La imagen muestra a Fernanda Stang frente a una foto de Colchane

Agencia Uno

Columna de Fernanda Stang: Otra vez las lluvias, otra vez Colchane

Es la sociedad civil, sensible y solidaria, la que trata de restituir un mínimo de esa dignidad de los migrantes. Pero siendo realistas, son esfuerzos de hormiga frente al porte de este buque.

Las lluvias estivales ya llegaron a la precordillera y la cordillera de la Región de Tarapacá, y la inundación del centro de acogida transitorio para migrantes instalado en el complejo aduanero de Colchane nos trae a la memoria imágenes dramáticas del verano pasado, cuando estas mismas lluvias empujaron a muchos migrantes a buscar resguardo del frío en viviendas de los residentes de la zona, generando un conflicto que escaló la prensa nacional.

Pero ahora, en un momento en que el tema migratorio ya no genera réditos para una campaña presidencial que, en determinados sectores, hizo de la xenofobia una estrategia de captación de votos, las cámaras y micrófonos ya no prestan tanta atención  a ese complejo escenario, en el que mucho depende del trabajo voluntario de personas sensibles. Pero el trabajo es duro, y los voluntarios son pocos. También son pocos los recursos y la infraestructura comunal, y no siempre hay buena disposición para la atención en todos los ámbitos estatales (por ejemplo, hemos recogido testimonios de tratos cuando menos prejuiciosos en el ámbito de la salud en esta comuna fronteriza del Norte Grande).

La creación de los campamentos sanitarios es un paliativo para un aspecto de esta situación, pero bajo ningún punto de vista es una solución. Para todo aquel que tenga un contacto cercano e informado con los temas migratorios, y en particular con la migración venezolana reciente en Sudamérica, es evidente que esta afirmación es, como se dice en Chile, una verdad “del porte de un buque”. Sin embargo, las medidas tomadas por varios de los Estados de la región, y por el gobierno de Chile en particular, se han fundado en una obstinada ceguera frente a esa evidencia.

Ahora, en un momento en que el tema migratorio ya no genera réditos para una campaña presidencial que, en determinados sectores, hizo de la xenofobia una estrategia de captación de votos, las cámaras y micrófonos ya no prestan tanta atención  a ese complejo escenario, en el que mucho depende del trabajo voluntario de personas sensibles.

Vienen principalmente en familias, hay muchos niños menores de 7 años, no están acostumbrados al frío del desierto, han recorrido ya cuatro países, no saben ni dónde queda Iquique, no saben a dónde irán ni qué harán, cuentan varias de esas personas de las comunas que son parte de esta historia, desde la cordillera a la playa en Iquique, que dedican energía a esta causa humana (por no recurrir a ese adjetivo vaciado de contenido a fuerza de un uso retórico, “humanitario/a”). Vienen hasta con sus perros, porque no han querido abandonar a sus mascotas, lo que ha generado un problema adicional, porque no se les permite tenerlos en el campamento. El 2021 murieron 20 personas tratando de cruzar esa frontera.

Pensar que éxodos como este -que en Sudamérica se relacionan actualmente con la crisis en Venezuela, pero que en otros lugares del mundo tienen otros apellidos- se abordan con restricciones a los visados y políticas de control fronterizo para “casas ordenadas”, con puertas y ventanas bien resguardadas, es un absurdo que habla o de una ignorancia supina, o de una deliberada decisión de mantener condiciones que, aunque sea de manera indirecta, atentan contra la dignidad humana. Una decisión arbitraria porque se sustenta, principalmente, en asumir que la dignidad de una persona está ligada a su nacionalidad, y por ende, a la pertenencia a un Estado-nación. Mientras tanto, es la sociedad civil, sensible y solidaria, la que trata de restituir un mínimo de esa dignidad. Pero siendo realistas, son esfuerzos de hormiga frente al porte de este buque.

Vienen hasta con sus perros, porque no han querido abandonar a sus mascotas, lo que ha generado un problema adicional, porque no se les permite tenerlos en el campamento.

* Fernanda Stang es investigadora de, Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Juventud (CISJU) Universidad Católica Silva Henríquez y experta en migración.

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