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15 de Marzo de 2022

“En vez de encontrarse con lágrimas de Lola Melnick, la gente se encontró con una opinión”: La reflexión de la presentadora de TV sobre su rol de analista de la guerra

|| Crédito fotografía: Wieslaw Olejniczak

Lola Melnick se hizo conocida en Chile por sus bailes y sketches en "Morandé con Compañía", a principios de los 2000. Pero este 2022, a raíz de la guerra en Europa oriental, esta presentadora ruso-ucraniana, hoy radicada en Brasil, se transformó en una analista predilecta de los matinales. Aquí, Melnick habla sobre esta inusitada atención, y se detiene para reflexionar sobre su carrera en la TV chilena, afirmando que “nunca se me dio una oportunidad”.

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Dicen que toda moneda tiene dos caras; frase que, en el caso de Lola Melnick (39), encaja casi a la perfección.

Esta comunicadora y bailarina dejó su huella en la memoria de los chilenos a comienzos de la década de los 2000, sobre todo por sus apariciones en el show de Kike Morandé, programa que marcó una era de la televisión local a pesar de que hoy sea recordado con recelo, por voces que califican sus contenidos de machistas. Ahí, Lola participaba en bailes y distintos sketches humorísticos.

En 2009, se trasladó definitivamente a Brasil, donde siguió creciendo en el mundo del espectáculo. Cumplió el papel de jurado en concursos de baile, y luego como presentadora en distintos espacios, en al menos dos canales de señal abierta. Alcanzó tal popularidad entre el público brasileño que, en 2014, incluso llegó a ser portada de la revista de entretenimiento para adultos Playboy, en su edición en portugués.

Esa es la faceta más conocida de Lola Melnick, relativa a sus andanzas por la pantalla chica y de su ineludible vínculo con la farándula. Sin embargo, hay cosas de su vida que la prensa prefiere omitir, quizás porque se escapan del perfil que tan bien se ajusta a los códigos televisivos.

Poco se sabe, por ejemplo, que antes de aterrizar en Chile, Lola pasó por Argentina, donde obtuvo un bachillerato en Leyes. O que en Brasil se especializó en comunicaciones, graduándose de diversos cursos. Asimismo, es políglota: además de español, habla francés, portugués, inglés, ruso y ucraniano. “Soy muy matea, muy estudiosa”, explica a The Clinic, mostrando un cuaderno repleto de apuntes que suele llevar a sus entrevistas.

Este es el lado de Lola Melnick que ha tomado protagonismo en las últimas semanas. Al haber nacido en Odessa en 1982, una ciudad por entonces de la Unión Soviética, pero hoy parte del territorio de Ucrania, los canales chilenos no dudaron en ubicarla para conocer su visión acerca del conflicto bélico que se tomó la agenda noticiosa.

Lola apareció en los matinales de Mega y Canal 13, dejando en evidencia su amplio manejo de fuentes, información, y de la intricada historia detrás de ambas naciones que, hasta cierto punto, explican el origen de la guerra. “La gente, en vez de encontrarse con lágrimas de Lola Melnick, se encontró con una opinión”, resume.

Aunque siempre en un tono respetuoso, y por su personalidad -que ella misma identifica como “bastante fuerte”-, tuvo encontrones en vivo con panelistas e invitados. Sus comentarios y análisis no pasaron desapercibidos en redes sociales: los internautas alabaron su nivel de conocimiento, y su capacidad de leer el panorama buscando incluir el punto de vista de los dos bandos en pugna.

Desde entonces, el teléfono de Lola Melnick no deja de sonar. Medios de comunicación la llaman a diario para contar con sus opiniones. Hasta el momento, además de Chile, ha comentado sobre el tema en Brasil -en los noticieros de SBT, el canal donde actualmente trabaja-, y un medio argentino. También le ofrecieron entrevistas, que aún no confirma, desde Costa Rica y España.

Lola Melnick. Fotografía de Wieslaw Olejniczak.

En diálogo con The Clinic, Lola profundiza acerca de cómo vive esta inusitada atención, mientras lidia con la ola de sensaciones que implica una guerra en su tierra natal. También reflexiona sobre su carrera en Chile, mencionando que, de alguna u otra manera, tuvo que cargar con un “estigma”.

“Yo no soy una monedita de oro, para agradarle a todo el mundo”

-¿Cómo fue que llegaste a transformaste en una comentarista del conflicto en los medios chilenos?

-Es raro. No creo que me haya convertido en una comentarista del conflicto bélico en ningún lado. Lo que pasa es que es normal que, siendo ucraniana y rusa, la gente trate de llegar a ti, para saber tu opinión. Cuando la gente empezó a llegar hacia mí, tanto en Brasil como en Chile, llegaban un poco con la idea de que yo vaya a contar mis emociones, el lado humano, “pucha qué pena, qué triste, qué doloroso”… Todo eso. Y lo que no se estaban esperando es que yo, en vez de irme por el lado humano… Porque es lo que siempre digo, mis lágrimas las derramo sola, en mi casa, no lo hago en público o en un programa de televisión. Y si quieren algo de mí, van a tener una opinión o información.

Y continúa: “Creo que acabé, un poco sin querer, por una cosa mía, por cómo yo soy, cambiando el rumbo de la conversación. La gente, en vez de encontrarse con lágrimas de Lola Melnick, se encontró con una opinión”.

-¿Te esperabas algo así? ¿En algún momento pensaste que te iban a estar llamando para buscar, como bien decías, esa “lágrima de Lola Melnick”?

– Es que yo me conozco, y sabía que mi opinión iba a ser bastante fuerte y que iba a provocar controversias. Gente que va a quedar sorprendida, gente que va a quedar en negación, otros que van a decir ‘wow, es todo lo que yo pensaba’, también… No soy una persona que pasa…

-¿Piola?

-Claro. Yo tengo una opinión. Yo tengo información, me instruyo, me preparo. Y tengo bastante personalidad. Entonces, no tengo ningún problema que, si alguien me está diciendo algo que encuentro una tremenda tontera, de cortar a esa persona. Educadamente, pero cortarlo, y situar, explicar. Sabía que no iba a pasar desapercibida. De hecho, mi mamá me tuvo que decir “tú te controlas por favor, que te conozco”.

Lola Melnick, por un fugaz segundo, ríe.

-¿Qué tipo de reacciones has recibido por tus dichos en la TV chilena sobre la guerra? ¿Cómo te han afectado esas reacciones?

-Primero, yo no soy una monedita de oro, para agradarle a todo el mundo. Partamos por ahí. Segundo, yo analizo de quién viene el mensaje. Si encuentro que la persona que me escribe, con una crítica positiva o negativa, pero explayándose bien, con buena argumentación, contrapuntos, y explicando con información y contenido… Te prometo que lo voy a leer con mucho gusto, y hasta puedo entrar a conversar también.

Lola habla también de otro tipo de interacciones: “Tomando un ejemplo en buen chileno, el ‘ah, mijita rica, lo que diga usted yo se lo acepto’. Es como ya, OK, gracias por el cariño, pero me doy cuenta de que la persona nunca entendió de lo que yo estaba hablando y capaz que ni siquiera se dio el tiempo de leer (mi opinión) y profundizar en ella. O, al contrario, cuando veo mensajes del tipo ‘¡Qué va a saber ella si no vive hace años en Ucrania!’. Ese tipo de comentarios, para bien o para mal, obviamente que me río”.

“Creo que acabé, un poco sin querer, por una cosa mía, por cómo yo soy, cambiando el rumbo de la conversación. La gente, en vez de encontrarse con lágrimas de Lola Melnick, se encontró con una opinión“.

“Pero cuando de repente alguien me dice que le gustó el análisis por tal y tal cosa, o me hace una contra pregunta… Eso me encanta, me fascina. Porque me doy cuenta de que, de alguna manera, logro incentivar a la gente también a pensar. A buscar, a informarse. Y eso es súper importante. Si me preguntas el ‘suma para la raya’, he recibido casi nada de malos comentarios. Claro, siempre hay algunos que de la nada dicen: ‘¿Por qué eres pro rusa?’”.

-Tuviste hace poco un episodio así, por tus declaraciones. ¿Qué sentiste cuando un chileno que vivía en Ucrania aterrizó en Santiago y te calificó de “pro rusa”?

Cuando me enteré de eso, me llamó la atención. Por un lado, entiendo que él viene con estrés, después de la situación dramática que él vivió allá, que no estaba preparado y todo. Lo entiendo. Entiendo que él ahora tiene que descansar. Escribí en Instagram deseándole que ahora él pueda hacer un tratamiento postraumático y que ojalá esté con su familia, en vez de estar paseándose por la prensa. Creo que es lo mejor. Por otro lado, me hizo reír un poquitito, porque yo me pregunto: ¿Si este caballero estaba viviendo todo ese momento de estrés, de guerra, de bombas, en qué minuto él se dio el tiempo de ver y escuchar todo lo que yo dije? ¿Cómo fue eso? ¿O se lo contaron? Porque, si se lo contaron, estamos mal, porque se quedó con sólo una parte de la información.

“De lo que dijo, hay algo que sí fue grave: catalogarme de algo que hoy se está utilizando casi como un eslogan de odio, o negativo, como decir que eres un nazi, o un pro ruso. Ahí, yo mediría un poco las palabras”, comenta Lola.

-Es ese fenómeno de endosar una etiqueta a alguien, para bloquear la validez de cualquier tipo de discurso o argumento.

-Claro. Y crear negatividad encima de esa persona. Pero, como te dije, entendí perfectamente que el caballero venía con su adrenalina, de haber pasado por una situación gravísima para él. Me imagino que fue la primera vez que vivió una cosa así en su vida. Y bueno, alguien le habrá contado algo, y disparó.

Primero, yo no soy una monedita de oro, para agradarle a todo el mundo”.

“No soy ni de un lado ni del otro”

-¿Cuál es la idea central sobre la que basas tu análisis de la guerra ruso-ucraniana?

-Creo que siempre tenemos que remontarnos al hecho de que esto no pasó hace dos semanas. Esto tiene un origen bastante más antiguo. Estamos hablando de ocho años de guerra. Esto parte con el Maidán en 2013, y después pasa a ser efectivamente una guerra en 2014. Entonces, no podemos solamente quedarnos con la información reciente, y pensar en los hechos recientes. Cuando a mí me preguntan: “Lola, ¿Qué crees que pasó?”, obviamente me tengo que remontar a los hechos históricos, a los hechos geopolíticos, a cómo se ha llevado esa combinación o mezcla cultural que ha habido, hasta ahora, entre Rusia y Ucrania.

Lola Melnick resume en modo de síntesis: “Encuentro que sí existe un conflicto interno, y eso tiene una explicación histórica, pero existe mucha influencia e intereses creados de occidente para fomentar este conflicto, y que no cese”.

-¿Cuáles son esos intereses?

-Partamos con los intereses de la OTAN. La OTAN está compuesta por 750 bases militares estadounidenses en 80 países del mundo. Entonces, cuando yo explico esto con peras y manzanas, como dicen ahí en Chile, ¿acaso a Chile le gustaría que, de repente, tengan Argentina o Bolivia bases militares con misiles (apuntando) hacia Chile? No creo. Imagina estás en tu casa, con los vecinos con armas asomados por la ventana. ¿Cómo te vas a sentir? Mal. No lo vas a querer.

Cuando de repente alguien me dice que le gustó el análisis por tal y tal cosa, o me hace una contra pregunta… Eso me encanta, me fascina. Porque me doy cuenta de que, de alguna manera, logro incentivar a la gente también a pensar”.

-¿Tomas partido por alguno de los bandos en el actual conflicto?

-Mucha gente por ahí me trata de adjudicar alguna posición política. Yo siempre trato de aclarar eso: no tengo una posición política. Yo tengo una posición lógica, de análisis. Yo no soy ni de un lado ni del otro. Yo estoy analizando la situación. Y analizando la situación, yo veo que EE.UU. está perdiendo control -o disminuyendo su control- en América Latina. Y necesita de Europa. Necesita acorralar a aquella región del oriente. Y Ucrania, aparte de ser un país extremadamente rico (…), hay que ver dónde está ubicado. Entonces, obviamente que hay intereses allá.

-Pareciera que ver el tema desde la óptica de Occidente, pero también de Rusia, es fundamental para entender las raíces de la guerra. ¿Por qué crees que el lado “no occidental” del análisis pasa, al menos acá, a un segundo plano?

-Porque el lado del análisis que llega a esta parte del mundo pasa por Occidente. Por un fuerte manejo, una fuerte censura y un fuerte marketing del Occidente. No nos veamos la suerte entre gitanos.

-¿Es responsabilidad de la prensa?

-Yo creo que es el marketing. El marketing occidental. Todo esto son juegos bélicos, políticos y económicos. Es ajedrez. Nosotros aquí podemos estar hablando un montón de cosas, y sentirnos súper inteligentes de estar analizando cualquier cosa. Pero hay gente allá arriba que ya pensaron el tema quinientas mil veces, y están jugando su propio juego.

Mucha gente por ahí me trata de adjudicar alguna posición política. Yo siempre trato de aclarar eso: no tengo una posición política. Yo tengo una posición lógica, de análisis. Yo no soy ni de un lado ni del otro”.

-Es poco común toparse en Occidente con alguien que analice el conflicto mirando desde los dos bandos. Quizás por eso tus comentarios han causado tanto revuelo en los medios chilenos.

-Forma parte de mi esencia, de mi personalidad. Creo que, en estos años, ustedes (los chilenos) han compartido conmigo, supieron conocer que soy de una opinión fuerte, firme, y yo no me achico a la hora de decir las cosas si es algo que realmente creo. Si estoy convencida, y tengo hechos y argumentos, no me voy a achicar frente a nadie.

-¿Cómo ha sido vivir el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania a la distancia? En varias entrevistas has dicho que te gustaría estar allá…

-En 2014, cuando pasa el incidente de Odessa (enfrentamientos entre sectores pro ucranianos y pro rusos) y matan gente inocente, y se hace toda una controversia, no hay DD.HH., nadie habla de eso, y nadie sanciona a nadie. Queda toda esa locura, y al final saben quiénes son los culpables, pero nunca fueron condenados. Eso es injusticia. Y si hay algo que me caracteriza es sentir el dolor de la injusticia. Eso no lo aguanto, no lo soporto. Ver a la gente inocente morir, ver cosas que yo sé son una tremenda injusticia y dolor.

“Llevo ese dolor hace muchísimos años. Y ahora lo último que pasa, es que veo cómo se desencadena algo peor todavía, pasando por los territorios que para mí son… Existe en esto un factor psicológico. Yo tengo dolor por mi gente, por mi país, pero cuando se trata de un lugar por donde tú caminaste, donde tú naciste, donde tú pasaste tu niñez… Lo sientes más todavía. Ahora, al ver que mi ciudad, o en las ciudades que visitaba tanto están siendo atacadas, que la gente muere, que tiene miedo… La gente no sabe lo que les pasa, que es lo peor. La gente no sabe, no entiende. Y están asustados. Ellos están en el medio de un huracán. Entonces, pedirles ahora una opinión es en vano. No hay cómo”.

-¿Tienes familia en Ucrania en este momento?

-Absolutamente. Tengo primas, madrina, otros familiares. Un sobrino recién nacido -tiene meses de vida-, que lo llevaron a Odessa para que conociera a su abuela materna, y no podían salir (cuando comenzó el conflicto). Imagina toda la situación de estrés. Gracias a Dios ya lograron salir, pero a la abuela no la pudieron sacar (…). No puede siquiera moverse sola a un búnker, porque le queda lejos, y tampoco puede salir del país, porque su marido está enfermo. Tengo otro amigo que fue papá recientemente. Y como él está en la edad de alistamiento en Ucrania, no lo dejan salir. Y su esposa está absolutamente apavorada de irse, arrancar o refugiarse sola. Pasar por el corredor humanitario o evacuar sola, con el bebé recién nacido. Las noticias son terribles.

-¿Qué salida, si es que existe alguna, ves al conflicto?

-Creo que la situación allá ha subido mucho de magnitud (…). La única esperanza que tengo es que logren conversar (Putin y Zelenski). Zelenski entendió ahora que tiene que conversar, y que no va a tener ese apoyo de Occidente. Yo encuentro que esa es la única cosa que nos puede salvar a todos en este momento. Negociación, conversación. Ceder ambas partes. Ambas partes. Es la única esperanza. Porque si esto no pasa, yo no veo la situación con buenos ojos, lamentablemente. Porque a Putin lo veo demasiado determinado.

Yo tengo dolor por mi gente, por mi país, pero cuando se trata de un lugar por donde tú caminaste, donde tú naciste, donde tú pasaste tu niñez… Lo sientes más todavía”.

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-¿Te imaginas un escenario donde Putin podría llegar a ceder algo?

-Sí, yo creo, pero si la otra parte cede. Putin está súper claro en su posición de qué es lo que él no va a ceder.

De todas formas, hay un elemento que Lola le “recrimina” a Zelenski: “En vez de proteger a su población”, y dejar salir del país a quienes no quieren luchar, para llegar a un acuerdo “precisamente viendo que el peso” de ambos ejércitos no son iguales, él “expone a la población civil” con el llamado a tomar las armas y defenderse de los invasores.

“Nosotros (los ucranianos) somos muy patriotas, y es bonito y todo, pero no romanticemos a la guerra. Ya no hay nada de romántico en la guerra. Suena bonito estar incentivando el ir a luchar por la patria, pero en la práctica, la gente muere”, apunta Lola.

-Naciste en Odessa, cuando aún era parte de la URSS y no de Ucrania independiente. ¿Cómo conviven en ti esas dos almas: haber nacido rusa y hoy ser ucraniana?

-Por un lado, me da un tremendo orgullo. El tener las dos influencias. Porque son dos tremendos países. Tremendos. Hermosos. Con mucho talento, con mucha historia, con mucha garra. Por otro lado, ahora me siento un poco en jaque: es casi una imposición mundial eso de que tiene que escoger uno u el otro lado. Tienes que tomar partido por uno de los dos. Y yo no voy a tomar partido por ninguno de los dos. Yo amo a los dos por igual. Es lo mismo a que ahora te presionen a escoger a quién vas a amar, a tu mamá o a tu papá. No. No. Yo amo a los dos, y voy a continuar amándolos a los dos. Me siento orgullosa y admiro a los dos. Y no porque uno esté invadiendo al otro, o el otro estaba hace ocho años matando a su propio pueblo, yo voy a tener que tomar partido por uno de los dos. No. Los amo.

-¿Qué dificultades y qué ventajas te trae esa dualidad a la hora de mirar el conflicto? ¿Crees que te entrega, por ejemplo, cierta objetividad?

-Trato de ser objetiva. Trato. Pero para eso, lo que yo busco siempre es la información. Y no siempre la información para un lado. Busco información variada, por todos los lados posibles. Me informo por los medios de comunicación, obviamente, tanto occidentales como por la información rusa. También le pregunto a la gente que vive en Ucrania, que quizás tiene un menor criterio porque están más asustados, y me cuentan más bien sus sensaciones. Pero también hablo con gente que tiene más información periodística o histórica. (…). Creo que, en este momento, no solamente tenemos que quedarnos con la información que nos pasan. Tenemos que analizarla, tenemos que comparar los hechos (…). Yo no quiero empujar a nadie el contenido que estoy entregando. Estoy dando una opción, para que la gente analice, piense, y se quede con su propia opinión.

Ahora me siento un poco en jaque: es casi una imposición mundial eso de que tiene que escoger uno u el otro lado. Tienes que tomar partido por uno de los dos. Y yo no voy a tomar partido por ninguno de los dos. Yo amo a los dos por igual”.

“Nunca se me dio la oportunidad”

-Acá en Chile te hiciste conocida sobre todo por tu rol como bailarina y modelo…

-Sabes, quería aclarar un punto importante. Siempre fui llamada modelo, y nunca fui modelo en mi vida. No tengo ni estatura de modelo. Mido 1.70, y nunca fui modelo de nada. Sí he sido rostro publicitario de varias marcas, pero por ser una persona que trabaja en televisión, por ser conductora. Por eso, cuando constantemente leo “la modelo Lola Melnick”, digo: ¿Cuál parte mía es la de modelo?

Lola, entonces, enumera los hitos más importantes de su formación como bailarina, bachiller en leyes y especialista en comunicaciones.

“Entiendo para dónde va tu pregunta, acerca de ese ‘cambio’ que yo hice. Pero no fue un cambio: es algo que yo siempre he sido. Por ahí la gente no lo sabía. Por ahí la gente en Chile suele estigmatizar”, asegura Lola Melnick.

-Efectivamente, en Chile la gente conoce poco de este pasado. Por lo mismo, ¿crees que existen prejuicios hacia ti entre el público chileno? Tú misma hablaste de “estigmatización”.

-Sí, creo que en Chile hubo bastante estigma, pero también fíjate que la gente que ha trabajado conmigo, y que ha tenido la oportunidad de tener un contacto más próximo conmigo, tiene absolutamente otra opinión de mí. Creo que lo que pasó un poquitito, haciendo un análisis bien frío, es que nunca se me dio la oportunidad.

-¿Por qué crees que nunca se te dio la oportunidad?

-Puede ser por el mismo estigma, o que me querían para eso. Yo, en un momento, no lo quise más. Y eso fue en el inicio. Fui bastante criticada, cuando me salgo un poco de esto (del mundo del espectáculo televisivo chileno), la gente empezó a decirme, y me acuerdo hasta el día de hoy, frases como ‘estás mordiendo la mano que te dio de comer’. Algo así. Medio que diciendo ‘qué se ha creído, qué va a hacer ahora esta niñita’. Bueno, yo seguí mi vida nomás. Y logré hacer lo que quería. Y ojo, sin ningún resentimiento. Al contrario, porque todo esto me enseñó a ser más fuerte, y continuar luchando por mis objetivos.

Entiendo para dónde va tu pregunta, acerca de ese ‘cambio’ que yo hice. Pero no fue un cambio: es algo que yo siempre he sido. Por ahí la gente no lo sabía. Por ahí la gente en Chile suele estigmatizar”.

-Pensando en la percepción que el público chileno tiene de ti, ¿estamos frente a un giro de Lola Melnick? De bailarina y rostro televisivo a comentarista internacional…

-Creo que la gente no me había visto hace mucho tiempo en Chile, y no se acuerda mucho, o si se acuerdan, son sólo algunos reflejos. Yo no he hecho un cambio, siempre he sido igual. Siempre he sido, primero, bailarina formada y, después, conductora de televisión. Porque me he convertido en una conductora y animadora de televisión, y en eso me estoy desarrollando hace mucho tiempo. Sólo que la gente, ahora, tuvo un poquito más de contacto conmigo.

-Pensando a futuro, ¿te gustaría seguir cumpliendo el rol de comentarista para este conflicto? Si te siguen llamando de medios chilenos para hablar del tema, ¿piensas seguir haciéndolo?

-Lo primero, espero que no tenga motivos para hablar de este conflicto, pensando que el conflicto pare. Eso para empezar. Y segundo, creo que lo que puedo hacer es continuar haciendo lo que he hecho hasta ahora, que es ser una comunicadora. Obviamente que si puedo aportar en los medios chilenos, feliz de la vida, siempre y cuando no se vaya a interponer con mi trabajo aquí en Brasil. Esto para cualquiera de los asuntos en los cuales esté facultada para hablar.

Siempre fui llamada modelo, y nunca fui modelo en mi vida. No tengo ni estatura de modelo. Mido 1.70, y nunca fui modelo de nada”.

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