Una semblanza de Abdullah Ommidvar, por Sergio Castilla
Las palabras y dichos chilenos lo apasionaban. En cada encuentro que teníamos, mientras tocábamos el tema a resolver, tomábamos té o café, comíamos frutos secos, Abdullah hacía al menos dos o tres juegos de palabras, que los dos celebrábamos con risas y agradecimientos a su ingenio y al delicioso lenguaje chileno.
Por Sergio Castilla 18 de Julio de 2022
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El 14 de julio de 2022 murió, en Santiago de Chile, Abdullah Ommidvar.
Abdullah Ommidvar fue un gran aventurero y pionero del cine en Irán, en el mundo y en Chile. Aquí, desarrolló la industria como empresario de materiales cinematográficos y televisivos. En su casa oficina de la calle Silvina Hurtado uno podía comprar una ampolleta, un rollo de scotch tape, arrendar un estudio de sonido, arrendar una cámara de 35mm o un camión para transmitir un partido de fútbol y luces para iluminarlo, etc.
Ganó dinero. Fue un empresario exitoso. Renovó sus chalets de Ñuñoa con complejos bajorrelieves, me imagino para darles un aspecto de la antigua Persia. Viajó. Tenia jeeps poderosos. Pero no estaba satisfecho. Tenía el bichito de continuar con la tradición milenaria persa de contar historias, como Las Mil y Una Noches, que también son persas, según dice Borges. Le pareció natural traer esa tradición a Chile. Debe haber pensado o sentido: contemos historias chilenas, como las que contaba la princesa Sheherazade para salvar su vida.
Tenía el bichito de continuar con la tradición milenaria persa de contar historias, como Las Mil y Una Noches, que también son persas, según dice Borges. Le pareció natural traer esa tradición a Chile. Debe haber pensado o sentido: contemos historias chilenas, como las que contaba la princesa Sheherazade para salvar su vida”.
No cabe duda que sabía de números. Se dio cuenta de que en aquella época el negocio del cine no era para ganar dinero. Los cines antiguos estaban en el suelo y los múltiplex estaban empezando. Después de casi 20 años de toque de queda los chilenos recién empezaban a recuperar tímidamente el hábito de ir al cine. El cine chileno de Chile aun no existía en el ámbito internacional. Pero, como pionero, nada de eso importó a Abdullah. El cine no era sólo un negocio, era también una manera de volver a reunir a gente en una plaza y contarles una historia.

Yo trabajaba en NY. Abdullah me ofreció regresar a Chile a realizar una película chilena, a contar una historia chilena. Después de 25 años me encontré con paisajes chilenos. Fue conmovedor y doloroso. Fue recuperar una memoria perdida. Gracias, Abdullah.
Abdullah fue el principal productor de mi película Gringuito. La filmamos el 97. Hace 25 años (parece un número mágico). No era fácil hacer la única película chilena al año. Tratar de reproducir el ritmo de la vida (es una manera posible de ver una película) una vez al año no es fácil. Hoy hay otra realidad cinematográfica profesional en Chile.

En Gringuito se lanzaron al cine por primera vez muchas actrices y actores chilenos: Tamara Acosta, Catalina Guerra, Liliana Ross, Blanca Lewin, Alejandro Goic, Mateo Iribarren, el gran Flaco, Daniel Muñoz. Detrás de la cámara, muchos tuvieron una experiencia cinematográfica por primera vez. En una época en que había una sola película chilena por año, Gringuito fue LA película chilena de 1998. El año anterior LA película había sido Historias de Fútbol, de Andres Wood.
En realidad Abdullah era un persa, heredero de esa compleja y rica cultura milenaria. Aquí en Chile encontró algo que le gustó. Seguramente varias cosas. De partida, encontró el amor, en Luisa, una chilena, su futura esposa y su secreta y no tan secreta colaboradora en su empresa y madre de sus dos hijos Eduardo y Emilio, también dedicados al cine. En realidad era toda la familia que estaba dedicada al cine.

Creo que otra cosa que Abdullah apreció de nuestro país fue el lenguaje chileno, entre lo más rico que poseemos. Las palabras y dichos chilenos lo apasionaban. En cada encuentro que teníamos, mientras tocábamos el tema a resolver, tomábamos té o café, comíamos frutos secos, Abdullah hacía al menos dos o tres juegos de palabras, que los dos celebrábamos con risas y agradecimientos a su ingenio y al delicioso, entre otras cosas, lenguaje chileno.
En cada encuentro que teníamos, mientras tocábamos el tema a resolver, tomábamos té o café, comíamos frutos secos, Abdullah hacía al menos dos o tres juegos de palabras, que los dos celebrábamos con risas y agradecimientos a su ingenio y al delicioso, entre otras cosas, lenguaje chileno”.
Abdullah dejó películas y ejemplos a seguir. Las y los jóvenes estudiaron cine y hoy hay en Chile una gran cantidad de profesionales en todas las áreas. Esa es una de las puertas que se abrieron con la ayuda de Abdullah. Pero hay una puerta que sigue cerrada. La del dinero. Los empresarios chilenos no han hecho suyo el deseo de contar historias. ¿Es algo imposible? No. Cada empresario puede reclamarse de una nacionalidad de origen, de donde vienen sus ancestros. En todas las naciones hubo y hay grandes narradores. Sigan el ejemplo de Abdullah y conéctense con ellos. Además, la realidad chilena ha cambiado. Hoy se puede ganar dinero. Infórmense.
*Sergio Castilla es cineasta chileno, director de películas como “Gringuito” y Te Amo (Made in Chile), entre otras.



