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15 de junio de 2022

Tramar: cómo dos chilenas educan sobre salud sexual y violencia de género mediante un novedoso juego de mesa

Colectiva Las Fieras

Isabel Quintana y Jesu Torres son las dos chilenas que, desde la ciudad chilota de Ancud, crearon el innovador juego de mesa “Tramar”. ¿Su objetivo? Lograr que grupos de personas reflexionen en torno a cómo se debe cuidar y acompañar a quienes viven problemáticas relacionadas a la salud sexual, reproductiva, y a la violencia de género.

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“Me llamo Alen, soy mapuche williche, tengo 17 años y vivo junto a mi familia en casa de mi ñuke”, comienza uno de los tantos testimonios, basados en historias reales, dentro del juego de mesa Tramar. “Al principio vivíamos en Quellón, pero mi ñaña postuló a una casa más grande en Puerto Montt y nos mudamos”, continúa.

“Ahí conocí a Iván también, un chico con el que pololié hace un tiempo. Hace 3 meses dejé de menstruar, al principio creí que era un desorden hormonal o algo así, pero hace una semana me hice un test de embarazo y salió positivo (…). La verdad es que yo no quiero gestar ahora, soy chica y no me siento preparada”, cierra el relato. ¿Cuál sería la mejor forma de acompañar a Alen en ese complejo escenario? Uno, por lo demás, tan común en la cotidianidad chilena.

El responder en conjunto a este tipo de preguntas es parte central de la propuesta de Tramar, un innovador juego de mesa colaborativo donde los participantes están invitados a reflexionar y proponer una estrategia de cuidado y acompañamiento en problemáticas relacionadas a la salud sexual, reproductiva, y a la violencia de género.

Tramar: cómo dos chilenas educan sobre salud sexual y violencia de género mediante un novedoso juego de mesa
El testimonio de Alen. Foto cortesía de Isabel Quintana.

“Colectiva Las Fieras”, una agrupación de mujeres que opera en Ancud, al norte de Chiloé, es la plataforma detrás del proyecto. Y las dos personas de Las Fieras que como un motor incombustible impulsan la iniciativa son Isabel Quintana (29) y Jesu Torres (31).  

“Nosotras quizás tenemos la parte del esqueleto, pero trabajamos con una diseñadora, con una editora, con una costurera”, explica Jesu a The Clinic. “Estamos conectadas en distintos saberes, oficios y disciplinas, con otras compañeras feministas de acá del territorio”.

Los orígenes de Tramar se remontan al material que recopiló en 2020 la “Colectiva Las Fieras”, al participar en el desarrollo de un informe de monitoreo de implementación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en distintos centros de salud de la zona. Esas entrevistas y experiencias, con tintes positivos y negativos, encendieron una chispa.

“Cuando terminamos ese monitoreo, el resultado final fue un informe súper denso y grueso. Entonces, cuando ya lo teníamos listo, como Colectiva, encontramos que había información que era fundamental que se compartiera en el territorio, a consciencia de los obstáculos que detectamos, y de las problemáticas que existen en torno a la conectividad, al acceso a la salud, a la educación sexual integral, a las posibilidades de desarrollar un autoconocimiento, o una gestión de la salud más comunitaria”, resume Isabel, que es psicóloga especialista en violencia gineco-obstétrico, y psicóloga perinatal.

Y para ello, “el informe, en ese formato, no servía”. “Tenía mucho análisis muy duro y real, pero que, justamente, era muy duro de leer”, agrega Jesu, comunicadora audiovisual de profesión.

Entonces, apostaron por aterrizar los contenidos del informe en un tablero de juego, con tarjetas y dados, “para poder hacer un material pedagógico, lúdico, que pudiera traducir toda esta información a una forma que fuera más amigable”, apunta Isabel. Porque, como Jesu resalta, “si una quiere apuntar a la prevención es necesario hablar los temas, tocarlos. Pero siempre es incómodo en las familias, en los colegios, en los centros de salud”.

Los primeros pasos de Tramar

“Soy Valeria y trabajo como TENS en un hospital de Chiloé. Tengo turnos extenuantes, así que apenas me queda tiempo para descansar y tener un poco de vida social o para mí misma”, dice otro testimonio de Tramar. “Hace unos días, presencié un trato muy agresivo y vejatorio con una mujer. Esto me pareció indignante, pero por las jerarquías médicas y por cómo los demás perciben el rango de mi cargo no pude hacer nada para protegerla. Siento rabia, pena e impotencia”, sigue.

En un principio, explican Isabel y Jesu, pensaron el juego específicamente para capacitar a personal del sector salud, desde donde emana “mucha de la violencia que se vive al interior de los hospitales”. No obstante, ambas recalcan que no hay que “demonizar” a estos funcionarios “cuando tienen comportamientos violentos”, porque existe “una violencia estructural que a ellos también los toca, dadas las jerarquías médicas, la sobrecarga laboral, las bajas remuneraciones, el sistema de turnos y la falta de implementos”, entre otras cosas.

“Pero luego, nos dimos cuenta de que podíamos trabajar en espacios educativos, y dentro de las familias. Finalmente, es un juego que tiene esta posibilidad, de que puede caber en cualquier lado”, complementa Jesu. Con esa idea en mente, “Colectiva Las Fieras” postuló y ganó un programa de apoyo de Fondo Alquimia. Y ya con el soporte económico para su realización, tras una serie de ensayos a lo largo de 2021, un prototipo definitivo vio la luz.

“Hay muchos territorios que no tienen todo disponible”

Para jugar, lo primero es desplegar el tablero, confeccionado en tela y de forma circular, sobre la mesa. Al ser un juego colaborativo, el grupo que participa -las creadoras recomiendan partidas de entre 3 a 5 jugadores- elije entonces una ficha: un objeto simbólico, como un arito, botón o anillo de alguno de los presentes.

Tramar: cómo dos chilenas educan sobre salud sexual y violencia de género mediante un novedoso juego de mesa
Tramar. Foto de Colectiva Las Fieras.

Luego, en el tablero, se localizan al azar tres “puntos de llegada”, numerados, que representan sitios como “CESFAM”, “hospital”, “tribunales”, “parteras”, “organizaciones feministas y de disidencias”, “Carabineros” e incluso “escuela”. Estos lugares fueron elegidos “conforme a lo que nosotras detectamos en el estudio, que eran los espacios a los cuales tú puedes acudir en situaciones de algún conflicto de salud sexual y reproductiva”, explica Isabel.

Cuando ya están definidos los “puntos de llegada”, se saca un testimonio, escrito en base a la realidad que Jesu e Isabel han conocido a través del informe de monitoreo y su cotidianidad chilota. “Los testimonios te presentan una situación que habla de los distintos personajes que nosotras detectamos que estaban presentes. Los distintos conflictos, características de los personajes, rangos etarios… Montones de criterios que estuvimos evaluando al momento de hacer la sistematización del informe, y que pudimos conjugar en los testimonios”, señala Jesu.

Con el testimonio en mano, el grupo de jugadores debate hacia dónde quieren dirigir su ficha, que representa al personaje. “También la idea es que los ‘puntos de llegada’ sean solo tres, porque entendemos esta realidad insular (…). Hay muchos territorios que no tienen todo disponible. Que tienen, con suerte, una posta y los pacos, y hasta ahí nomás llegan”, dice Isabel. El que sean solo tres es, en resumidas cuentas, un baldazo de realidad.

“El propósito es dar cuenta de una realidad que está precarizada en torno a la salud sexual y reproductiva. Y que también permita generar estrategias, porque, en el fondo, te posibilita generar un espacio de discusión donde se identifican problemáticas”, agrega.

Así, quienes se adentran en Tramar comparten sentires en torno al testimonio, para después definir, unánimemente, una “estrategia de acompañamiento a la persona”, dirigiéndola a alguno de los “puntos de llegada”, dependiendo lo que requiera el caso. El juego incluye, además, un cuadernillo donde se definen los distintos “puntos de llegada”. “No todo el mundo conoce la diferencia entre un CESFAM y una posta”, dice Jesu.

Obstáculos y herramientas

La ficha comienza a avanzar por el tablero. Pero en el camino, aparecen signos de interrogación. Caer en uno de ellos implica sacar una tarjeta, que puede ser de “obstáculos” o “herramientas”, y que ayuda a avanzar o dificulta la ruta hacia los “puntos de llegada”.

“Esos obstáculos y herramientas son distintos conceptos que también recogimos desde el informe, que son factores que apoyan u obstaculizan el proceso de una salud plena”, señala Jesu. “Cultura de la violación” y “colonialismo” son dos ejemplos de tarjetas de obstáculos. Entre las herramientas se encuentran las “redes de apoyo”, el “autoconocimiento” y el “consentimiento”.

Algunas tarjetas de obstáculos y herramientas. Foto cortesía de Isabel Quintana.

“Cada una de estas tarjetas también traen preguntas, que la idea es que se vayan conversando con el grupo mientras avanzas en el tablero”, dice Isa. Los obstáculos y herramientas pueden dar o quitar jugadas, de las diez totales por partida. En síntesis, y en una cruda analogía con el presente, si aparecen muchos “obstáculos”, es posible que no alcancen las jugadas para que el personaje arribe al “punto de llegada” que escogieron los participantes.

“Una vez en los ‘puntos de llegada’, puedes determinar también una derivación a otro (…). Y ahí termina el juego, porque de alguna manera lograste, como grupo, acompañar a esta persona”, dice Isabel. A modo de cierre, el grupo de jugadores termina conversando qué le diría al personaje cara a cara, de ser real este contexto de acompañamiento.

“El juego es súper sensible. Es de hacerte conectar con la empatía. Del poder humanizar y singularizar todos los casos que se te presentan”, añade Isabel. “Tocar un tema que puede ser muchas veces muy violento, o potencialmente traumático. Y articularlo (…). Dar una elaboración colectiva de lo que significa ese conflicto en particular”.

“Son realidades que se viven, y son parte de su entorno”

“Mario es un hombre transexual de 23 años que llegó hace un año a Chile desde Colombia”, inicia un testimonio particularmente fuerte de Tramar. “Un día después de volver de su trabajo, Mario fue interceptado por dos desconocidos, quienes lo acosaron preguntándole si era hombre o mujer. Tras golpearlo, notaron que no tenía pene, ante lo cual lo violaron diciendo que iban a ‘curarlo’ y ‘hacerlo mujer’”.

Isabel y Jesu relatan cómo en las pruebas del juego, que han realizado con distintos grupos de adultos y adolescentes, les ha tocado personas que se identifican en los testimonios de Tramar, o que conocen a alguien cercano que vivió situaciones parecidas.

Que ocurra ese fenómeno es intencional: tratar este tipo de escenarios permite revisitar episodios en la vida de los jugadores y jugadoras, pero mediados a través del relato de un personaje ficticio. Esta característica, dice Isabel, minimiza los riesgos de revictimización. “Te permite tocar estos temas desde la visión de que estamos aquí en conjunto, en comunidad, para poder acompañar de la mejor manera posible”, sostiene.

El nombre “Tramar”, de hecho, proviene de ese ímpetu por realzar la importancia de apoyarse en la comunidad. Invita a unirse, para conformar un nuevo entramado social, “como forma de resistencia, de apañe, de solidaridad entre nosotras”, dice Isabel.

En general, opinan sus creadoras, Tramar ha sido muy bien recibido por quienes lo han jugado. Una adolescente incluso les confesó que “le había gustado porque era real, y que eran temas que muy pocas veces los adultos se atreven a hablar con los adolescentes”, cuenta Isabel. “Y que es súper necesario. Si bien son cosas crudas, son realidades que viven y son parte de su entorno”.

“Ojalá se jugara en todo el territorio”

Cuando Isabel y Jesu comenzaron la iniciativa, la imaginaban más bien como un proyecto de corto plazo, sin mucho futuro. Pero ahora, en vistas del alcance que ha tenido -con notas en medios de comunicación como Radio Bío Bío y El Mostrador-, y la buena recepción, decidieron buscar nuevas formas de financiamiento para confeccionar más ediciones. La primera edición, de 30 copias, ya lista, piensan entregarla en centros de salud comunitarios de Chiloé. La segunda la venderían al público: muchas personas les preguntan cómo adquirir el juego.

“Ojalá se jugara en todo el territorio chileno”, reconoce Jesu, ahora pensando en grande. Por lo mismo, no descartan hacer versiones que tengan enfoques territoriales propios. “Quizás haya que hacer algo específicamente para la zona norte, donde es otro territorio y otro tipo de conflictos”. Por ejemplo, una tarjeta de obstáculo podría ser el “racismo”, dice. “Esto excedió lo que nosotras habíamos visualizado en un principio, y ahora queremos asesorarnos bien con otras personas que tengan experiencia en el desarrollo de estos productos”, finaliza, con la mente puesta en que, mediante el juego, podrían ayudar en la creación de nuevas redes de apoyo.

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