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8 de junio de 2022

Chile de todes: la estrategia comunicacional de La Moneda que divide a analistas

El lenguaje inclusivo es un código que el gobierno de Gabriel Boric parece haber asumido como propio: los integrantes de su gabinete siempre hablan de “todos y todas”, e incluso desde la Subsecretaría de la Niñez emanó un instructivo para referirse a menores de edad como “niñes”. “Como gobierno apostamos a tener comunicaciones de calidad y éticas que sean inclusivas”, asegura a The Clinic la subsecretaria de la Segegob, Valeska Naranjo.

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El aterrizaje de una nueva generación en La Moneda, con un Presidente de 36 años y su séquito de ministros, subsecretarios y asesores millennials, supuso una mutación notable de la clase política gobernante, lejos de algunos paradigmas instaurados en ciclos anteriores.

La impronta del gobierno de Gabriel Boric, a casi tres meses de su asentamiento en el poder, se ha hecho notar en la agenda pública mediante el impulso -a veces sin éxito- a los temas centrales de su programa, así como en la manera en que se relaciona con la ciudadanía. En esta última arista, un fenómeno ha destacado por su carácter simbólico y cotidiano: el uso del lenguaje inclusivo, o no binario, en las comunicaciones que emanan desde la administración del magallánico.

El usar las palabras en su modalidad masculina y femenina -tipo “todos y todas”- se ha transformado en una regla para el mandatario -basta recordar su cuenta pública- y los integrantes de su gabinete. Tanto así, que el uso constante de este código ha provocado chascarros, como el del ministro de Educación, Marco Antonio Ávila, quien en un lapsus habló de “las y los establecimientos” durante una alocución.

https://twitter.com/carolinawagner_/status/1520144700119822337?s=20&t=JexgjUI1gkdaEWi7i1jkUQ

O del subsecretario de Salud Pública, Cristóbal Cuadrado, a quien involuntariamente se le pasó un “las y los medicamentos”.

Y es que los personeros de gobierno mantienen el lenguaje inclusivo de forma imperativa, según afirma a The Clinic la subsecretaria de la Segegob, Valeska Naranjo: “Como gobierno apostamos a tener comunicaciones de calidad y éticas que sean inclusivas”.

Profundizando, la subsecretaria señala que las campañas comunicacionales del gobierno son elaboradas mediante criterios en los que se prioriza la pluralidad y «que incluyen transversalidad social, económica y paridad de género, además de que se represente la realidad nacional y que se tenga extrema precaución con la realización de acciones, uso de vestuario o vocabulario que potencien los estereotipos de género”.

Más allá del uso del masculino y femenino, también se ha ocupado el lenguaje no binario -con la famosa “e” para no atribuir un género, como el “todes”- en diferentes instancias. El mismo Boric y su actual vocera, Camila Vallejo, usaron esta formulación sobre todo en la campaña presidencial, mientras eran diputados.

Esto puede verse en un instructivo que emitió a mediados de mayo la Subsecretaría de la Niñez con el fin de recordar “utilizar los conceptos correctos” a la hora de referirse a menores de edad, llamando a ocupar la palabra “niñes”.

El revuelo que causó esa publicación en redes sociales fue notorio, con cientos de comentarios críticos a la subsecretaría por, básicamente, “instar a hablar mal”. Incluso la Real Academia Española (RAE) se pronunció al respecto.

Pero, sumados todos los factores, y mirando desde la óptica de la comunicación política, esta estrategia, ¿Se lee como un error o un acierto?

La diferencia entre el lenguaje inclusivo y el no binario

No es fácil llegar a una definición transversal de lo que se entiende por “lenguaje inclusivo». En esa línea, Soledad Chávez Fajardo, académica del Departamento de Lingüística de la Universidad de Chile, y Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua (electa), hace una distinción clave entre “lenguaje inclusivo” y “lenguaje no binario”.

“Hay una confusión entre lenguaje no binario y lenguaje inclusivo. El lenguaje no binario es destacar una tercera persona, que es la que refleja al que no se siente identificado con el género gramatical femenino o masculino”, explica Chávez. Así, el “todes” sería un ejemplo de lenguaje no binario.

En cambio, el lenguaje inclusivo, según lo entiende la académica, “abarca muchas más cosas”. “Es un lenguaje que hace referencia a una serie de grupos e identidades que históricamente han estado marginadas, silenciadas o mal nominadas”, dice. Pone el caso de cómo “las personas con discapacidad hasta hace poco se les llamaba, por ejemplo, sordomudas. O antaño, cuando a las personas con Síndrome de Down se les llamaba mongólicos”. En síntesis, el lenguaje inclusivo, que suele expresarse como un “todos y todas”, comprende además otros elementos.

Fijándose específicamente en el lenguaje no binario, ¿Es considerado correcto en el mundo de la lingüística? Soledad Chávez apunta a que depende de a quién se le pregunte: “Yo puedo ser muy abierta a los extranjerismos, y para mí van a ser, por lo tanto, correctos. Pero puede que, para alguien más purista, no”.

La Real Academia Española (RAE), dice Chávez, “es muy crítica con respecto al lenguaje no binario, y muchos grupos académicos también. Entonces, para ellos no entraría el lenguaje no binario en la lengua ejemplar. Dentro de la lengua ejemplar, o la lengua estándar, no sería correcto (…)”, señala. “Hasta ahora la RAE pide que se utilicen las marcas morfológicas de género masculino y femenino, más que este tercer elemento (la ‘e’, como en ‘todes’)”.

Es el caso de la Subsecretaría de la Niñez, que a mediados de mayo publicó un instructivo con el fin de recordar “utilizar los conceptos correctos” a la hora de referirse a menores de edad, llamando a ocupar la palabra “niñes”.

“Yo soy de respetar el lenguaje no binario porque de alguna manera da cuenta de una demanda histórica, que no se había determinado, realzado, o cuidado. Tiene que ver con algo más allá de lo netamente lingüístico. Tiene que ver con algo discursivo, con algo ideológico, con una reivindicación”, cierra Chávez.

Una política simbólica

Justamente, esa veta discursiva e ideológica es lo que William Porath, académico UC experto en comunicación política, rescata del uso de este tipo de lenguaje por parte del gobierno: “Se trata de lo que podríamos llamar una política simbólica. En este mundo dominado por las comunicaciones, es muy importante para quien gobierna el ejercer también, además de políticas efectivas, políticas simbólicas”.

Porath sostiene que estas “políticas simbólicas” tienen varias ventajas, como no requerir de mayores recursos, o modificaciones legales para su implementación. “Y este es el clásico ejemplo de una política simbólica en el cual el gobierno intenta llevar adelante una transformación que tiene toda la proyección de ser una transformación cultural, unido a toda una política de reconocimiento de distintas sensibilidades”, agrega.

Haciendo una revisión del pasado, William Porath observa puntos en común con el Chile de los ’70. “Esto de que el gobierno intente imponer cierto léxico tiene historia. Uno podría recordar el ‘compañero y compañera’ de la Unidad Popular, que se impuso en todas las comunicaciones oficiales”, anota.

Y volviendo al presente, puntualiza que el Ejecutivo de Boric “básicamente lo que está haciendo, de alguna manera, es satisfacer a su base política. Este tipo de lengua, el lenguaje inclusivo, el lenguaje del todes, corresponde a un movimiento en este país que está claramente asociado a su base política, y a su base política más dura”. ¿Cuál sería esa base? El citadino, progresista, con educación superior. El votante de élite. Ya estirando el chicle, el tan manoseado meme del “ñuñoíno”.

Es una visión compartida por el publicista y experto en marketing político, Cristian Leporati, quien considera que “el lenguaje básicamente es todo en política, porque ahí se generan las imágenes, el apego y el desapego a un gobierno o a un político”.

Para Leporati, cuando se usa el lenguaje inclusivo o no binario en política, “lo que estás intentando hacer es generar una empatía, una otredad, con un determinado público, que es ajeno, extraño e incomprensible muchas veces para personas de 50 años para arriba, particularmente de grupos socioeconómicos y culturales más conservadores, pero que sí es muy fuerte como reivindicación, como activismo, para una parte importante de la población más joven”.

En esa forma de comunicarse, dice el publicista, hay una mirada de “empatía” con esa población joven –“de 35 años hacia abajo”-, pero también de “eficacia política”, en cuanto a “generar apego y fidelizar a un grupo de personas que sí son muy permeables a esto”.

“El gobierno también viene de esa cultura, del lenguaje no sexista, que es muy fuerte, y que se da en las universidades, en la sociedad, y en los segmentos más bien jóvenes (…). La inclusión y su lenguaje es una cultura en sí misma (…). Hay toda una corriente de desarrollo de contenidos para esa línea que es muy propia de la generación millennial, y de ahí para abajo”, resume Leporati.

Por su parte, la periodista Ximena Jara, directora de Factor Crítico, y experta en la elaboración de contenidos políticos, quien se desempeñó como escritora de los discursos de Michelle Bachelet en su segundo gobierno, considera que “el uso del lenguaje inclusivo busca dos cosas al menos: por un lado, generar conciencia sobre el hecho de que el lenguaje crea realidad y que el lenguaje refleja nuestros marcos mentales que, a la vez, responden a contextos culturales”.

Entonces, prosigue Jara, “cuando se quiere generar un cambio cultural, el lenguaje debe ser parte de ese cambio y así lo están entendiendo (en el gobierno). Por otro lado, están haciendo una aseveración política, están marcando diferencia con su predecesor y están generando una semiótica de lo que les importa”.

De la élite, para la élite

Todo se traduce, según Porath y Leporati, en una forma de comunicar que surge desde esta élite joven, hoy en el poder, hacia la misma élite chilena, el grupo más al tanto de lo que es e implica el lenguaje inclusivo y no binario. Sin ir más lejos, Leporati sentencia que “el lenguaje no sexista es un lenguaje de élite, en Chile, aún. Y no me refiero solo a la élite socioeconómica, si no la élite más bien intelectual. Cuando se usa ese lenguaje, se está apelando a ese tipo de perfil”.

Las peleas en Twitter –la red social ABC1 por excelencia, ver encuesta de Tu Influyes-, acerca de este tema, son fiel reflejo de lo mismo. “Creo que la población general tiene otras preocupaciones en mente como para estar pensando en el lenguaje. Y es una cierta élite nomás: así como hay una élite que la promueve, hay una élite que la rechaza, una que se burla. Pero no creo que sea más allá que una pugna a nivel de élites”, opina Porath.

El gobierno de todes: el lenguaje inclusivo en la comunicación política de La Moneda
Gráfico de Encuesta Tú Influyes 2020.

“En grupos socioeconómicos conservadores, de segmentos medios-altos, el lenguaje inclusivo se ve muchas veces como una rareza. A mí me ha tocado verlo incluso en el mundo académico, en la universidad. Muchos profesores y académicos destacados les cuesta entender y rechazan un poco una especie de ‘corrupción’ del lenguaje. Que lo entienden como eso, y no como una reivindicación histórica de ciertos grupos”, afirma, por su parte, Leporati.

La «flexibilización del lenguaje» del Ministerio del Trabajo

En el Ministerio del Trabajo, comandado por la ministra Jeannette Jara, han aplicado, al menos en redes sociales, una estrategia comunicacional que incluso traspasó las fronteras del lenguaje inclusivo. Lo suyo, explicaron en un posteo, es la “flexibilización del lenguaje”.

En más de una publicación, han utilizado conceptos como “panita”, “con permisa” o “mi ciela”, palabras sin un indicador de género, y parte de un argot de la era digital, que se escapa de las reglas tradicionales de la lengua. Cabe destacar que, al menos en los casos citados, los mensajes se tornaron virales, estimulando los comentarios de cientos de voces a favor y en contra.

Ximena Jara, en Twitter, fue una de las personas que se mostró crítica ante el afiche del “con permisa”, calificándolo como una “mala estrategia” en términos de comunicación política.

Aun así, debido a esa característica viral, la campaña fue resaltada por el mismo Ministerio del Trabajo, cuyo Jefe de Redes Sociales hace cuatro meses, según él mismo estipula en su perfil de LinkedIn, es César Leiva Rubio, el publicista detrás de la creación del personaje “Contralorito”, que actualmente es parte importante de la marca de Contraloría.

Desde las redes sociales de la cartera del Trabajo también nació, el pasado 3 de junio, “Trabejita”, el nuevo personaje del Ministerio para apoyar sus comunicaciones.

Para “Trabejita”, la fórmula es «queridos/as». «La nueva mascota institucional de la cartera que se dedicará a educar sobre derecho laboral y normativas de higiene y seguridad en el mundo del trabajo, promoviendo los programas, beneficios y prestaciones del Ministerio y sus servicios asociados. Además, otro de sus focos será aclarar las fake news que se difunden a través de redes sociales sobre materia laboral y previsional», explican desde el Ministerio del Trabajo y Previsión Social a The Clinic.

«Nuestra nueva estrategia comunicacional busca potenciar la llegada de los contenidos del Ministerio a jóvenes y nativos digitales con contenidos como gráficas, infografías e historietas que tengan un tono y lenguaje claro, cercano, con perspectiva de género y que impulse los principios de la seguridad social, el tripartismo, el trabajo decente e informe sobre las reformas impulsadas por el Gobierno en materia laboral y previsional», agregan desde el Ministerio a las consultas de este medio.

Saber a quién se le está hablando

En ocasiones, el lenguaje no binario puede llegar a complicar el acto comunicativo, si es que el emisor ocupa un código que dificulta la comprensión del receptor. Sin embargo, la lingüista Soledad Chávez resta importancia a esta eventual problemática, enfatizando cómo en la actualidad el registro formal e informal se traslapan en cualquier contexto -por ejemplo, políticos y ministros que ocupan un tono coloquial-, y que, finalmente, la efectividad del acto comunicativo se ve afectada sólo por las preferencias del receptor.

“El gobierno también viene de esa cultura, del lenguaje no sexista, que es muy fuerte, y que se da en las universidades, en la sociedad, y en los segmentos más bien jóvenes (…). La inclusión y su lenguaje es una cultura en sí misma (…)», dice Leporati.

“Todo depende del receptor, así como que a un receptor muy formal no le guste la coloquialidad de un ministro. O, por ejemplo, a un receptor quizás le pueda no gustar la extremada formalidad de un político o de un profesor. En este caso, el receptor es tan variado o variable, que depende de los grupos. Depende de los contextos de comunicación”, resume la especialista.

Por la misma senda corre el argumento de Leporati. Aunque el publicista sostiene que, si fuese asesor comunicacional del gobierno, recomendaría quedarse casi siempre con la combinación del “todos y todas”, “quizás, dependiendo de dónde esté parado el político, usas ese lenguaje (no binario)”. “Es súper válido el lenguaje adaptarlo a la contingencia, al espacio, al momento y al lugar oportuno. Si estás en una Cadena Nacional, creo que el lenguaje es ‘todos y todas’. Pero si estás en una reunión particular, con un cierto grupo determinado con ciertos perfiles y características, creo que ahí lo adecuado para empatizar bien es usar el lenguaje que corresponde”, dice.

Y agrega: “Los grandes políticos en la historia son los que han sido capaces de interpretar a la gente. Pero hoy la gente está mucho más segmentada en categorías (…). En ese sentido, hay una dificultad mayor en el uso del lenguaje inclusivo, pero también te lo hace mucho más interesante, porque un buen político es capaz de usar según el lugar y la oportunidad, ese lenguaje”.

Lenguaje inclusivo: ¿Una estrategia riesgosa?

Para William Porath, “hay que tener cuidado cuando esto se transforma en un factor de polarización, porque cuando unos están a favor y otros en contra, se logra un aglutinamiento de tu base política, pero no logras una mayor integración de los que están más distantes”.

Ahora bien, Porath considera que el mayor riesgo vendría si el gobierno insiste fuertemente en instalar la necesidad de este lenguaje, ganándose la imagen de ser autoridades “preocupadas de cosas superfluas”, ante una contingencia plagada de “problemas más acuciosos”. “Ese siempre es el riesgo de las políticas simbólicas”, dice, agregando, en broma, que podrían ser tildados de “cuicos”. De todas formas, “creo que hasta ahora el gobierno no se ha sobreactuado”, aclara el experto.

Comprendiendo que en la población de escasos recursos “escuchar estas palabras, como el ‘todes’, a lo menos es irrisorio”, Leporati también identifica como un potencial riesgo el uso constante y desmedido del lenguaje no binario, “porque puede ser percibido perfectamente como otra cosa más típica de la élite, que ‘no nos entiende’, que ‘nos mantienen alejados’, que ‘nunca han vivido acá’”.

“El mayor riesgo es ir quedando en el imaginario popular como un gobierno de élite, que está preocupado de temas que son importantes, pero no son las grandes problemáticas cotidianas de los chilenos y chilenas en el día a día”, señala.

Asimismo, Leporati cree que, si el gobierno intentase forzar algo como el lenguaje inclusivo, algo que forma “más bien parte de procesos culturales de cambio en el tiempo”, se podrían generar “anticuerpos”. “Y te reafirma un poco esa construcción que se ha hecho de parte de la oposición de que esto es un grupo de cabros jóvenes que viene de la élite, y que son tan ‘cuicos y pirulos’ como ellos, jugando un poco con las imágenes que tratan de imponer en estos encuadres. Porque aquí todos quieren imponer encuadres”, reflexiona.

«Nuestra nueva estrategia comunicacional busca potenciar la llegada de los contenidos del Ministerio a jóvenes y nativos digitales con contenidos como gráficas, infografías e historietas que tengan un tono y lenguaje claro, cercano, con perspectiva de género y que impulse los principios de la seguridad social, el tripartismo», explican desde el Ministerio del Trabajo.

En otras palabras, se abre una ventana de oportunidad para golpear al gobierno. Algo, que al parecer, fue bien leído por le exministro de Educación Raúl Figueroa -del segundo período de Piñera-, quien afirmó a CNN que “es importante mantener la pureza del idioma castellano”, luego de que el actual jefe de la cartera, Marco Antonio Ávila, dijera que no reprobaría a un alumno que en una prueba usase el término “les niñes”.

“Creo que, como cada vez que empujas cambios desde arriba, hay quienes enganchan de inmediato con este cambio y lo valoran, hay quienes lo miran con escepticismo, o comprenden su importancia, pero pueden sentir que se exagera, y hay quienes derechamente sienten una lejanía profunda con este modo de hablar que rompe con la cotidianeidad del habla”, analiza Ximena Jara.

“El riesgo no es usar un lenguaje inclusivo – Bachelet siempre habló de «todos y todas» y se le criticaba porque parecía exagerado a muchas personas; el riesgo es que el lenguaje, en lugar de ser un espacio de promoción de la inclusión y la equidad, se vuelva un espacio rígido que, en lugar de contribuir al relato, lo cargue excesivamente o genere anticuerpos”, finaliza la periodista.

BONUS TRACK: Las corbatas de Mario Marcel

Resaltar elementos distintivos de cada personaje es un desafío para cualquier narrativa, sea ficción o no-ficción. También lo es para la comunicación política. Y si hablamos de aciertos, es díficil dejar pasar la campaña del Miniserio de Hacienda, que recogió la personalidad de las pintosas corbatas del ministro Mario Marcel para ocuparlas en su gráfica.

«Confieso que me pasaron cosas», fue el comentario de una de las internautas, fiel reflejo de una apuesta que, al menos entre el público de Twitter, causó sensación.

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