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16 de Septiembre de 2022

El Huaso Trotamundo y la Tía Ceci: La pareja que baila cueca en el metro de Santiago

Estas Fiestas Patrias, The Clinic invita a los lectores a reflexionar sobre qué nos hace dieciocheros. Hoy, la primera nota de este especial: Cecilia Aravena y Juan Soto tienen en común mucho más que el amor que siente el uno por el otro. Los dos comparten la pasión que despierta en sus cuerpos el folclore chileno, que fue fundamental para entrelazar sus vidas al ritmo del baile nacional. Juntos, decidieron que los vagones que recorren la capital serían algunos de los escenarios que compartirían para que los pasajeros puedan reencantarse con la cueca, no sólo en septiembre, sino que durante todo el año.

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Es viernes y los celulares de los pasajeros de un tren, que ingresa a la estación Irarrázaval, marcan las 13:30 de la tarde. El transporte se detiene por completo y -segundos después- la calma que se siente cuando las redes sociales son la única fuente de distracción en un espacio aparentemente muerto, se interrumpe. Con la personalidad que los caracteriza, Juan Soto Rodríguez y Cecilia Aravena Recabarren entran al vagón con un parlante y una bandera. Él, con sombrero, camisa, zapatos, espuelas -todo lo que personifica a un huaso- se presenta primero, luego a su “señora”, que porta un tradicional vestido de china. Comienza la cueca, después las payas, ante la mirada atenta de quienes -entre tanta indiferencia- deciden ser espectadores de la actuación folclórica.

Gentileza de Juan Soto

“Conocí a este varón, del cual me enamoré y comencé a bailar. Nos juntó lo mismo que nos gusta a los dos, que es la cueca, de ahí que estoy bailando con él, en el metro, en los restaurantes, es nuestra pasión”, indica Aravena.

Juan y Cecilia se conocieron por Facebook hace no tanto tiempo, el 2019 según Soto, quien actúa en la locomoción colectiva desde hace 28 años y ha interpretado personajes como: La droga, El SIDA, El Aborto o El Alcohol. Con el “Huaso Trotamundo”, lleva una década. Oriundo de Lautaro, ha vivido en diferentes sectores, como Peñaflor, San Bernardo y Litueche. Es hijo de Lautarino Humor, figura folclórica que ostenta el récord de bailarle a la bandera durante 27 minutos y a menos 19 grados en la antártica nacional.

“Siempre saco el orgullo de que todo lo que soy, se lo debo a mi padre. Él me entregó esto, porque yo tengo cuatro hermanos y soy el único que se fue por la senda del folclore. Me encanta esto, me gusta hacer lo que hago, me gustan los aplausos, me gusta que la gente me invite a las mesas, me tomo un trago. Soy así, aunque mi señora se enoja de repente, ella es la que me pone la parte seria, la dama, porque ¡Puta el huaso de mierda desordenado!”, explica Soto a The Clinic, respecto a los roles que tienen como personajes.

“Conocí a este varón, del cual me enamoré y comencé a bailar. Nos juntó lo mismo que nos gusta a los dos, que es la cueca, de ahí que estoy bailando con él, en el metro, en los restaurantes, es nuestra pasión”, indica Aravena.

Cecilia Aravena es divorciada de un matrimonio anterior, al igual que el Trotamundo. Después de legalizar su separación, una amiga le comentó la existencia de Juan.

“Mi amiga me dijo—oye, hay un huaso y a ti que te gusta la cueca —

Yo le dije—¡ah! ¿Quién será? — me dio su nombre y yo le mandé solicitud, ahí empezamos a conversar”, detalla Aravena.

Un día, antes que se conocieran en persona, llegó una camioneta a la casa de Soto en Litueche, con una inesperada visita: era Cecilia y venía a escondidas en un viaje organizado por los padres de Juan. “Yo le dije que esperáramos un tiempo, pero ella no aguantó el tiempo”, agrega el Huaso Trotamundo. La incursión de Aravena resultó y en aquella ocasión bailaron sus primeras “patitas” de cueca.

“Me encanta esto, me gusta hacer lo que hago, me gustan los aplausos, me gusta que la gente me invite a las mesas, me tomo un trago. Soy así, aunque mi señora se enoja de repente, ella es la que me pone la parte seria, la dama, porque ¡Puta el huaso de mierda desordenado!”, explica Soto

La pudahuelina que enamoró a un huaso con su cueca

Cecilia Aravena ha vivido toda su vida en Pudahuel, ha sido locutora en radios locales y trabaja hace 26 años en el Colegio San Daniel de la misma comuna. Se presenta como asistente de la educación, así es más sintético explicar todo lo que hace: “soy inspectora, soy tía de kínder, encargada de la alimentación de Junaeb”, de ahí es que se presenta a The Clinic como “Tía Ceci”.

“Ha sido reconocida mi labor por el alcalde que había antes (Johnny Carrasco, PS), me mandó una carta de agradecimiento, porque yo hago mucho trabajo social. A mí me gusta mucho ayudar a los niños de mi comuna porque mi escuela tiene el 95 de vulnerabilidad, entonces son pobres, son niños con riesgo social”. En efecto, el 94.9% de los estudiantes del establecimiento educacional presentan un grado de vulnerabilidad. Pero el rol de Cecilia en Pudahuel ha sido más que eso, uno de los desafíos más importantes lo vivió durante la pandemia.

Relata que muchos familiares enfermaron, y que incluso el “Diario Tropezón” de la comuna hizo un reportaje por esa situación. “A mí se me cayeron las lágrimas porque mi hermana desde su ventana me decía: ‘¡ándate, no vengas, ándate!’, por el virus. Entonces yo tuve que colgar una bolsa con mercadería afuera de su casa”. Esa experiencia la hizo pensar en la gente que estaba sola y sin ayuda.

“Como yo soy movida empecé a hablar con gente, amigos, concejales, y me conseguí unas cajas de mercadería para darle a la gente de mi barrio, de mi comuna, porque había abuelitas que estaban encerradas y decían: ‘yo vendía parches curitas mi hijita, pero ahora no puedo salir’, y les entregaba una caja de mercadería”. Ese fue el comienzo de su labor social en cuarentena, que evolucionó a su participación en ollas comunes, en las que entregó 100 raciones diarias durante un año junto a la Mesa Social de Salud de Pudahuel. El espíritu de Cecilia también la llevó a organizar, en colaboración con otros vecinos, eventos para Halloween, el Día del Niño, y Navidad, en los que entregaron dulces y regalos para que los niños y niñas de la comuna no tuvieran contacto con el virus.

Cecilia esperando en el Metrotren

Sin embargo, la exposición al Covid era una consecuencia colateral de su labor. Cecilia enfermó durante 2020, y aunque no fue grave, hay secuelas. “Antes bailaba con los niños, hacía danza entretenida en los recreos y ahora cuando bailo me canso. Bailamos dos cuecas y yo ya estoy cansada”. Esto no es impedimento para desarrollar su pasión. “¡Pero a mí me gusta bailar!”, insiste Aravena. “Todos los años nuevos, de chica, me acuerdo que con mi mamá y mis hermanos bailábamos cuecas, se cantaba la canción nacional en mi casa”.

El gusto por la cueca, el baile nacional, y el sentimiento patrio es herencia de su familia -su madre era guitarrista y cantora de un grupo folclórico de la tercera edad en la comuna- lo lleva en la sangre, asegura. “Viene de tradición, no es de casualidad, y orgullosa de mi apellido Recabarren: soy descendiente de los Recabarren, de Luis Emilio Recabarren”, dice Cecilia.

Gentileza de Juan Soto

“Antes bailaba con los niños, hacía danza entretenida en los recreos y ahora cuando bailo me canso. Bailamos dos cuecas y yo ya estoy cansada”. Esto no es impedimento para desarrollar su pasión. “¡Pero a mí me gusta bailar!”, insiste Aravena. “Todos los años nuevos, de chica, me acuerdo que con mi mamá y mis hermanos bailábamos cuecas, se cantaba la canción nacional en mi casa”.

Chilenos todo el año

Juan Soto es constructor, trabaja en la elaboración de cercos perimetrales, domos, muebles rústicos, incluso describe que construyó la casa de sus padres en Litueche. En los últimos años ha hecho noticia con el Huaso Trotamundo. Durante el estallido social, caminó por 23 horas con una bandera al hombro, desde el lago Rapel hasta La Moneda. En los meses más álgidos de la revuelta, asistió a la Plaza Baquedano, conocida popularmente con “Plaza Dignidad”, para bailar en forma de protesta. En ese contexto, grabó un video dirigido al entonces presidente Sebastián Piñera: “eché mucho grabado, con amenazas, con todo. Tuve problemas, incluso hasta con la justicia por culpa de eso”, afirma.

Juan Soto afuera de La Moneda

Luego, a principios de 2020, comenzó un viaje por Sudamérica, en el que llevó el folclore nacional por el sub continente. “Tengo un concurso ganado en Santiago del Estero (Argentina), que es el concurso de las danzas internacionales individuales, tengo mis premios. De ahí, me vine viajando por todo Paraguay, Brasil, después Bolivia”, comenta.

Cuando volvió a Chile, comenzó la pandemia. Se refugió en su parcela de Litueche para cuidar a sus padres, de avanzada edad. Como gesto de agradecimiento al personal de salud, bailó en distintos recintos hospitalarios.

“Soy el único huaso que anduvo bailándole al área de salud, justamente por la pandemia, para motivar a los doctores, a los enfermeros, los médicos, para que no se rindieran, para que salgamos de esta pandemia. Bailé en el Barros Lucos, en el Exequiel González Cortés, aquí en la Posta Central. Bueno, en varios hospitales no se pudo, me echaron por discreción y otras cosas más, por el protocolo”, indica Soto.

Las medidas sanitarias tuvieron impacto en Juan, respetó las restricciones y dejó de actuar en la red de Metro hasta el segundo semestre de 2021. Actualmente ha vuelto, y suele personificar a un anciano con alzhéimer.

—Yo me pongo la ropa que era de mi abuelo Jorge y de mi abuelo Manuel, mi personaje se llama Jorge Manuel. Yo viví las dos caras de la moneda, mi abuelo Jorge y mi abuela Clara, murieron dignamente en su casa, y en cambio, los papás de mi papá murieron en un asilo —dice Juan.

—Y llora la gente —explica Cecilia, sobre los efectos en el público de la interpretación de Jorge Manuel.

—Yo también lloro, lloro de verdad, porque me acuerdo de mis abuelos cuando estoy en el personaje —complementa Soto.

El Huaso Trotamundo lleva de forma solitaria una década en los trenes santiaguinos, y en los últimos años se sumó Aravena para acompañarlo todas las semanas, de viernes a domingo. Cecilia superó los nervios iniciales de actuar en público junto a su pareja, tanto así, que bailaron para el presidente Gabriel Boric un día después de ser electo, para darle la bienvenida y desearle un buen gobierno.

Los vagones del transporte no son el único escenario que comparten. Suelen actuar en restaurantes que los han aceptado desde que decidieron reanudar la cueca a pesar de la pandemia. Esto les ha abierto más puertas, en ocasiones el público se acerca a ellos para proponerles trabajo en eventos. Aún así, Juan tiene su crítica ante el poco interés por el folclore nacional.

“Puta ¿Por qué no regalan esquinazos? Y regalan mariachis ¿Por qué no regalan algo chileno? Si ustedes son chilenos y andan regalando mariachis. Es bonito eso sí, si tampoco es para quitarles la pega”, aclara Soto.

Así, junto al folclore, ambos han forjado su amor, que a su vez es el reflejo de la pasión que les producen los aplausos y el zapatero, sumado a un profundo sentimiento por las costumbres patrias. “Nosotros somos chilenos todo el año, bailamos cueca todo el año, no sólo nos acordamos en septiembre, eso es importante y la gente lo rescata también”, dice Cecilia.

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