo año, además, de la pandemia de COVID-19.

¿Algo de esto era imaginable hace 10 años? El 2011 se desplegó en el país el movimiento social -hasta esa fecha- más importante desde el retorno a la democracia en 1989. El Movimiento estudiantil representó un impulso inédito por la educación como derecho social en un marco de profunda mercantilización, así como por su reivindicación como espacio de participación y democracia.

Después de las jornadas de protesta del año 2011, se incorporaron al debate temas como el derecho a la educación y las reformas necesarias para avanzar hacia su ejercicio, la importancia de avanzar en una reforma tributaria para financiarlas y la necesidad de una Nueva Constitución Política que reemplace a la gestada en dictadura.

Su procesamiento por el sistema político fue significativo: en la elección presidencial del año 2013, el programa de la Presidenta Michelle Bachelet incluía como temas la Educación pública gratuita, Fin al lucro en educación, Desmunicipalización de los liceos, Fortalecimiento de la educación pública, Reforma tributaria y Nueva Constitución. No se avanzó en todos, de hecho, algunos quedaron truncos, como el proceso constituyente, que, diseñado con tres etapas, sólo desplegó la primera, con los Encuentros Locales Autoconvocados en los que la ciudadanía de forma autónoma se reunía a hablar de la Constitución.

El año 2011 se dibujaba en grandes trazos lo que vendría, como respuesta a una democracia limitada y encapsulada en unas élites homogéneas, una profunda y extendida vulnerabilidad social asociada a niveles agudos de mercantilización de la vida, una tensión internalizada entre estrategias individuales y colectivas para lograr el bienestar personal y familiar, y una distancia de la política institucional que no implicaba necesariamente despolitización, sino que una re significación de lo político a partir de múltiples mecanismos de acción colectiva.

El año 2012, el presidente de la CONFECH declaraba: “No podemos abordar solamente las materias relativas a educación, sino también en materia política, porque entendemos que no está sólo en juego la calidad de la educación, sino el carácter de la democracia en Chile (…) La esencia del movimiento estudiantil es que firma la bancarrota de una manera de entender la política que es que ésta se hace entre cuatro paredes y la cual es sólo privilegio de la élite; hay que salir a las calles, hay que demostrar nuestro descontento, hay que presionar a la institucionalidad, mediante movilizaciones -sin ninguna duda- y también mediante la construcción de propuestas”.

La cita anterior encierra una mirada del horizonte de los cambios que estaban germinando hace 10 años atrás. Combina una maduración desde las demandas sectoriales en educación, hacia una visión sobre las transformaciones necesarias en la forma de hacer política, en el carácter de la democracia y en cómo ésta se construye desde las calles y desde las oficinas, desde los movimientos y la institucionalidad, planteando una nueva relación entre las élites y el pueblo. La cita la pronunció Gabriel Boric, Presidente de la CONFECH el año 2012 y Presidente electo de Chile el año 2021.

El año 2011 se dibujaba en grandes trazos lo que vendría, como respuesta a una democracia limitada y encapsulada en unas élites homogéneas, una profunda y extendida vulnerabilidad social asociada a niveles agudos de mercantilización de la vida.

Los desafíos de hace 10 años han recorrido un camino con luces y sombras. Con avances importantes, siguen vigentes y, post 18/O de 2019, más necesarios que nunca. Ha habido sufrimiento, historias personales y familiares de exclusión y enfermedad,  víctimas de violaciones a los DDHH y pérdida de vidas. También ha habido florecimiento de grupos y colectivos basados en la solidaridad y el compromiso con una vida común con dignidad.

Tanto el movimiento estudiantil de 2011, como el estallido de 2019 y el Chile de hoy no son monolíticos, hubo y hay diversas experiencias y visiones que verán lo que viene con distintos grados de crítica o conformismo. Los liderazgos de entonces son hoy más relevantes que ayer y asumen un compromiso histórico que requiere tanto de convicción como de humildad. Al lado de ellos y ellas hay muchas personas que desean y esperan lo mejor para el futuro, un futuro que ya se empezó a escribir con esperanza.

* Juan Fernández Labbé es Doctor en Sociología, académico-investigador del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Juventud de la Universidad Católica Silva Henríquez. Investigador Responsable del Fondecyt Iniciación 11200175 “Exclusión, territorio y participación popular en el proceso constituyente chileno”. Autor del Libro editado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de España “La huella del movimiento estudiantil chileno del año 2011. Características y consecuencias de la protesta social” (Otoño-2021).

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