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19 de junio de 2022

Marta Lamas, antropóloga mexicana: “Ahorita una de las grandes amenazas al feminismo y a Latinoamérica es el fundamentalismo religioso”

marta lamas CLACSO

La académica, una de las mayores voces del feminismo en la región, identifica que grupos religiosos "están organizándose para llegar al poder político de una forma que las feministas no hacemos". En conversación con The Clinic, Marta Lamas también comenta sobre cómo se ve el gobierno de Boric desde el extranjero y la importancia de ahondar en las interseccionalidades de los seres humanos.

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“Es muy esperanzador lo que ha pasado con el movimiento feminista en Chile”, dice la antropóloga mexicana Marta Lamas, una de las voces más potentes del feminismo en el continente, nominada al Premio Nobel de la Paz y una incansable luchadora por el derecho al aborto y los DDHH de las trabajadoras sexuales.

A sus 75 años, la académica e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México destaca lo “interesante” que es este proceso chileno en tiempos de tanta incertidumbre.

“Vivimos una época marcada por el recrudecimiento de la explotación; al contexto de globalización neoliberal se añade la devastación ambiental, y persisten las amenazas tradicionales, como las espeluznantes guerras, e incluso persiste el fantasma de la guerra nuclear”, comentó, la semana pasada, durante su presentación en la 9ª Conferencia de CLACSO, el mayor evento académico de las ciencias sociales y las humanidades de la región, que se llevó a cabo la semana pasada.

Y en el contexto generalizado de violencias de todo tipo, sostuvo, en la experiencia de vida de los seres humanos, de sus sufrimientos cotidianos, “destacan las exigencias y las limitaciones que les imponen los mandatos de género. Dichos mandatos son una especie de “armadura” y con ella las sociedades reproducen las identificaciones binarias como “mujeres” u “hombres”, que, entre otras cosas, niegan la incompletud radical de todas las personas como sujetos escindidos”.

Con ese telón de fondo, The Clinic conversó con la antropóloga -que acaba de publicar su libro de ensayos “Marta Lamas, dimensiones de la diferencia. Género y política”- sobre cómo ve Chile desde México, los avances del feminismo y sus mayores preocupaciones.

“Lo que ha pasado en Chile es muy esperanzador para el movimiento feminista latinoamericano y para la propia sociedad chilena, aunque supongo que hay adversarios que no lo piensan así. Pero en México el ver el proceso con el que Boric llega al poder y ver cómo constituye su gobierno es como decir ‘sí, desde la base se pueden impulsar cambios que en un momento determinado van a tener la responsabilidad de operarlos ya desde la estructura de poder’”, comenta.

-¿Qué impresiones se tiene, desde el extranjero, del gobierno de Gabriel Boric hasta ahora?

Yo me muevo en dos círculos, en un círculo de feministas que están encantadas porque se dan cuenta de la carga feminista de Boric y de su gobierno y me muevo en un grupo más de intelectuales socialdemócratas que están muy entusiasmados también porque piensan que es un feminismo ilustrado el de Boric, que no es el feminismo nada más “sí hay que apoyar a las mujeres” sino que hay una reflexión política. Muchos de ellos están encantados y están preocupados por la resistencia interna a Boric y por si no se le van a complicar muchos de los proyectos que tiene.

“Yo te diría que las feministas comparten mucho en términos simbólicos, es muy importante la manera en que se hable, por consiguiente el lenguaje no binario y ese reconocimiento a las comunidades indígenas, todo lo que tiene un peso simbólico tan fuerte en Boric es mucho más valorado en el grupo feminista donde yo me muevo que en el grupo de amigos –muchos de ellos, la mayoría varones- que también se asumen de izquierda con un corte más social democrático, pero a ellos les parece que ha sido prudente en muchas de las designaciones, de las medidas, que ven la posibilidad de una izquierda sensata, de una izquierda que tiene proyectos, que sabe, que le ha costado trabajo llegar y sabe que tiene que ser cuidadosa. Entonces, lo ven como muy buenos ojos”.

Pero en México el ver el proceso con el que Boric llega al poder y ver cómo constituye su gobierno es como decir ‘sí, desde la base se pueden impulsar cambios que en un momento determinado van a tener la responsabilidad de operarlos ya desde la estructura de poder’”

¿Y personalmente? ¿Cómo ve usted lo que ha vivido Chile en el último tiempo?

-Yo lo veo con mucho entusiasmo, realmente estoy muy, muy contenta. Yo tengo amigas que viven en Chile, Diamela Eltit es una de ellas, Ana Sojo también es otra y claro, también el entusiasmo de ellas a mí me ha contagiado. La apuesta por Boric ha sido una apuesta no solo generacional, que eso es muy importante, sino también de muchos intelectuales, escritores, artistas y cuando uno sigue las manifestaciones que hicieron Las Tesis, por ejemplo, y ve que muchas de las cosas que se movieron con Las Tesis llegaron al voto, se percibe que no fue solo una intervención feminista como performance, sino que ahí hay toda una trama y una construcción muy importante de una apuesta política más amplia.

“Yo creo que de lo más interesante que tiene Chile ahorita para mostrar es la capacidad de articular, porque no llega Boric solo con los estudiantes, llega también con sindicalistas, también con intelectuales, con artistas, entonces ese entramado yo creo que es lo que le da muchísima fortaleza y lo que ha hecho que desde muchas partes de América Latina estemos siguiendo mucho el proceso, porque es una apuesta que habría que poder replicar”.

“Lo universal era el Hombre”

Recientemente en The Clinic publicamos una columna en la que su autora, Julieta Suárez-Cao, plantea que las críticas que se han hecho a propuestas de la Convención o al gobierno de Boric por no ser “universalistas” tienen que ver con que el universalismo en realidad eran políticas públicas masculinas. Como antropóloga, ¿cómo ve esa discusión?

Ahí hay un tema ideológico muy fuerte. Es decir, mientras lo universal era el Hombre, con H mayúscula, la gente pensaba que eso iba a ser universal, cuando empiezas a hablar de seres humanos, de que cuenta la diferencia sexual, de que cuenta la diferencia étnica, de que cuentan muchas otras diferencias, parecería que el pluralismo borrara lo universal, pero de ninguna manera –absolutamente- lo universal contiene todas las diferencias. Entonces para mí es un tema de retórica. Es decir, es una manera de querer oponerse o combatir, o hacer descrédito de la política que se quiere impulsar haciendo eco de una idea que en principio todos los seres humanos pensamos que los derechos tienen que ser universales.

“Si tú hablas de universalismo o la universalidad no implica en automático la inclusión de todos, sino que es como un paraguas teórico que se ha usado durante muchísimo tiempo, pero que se ha usado con un sesgo”.

¿Cree que estamos en una era que reconoce más las interseccionalidades (como pobre y negra; hombre con discapacidad; etc.) que antes?

Me gustaría que fuera como tú dices, que ya estuviéramos en una era. Creo que lo que estamos es en un contexto en donde la discusión política y quienes llevan esa discusión política ya hay muchos que tienen clara la interseccionalidad. Pero está muy claro que hay grupos conservadores que no la tienen clara. No tengo el pulso para hablar en términos cuantitativos de lo que pasa en Chile, pero yo te diría que en México sí es una minoría de los políticos y eso que tenemos –se supone- un proyecto progresista que se asume de izquierda. Pero a la hora que escuchas los discursos políticos de muchos de sus integrantes como que te das cuenta que se sigue pensando en un sujeto político sin sexo, sin condición étnica, sin edad…

“Entonces, la interseccionalidad yo creo que es una gran herramienta política y que sí hay en el gobierno de Boric, muchísimos de sus secretarios y secretarias de Estado la van a utilizar. En México no es tan amplio le asunto, sí hay algunos secretarios y secretarias que están tratando de tener esta mirada interseccional para poder hacer políticas interseccionales, pero no, no estamos en un momento en que tú digas que eso ya se ganó, que ya todo mundo comparte esa mirada”.

Si tú hablas de universalismo o la universalidad no implica en automático la inclusión de todos, sino que es como un paraguas teórico que se ha usado durante muchísimo tiempo, pero que se ha usado con un sesgo.

Y tras más de 50 años estudiando esos fenómenos, ¿cómo cree que se puede bajar esa conciencia de la importancia del feminismo, de las interseccionalidades, entre otros, desde el Estado hacia la sociedad?

Se necesita debate público, se necesita tener casos paradigmáticos -como el de La Manada- que generan una reacción de debates en las casas, en las escuelas, todo eso. Pero los contextos son muy importantes, o sea Chile no tiene el contexto de violencias cotidianas que tiene México, entonces los medios van a estar mucho más interesados en cubrir los feminicidios que están ocurriendo, o los asesinatos de políticos o las que llegan a un bar y ametrallan a la gente, ese tipo de barbaridades, que una denuncia por hostigamiento sexual o por agresión sexual.

“Chile es menos violento en ese sentido, entonces ahí un tema como ese tiene un sentido político distinto del que tiene en México, pero de todas maneras sea en México, sea en Chile, sea en cualquier país de América Latina, el que los temas lleguen  a volverse parte de la agenda ciudadana –no solo de los movimientos feministas o sociales- implica también una labor desde abajo, pero implica mucho trabajo de debate público y de acceso a los medios de comunicación, y no está fácil el acceso a los medios de comunicación. La desproporción entre el poder mediático, eso incide muchísimo. Ahora, los movimientos logran muchas cosas, yo sí estoy convencida que los cambios últimos que ha habido en México tienen que ver con esta salida a la calle del “basta ya, ni una más” de las mujeres”.

-Hoy por hoy, más allá de las barreras históricas que siguen existiendo para las mujeres, ¿cómo ve el futuro del movimiento en Latinoamérica?

No soy muy buena para ver el futuro, pero lo que me preocupa del futuro y que tiene que ver con el presente, es el avance de los grupos religiosos en política. Los evangélicos en México están creciendo, tú te volteas a ver lo que pasa en Brasil, en donde el Parlamento es formado por 30% de evangélicos, en donde la ministra de la Mujer es la que dice “las niñas de rosa, los niños de azul, el tema que hay en contra de la ‘ideología de género’, ese tipo de cosas.

“A mí me preocupa eso en América Latina, que tiene una fuerte herencia católica que todavía se expresa en cuestiones políticas, en donde hay muchísimo moralismo, hay muchísima ignorancia y hay muchísima incomprensión de cómo se construye una identidad, hay muchísima ignorancia sobre qué es el género. Entonces yo sí veo un movimiento juvenil feminista muy potente en las calles, pero también veo el poder del Vaticano que sigue y el poder que tienen ahora los evangélicos y que están organizándose para llegar al poder político de una forma que las feministas no hacemos. No tenemos ni los recursos políticos, ni nuestro objetivo es hacer un partido político… Pero los evangélicos sí han hecho partidos políticos y han competido en las elecciones… Yo veo Brasil y se me paran los pelos de punta”.

-Sin embargo, incluso líderes de izquierda han intentado conquistar a los evangélicos. Lula y Dilma en Brasil se acercaron a ellos. En Chile, Boric también participó de encuentros con los evangélicos… Se sabe que son parte del juego político y que hay que aproximarse de ellos.

Pero tiene consecuencias, por eso este tema de que el fin no justifica los medios, sino que en los medios va implícito el fin. Si tú por alcanzar algo vas a hacer alianzas con personas como los evangélicos –en el sentido del fundamentalismo, la poca apertura, el poco conocimiento que tienen, esa idea de que si Dios dijo tal cosa se tiene que seguir ese precepto, toda la armazón arcaica de su narrativa– entonces yo sí soy de las que creo que el fin no justifica los medios. Que en los medios va implícito el fin, y que uno no puede hacer alianzas con todo mundo con tal de llegar. Tienes que hacer alianzas con otros grupos y otras personas que comparten ese horizonte de qué tipo de sociedad quieres construir y la sociedad que quieren construir las personas fundamentalistas religiosas no es la sociedad que yo quiero construir, que quieren la mayoría de las feministas que conozco ni la mayoría de la gente de izquierda que conozco.

“Yo creo que si nos tomamos en serio qué está pasando con el voto popular y con las personas, digo ahorita yo estoy muy preocupada con eso. Ahorita una de las grandes amenazas al feminismo y a Latinoamérica es el fundamentalismo religioso. Sí hay una incidencia en la política de este pensamiento y así no se ve un futuro muy interesante y abierto, sino un futuro con muchos conflictos muy, muy frontales”.

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