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14 de Marzo de 2022

Constitucionalista Francisco Soto por norma de facultades electorales a movimientos sociales en Convención: “La idea de ese discurso es satanizar a los partidos como lo hizo Pinochet”

Francisco Soto

La comisión de Sistemas Políticos aprobó una indicación que equipara a los partidos y a los movimientos como organizaciones políticas, dándoles similares atribuciones. En esta entrevista, el abogado constitucionalista y académico de la U. de Chile, explica su rechazo a esta idea: “cada vez que desde el Estado se pretende controlar a las organizaciones de la sociedad civil, lo que haces es desperfilarlas y perder su sentido natural”, argumenta.

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La Comisión de Sistema Político de la Convención Constitucional ya despachó su primer informe al Pleno, incluyendo entre sus normas aprobadas una que equipara las facultades de los movimientos sociales con las de los partidos políticos.

La norma establece que las organizaciones políticas son entidades públicas no estatales y pueden constituirse como partidos políticos o como movimientos político-sociales, ya sea de carácter nacional o regional.

Con esto, la norma propone que los movimientos sociales, al igual que los partidos, puedan presentar como candidatos a personas militantes, adherentes o no afiliadas, para una elección popular. La norma viene a dar un giro en 180 grados a la estructura partidaria actual.

Para profundizar en la controvertida norma que le baja el perfil a los cuestionados partidos políticos, el abogado constitucionalista y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Francisco Soto, conversa con The Clinic.

-La comisión de Sistema Político de la CC aprobó una norma que equipara a los partidos políticos con las organizaciones sociales. ¿Qué le parece esta idea?

-Me parece un error conceptual. Nuevamente, creo que en estos temas no se ha mirado la experiencia comparada y las buenas prácticas que promueven la participación de la ciudadanía en temas de interés público.

Si uno revisa la experiencia como Suiza o países donde operan con referéndums o mecanismos de democracia directa de manera habitual, como también sucede en Italia, lo que se busca es complementar la labor de los partidos y los movimientos sociales. No ponerlos en una situación de igualdad, porque claramente cumplen funciones distintas y asimilarlo, de alguna manera, precariza aún más la labor de los partidos políticos, que a mi me parece fundamental.

-¿Está bien que la Constitución regule los movimientos sociales?

-Lo que pasa es que la idea de las organizaciones de la sociedad civil, hasta la propia Constitución del 80 lo que hace es simplemente reconocer su existencia, con suerte, y establecer mecanismos de fomento y promoción para que autónomamente puedan desarrollarse con libertad, y las organizaciones de sociedad civil muchas veces se estructuran frente a ciertas debilidades del Estado y emergen cuando el Estado no es capaz de satisfacer los intereses y las necesidades de la sociedad.

Cuando tienes una sociedad de bienestar que resuelve los problemas principales de la ciudadanía, las organizaciones sociales suelen tener un rol mucho más opaco, pues emergen justamente en situaciones de crisis. Entonces, las organizaciones se presentan como oposición.

Me parece un error conceptual pretender regularlas. Lo que se suele hacer es promoverlas o tratarlas como lo hace la Ley 20.500 a aquellas que realizan labores de interés público; buscar que se financien y reciban un apoyo del Estado. Pero ponerlas en un plano de la actividad política electoral, me parece que es un error conceptual.

“Lo que uno debería tratar es fortalecer a los partidos y que ocurra como en otros estados, que no solamente le da un rol electoral, sino que le da un rol de coordinación con las organizaciones de la sociedad civil”.

-¿El límite para regular a las organizaciones sociales son las facultades electorales?

-Claro, o sea, es su naturaleza. Por ejemplo, las mutuales que surgen en el siglo XIX, las organizaciones vinculadas a los temas sindicales y hoy en día ellos son de organizaciones de los más diferentes ámbitos: en temas ambientales, animalista o vinculadas a la salud y demandas sociales. Y al transformarlas en partidos, se termina debilitando mucho su estructura y su funcionamiento.

Lo que uno debería tratar es fortalecer a los partidos y que ocurra como en otros estados, que no solamente le da un rol electoral, sino que le da un rol de coordinación con las organizaciones de la sociedad civil. Y eso no hay que satanizarlo, que los partidos se coordinen con las organizaciones. De hecho, por ejemplo, casi el 95% de los plebiscitos que han operado en Suiza, han sido justamente en alianza entre la sociedad civil y los partidos. Pero de ahí a ponerlos en condiciones de igualdad, yo creo que es un error.

“Las organizaciones sociales se dedican básicamente a fines específicos, van a levantar ciertos temas que revisten interés a sus socios y que se expresan muchas veces a nivel territorial”.

-¿Por qué es necesario que los partidos y los movimientos políticos tengan distintas regulaciones?

-Son asociaciones ambas, con la diferencia de que el partido político busca intervenir en la deliberación pública, canalizar las opiniones de la ciudadanía y tienen un rol preferente en elegir representantes. Hay otros países que lo complementan con participación en mecanismos de democracia directa.

Por ejemplo, el Partido Radical en Italia jugó un papel súper relevante más que en elegir candidatos, en levantar el referéndum aprobatorios que yo creo que es una mirada interesante. Piensa que las organizaciones sociales se dedican básicamente a fines específicos, van a levantar ciertos temas que revisten interés a sus socios y que se expresan muchas veces a nivel territorial.

Entonces, nuestra historia es que siempre los partidos políticos tendían a cooptar a las organizaciones sociales y la visión más extrema es justamente en el gobierno de la Unidad Popular, donde se esperaba que los partidos, de alguna manera, representaran y canalizaran el Poder Popular. Y sobre eso se levanta la Constitución del 80, que pretende generar una división tajante entre partidos y movimientos sociales, lo que atomizó el papel de los partidos políticos y los llevó a la crisis actual. Entonces lo ideal, lógico y sano, es buscar el trabajo colaborativo de manera transparente y no satanizado.

“Se conecta con la ideología de la Constitución del 80”

-En las organizaciones sociales siempre hay deseo por lograr una mayor incidencia política. ¿Cómo se puede satisfacer este objetivo de mayores facultades para representar a determinados grupos?

-Eso a mi me parece súper sano, pero la idea de ese discurso es satanizar a los partidos como lo hacía Pinochet. Es decir, la única manera en que se puede representar adecuadamente a los ciudadanos, es eliminando los partidos políticos y optando por estos movimientos sociales, que son un seudo partido que de alguna manera tiene una expresión, a lo mejor no ideológica, un poco renegando las estructuras de los partidos. Lo sano es buscar una coordinación natural. Obvio que los movimientos sociales quieren influir, pero que busquen alianzas con los partidos políticos. En ese sentido, la legislación debería promover eso.

“Obvio que los movimientos sociales quieren influir, pero que busquen alianzas con los partidos políticos. En ese sentido, la legislación debería promover eso”.

-¿Para usted la idea de equiparar el rol de los partidos y de los movimientos tiene tintes pinochetistas?

-O sea, es una idea que degrada a los partidos y, en ese sentido, se conecta con la ideología de la Constitución del 80, que es una tesis gremialista y UDI, originalmente. Tiene relación con Pinochet porque se consagra en la Constitución del 80, pero el germen está en la propia reflexión de Jaime Guzmán, que tenía una idea de que despolitizando a la sociedad, es decir, acotando a los partidos políticos en el estricto terreno electoral, iba a emerger el verdadero ciudadano con los valores conservadores que él reivindicaba.

Él esperaba justamente eso y lo logró con la Constitución del 80, pero no se esperaba que no emergieron los valores conservadores, sino una anomia que ha ido debilitando la deliberación pública y la cooperación al interior de nuestra sociedad. En ese sentido, los partidos políticos son fundamentales porque canalizan los debates, articulan la reflexión y permiten llegar a acuerdos en los órganos deliberativos.

Hoy en día estamos justamente con la Convención, muchas veces recurriendo a modalidades de trabajo novedosas que pueden ser súper interesantes, pero que muchas veces han presentado muchos problemas para poder negociar y construir acuerdos. Esa es la función de los partidos políticos.

-Lo que hace la norma aprobada es igualar a los partidos y los movimientos como organizaciones políticas. Así las cosas, ¿desaparecerían las organizaciones sociales?

-Es paradójico. Porque cada vez que desde el Estado se pretende controlar a las organizaciones de la sociedad civil, lo que haces más bien es desperfilarlas y perder su sentido natural, que es justamente su rebeldía, su distancia con el sistema institucional y su cierta capacidad de siempre buscar la manera de ser una expresión alternativa y demostrar desconformidad de la sociedad. Eso es algo que, en general, es sano.

Hay momentos en que eso se transforma en anomia, pero justamente se produce por la falta de cooperación y diálogo con los partidos. Lo ideal es una sana convivencia, pero entendiendo que son funciones distintas.

-De aprobarse esta norma, hay una posibilidad de que aumente drásticamente las organizaciones con facultades de partidos políticos. ¿Cree que esa masividad de “partidos” vaya en la línea correcta?

Esa es una de las características de Chile: el multipartidismo. El problema es que a medida que esos partidos o esos movimientos sociales se formalicen, adquieran representantes en el Congreso y se articulen adecuadamente, van a ser un modelo o una versión particular de los propios partidos.


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