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Entrevista Canalla

22 de julio de 2022

Claudio Reyes, actor: “Tengo la boca conectada al culo”

Claudio Reyes

Admite que no filtra sus pensamientos políticos y que a veces se la pasa la mano. Pero, dice, es así, un derechista volcánico. Ha lanzado veneno a todo tipo de autoridades. Aquí habla de su descontrol, de sus rabias, de su pasado revolucionario, del campo, de su amorío con una pariente de Pinochet y calcula la fecha en que quiere morir.

Por

“Soy un tremendo actor”, lanza, inmutable, Claudio Reyes, el Badulaque adherido al guarén, el galán sencillo de los ochenta, el hito crespo de Longaví, el volcánico de la derecha. “De 1 a 10”, desafía el reportero, “siendo 1 un actor malísimo y siendo 10 el genio máximo, ¿dónde se ubica?”. Reyes no demora: “9, compadre”. ¿9? “Sí, 9. Soy muy buen actor. Y soy un genio también…puta, si no lo digo yo… ¿quién?”. ¿Y por qué no un 10? “Porque no me reconocen”, confiesa sin una mueca de desolación.

-¿Por qué no es reconocido, Claudio?

Y el actor desliza una sonrisa de teatro, ilustra un sarcasmo.

-…¿eh?- insiste el reportero.

-Puta, huevón- estalla Reyes, cuya norma es la frontalidad, la frase directa a la mandíbula, el puñetazo con signos de exclamación-, ¡Es obvio!

-Nada es obvio- filosofa la prensa, atrevida.

-No me reconocen porque soy de derecha nomás, pos huevón…

Tiene 62 años, siete hijos y un montón de gritos. Hace poco explotó y dijo: “¡Kramer es populista!”. O bien: “¡Iraci Hassler es chanta!”. O bien, apuntando al Presidente: “¡El Che Copete es decente al lado de este atorrante!”. Combate a la izquierda, combate a los progresistas, disparó contra el atuendo de su excelencia, contra el aspecto de Bárbara Figueroa, la “e” inclusiva lo desestabiliza, el país está invadido por el germen del comunismo, la televisión está devorada por la izquierda resentida, todos los medios han sido devorados por la izquierda resentida, los reporteros sin ninguna duda son de izquierda resentida, la justicia es de izquierda disimulada, la educación es de izquierda atolondrada, Reyes se figura que los izquierdistas están forjando complots por todas partes, y están en todos los lobbies, alzando el puño tatuado. Y, bueno, allí, en medio de este bosque bolchevique, se halla él, un actor titulado de la Universidad de Chile dotado de carácter y patriotismo. Y salta desde su tribuna en radio Agricultura, desde el espacio Gato por Liebre, o desde donde sea, y revela pensamientos sin maquillaje:

-¿Boric? No diré más, compadre, no le voy a echar más caca a la caca.

Y se queda en silencio. Y agrega:

-Si yo fuera de izquierda, ya estaría triunfando en Hollywood.

-Claudio- le señala serenamente el reportero- ¿usted piensa que por ser de derecha volcánica lo han dejado a un lado?

-Sí.

Y apunta:

-Estás hablando con un marginado político.

Y, queda claro, no se detendrá.

Por ejemplo, aquí hay un compilado de pensamientos que Claudio Reyes ha dicho en el transcurso de la conversación:

“Boric se contradice y hace puras huevadas”.

“Yo he estado en Rusia. Y está súper occidentalizada. La estatua de Lenin está toda cagada por pájaros”.

“Chile está lleno de resentidos. Son todos mal agradecidos. La tierra es buena, lo malo es la raza”.   

“¿La Nueva Constitución? No me interesa leer huevadas. Prefiero ver alienígenas”.

Claudio Reyes no usa metáforas, es lava envuelta en verbo. Ahora lo vemos esbozar una sonrisa. Claudio Reyes debe suponer que el reportero es comunista. Claudio Reyes debe suponer que el reportero dedica la tarde a quemar neumáticos. El reportero entonces pone cara de Voto En Blanco, ideología vacía, objetividad a la médula.

Y pregunta:

-¿No considera que se le pasa la mano?

Reyes, de pronto, baja sutilmente la guardia. El actor que convive gremialmente con izquierdistas, este Robin Hood neoliberal, suaviza la voz.

-Es que yo soy así, compadre. No filtro. Soy de campo. Tengo la boca conectada al culo.

La imagen escandaliza.

-¿No ha pensado bajar un cambio, Claudio?

-Puta, sí… me lo han dicho…

-¿No le gustaría decir lo mismo, mantener sus pensamientos (nadie lo hará cambiar), pero bajar la cantidad de veneno?- interviene el reportero, unificador.

Reyes se lleva una mano a la cara. El patriota tiene un destello de autocrítica.

-Ahora que lo pienso…- y suspira humanizado.

-¿Al menos es usted un ídolo entre los partidarios de la derecha efusiva? 

-Na… te pueden apoyar por aquí y por allá, pero… ¿te digo algo? Al final del día uno está solo. Nadie se acerca. 

Y Reyes, el gatillo loco, dispara para todos los lados:

-¡La derecha siempre ha sido cobarde!

-¿Cómo dice?- el reportero empieza a confundirse… ¿acaso Reyes es un anarquista? ¿un anti todo?

-¡Es que es así! ¡La derecha siempre ha sido egoísta! ¡Muy personalista! ¡Estoy muy defraudado de la derecha de este país!

-¿Y Piñera?

-¡No me hables de ese huevón!

-¿Acaso no ve líderes?

-Uff.

Y afirma que, al interior de la derecha, ha brotado el tibio. El amarillo acomodado. Este país está como el forro, comenta. Entre amarillos, lánguidos, derecha pusilánime, comunistas con planes de apoderarse del mundo. En fin. Y los ojos se le achinan producto del estrés y un resfrío reciente.

-¿Usted siempre ha sido así, señor?- interroga el reportero.

-No siempre.

Y Reyes, nostálgico, retrocede el tiempo. Se traslada a los sesenta, al campo, a Longaví. Es el Hijo del Patrón, parte de una clase media agrícola, de trabajo, que no habla de política. Su papá figuraba al alba con las botas en el barro; Su mamá con los zapatos en el almacén. Y Claudio Reyes, dice, mientras manejaba a los bueyes, o bien, relata, “mientras veía a los chanchos que se emborrachaban lamiendo el orujo de la uva”, estaba allí con un solo objetivo entre ceja y ceja.

-Yo sólo soñaba con ser famoso.

Y el famoso se queda pensando.

El Loco en la capital

-Y yo- continúa- me juntaba con todos ahí en Longaví.

-¿Usted era, digamos, cuico en Longaví?

-No. Pero tenía un buen vivir.

Allí había una sociedad transversal, sin izquierdistas ni derechistas. Y un día el joven apodado El Loco Reyes decide estudiar teatro. Porque el plan era coherente:

-Lo único que quería era salir en la tele.

Admite que en los años universitarios fue un rebelde. Fue, a intervalos, un revolucionario.

-Nunca tiré una piedra. Pero sí participaba en esas reuniones en las escaleras. Y levantaba el puño como todos.

-¿A qué extremo llegó?

-Puta…- se percibe su rostro angustiado-…una vez llegué a cantar lo siguiente…

Y canta:

-”¡Milicos culiados, cafiches del Estado…!”…

Reyes queda afectado.

Un silencio duro queda en el aire.

Al rato Reyes vuelve en sí y se agita:

-¡Mira la estupidez! ¡Cómo era tan imbécil!

-¿Por qué lo hizo?

-Por mono.

Reyes, a principios de los ochenta, sale en la televisión, al costado de una toma. Le enfocan una mirada poética. Luego sale en otra toma. Hasta que lo llaman para una teleserie: y empieza a actuar en “La Represa”, luego en “La Torre 10”. Se convierte en un galán dulce y ameno.

-Y salí en la tele, compadre.

-¿Considera que fue muy popular en esos años?

-Compadre, yo he tenido una carrera brillante.

-¿Ha estado en la cima?

-Compadre, yo he tenido varios peak en mi carrera. Las teleseries. La canción: “La tarde está llorando y es por ti…”. El Jappening con Ja. Badulaque. 

-¿Cómo es la fama, Claudio? ¿Perdió el rumbo en algún momento?

-Nunca.

Pero sí ganó muchas mujeres y, desliza, ahí quizás está la razón de sus siete hijos con mujeres variadas. Su paternidad, eso sí, es oficialmente democrática: entre sus hijos hay un militar y, a la vez, un comunista.

-Nos llevamos bien. Cuando nos juntamos no hablamos de política- resume.

-¿Y usted puede hablar tranquilamente con un comunista?

-¡Pero totalmente! Tengo amigos comunistas que adoro y que me adoran. Y nos reímos. Y no hay ningún problema.

-¿Cuándo se alejó de la televisión, Claudio?

La respuesta la lanza al instante:

-Apenas llegó la democracia.

-¿Lo echaron?

-Se supo que era de derecha…

-¿Cómo?

-Es que…yo tuve algo con…la nieta del caballero…

-¿Qué caballero, señor?

-El caballero…- e imita la voz militar.

-¿Usted tuvo algo con una nieta de Pinochet?

Reyes asiente. Y señala tajante:

-Eso cagó mi carrera. Salió en todas partes. Y de pronto no me llamaron más.

-¿Y qué hizo?

Reyes sonríe.

-Me dije: “Ah, me sacan porque me creen fascista”. Y me dije: “¿Quieren un fascista? Un fascista van a tener”…

Y, desde entonces, Claudio Reyes no filtra sus opiniones políticas.

Con las botas puestas

Los actores, dice, son todos de izquierda. El mejor: Rodolfo Pulgar, más bien desconocido. La prensa no lo nombra. Otro actor ejemplar: Pancho Melo. Otro más: Álvaro Rudolphy.

-¿Y en la actualidad a qué se dedica, Claudio?

-A estar echadito nomás, mirando la tele.

-¿No tiene ganas de actuar?

-Na.

-¿Y qué hace? ¿Cómo llena el día?

-Un almuerzo rico, ojalá. Con mi señora. O salimos a algún lado, a algún trámite. O a veces tengo un show con Charlie Badulaque.

Lo que ocurre es que en los momentos de gloria Claudio Reyes invirtió con astucia y hoy vive de inversiones que no describe.

Y desde el sillón sigue rabiando. Y ve a Boric y se desmorona. “Ha cambiado todo para peor”, rezonga. “Estamos tan mal, la inflación, la economía, todo mal…y todo esto empezó por 30 pesos…”, se ofusca. “Kast era mi hombre. Un padre de familia, con preparación”, se lamenta.

-¿Habrá unión, Claudio?

-Ninguna.

Decora la respuesta:

-Chile estará unido el día en que haya una calle que se llame Salvador Allende y una calle que se llame Augusto Pinochet.

Vivió en esos años pinochetistas sus mejores días. Florcita Motuda, cita Claudio Reyes, sólo fue realmente famoso cuando estaba Pinochet. Oscar Andrade, enfatiza, ha dicho que Pinochet de algún modo fue demócrata.

Y lanza otra vez:

-¡Es que este país no sabe agradecer!

-Claudio…- lo intercepta el reportero.

-¿Qué, huevón?

-¿Seguirá sin filtrar sus pensamientos?

-Tengo claro que lo que digo sería más efectivo si lo dijera con más calma…

-¿Piensa ir en esa ruta en el futuro?

-No…soy como soy, compadre. No lo hago por provocar. Es lo que me sale del alma…

Y afirma que no quiere vivir tantos años más. A los 75 años le pedirá a Dios un ataque cardíaco o algo en esa línea. Y morirá sin causar molestias. No tiene deudas, está ordenado.

-Y te diré algo…

-Diga.

Y, sorprendentemente, pese a sus gritos ideológicos, al descontrol verbal, y a los improperios, Claudio Reyes, el actor de derecha, concluye:

-Yo todas las noches duermo en paz. Y no hay que valga más que dormir tranquilo- finaliza, sonriendo. Más pacífico que nunca.

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