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17 de febrero de 2022

Jaime Bassa: “Ha sido difícil manejar la Constituyente”

La imagen muestra a Jaime Bassa, ex vicepresidente de la constituyente mirando hacia arriba. Crédito: @periodistafurioso

Quien fuera el primer vicepresidente de la mesa constituyente cree que el proceso va a ir dejando fuera las posturas más extremas de la Convención. Cree también que el diálogo tendrá que aterrizar en el campo de la negociación y de la transacción. De ahí, que la postura de Jaime Bassa sea cuidadosamente optimista. Aquí profundiza en cómo deberá caminar el nuevo gobierno de Gabriel Boric teniendo la discusión constitucional al frente.

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Comenzó el segundo tiempo de la Convención Constituyente. Todos los focos están puestos sobre los 154 convencionales que ya partieron con la discusión de los contenidos que darán vida a la nueva Constitución.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil y lo que queda no promete serlo tampoco. Hay iniciativas altisonantes, temores a lo que pueda salir de allí, pero también hay confianza y esperanza de que se está en construcción de una casa común. ¿Cuánto de este proceso puede afectar, sumar o distraer al nuevo gobierno de Gabriel Boric? Esa es otra de las preguntas que vuelan en el aire.   

Jaime Bassa, abogado constitucionalista, viñamarino y parte de la generación del Frente Amplio, observa optimista, pero muy claro de que la ruta no está totalmente despejada. A él le tocó liderar, junto a Elisa Loncón, la primera fase de instalación de la Convención Constitucional. Hoy es apuntado como un nexo clave del próximo gobierno para apuntalar el proceso constituyente desde adentro. Él esquiva ese rol, pero está consciente de todo lo que está en juego. 

Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso
Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso

-¿Cuánto ruido estás viendo hoy en torno a la Convención? Me refiero al clima con que arranca esta semana histórica.

-En términos generales, diría que ha sido difícil manejar la Constituyente. No solo la institución, sino que el proceso en general. Hay muchas conversaciones nuevas que se están llevando adelante de manera simultánea y que involucran a muchos actores y distintos sectores que habían estado fuera de la discusión pública. Pero, además, porque se están abordando temas que nunca antes habíamos podido discutir y también otros temas viejos, pero que hoy se están debatiendo desde una perspectiva novedosa.

-¿Es la suma de todos estos factores lo que alimenta la complejidad?

-Claro, está toda esa combinación de factores, sumado a la falta de experiencia de muchos de los constituyentes. O sea, muchos llegamos acá sin experiencia política previa. Y lo otro que también agregaría es que estas discusiones están tocando intereses particulares que son de verdad importantes. Bueno, toda esa conversación ha generado un estadio de comunicación pública muy ruidoso.

«En términos generales, diría que ha sido difícil manejar la Constituyente. No solo la institución, sino que el proceso en general. Hay muchas conversaciones nuevas que se están llevando adelante de manera simultánea y que involucran a muchos actores y distintos sectores que habían estado fuera de la discusión pública»

-¿Reconoce, entonces, que la Convención está generando mucho ruido, levantando el polvo?

-Sin duda que hay mucho ruido en el aire, en el ambiente. Y, claro, entre tanto ruido cuesta instalar los avances  significativos y positivos que sí ha ido teniendo la Convención. Son muchos los factores que han hecho difícil conducir este proceso social que empuja cambios bien estructurales.

-¿Cuándo te empezaste a dar cuenta de la dificultad, de los nudos? O sea, ¿en que minuto te cayó la teja de que las cosas se complejizaban?

-Hubo varios tejazos que fueron cayendo escalonadamente. El primer mes –julio- fue muy difícil por lo que significó instalar un órgano nuevo y con escasa ayuda del gobierno. Ese trabajo lo tuvimos que hacer con una mesa plurinacional, con una presidenta mapuche y un vicepresidente mestizo. Ese trabajo de articulación fue súper importante porque, además, tuvimos que luchar contra un sector político que obstaculizó el proceso de implementación de la Convención desde la primera semana. Luego han habido otros tejazos que fueron cayendo progresivamente, pero en el fondo todo tiene que ver con que esta Convención representa voces que nunca habían estado presentes en un espacio público institucional.

-Y hoy, ¿dirías que hay voces indomesticables?

-No. Creo que las diferencias estructurales de la Convención han enriquecido el proceso de deliberación y están permitiendo avanzar –de a poco- en el contenido de las discusiones que estamos dando.

«El primer mes -julio- fue muy difícil por lo que significó instalar un órgano nuevo y con escasa ayuda del gobierno. Ese trabajo lo tuvimos que hacer con una mesa plurinacional, con una presidenta mapuche y un vicepresidente mestizo»

-¿No será que el contraluz de esa diversidad sea también la fragmentación? O sea, que algunos sectores estén más preocupados de visibilizar sus causas y otros por desplegar sus estrategias políticas…

-Efectivamente, ese es un dato de la causa. Hay una alta representación política de sectores sociales, plurinacionales, territoriales y políticos muy distintos y que concurren a esta conversación desde lugares muy diferentes. Entonces, claro, por un lado hay reivindicaciones particulares, que es lo que algunos han llamado la política de la identidad, pero eso no se agota ahí. Porque esa reivindicación también tiene una demanda por la redistribución del poder. Ese diálogo no lo ven quiénes hablan permanentemente de que hay un fraccionamiento. El punto es que Chile es un país diverso, multicolor, y por primera vez en nuestra historia se está construyendo a partir de esa diversidad.

Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso
Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso

-¿Qué te preocupa del momento actual? Lo pregunto porque, además, eres parte del Frente Amplio y de una generación que llega a La Moneda…

-Estamos en medio de este proceso constituyente porque las personas comunes y corrientes estamos demandando cambios importantes en nuestra vida cotidiana. Eso significa, por ejemplo, el reconocimiento al derecho a la vivienda, a la protección efectiva de la salud universal, a la educación, seguridad social, la recuperación del agua. Por lo tanto, uno de los temores que tengo es que esos cambios estructurales se puedan hacer efectivos en el funcionamiento orgánico del Estado.

-¿Cómo así?

-Por ejemplo, una de las formas de revitalizar y proteger el reconocimiento de los derechos fundamentales es fortaleciendo el proceso político que genera las normas.  

-O sea, ¿todo lo que salga de la Convención va a depender finalmente de la política y del Congreso?

-Claro. La implementación de todas las Constituciones requieren leyes fuertes y para eso necesitamos, efectivamente, parlamentos fuertes. Pero eso implica tener un Congreso con alta legitimidad social, que hoy no lo tenemos. Necesitamos que tenga un alto grado de representación política, que sea paritario, plurinacional. O sea, se necesita una acción política para implementar adecuadamente la nueva Constitución. Es un camino de cambio institucional, pero que pasa por volver a confiar en la política.

-¿Para aterrizar los cambios no basta la nueva Constitución?

-Es fundamental una articulación del proceso constituyente con los cambios políticos que se vienen construyendo. Porque este proceso no va a terminar cuando se redacte la nueva Constitución.  Se debe proyectar hacia el futuro. Esta Convención Constitucional tiene que saber que no puede llevarse las llaves del proceso político para la casa. Al contrario…

«La implementación de todas las Constituciones requieren leyes fuertes y para eso necesitamos, efectivamente, parlamentos fuertes. Pero eso implica tener un Congreso con alta legitimidad social, que hoy no lo tenemos. Necesitamos que tenga un alto grado de representación política, que sea paritario, plurinacional»

-¿Y qué significa eso?

-Que la Constituyente tiene que generar las condiciones para abrir el proceso político de aquí en adelante. Empujar un proceso más representativo, de modo que las normas que regulen la implementación de la nueva Constitución sean más democráticas y participativas que las leyes que hemos visto promulgadas en los últimos 30 años. Ahí, la Convención tiene una responsabilidad importante.

-¿Tienes el temor es que la Convención Constituyente se quiera llevar las llaves para la casa?

-Tengo dos tipos de temores. Uno, que de aquí en adelante la ciudadanía sea capaz de recuperar la confianza en las instituciones. Por ejemplo, el Congreso plurinacional que estamos proponiendo trata de avanzar en esa línea.

-¿De cuál línea?

-De separarse de la herencia de los últimos 30 años de desconfianza de un órgano que tiene una crisis de legitimidad importante y generar las condiciones para que la ciudadanía confíe de verdad en esa institución, pero con una configuración distinta, con otras formas de representación. Ahí hay un temor.

-¿Y el otro?

-Es que las y los convencionales tenemos que entender que los procesos de transformación social, de cambio, que abrieron el proceso constituyente, van a seguir abiertos. No lo vamos a conducir nosotros, porque el 5 de julio se acaba la Convención. El proceso seguirá abierto. Por lo tanto, los actuales convencionales también tenemos que confiar en la democracia que se va a comenzar a desplegar una vez que se apruebe la nueva Constitución.

EL ROL DEL NUEVO GOBIERNO

-La Convención estará funcionando a la par del nuevo gobierno de Gabriel Boric. No son pocos los que creen que el proceso constituyente podría ser su verdadera oposición.

-¿Por qué?

-Porque si no hay acuerdos, se podría rechazar la Constitución en el plebiscito de salida…

-La Constituyente no tiene que diseñar la nueva Constitución pensando en el gobierno. Ni en éste ni en el futuro. Tiene que pensar en el país, en la República, en los próximos 100 años. Lo segundo, es que todas las generaciones tenemos una responsabilidad súper importante para que esto salga bien. Me llama la atención que haya sectores de la elite que están cargándole al Frente Amplio la responsabilidad de sacar esto adelante, como si el resto de la sociedad no tuviera ninguna responsabilidad. Todos y todas tenemos que concurrir en este proceso con el máximo nivel de compromiso.

«La Constituyente no tiene que diseñar la nueva Constitución pensando en el gobierno. Ni en éste ni en el futuro. Tiene que pensar en el país, en la República, en los próximos 100 años«

-Eres parte de ese mundo que llegará a La Moneda, ¿cómo crees que se van a ir acoplando estos procesos? ¿Cuánto lo puede condicionar?

-Es un hecho indesmentible que al próximo gobierno que va a encabezar el Presidente Boric le van a tocar dos grandes momentos muy difíciles. Primero, el trabajo del plebiscito de salida. De alguna manera, ordenar comunicacionalmente todo el ruido que se ha ido generando en estos meses y cómo se vaya a ir configurando la voluntad popular que se va a expresar en ese plebiscito de salida. Y, en segundo lugar, le va a tocar implementar las primeras etapas de la nueva Constitución. Ese proceso va a ser largo y difícil. Muy probablemente se va a proyectar más allá del gobierno de Gabriel Boric. Desde esa perspectiva, hay una enorme responsabilidad ahí.

-Giorgio Jackson ha dicho que la Constitución será clave para llevar adelante el programa de gobierno. ¿Así de simbiótico podría ser este proceso?

-Si bien los procesos políticos que estamos viviendo se entrecruzan, son distintos. Lo que hay detrás de una demanda como la constituyente es una cuestión estructural que aborda una serie de dimensiones de nuestra convivencia política, social, económica y ambiental y que van mucho más allá de un programa de gobierno. Entonces, el éxito de un programa de gobierno no depende directamente del éxito de un proceso constituyente.

-Pero la política también tiene un aspecto simbólico. Un eventual rechazo a la nueva Constitución, sí podría poner en aprietos al gobierno de Boric para cumplir con lo que se le ofreció al país…

-Es que la nueva Constitución no puede ser la Constitución de un sector al punto de llegar a afectar la implementación de un programa de gobierno, sea cual sea. Por eso quiero tomar cierta distancia de esa afirmación. Son procesos distintos y aunque están entrelazados, el éxito de cada uno no puede medirse con la misma vara. Dicho eso, es claro que necesitamos que la aprobación de la Constitución sea muy transversal y tenga un apoyo muy significativo. Ojalá tan significativo como el apoyo que tuvo en el plebiscito de octubre del 2020.

«Lo que hay detrás de una demanda como la constituyente es una cuestión estructural que aborda una serie de dimensiones de nuestra convivencia política, social, económica y ambiental y que van mucho más allá de un programa de gobierno. Entonces, el éxito de un programa de gobierno no depende directamente del éxito de un proceso constituyente«

-¿Podría pasar que se apruebe por poco, y que eso sea leído como una derrota?

-Sí, porque hay una suerte de enlace. De alguna manera, ahí sí se podría cruzar el proceso político del gobierno con el de la constituyente porque serían éxitos o fracasos compartidos. Ciertamente, perder el plebiscito o ganarlo por muy poco, sería un golpe para la Constituyente y para el gobierno.

-¿Eso podría explicar las intervenciones que ha hecho el propio Presidente Boric y Giorgio Jackson en estos días? Da la impresión de que se instaló en ellos una preocupación por el tipo de iniciativas que se han propuesto…

-Yo creo que ambos están asumiendo la responsabilidad que les competen como representantes de un proyecto político importante. Como país, no nos podemos permitir el fracaso de este proceso. Que esto resulte bien es una responsabilidad histórica que no podemos eludir.

-El tema es cuánto se puede intervenir. En entrevista en La Tercera, el vicepresidente Gastón Domínguez dijo que el gobierno actual y el entrante debieran mantenerse distantes de opinar…

-Tenemos lecturas distintas. Creo que ni Gabriel Boric ni Giorgio Jackson han incidido en la discusión de contenidos. No están tratando de condicionar las decisiones de la Convención Constitucional en un sentido o en otro, sino que simplemente han hecho ver la importancia de conducir este proceso con responsabilidad histórica, con sentido de realidad y formando parte, de alguna manera, de esa discusión.

Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso
Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso

-¿Eso significa que el gobierno podría ser incumbente porque se juega, finalmente, su destino?

-Reitero: el éxito del gobierno depende del gobierno y el éxito de la Constituyente depende de la Convención. Eso, sin perjuicio de que muchos que no formamos parte del gobierno también somos responsables de su éxito.

-¿Y tú sientes el peso de ayudar a conducir desde aquí el proceso político?

-Todos los que estamos cumpliendo roles públicos, tenemos una responsabilidad histórica que no podemos eludir. El país está atravesando un momento crucial. Es una coyuntura demasiado profunda, demasiado radical y que va a requerir de mucha generosidad y buena voluntad para poder sacar al país adelante. Y eso pasa por tener un proceso constituyente exitoso.

-¿Es un problema que hayan propuestas que sean vistas como “loquisímas” o “caricaturescas”?

-Este proceso está abierto a todas las propuestas. No estaría en condiciones de caricaturizar o ridiculizar ninguna. Somos 154 representantes de la voluntad popular, y esa voluntad se expresa de distintas maneras. Por lo tanto, todos y todas tienen el derecho de hacer las propuestas que representen esas voluntades. Yo no las descalificaría.

«Todos los que estamos cumpliendo roles públicos, tenemos una responsabilidad histórica que no podemos eludir. El país está atravesando un momento crucial. Es una coyuntura demasiado profunda, demasiado radical y que va a requerir de mucha generosidad y buena voluntad para poder sacar al país adelante. Y eso pasa por tener un proceso constituyente exitoso»

-¿No le gustó lo que dijo Jackson…?

-Todos sabemos que hay propuestas altisonantes y que han sido utilizadas por la campaña anti constituyente para ridiculizar el trabajo que hacemos. Sin embargo, yo reivindico el derecho de los distintos sectores políticos para levantar esas propuestas. Es parte de la manera en que la discusión va encontrando sus límites, sus márgenes para llegar, finalmente, a los dos tercios.

-¿Quizá tiene que ver con el clima de incertidumbre que ronda?

-Es verdad, y uno de los desafíos que tenemos en las próximas semanas es ayudar a decantar todo el polvo ambiente que ha habido en las últimas semanas. De alguna manera hay que ponerle márgenes a la discusión política y ojalá empezar a discutir, específicamente, aquellas cuestiones que sí se están aprobando. Porque, claro, muchos se han ido formando una opinión a partir de las iniciativas más llamativas y las polémicas. Pero de aquí en adelante, el debate debiera empezar a centrarse en propuestas concretas y que sí tienen apoyos transversales cercanos a los 2/3.

-¿Y eso va ir dejando fuera las posturas altisonantes?

-La forma de discusión que tiene la Convención, sus etapas, el diálogo entre las comisiones y el Pleno, el quórum de mayoría en las comisiones y el quórum de los 2/3 en el Pleno, necesariamente va a generar condiciones políticas para que los extremos vayan quedando con propuestas que van a ir siendo desechadas.

-¿Debiera quedar fuera el purismo y entrar a la cocina a negociar?

-La Convención es un espacio permanente de diálogo, de deliberación y de negociaciones. Muy probablemente, eso va a requerir de transacciones para poder configurar los dos tercios.

-¿Estás consciente de que la palabra «transacción» podría provocar anticuerpos en algunos sectores de la Convención?¿Crees, por ejemplo, que una fuerza política como el PC va a entrar en esa lógica?

-Eso es la política: diálogo, negociación y también transacción. Todos sabemos que concurrimos al debate público con la convicción de que nuestras propuestas siempre son las mejores, pero también con la certeza de que no son las únicas. Y como el país necesita respuestas coherentes, estables en el tiempo, sabemos que nunca nuestra postura va a ser finalmente la postura de la Constituyente. La nueva Constitución va a reflejar de manera parcial las propuestas de todos y todas.

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