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17 de Septiembre de 2022

“Es bueno que la gente sienta que puede abrirse con esta enfermedad”: El Premio Nacional de Ciencias Ricardo Araya y la depresión, del estudio a la carne propia

El Dr. Ricardo Araya Baltra, ganador del Premio Nacional de Ciencias 2022, es un psiquiatra e investigador líder en su campo a nivel internacional. Pero en esta entrevista, además de compartir su parecer acerca del estado de la salud mental en Chile, se abre a contar episodios más íntimos de su vida, como la experiencia de padecer depresión siendo, al mismo tiempo, un estudioso de ese trastorno. “Uno de los elementos vitales para poder superar el tema de la depresión es poder conversar”, sostiene al respecto.

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La carta de presentación del Dr. Ricardo Araya Baltra es sencillamente notable: médico de la Universidad de Chile, psiquiatra especializado en Reino Unido, y actual director del Centro de Salud Mental Global del prestigioso King’s College de Londres, además de investigador senior del Instituto Milenio Imhay.

¿La guinda de la torta? Fue recientemente reconocido con el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2022, por sus aportes en materia de salud mental desde la óptica de la salud pública.

Pero Ricardo Araya Baltra es mucho más que títulos y galardones. Es, primero que nada, un hombre de carne y hueso. Un chileno que, siendo joven y como tantos otros, no sabía qué camino tomar. Un estudioso de la depresión que padeció de depresión en carne propia, y que sólo en el extranjero pudo abrirse –o “salir del closet”, como dice- a recibir ayuda. También un brillante exfutbolista que congeló la carrera de medicina y viajó a EE.UU. becado, para chutear la pelota a nivel competitivo y perseguir un sueño.

Conectado con The Clinic desde Inglaterra, el académico del momento habla de su trayectoria con una particular franqueza. Relata algunos episodios de su vida, con la profundidad de quien revisa su historia a sus 69 años recién cumplidos. Y, cómo no, analiza el presente de la salud mental y la relevancia que se le da en Chile, comprendiendo su pasado, pero siempre mirando hacia el futuro.

“La salud mental es un concepto mucho más amplio que los trastornos mentales (…). Va más allá de eso, porque tiene que ver con el bienestar de la población. Tiene que ver con que tú sientas que se te han dado las posibilidades para desarrollarte plenamente”, es una de sus tantas definiciones.

-¿Qué te llevó a decantarte por la psiquiatría como salida profesional?

-Como les pasa a todos los jóvenes, es un proceso cuando uno elige el camino a seguir. Progresivamente uno va tomando decisiones en el viaje, y yo no podría decirte que en un principio estaba comprometido con la psiquiatría. Ni siquiera entendía qué es la psiquiatría.

Lo que captaba la atención del joven Ricardo Araya eran los “temas sociales”. El entender el “por qué de las cosas”; la sustancia de las relaciones humanas que componen el tejido social. Una inquietud que, ahora reconoce, le generó “problemas” como estudiante en colegios particulares, donde lo tildaban de “contestatario”: hacía preguntas que no siempre eran bien recibidas.  

En 1974 ingresó a Medicina en la Universidad de Chile. Su segunda opción, en la postulación universitaria, fue Economía. Y sus primeros años, en medio de un exigente régimen de estudios, los vivió “sin un gran convencimiento”. A él le interesaba más bien el “aspecto humano y social” de la carrera.

De pronto, vino lo que él mismo define como “un cambio grande”.

“Bueno, yo era futbolista”, confiesa.

Y Ricardo Araya ríe.

“Era futbolista, y jugué en las divisiones inferiores de un club”, añade con cierto pudor, casi ocultando su faceta deportiva, su talento manejando el balón.

-¿En qué club?

-No te quiero decir, porque si no me voy a generar un problema.

Vuelve a reír.

-Pero por favor.

-Bueno. Jugué en la Universidad Católica.

Teme que sus colegas de la Universidad de Chile, su alma máter y dónde ha desarrollado gran parte de su trayectoria académica, puedan recriminarle la respuesta. Eso sí, clarifica que ya no es hincha de la UC. Y que también jugó por el seleccionado universitario de la Chile. “Ahí yo ya me vestía de azul”.

El fútbol fue el puntapié de lo que identifica como una “crisis existencial”. Su clarividencia en la cancha le valió el ofrecimiento de una beca deportiva para competir por la Universidad de San Francisco, en EE.UU. Todo en un tiempo donde el “soccer” gringo venía en ascenso, con la llegada de Pelé a un equipo neoyorquino, la única camiseta que “O Rei” vistió además de la del Santos F.C. y la selección de Brasil.

Ricardo Araya congeló sus estudios en segundo año, armó una maleta, y partió rumbo a California. Y en vez de continuar con Medicina en el país norteamericano, se adentró en el mundo de la psicología, debido a la alta demanda de tiempo de los entrenamientos y torneos.

“Ahí ya el bicho me picó”, dice.

-¿A qué te refieres?

-Tenía un interés grande por la comprensión de la psicología con una mirada científica. De poder entender por qué la gente se comporta de una manera, por qué pensamos de una manera, y a estudiar esto desde un punto de vista científico.

Y las dudas comenzaron a disiparse. Alcanzó el grado de bachiller en EE.UU. y retornó a Chile en 1976, con la mente puesta en terminar Medicina. Vino un ciclo intenso de “aprender más”. De “aprender rápido”. Siempre cercano a ese “enfoque social”, a pesar de estar formándose en un rubro científico.

-¿En qué sentido va eso del “enfoque social”?

-En el sentido de generar respuestas para los grupos que sufren más y que están en condiciones más difíciles. Eso ha sido una directriz, yo diría casi valórica, de todo lo que ha sido mi carrera e investigación.

Tras obtener el título de médico en 1982, viajó a Reino Unido para especializarse como psiquiatra en el afamado Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres.

-¿Qué te motivó a sacar tu especialidad ahí?

-Era un sitio donde, probablemente en toda Europa y quizás en el mundo, se hacía la investigación más potente en este campo. Y había gente que estaba trabajando este tema en la atención primaria. Yo tenía mucho interés en la atención primaria. Le veía un potencial grande, no solo para resolver los problemas de salud mental, si no para los problemas en general, como el primer filtro en la atención en servicios de salud.

El precursor del Programa Nacional de Depresión

Ese foco marcaría el resto de su trayectoria. Con un PhD de la Universidad de Londres, y un diplomado en Economía de la Salud en la Universidad de Aberdeen en Inglaterra, Ricardo Araya acumula hoy más de 300 publicaciones en revistas científicas -como la influyente The Lancet-, con proyectos que han tenido repercusiones concretas tanto en Chile como el extranjero. Y todo centrado en desarrollar estrategias y mecanismos para tratar, desde la salud pública, los trastornos mentales de la sociedad contemporánea, especialmente en países de escasos recursos.

En Chile, por ejemplo, lideró un estudio sobre el tratamiento de la depresión en mujeres de bajos ingresos en Santiago, publicado en The Lancet en 2003. Ese esquema, que según recuenta una nota de la Universidad de Chile “ofrecía una solución a la falta de recursos humanos especializados en la atención psiquiátrica, transfiriendo responsabilidades en el cuidado de la depresión a personal no-médico y empoderando a personas con depresión para fortalecer su autocuidado”, sentó las bases del todavía vigente Programa Nacional de Depresión en Atención Primaria. El éxito del modelo fue tal que todavía opera -replicado y adaptado- en diversos países, como India, Nigeria, Brasil y Perú, entre otros.

"Es bueno que la gente sienta que puede abrirse con esta enfermedad": El Premio Nacional de Ciencias Ricardo Araya y la depresión, del estudio a la carne propia
El Dr. Araya junto a un grupo de investigadores en Zimbabwe.

También en Chile, durante su paso en la década de los ’90 -volvió a Reino Unido en 1999 para asumir un rol académico en la Universidad de Gales-, trabajó como asesor en el Servicio Nacional de la Mujer y el Ministerio de Salud, donde estuvo a cargo de la primera Encuesta de Violencia Intrafamiliar. Ese levantamiento de información fue clave para que la Ley de Violencia Intrafamiliar, promulgada en 2005, viera la luz.

-Hace poco en una entrevista decías que en los últimos 20 años en Chile la salud mental ha cambiado enormemente. Pareciera, asimismo, que esta es cada vez más valorada por la sociedad. ¿Qué podría explicar tal evolución?

-Hay explicaciones que son un poco dadas a lo que ha sucedido en Chile, y hay explicaciones que se deben a lo que ha sucedido globalmente. En relación a Chile, creo que se fueron dando oportunidades en el tiempo.

El recuento del investigador es detallado. Menciona cómo durante la dictadura la salud mental “fue realmente abandonada”. De cómo su valoración se marchitó en una época en que el apoyo mutuo y la interacción entre individuos -que considera centrales para una salud mental plena- no eran “bien vistas”. “Querían dictarnos qué es lo que deberíamos hacer y no hacer”, sintetiza.

Luego vino la transición. Un retorno a la democracia cargado de repercusiones psicológicas para los chilenos.

“Empezó a haber una inquietud. ¿Qué es lo que le ha pasado a la población? ¿Cuál es el resultado de todo esto? ¿Y en qué parada estamos y qué podemos hacer?”, explica.

Él mismo, trabajando en el Ministerio de Salud, presenció los albores del programa de reparación hacia víctimas de violaciones de DD.HH. (PRAIS) de esa cartera. “Fue una cosa muy bonita en que se reconocía eso, y se tocó un poco de la salud mental”, recuerda.

En paralelo desarrollaba una encuesta por aquí, un estudio por allá, “con la intención de tratar de medir qué tan grandes eran los trastornos mentales en el país. Qué tan frecuentes. Dónde estaban, a quiénes afectaban más, etc. Cuánto acceso tenía la gente a las ayudas”.

Un esfuerzo con el fin de “tratar de convencer a las autoridades del momento de que valía la pena invertir. Fue muy importante, porque realmente reveló que había un problema enorme, y que alguien tenía que hacerse cargo de él”.

La siguiente etapa consistió, justamente, en tomar las riendas frente a ese “problema enorme”. De implementar programas y proyectos, basados en la atención primaria. “Ahí ya la cosa iba mejorando muy rápido”, afirma.

"Es bueno que la gente sienta que puede abrirse con esta enfermedad": El Premio Nacional de Ciencias Ricardo Araya y la depresión, del estudio a la carne propia
El Dr. Araya junto a un grupo de investigadores en India.

-¿Cómo así?

-Había mucho más convencimiento de que era posible ayudar a la gente con trastornos emocionales, independientemente de si eran pobres o ricos. Y que era posible de hacer con los medios que teníamos. Con recursos limitados, pero con los recursos que teníamos.

Menciona la entrada en vigor de las Garantías Explícitas en Salud (GES), el plan que garantiza la cobertura de decenas de patologías. “El GES es un programa absolutamente impresionante para los que viven fuera de Chile, más que a los chilenos”, dice.

-Uno tiende a poner en un pedestal lo que pasa afuera.

-Los chilenos siempre criticamos y nos olvidamos de las cosas buenas que hacemos. No es perfecto, pero es un programa único en cuanto a que ofrece garantías sociales para la atención, y cobertura universal. Eso es realmente una cosa difícil de encontrar en un país. Te puedo decir que al menos en Latinoamérica no existe. 

-¿Y qué implicó este programa en términos de salud mental?

-El GES desde una primera etapa empieza a poner en la lista de prioridades los trastornos mentales. Y la depresión es el primero que entra ahí. Eso fue un golpe potente para, al menos, poner la salud mental y los trastornos mentales como un tema prioritario de los gobiernos. De ahí para adelante la cosa empezó a despegar. Se hablaba mucho de salud mental.

Trae a colación los datos, y destaca que la depresión es uno de los trastornos que acumula más atenciones en el GES. Pero a pesar de las loas al plan, el académico sabe que todavía queda mucho por caminar. “Con todo esto, no quiero que pienses que soy complaciente, y que todo me gusta. No. Soy muy crítico, como todo científico. No me trago las ruedas de carreta muy fácil”, señala al respecto.

Los “agitadores” de la salud mental

-Mencionabas cómo las autoridades en Chile pusieron cada vez más atención a la salud mental. ¿Por qué es importante que los tomadores de decisiones entiendan la relevancia de la salud mental?

-La realidad es que los políticos, si son inteligentes y astutos, tratan de ir con lo que ellos perciben como las necesidades sentidas por la población. Los políticos son muy sensibles a lo que aparece en los medios de comunicación. La prensa. 

Su análisis lo basa en años de experiencia. Rememora sus tiempos en el MINSAL, cuando todos los días le entregaban recortes de diarios que tuviesen que ver con temas de salud.

“Creo que nosotros, las personas que éramos un poco los ‘agitadores’ de la salud mental, fuimos astutos en utilizar y trabajar con los medios de comunicación para tratar de presentar y darle mayor visibilidad a los problemas de salud mental. Eso nos ayudó mucho, porque los ministros, y la gente que estaba en posiciones de tomar decisiones, veían todo esto y, bueno, había un convencimiento de que esta era una ola grande, y había que hacer algo. O, al menos, decir algo”, comenta.

-Todo un proceso.

-Al principio nos decían “pero esta cosa no es muy frecuente”. Hicimos las encuestas. Demostramos que era muy frecuente. Después salieron con que “no tenemos plata para hacer frente”, o “estas cosas no resultan, no son efectivas”. Hicimos otros estudios, demostramos que eran efectivas. Nos dijeron “no tenemos plata”. Hicimos los estudios económicos, y les demostramos que sí había plata como para hacer eso. Ya a esa altura era difícil no colgarse.

-Hablábamos del GES. En base a tus conocimientos y tu opinión, ¿crees que la salud mental está debidamente protegida hoy por hoy en Chile a nivel de políticas públicas?

-En ciencias lo más importante son las definiciones de los términos. Tú utilizaste la palabra “debidamente”. (Se ríe). Tendría que devolvértela, ¿no? Y preguntarte qué es lo que es “debidamente”. Yo pienso que hay algo de protección, pero queda todavía muchísimo por hacer. En todos los niveles. Creo que la salud mental es un concepto mucho más amplio que los trastornos mentales.

-¿Más amplio?

-Los trastornos mentales generan síntomas, te discapacitan un poco. Eres un enfermo. Y para eso, requieres ayuda, probablemente de profesionales, o de gente que te pueda ayudar. La salud mental va más allá de eso, porque tiene que ver con el bienestar de la población. Tiene que ver con que tú sientas que se te han dado las posibilidades para desarrollarte plenamente. Para tener una vida integrada en la sociedad, y hacer una contribución. Es mucho más amplio el concepto. 

El Dr. Araya en Guatemala.

-¿Hasta qué punto se da eso en Chile?

-Ahí la cosa se pone más compleja. La salud mental es un concepto que hay que pensarlo de manera intersectorial. Hay miles de vetas por las que uno puede entrar. Nosotros hemos trabajado mucho, por ejemplo, en sector educación (…). Hay otra veta en el sector laboral. Eso agrupa al Ministerio del Trabajo y a otras entidades. Pero ahí hay un montón de cosas en las que todavía estamos muy atrás. 

-Según la quinta edición del “Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC”, un 21,1% de los encuestados exhibió probable presencia o sospecha de problemas de salud mental. En otras palabras, 1 de cada 5 chilenos podría estar padeciendo problemas de salud mental. ¿Es una cifra alta?

-La verdad es que si uno aglomera todos los trastornos mentales, el 20% no es sorpresa. Es más o menos consistente. Y no ha bajado ni ha subido mucho en el tiempo. Estamos más o menos estancados en ese número. En relación con lo que sucede en otros países, es variable. En cuanto a Latinoamérica, es más o menos eso. No estamos ni mucho mejor ni mucho peor. Hay otros países ya del mundo desarrollado donde es más bajo, sobre todo en los países escandinavos, que tienen un sistema de protección social. Porque la salud mental es muy sensible a los condicionantes, y al contexto socioeconómico. 

-Dijiste que estamos estancados. ¿Qué podría explicar eso?

-Es interesante ese tema, porque hemos hecho estudios, con las encuestas de salud del Ministerio y, por ejemplo, una de las cosas que hemos visto en el tiempo es que el acceso a la atención, producto del GES, ha mejorado. Sobre todo, se han reducido las desigualdades por nivel socioeconómico. O sea, la gente con menos recursos ahora está teniendo más acceso. Acceso que no tenían antes. Pero a pesar de eso, se mantiene la alta tasa de trastornos mentales. Ahora, puede haber miles de respuestas en torno a eso.

-¿Nos podemos aventurar a una respuesta?

-Puede ser que el contexto socioeconómico no es favorable, y no permite empujar (la cifra) hacia abajo. Puede ser que la atención, a pesar de que la gente tiene más acceso, no es lo suficientemente efectiva. Todo esto tampoco ayuda a bajarlo. Es un tema que hay que estudiar mejor.

“Yo he sufrido de depresión”

-Has estudiado bastante la depresión desde la salud pública. ¿Cuál es tu diagnóstico en cuanto a la depresión en Chile?

-La depresión en Chile como tal se mantiene alrededor entre un 5% y 7%, con trastornos clínicos. (Las cifras) se han mantenido relativamente estables. A eso tienes que sumarle otros trastornos, y llegas al 20%. Los trastornos relacionados con la angustia son los otros potentes, que ocupan un gran espacio en el volumen. Una persona con depresión en Chile tiene síntomas muy parecidos a los que tiene una persona aquí, o en EE.UU., o en otros lugares. El concepto es bastante universal. 

Eso sí, existen “matices en cuanto a cómo identificarla”, dice el psiquiatra. Ahí entran en juego los “contextos culturales”. Afirma que “en Chile es bien marcada la diferencia de género, que sugeriría que una posibilidad es que los hombres todavía son bastante reticentes a admitir, o reportar, síntomas de depresión. Posiblemente porque hay todavía un estigma o un prejuicio, y hablar de eso es un poco como demostrar una debilidad (…). No lo sé. Estoy elucubrando”.

También hay factores intersectoriales, como “cuáles son tus derechos a enfermar. El tema de las licencias por depresión. Hasta qué punto, digamos, la sociedad está permitiendo que la depresión emerja o aparezca, o hasta qué punto genera un elemento de discriminación. Porque tú puedes decir que tienes depresión, y te pueden echar del trabajo. O pueden empezar a pensar que a lo mejor no vas a poder realizar tu trabajo… Y te lo digo con conocimiento”.

-¿”Con conocimiento”?

-Porque yo he sufrido de depresión. Y la realidad es que un poco salí del closet aquí en Reino Unido. Al principio me sorprendía cómo mis empleadores me trataban. Porque me hacían muchas pruebas de diferentes tipos, un poco para saber si es que estaba o no estaba. Imagínate. Yo era psiquiatra, y reconocía esto, y me empezaban a pasar cuestionarios y cosas. Cuestionarios algunos de los cuales los había desarrollado yo.

Y rememorando la escena, de que le aplicasen un cuestionario que él mismo diseñó, Ricardo Araya ríe.

-¡Qué fuerte!

-Sí, era fuerte. Era fuerte. Eso de sentarte frente a una enfermera, y que te pusiera estos cuestionarios y bueno… Responderlos con honestidad, porque en esas condiciones yo era una persona potencialmente enferma.

El psiquiatra saca entonces a relucir una frase digna de enmarcarse: “Lo más increíble de todo esto, que bueno, en el caso de la depresión se da mucho, porque no es una enfermedad que te discapacite enormemente, es que a mí no me ha ido mal en la vida, ¿no?”.

Suelta otra sincera risotada.

“He tenido cargos súper importantes, en Chile y en el extranjero”, dice. “Y me he ganado este premio”.

Una sonrisa de oreja a oreja cubre su rostro.  

-Qué bonita reflexión. 

-Creo que es bueno decirlo, porque es bueno que la gente sienta que puede abrirse con esta enfermedad. Si uno no lo hace, tienes que cargar con ese peso por el resto de tu vida, y uno de los elementos vitales para poder superar el tema de la depresión es poder conversar. Ser escuchado. Tratar de entender qué es lo que te está pasando. Eventualmente tener un apoyo profesional que te puede sugerir que requieres medicamentos. Que te apoyen en ese camino, para salir adelante. En la depresión uno puede recuperarse prácticamente ad integrum, pero eso no indica que después puedas tener una recaída. Pero uno aprende a vivir con esto como una enfermedad crónica, y a cuidarse uno mismo.

“Todo lo que vaya en favor de generar una mayor igualdad va a ser bueno para la salud mental”

Esta conversación con el Dr. Ricardo Araya se dio pocos días antes del plebiscito del 4 de septiembre. El contenido de la -rechazada- propuesta constitucional fue, por lo mismo, parte de la entrevista. Pero las reflexiones del ahora Premio Nacional en esta materia no pueden ser dejadas de lado.

-En la propuesta de nueva Constitución, “salud mental” aparece dos veces. Y el artículo 44 dice explícitamente que “el Estado generará políticas y programas de salud mental destinados a la atención y prevención con enfoque comunitario y aumentará progresivamente su financiamiento”. En la Constitución de 1980, “salud mental” no aparece ninguna sola vez. ¿Qué opinas de esta situación? 

-Es interesante, porque te voy a utilizar un ejemplo. La ONU sacó un documento que se llama “metas sustentables globales” y, en las que salieron publicadas hace dos o tres años atrás, “salud mental” es mencionada dos o tres veces, también en términos muy inespecíficos. Ahora, para mucha gente en el mundo de la salud mental global, fue considerado como un gran avance. Para mí no fue un gran avance. La realidad es que los indicadores con los que se va a evaluar si es que efectivamente se ha logrado algo son muy débiles.

El Dr. Araya en una conferencia en el King’s College.

-Pero se menciona.

-Claro, se menciona. Sí, puede ser un avance. Pero todavía muy lento. Muy atrás de lo que yo hubiera esperado, a estas alturas, del desarrollo a nivel global. Lo mismo sucede con la Constitución. Utilizaste el término, que también lo leí en la propuesta de nueva Constitución, que se “aumentará progresivamente”. Ahora, ¿qué es “progresivamente”? Como científico, como persona de números, me hubiese gustado saber cuánto. Y en qué períodos. Cuál es el plan. Cuál es la visión. Cuáles son las metas. 

Añade que “indirectamente también se mencionan otras cosas que tocan la salud mental. Porque la salud mental está relacionada con la discriminación, con el estigma, y la propuesta de Constitución aborda mucho esos temas también, que podrían tener un impacto en la salud mental. Pero como salud mental así, con nombre y apellido, es poco. Pero es algo”.

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