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Planeta

20 de Octubre de 2022

No solo smog: contaminación de suelos en el Gran Santiago tiene índices similares a ciudades mineras

Una investigación realizada por el Cedeus de la U. Católica y de Concepción revisó material de cuatro ciudades, dos mineras y dos no mineras. En el caso de la capital de Chile, la polución atmosférica sería determinante. Expertos comentan los riesgos urbanos y sanitarios junto con la ley que se tramita en el Congreso para proteger los suelos del país.

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Fue durante la pandemia, producto de las restricciones de movilidad, que la circulación de vehículos por las calles de Santiago de Chile vio una reducción importante que se tradujo también en una disminución de los principales contaminantes ambientales.

Sin embargo, desde hace ya unos meses que las avenidas han vuelto a los números normales de autos transitando, incluso, más que antes de la crisis sanitaria. Y hace pocos días finalizó el período de Gestión de Episodios Críticos (GEC), iniciativa dentro del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) de Santiago, que suma, entre sus acciones, a la restricción vehicular.

La contaminación del aire que experimenta la Región Metropolitana es una de las problemáticas ambientales más importantes de la zona y por la que se han tomado medidas de distinta índole para disminuirla, apuntando con énfasis al transporte. Los efectos que deja esta polución no son solo en el aire. Las consecuencias se pueden observar hasta en el suelo, lo que añade un nuevo factor de preocupación ante los riesgos sanitarios que implica en la población.

De hecho, un estudio del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus) de la Universidad Católica y de Concepción reveló que la contaminación de suelo en Santiago es similar a las comunas mineras.

Imagen referencial de un mapa de Santiago

Principales resultados

La investigación señala que las áreas urbanas concentran fuentes de contaminación antropogénicas principalmente de origen industrial, comercial y de transporte que combinadas con otras actividades humanas en áreas rurales o periurbanas –como es el caso de zonas de agricultura o minería–, más fuentes geológicas, terminan impactando en la calidad del suelo en términos de concentración de metales, lo que se impone como un desafío para el desarrollo sustentable y la salud pública.

¿Qué ocurre con el suelo? Resulta ser un medio para la exposición a contaminantes por interacciones directas e indirectas, en especial del tipo de metales que son de preocupación por su toxicidad, acumulación y persistencia. En el caso de las zonas urbanas, la población interactúa con los suelos principalmente en espacios abiertos como parques y facilidades recreativas, los que son con frecuencia visitados por grupos vulnerables como niños y personas mayores.

Bajo ese contexto, el estudio tuvo como objetivo cuantificar la concentración de metales en suelos urbanos de parques en cuatro ciudades de Chile, comparar la concentración de metal en zonas con y sin residuos mineros, y explorar el uso de los indexadores de polución para priorizar y formular políticas públicas. 

Se analizaron los casos de Copiapó, La Serena-Coquimbo, Andacollo, y Gran Santiago. Usando guías internacionales para suelos residenciales, se pudo observar cómo los valores de cobre, por ejemplo, excedieron los establecidos en todas las ciudades, lo que implica un riesgo potencial de salud.

Según los resultados, La Serena-Coquimbo fue la urbe con el nivel más bajo de contaminación, independiente de la guía utilizada, lo que concuerda con que sea una zona de baja densidad y sin mayores relaves, a diferencia de Andacollo y Copiapó, urbes mineras y con relaves ubicados cerca de poblados, y de Santiago, que cuenta con una contaminación ambiental bastante alta.

Porque si bien las zonas con actividades mineras tuvieron peor desempeño, la capital no se quedó tan atrás: “Contrario a las expectativas, los hallazgos de este estudio demostraron que la contaminación en ciudades no mineras, como Gran Santiago, con diferentes fuentes de polución, puede ser similar a la de una ciudad expuesta a actividad minera. Esto debería considerarse en los planes de acción para remediación ambiental y evitar exposición a la población”, indica el estudio.

Por ejemplo, los valores más elevados de plomo, manganeso y zinc se encontraron en Santiago, Andacollo y Copiapó respectivamente. El estudio apunta a que las actividades industriales y el tráfico vial “contribuyen significativamente a la concentración de metales en ciudades densamente pobladas como Gran Santiago”.

Alejandra Vega, investigadora del Cedeus quien lideró el estudio, profundiza en esto y explica que la contaminación de suelo “en el caso de Santiago, puede estar ligada a las emisiones del tráfico y el desgaste de los componentes del vehículo, esto está muy asociado a la presencia de plomo y zinc en el material particulado ambiental”. 

Añade que además en la capital “tenemos una geografía y geología particular; en la cuenca alta de Santiago están las mineras, y hay una reserva importante de cobre”.

La experta sostiene sobre la realización del análisis que “no habían normas o referencias para calidad de suelo para distintos usos (como residencial) a nivel nacional por lo que empezamos a comparar estas muestras con recomendaciones internacionales (…) Dijimos esto es tal vez una problemática más amplia que debe ser abordada mediante el desarrollo de recomendaciones de concentraciones para distintos usos y la determinación de background de metales en suelos”.

Sara Acevedo, coautora de la investigación, apunta, además, a la importancia que tiene elegir correctamente la guía comparativa con la que evaluar los contaminantes: “Los estándares no son los mismos para todos (…) Hay parámetros que no son los mismos para determinar una bandera roja en cada caso, cada suelo y ciudad son diferentes”.

Mira el estudio completo (en inglés)

Riesgos de esta contaminación

Para los especialistas es importante profundizar en el estudio de contaminación del suelo, pero no solo en lugares donde se espera su existencia sino que también en sectores urbanos.

El académico de la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica de Valparaíso, Pablo Cornejo, argumenta que las investigaciones, generalmente, “se suscriben en zonas que tienen alteraciones al medio ambiente como las mineras, pero respecto de cómo se estudia esto a nivel urbano, probablemente solo había estudios en Estados Unidos “.

Recomienda investigar en especial por los riesgos de este tipo de polución que contiene “material particulado que en buena parte se origina en actividades mineras, en relaves, donde se juntan los desechos después de la extracción, eso es algo que la minería históricamente no cuidó hasta hace unos años. El problema ahí radicaría en que todavía existen muchos de estos puntos que no fueron cerrados con un plan de manejo adecuado y que continuarán generando residuos”.

El especialista señala que se trata de un factor de inquietud para el desarrollo urbano porque en los estudios ambientales el impacto del suelo solo considera “la afectación que tiene por aspectos mecánicos, pero estos temas de deposición del material particulado sobre suelo, que es un impacto enorme por el efecto de difusión que tiene, no están siendo cuidados”.

“En Andacollo uno puede predecir que tendrá valores altos de contaminación, por lo que el caso de Santiago es interesante por los factores de contaminación atmosférica”, comenta Miriam Llona, presidenta de la ONG Suelo Sustentable.

Jadille Mussa, ecóloga y académica de la Universidad Central afirma que “existe impacto ambiental en todos los lugares donde hay un tráfico vial altísimo, el plan de descontaminación de Santiago se está haciendo cargo de lo que esto provoca, pero el efecto en los suelos está al debe todavía”.

Los riesgos sanitarios de esta contaminación siguen sin descubrirse del todo. “No hay estudios de largo plazo en relación a la salud, de analizar un número de población y sus patologías y la incidencia de la contaminación, son investigaciones a largo plazo que necesitan muchos recursos”, indica Llona.

Con todo, la también geógrafa de la Universidad de Chile dice que “cuando uno va a zonas denominadas de sacrificio, de relave o donde están expuestas a esta polución, se encuentra con casos de cánceres o muchos niños con enfermedades broncopulmonares”.

Algunos efectos en el cuerpo humano son “oxidantes y producen degradación incluso a nivel molecular. Esto repercutirá en la aparición de cánceres, problemas respiratorios, de resistencia a medicamentos. Hay muchos metales que inciden en que las tasas de concepción y natalidad se vean reducidas”, advierte Pablo Cornejo.

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Buscando soluciones

¿Qué hacer para abordar este tipo de contaminación? Alejandra Vega del Cedeus plantea que se debe poner atención a Santiago porque “no se pensaría a primera vista que es algo que sucede. Así que hay que seguir estudiando la ocurrencia y variabilidad de la concentración de metales en suelos, como fuente de exposición directa e indirecta de la población, generar y validar indicadores que ayuden a la toma de decisiones, y desarrollar evaluaciones de riesgo para la población, a fin de desarrollar planes de acción y evitar la exposición de la población a metales”.

Añade que se debe “conocer el background de metales –nivel basal o natural de metales– de los lugares, ya sean mineros o no, lo cuál es fundamental para avanzar en identificar zonas de enriquecimiento por acción antrópica y definir normas de calidad para distintos tipos de usos de suelo, en particular residencial”.

Coincide Pablo Cornejo: “Se requiere que las fuentes de contaminación sean identificadas y reguladas y los desechos sean tratados porque no estamos viendo el alcance total que tienen. En el caso de Santiago, mucho de ese material no tiene un origen minero”.

En el caso práctico, la contaminación de suelo se puede trabajar, principalmente, “desde dos perspectivas que tienen relación con la factibilidad, una es el manejo o control de la fuente, y la otra la remediación. En la primera, no se elimina la fuente de contaminación, pero se gestionan los riesgos, asegurando un uso seguro del sitio. En la segunda, se busca eliminar la fuente de contaminación y recuperar el suelo”, señala el Ministerio de Medio Ambiente a “The Clinic”.

En la remediación, Miriam Llona detalla que las técnicas “son variadas y hay físicas, químicas y biológicas. Depende de la cantidad de contaminación y del área, muchas veces se hacen mezclas, por ejemplo una es enterrar un suelo, sellarlo y poner una capa de cemento que permite que el contaminante quede ahí”.

La presidenta de Suelo Sustentable argumenta que el método biológico, que implica el uso de plantas para retener o extraer el contaminante, “es el más recomendado en zonas urbanas porque son lugares que están siendo habitados por personas”.

Un aspecto clave para abordar en el país la problemática es contar con una Ley Marco de Suelos. Actualmente en el Congreso se discute la primera legislación sobre el tema ya que “Chile es uno de los pocos países de la OCDE que no tiene”, afirma Llona.

Eso sí, la iniciativa no ha tenido un camino fácil. La experta explica que en su origen el proyecto era de gran envergadura lo que incidía en mayores recursos, pero que, finalmente, no contó con el apoyo del Gobierno anterior. Desde 2021 se tramita uno más reducido que se encuentra en su primer trámite constitucional y que en enero de este año recibió por unanimidad el visto bueno del Senado para ser legislado.

Llona comenta que el Ejecutivo actual muestra más interés y que “con el Ministerio de Agricultura estamos buscando incorporar lo que se sacó del proyecto anterior, agregarlo con modificaciones”.

¿Cuáles son los objetivos de esta ley marco? “Es un paraguas, tiene aspectos generales, pero se enfoca en el suelo no como un recurso sino que un sistema dinámico”, dice Llona. Cuenta que tiene “aristas de ordenamiento territorial para que no siga ocurriendo lo que pasa ahora, qué poblaciones vivan en área contaminadas (…) La idea es instalar el concepto de que para que una población esté en un lugar tiene que haber un suelo con ciertos estándares de calidad”.

Enfatiza que “esta ley no pretende restringir ningún tipo de actividad económica relacionada con el suelo, pero sí comprender que si se sobreexplota este sistema, en algún momento no tendremos suelos para alimentarnos o aptos para vivir”.

“Es un proyecto que aborda un tema ambiental muy relevante y que además ha estado muy postergado”, indica el Ministerio de Medio Ambiente. La institución apunta a que se incorporan “materias de contaminación, cambio climático, erosión y ordenamiento territorial, por lo cual estamos revisando la propuesta para evaluarla en función de nuestras competencias”.

En paralelo, la cartera trabaja en la actualización del catastro nacional de suelos con potencial presencia de contaminantes, “lo que nos permitirá identificar aquellos que producto de las actividades industriales realizadas tengan el potencial de generar un suelo contaminado”. Con esto se podrá, dice el ministerio “priorizar y orientar la evaluación y gestión de los suelos en función de su potencial impacto a la salud humana y al medio ambiente”.

Desde la mirada urbana el foco estaría en lo sustentable. Jadille Mussa sostiene que se deben mirar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU pues incluyen a las ciudades: “Ahí se apunta al desarrollo urbano como una clave para mejorar la calidad de vida, con miras sostenibles y resilientes”.

La experta añade que también se deben apoyar “a los municipios para tener buena gestión ambiental dentro de las comunas; desarrollar planes para incentivar el uso del auto eléctrico y otros modos sustentables; y fiscalizar los lugares donde hay industria que genera residuos”. 

Finalmente, afirma que “estamos aún a tiempo de realizar estas mejoras, pero se necesitan los esfuerzos de todos”.

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