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6 de abril de 2022

Agustín Squella y robustecer Comisión de Armonización: «mi temor es que se transforme en una mini Convención en cuyo interior se libre una batalla no menor»

Agustín Squella y robustecer Comisión de Armonización: "mi temor es que se transforme en una mini Convención en cuyo interior se libre una batalla no menor" Agencia Uno

Reflexivo y sin hacerle el quite a la autocrítica, el convencional y premio nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, Agustín Squella, analiza los agitados últimos días de la Convención, en los que el órgano ha visto cómo se avecina el fin de su trabajo, mientras enfrenta diversas encuestas que dan por ganador al Rechazo en el Plebiscito de Salida y que han provocado numerosas acusaciones contra el texto que se redacta en el ex Congreso. “Poca autocrítica hemos tenido y, en cambio, harta complacencia”, acusa el abogado y académico.

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Al tiempo que la Convención entra en la etapa final de su trabajo, diversas encuestas de opinión han mostrado que el quehacer constituyente no está logrando convencer del todo a la ciudadanía. Esto, por cierto, ha provocado acaloradas críticas contra los convencionales, mientras que, en el otro lado, algunos acusan una campaña del terror por parte de poderes fácticos, encuestadoras y medios de comunicación.

En ese contexto, el convencional Agustín Squella (Ind. PL), fiel a su estilo templado y reflexivo, llama a no apurar conclusiones.  “Mi sugerencia sería no precipitarse a favor del Rechazo sin tener antes a la vista el texto”, plantea.

Esto, claro, no exime de autocríticas al académico y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, quien reconoce que “por supuesto que hay un sector importante y poderoso del país que está trabajando por el Rechazo, pero tampoco podemos decir que todo proviene de él”.

En ese sentido, el abogado y también periodista, quien se identifica como un “liberal de izquierda”, sostiene que al interior del ex Congreso no se ha seguido íntegramente el llamado del Presidente Boric, quien durante su gira a Argentina llamó al órgano constituyente a “buscar la mayor transversalidad y amplitud posible para construir una Constitución que sea un punto de encuentro”.

A menos de un mes de que termine el trabajo de las comisiones temáticas, Agustín Squella acusa que “la cerrazón de algunos colectivos y la arrogancia de no pocos egos que circulan por la Convención, incluso partidarios de Boric, no se muestran muy dispuestos a hacerle caso”, plantea el constituyente en conversación -vía correo electrónico- con The Clinic.

¿Cómo interpreta el hecho de que, en los últimos días, tres encuestas hayan mostrado una ventaja del Rechazo por sobre el Apruebo para el Plebiscito de Salida?

Independientemente de las que usted menciona, estamos llamando encuesta de opinión a lo que muchas veces no pasan de ser registros del estado de ánimo de tres o cuatro centenares de personas que responden al llamado del “encuestador”. Y como los estados de ánimo son por naturaleza cambiantes, no sé cuánta importancia puede darse a tales registros. Igual resulta preocupante cualquier señal de que la posibilidad del Rechazo en el Plebiscito de Salida pudiera estar subiendo. 

Mi sugerencia sería no precipitarse a favor del Rechazo sin tener antes, a la vista, el texto completo de la nueva Constitución que será propuesto al país: paciencia entonces. Seguimiento diario del trabajo de la Convención, por cierto, pero saber esperar también al resultado final.

¿Estas cifras dan cuentan de una «campaña del terror» contra la Convención como han acusado algunos convencionales, o hay un problema orgánico de fondo?

Por supuesto que hay un sector importante y poderoso del país que está trabajando por el Rechazo, pero tampoco podemos decir que todo proviene de el. Como Convención hemos tenido nuestros numeritos y no podemos desconocer el impacto desfavorable que ellos tienen en la opinión pública. Tampoco es que todos nuestros problemas sean comunicacionales, como gusta decir a todos los gobiernos e instituciones cuando la opinión pública se desapega de ellos.

En ese sentido, ¿visualiza alguna autocrítica al interior de la Convención por lo que los sondeos reflejan?

Poca autocrítica hemos tenido y, en cambio, harta complacencia. En Diciembre del año pasado, un grupo de convencionales pedimos a la anterior mesa directiva tener una jornada de reflexión, no más de un día o una mañana, para hacer autocrítica y sacar lecciones de cara al intenso trabajo que nos esperaba en los primeros meses de este año. Todavía estamos esperando la respuesta. 

Personas y organizaciones hacen mejor su trabajo si se auto examinan con espíritu crítico cada cierto tiempo; perdimos esa oportunidad y caímos en lo que es habitual en nuestro país. Si existiera un campeonato mundial de la crítica, ganaríamos la copa todos los años; pero en uno de autocrítica no clasificaríamos nunca.

¿Considera que la Convención avanza en el camino que planteó el Presidente Boric, quien dijo que se debe «buscar la mayor transversalidad y amplitud posible para construir una Constitución que sea un punto de encuentro»?

Pienso que no lo hemos hecho. El nuevo Presidente visitó la Convención 48 horas después de ser elegido y dijo claramente que el país no esperaba una Constitución partisana. Todos aplaudimos, pero por momentos parece que nos quedamos en los puros aplausos. Ahora vuelve a insistir sobre el punto, pero la cerrazón de algunos colectivos y la arrogancia de no pocos egos que circulan por la Convención, incluso partidarios de Boric, no se muestran muy dispuestos a hacerle caso. 

Parecen a veces más interesados en dejar su huella en la nueva Constitución que en la necesidad de que esta sea representativa del país y no solo de un sector de este.

¿Cuál es su postura respecto al debate sobre las atribuciones que debería tener la Comisión de Armonización? La derecha de la Convención y agrupaciones como «Una que nos una», demandan que esta instancia tenga atribuciones para intervenir en los contenidos de las normas?

Podrían mejorarse las atribuciones de esa Comisión, y así lo espero, pero siempre será el Pleno el que tenga la última palabra. Cuarenta integrantes de la comisión es también un exceso y mi temor es que esta se transforme en una mini Convención a cuyo interior se libre una batalla no menor: la lucha por las palabras, o sea, por el texto definitivo de la nueva Constitución. Sería ideal que la hasta ahora débil Secretaria Técnica de la Convención pudiera ir preparando el trabajo de la Comisión de Armonización.

“Si no hay nuevas instituciones, habrá las actuales”

¿Cómo evalúa el acuerdo de Sistema Político? ¿Lo respaldará?

Lo respaldaré sólo si mejora a partir del texto que conocemos. Ese texto es una buena base, pero sus autores deben poner atención a las observaciones hechas por constituyentes que, formando parte de la respectiva comisión, no lo suscribieron; búsqueda leal de una mayor transversalidad, entonces, tal como pide el Presidente Boric. Si no hay un acuerdo amplio en el sistema político estaríamos fritos. Ese capítulo, junto con el de Derechos Fundamentales, son los principales de toda Constitución. 

El capítulo sobre Sistema Político organiza el poder y aquel sobre Derechos Fundamentales nos protege del poder (derechos civiles o personales), permite participar en este (derechos políticos) e impone a todo el que ejerza el poder las prestaciones en que se deben traducir los derechos sociales. En materia de Sistema Político los constitucionalistas suelen estar enamorados de las más distintas y aun opuestas alternativas, pero en esto hay que pensar en lo mejor para el Chile del siglo XXI, y no en las preferencias y hasta obsesiones que algunos muestran en esta materia.

¿Cómo interpreta las críticas que han emitido senadores de la centro izquierda a la eventual eliminación del Senado? ¿Acaso son «defensas corporativas» como han acusado algunos convencionales?

Estamos en Chile y algo de defensa corporativa debe haber, pero también es cierto que no se trata de jibarizar al futuro Senado que, seguramente, se llamará Cámara Territorial, menos si aspiramos a un país efectivamente descentralizado. Dividir el poder es bueno para la democracia y esa división, tratándose del futuro Poder Legislativo, tendría que ser más equitativa entre ambas cámaras, la de diputados y diputadas y la de carácter territorial. No sería bueno concentrar un poder excesivo en la primera de esas cámaras y hacer de la segunda un órgano legislativo famélico y más aparente que real..

Usted ha criticado los llamados a instaurar una tercera vía al Plebiscito de Salida. ¿Considera prematuro el debate?

Claro que sí. ¿En qué consistiría una tercera vía? Nadie lo ha dicho con claridad. Claro, si la nueva Constitución fuera rechazada, y atendido que la actual Constitución está tan vigente como muerta, habría que acordar una nueva salida institucional para el problema en que estaríamos en ese caso. Pero es prematuro ocuparse ahora de eso.

¿Qué tanto margen le queda a la Convención para convencer a quienes hoy están decepcionados de su trabajo?

Todo el margen que da la posibilidad de mejorar nuestro trabajo y poner más cuidado en la imagen que proyectamos de la Convención. Estamos trabajando mucho, pero mucho, si bien tenemos que mejorar en el contenido de las normas y en la presentación o redacción de estas. Ser también en ellas más directos, más breves y más concisos, evitando la proliferación de adjetivos y reiteraciones innecesarias. El Pleno está cumpliendo su papel en eso, al devolver normas a sus comisiones de origen, pero a veces son tantas las que se devuelven que uno lamenta el que no se haya puesto antes un mayor rigor en su presentación.

¿A qué atribuye el espacio que ha tomado en el debate público la posibilidad de instaurar una tercera vía al Plebiscito?

El horror al vacío que tienen las personas y los pueblos, pero en Chile no habrá vacío. Si no hay nuevas instituciones, habrá las actuales. El país optó por la vía institucional, no por la insurreccional, y siempre habrá que perseverar en eso.


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