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22 de Febrero de 2022

Fulvio Rossi defiende su firma en Amarillos por Chile: “Yo de conservadurismo, nada. Así que a mí ¡no me vengan con cuentos!”

Fulvio Rossi defiende su firma en Amarillos por Chile

Desde la irrupción de Amarillos por Chile, la semana pasada, a Fulvio Rossi no le han dado descanso. Le han dicho que es un conservador encubierto, que no entendió el Estallido o que buscaría ser un nuevo referente de la derecha. Aquí, el ex senador, que abandonó las huestes socialistas el 2016, golpea la mesa, hace frente a las críticas y da sus razones para declararse, orgullosamente, amarillo.

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En medio de una apacible pausa en el extremo austral de sus labores de médico —profesión que ejerce tras su salida del Senado—, el ex parlamentario socialista Fulvio Rossi no ha dado tregua a Twitter para responder a las ácidas críticas que ha recibido por ser uno de los 75 firmantes del manifiesto de “Amarillos por Chile”.

La agrupación, liderada por el escritor y académico Cristián Warnken, ha recibido olas de reacciones acaloradas desde que hizo su presentación en sociedad la semana pasada para incidir en el proceso constituyente a favor del diálogo y la incorporación de sectores, según ellos, excluidos del debate, como la centro derecha.

Aunque renunció al Partido Socialista en el 2016, Rossi aún ubica su domicilio político en la izquierda. Un sector que no ha visto con buenos ojos la irrupción del amarillismo agrupado tras las espaldas de Warnken.

Por eso, al ex senador lo han llamado de todo: conservador encubierto, que no entendió el Estallido Social, e incluso, que buscaría ser parte de los nuevos referentes de derecha, como insinuó por Twitter el convencional Daniel Stingo.

En medio de esta lluvia de críticas, Fulvio Rossi contesta a The Clinic por Whatsapp —porque dice que tiene baja conectividad en el extremo sur—, donde esboza su defensa para definirse, orgullosamente, como un amarillo con todas sus letras.

-Entonces, ¿por qué eligió definirse como un “Amarillo por Chile”?

-Dentro de la izquierda a la que pertenezco, amarillo tiene una connotación habitualmente despectiva o peyorativa. Significa ser poco revolucionario. Poco rojo, por así decirlo. Pero, en esta ocasión, siento que pretende interpretar a una gran cantidad de gente que quiere un cambio en Chile, que quiere una nueva Constitución, pero que no quiere partir de cero. Que quiere recoger lo mejor de nuestra historia y proyectar esa historia al futuro. Evidentemente con cambios profundos, pero cambios bien hechos que generen bienestar y no lo contrario.

-¿Cómo responde a las críticas que suscitó la declaración de Amarillos por Chile?

-Este grupo parte con el espíritu de la sana crítica, del debate constructivo, del diálogo con vocación de entendimiento. Lo que yo lamento es que las críticas no son basadas en argumentos. No son juicios basados en la razón. Son descalificaciones que se basan en prejuicios y desconfianza. Eso es lo que lamento, el pensar que el que piensa distinto, que el que emite un juicio, como lo hemos hecho nosotros, siempre tiene un interés espurio detrás. Yo, la verdad, soy una persona que no tiene participación en ningún tipo de empresas ni de negocios y que vive de su profesión. Por lo tanto, mi único interés es Chile y su bienestar y el país que le voy a dejar a mis hijos.

-Usted también se ha enfrascado en polémicas por Twitter sobre el tema. Algunos como el convencional Ricardo Garín dijeron que la agrupación Amarillos por Chile “no entendió el Estallido Social ni que quisieron una nueva Constitución”; o que el “amarillismo es un conservadurismo disfrazado de centrismo”, como dijo el diputado Pablo Vidal. ¿Cómo responde usted?

-Mira, de conservadurismo nada. Por el contrario. Yo, en lo personal, fui el impulsor de la ley de matrimonio igualitario, de aborto, de eutanasia, de legalización de la cannabis. Así que a mí ¡no me vengan con cuentos! Lideré desde la comisión de Educación del Senado la reforma educacional. Así que, siempre he estado a favor de los cambios, pero los cambios bien hechos, los cambios que sean positivos para el país. Así que, eso de conservadurismo disfrazado de centrismo y esas cosas, son, una vez más, descalificaciones. No hay contenido detrás de esos juicios. No van a los argumentos que hemos expresado. Por lo tanto, no hay mucho que responder al respecto.

“El estallido social, la verdad, tiene que transformarse o ser una fuerza que genere energías para hacer cambios que hagan de Chile un país más justo, más próspero, y no un país más pobre. Ya conocemos recetas que no han resultado en países latinoamericanos y que, lejos de haber mejorado la vida de la gente, han empobrecido a la gente. Por eso, cuidado con los cantos de sirenas”.

-Respecto a esas recetas, ¿qué propuestas de las debatidas o aprobadas en la Convención encienden sus alarmas?

-Primero, una cosa de forma. Creo que ha faltado un diálogo de verdad. Uno que tiene que ver con estar dispuesto a ceder frente a las ideas cuando son mejores que las de uno. Si no está ese interés, es simplemente pasar máquina. Y yo quiero una nueva Constitución, quiero que saquemos una gran votación en el plebiscito de salida; sin embargo, uno se da cuenta que hay sectores que han sido prácticamente excluidos. Yo no soy de derecha y nunca lo voy a ser. Pero es evidente que la derecha no es el 25% de Chile. Imagínate que con un candidato tan ultraderecha como Kast sacaron casi el 45%, y también la mitad del Senado. Por lo tanto, si queremos realmente que la Constitución sea la casa de todos, hay que escuchar a todos.

“Lo segundo, hay temas que realmente… El estado plurinacional, por ejemplo. Primero, hay que entender lo que significa nación: es un grupo de personas que comparte una historia, pero que quiere proyectar ese pasado hacia el futuro. Y, de esa partida, establecer que en Chile hay varias naciones, finalmente termina por destruir el Estado unitario. Y ya hay experiencias que a partir de ese tipo de autonomía y del principio de la autodeterminación, se puede querer establecer soberanía. Autonomías como la española pretenden que la lengua castellana no sea el lenguaje de esos territorios. Entonces, creo que eso se ha abordado con mucha liviandad”.

“Lo mismo respecto a los sistemas de justicia. Establecer dos sistemas de justicia distintos atenta contra el principio de igualdad frente a la ley y creo que han debilitado al ya no Poder Judicial —hoy día le llaman Sistema de Justicia— y que es la base de toda democracia. Afecta la independencia del Poder Judicial cuando se afecta su autonomía y cuando queda supeditado al poder político. Y ya conocemos varios países en Latinoamérica donde se controla el Poder Judicial y se controlan también los medios de prensa. Entonces, yo creo que esos son temas que no han sido suficientemente debatidos y no quedan suficientemente claros en el texto”.

-¿Cómo crees que dialogarán estas iniciativas con el gobierno de Boric? ¿Podrían afectar al éxito o fracaso de su gestión?

-Hay gente que dice que el éxito o fracaso de la Convención no tiene nada que ver con el éxito o fracaso del gobierno del presidente Boric. Yo creo que se equivocan profundamente. El gobierno del presidente Boric, y su éxito, va a estar profundamente vinculado al éxito de la Convención. Desde esa perspectiva, yo espero que el presidente Boric ejerza el liderazgo que le entregó la ciudadanía para que, justamente, y haciéndose cargo, también él de las señales que ha dado a la comunidad, partiendo en la propia segunda vuelta, cuando dio señales muy claras hacia la centro izquierda, hacia la socialdemocracia, hacia la izquierda democrática. Y también en la conformación de su gabinete.

“Yo espero que él, sinceramente, intervenga, porque los líderes no pueden abstenerse de influir en temas tan relevantes. Sería inentendible que el presidente de la República dijera ‘yo aquí no me meto porque hay una Convención que tiene autonomía’. Es el líder del país, y por tanto, lo que pase en Chile o deje de pasar va a ser también responsabilidad de él”.

-Usted dijo a comienzos de febrero que estaría inclinado a votar por el Rechazo ¿Por qué lo dijo a esas alturas? ¿No considera que fue precipitado, dado que aún no comenzaban las votaciones en el pleno?

-Cuando uno ve que se improvisa en algunos temas relevantes para el país… Cuando se aprueban, incluso, ya no sólo en las comisiones sino en el pleno, aspectos que a mi juicio son tremendamente perjudiciales para el futuro de Chile, era el momento de prender las luces de alarma y llamar a meditar un poco más. Y ése fue el sentido de mis declaraciones. Fue un llamado de atención. Porque creo que todos debemos ser parte de este proceso constituyente. Por eso me llama la atención aquellos que descalifican y preguntan ‘Y ustedes ¿A quién representan?’. Bueno, yo soy un ciudadano. Fui un representante en el Senado, pero como ciudadano, como una persona que le interesa Chile, tengo todo el derecho y siento además que tengo la obligación de contribuir a que este proceso, que yo aprobé, sea exitoso.

-Desde algunos sectores de la derecha ha surgido la idea de que el debate constitucional se solucione a través de un “plan B”, anticipándose, de alguna forma, al Rechazo del texto. ¿Sería algo a considerar si se confirman los temores de Amarillos por Chile respecto al proceso?

-Esto de tener plan B, no. Yo creo que hay un gran plan, al menos, así me lo planteo hoy día. El objetivo que tenemos es que nuestra lógica sea constructiva. No es de bloquear o torpedear el trabajo de la Convención. Sino que la Convención también escuche otras voces y que sea un espacio de diálogo y de debate bien intencionado.

“Aquí, yo creo que, al final del día, el pueblo chileno va a tener que pronunciarse respecto a un texto, y ese texto, evidentemente, tendrá que ser muy bien analizado. Y espero que sea aprobado, pero también existe la posibilidad de que sea rechazado. Y eso también es una preocupación que nos moviliza. Nos gustaría que tuviésemos una muy buena nueva Constitución, pero que sea una Constitución que no tenga los mismos vicios que tenía la anterior. Y ese es el llamado de atención y la alarma que hemos planteado”.

-¿Cree que la Convención podría, a estas alturas, realizar la apertura al debate por la que ustedes abogan en la carta de Amarillos por Chile?

-La Convención de verdad tiene la obligación de escuchar a la gente. Nosotros no pretendemos atribuirnos ninguna representatividad mayor a la de nosotros mismos. Pero es la opinión de un grupo de personas y que creo que refleja un sentir. Y, por lo tanto, la Convención tiene la obligación de escuchar estos puntos de vista. Ahora, frente a la historia tendrán que responder si fueron capaces de abrirse a este diálogo o no.

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