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Entrevista Canalla

21 de Enero de 2023

Ignacia Antonia: “Antes me angustiaba si no tenía likes”

Ignacia Antonia Instagram Ignacia Antonia

Sus cifras en redes sociales son astronómicas. Es, por lejos, la chilena más famosa del mundo. Y ahora acaba de ganar un importante premio. Aquí, la influencer habla de la fama, de su nueva vida en México, de la pócima secreta para el éxito, de la plata, de la vida, de Chile, del Presidente, de sus sueños y del futuro.

Por

Ella, la mujer más famosa de las redes sociales de Chile, la estrella que brotó en el cosmos cibernético, el hito tiktoker, Ignacia Antonia Hernández, según parece conquistó el mundo este lunes. El mundo lo habría conquistado en horas de la tarde de ese 15 de enero en Estados Unidos, al momento de ser ovacionada por una multitud y obtener un premio internacional.

Una foto difundió su éxito: en esa imagen Ignacia Antonia está de pie, en la médula espinal del Imperio, en Times Square, Nueva York, cubierta por un abrigo rosado, sonriendo, mientras a su espalda, colgada a un edificio, aparece en una pantalla gigante el rostro de Ignacia Antonia.

Es ella de pie, mirándose a sí misma en una pantalla. Está allí doblemente, en cuerpo e imagen, carne y video. Por una parte figura la compatriota asombrada, con frío y gorro de lana; por otra, adherida a la pantalla, aparece la estrella mundial, la ídola untada con cosméticos, nuestra heroína colorida e inmortalizada. Y lo que ocurría en la imagen era que se estaba reproduciendo su propia victoria:

-Es que… ¡Wow! … Gané el Premio a la Influencer Latina del Año… por eso salí en esa pantalla- avisa Ignacia Antonia desde Nueva York.

-No le puedo creer…

-¡Sí! ¡Wow…!- informa, expresivamente atónita.

Y por eso se inmortalizó en el epicentro del globo terráqueo, el punto físico más glorificado de la humanidad. Y ahí brillaba ella, una chilena única, pero a la vez sumamente normal, una hija de vecino cuyas conductas son seguidas atentamente por treinta millones de adeptos (29.8 seguidores en TikTok) o diez millones de feligreses (9.8 seguidores en Instagram).

Es la chilena más popular. La tiktoker sin ínfulas, simplemente Ignacia Antonia, una chilena con empuje audiovisual que desde el 2017 difundió sus bailes y unos puntos de vista e impactó al planeta. Y es la joven que ahora, tras ganar este premio que otorga la revista Socialititeen, una revista que potencia influencers o a jóvenes llamativos que por alguna razón son venerados por la masa, escribió a prisa un mensaje espontáneo:

“¡Mamá, salí en Times Square!”

-¿Cómo se siente?- pregunta el reportero, contemplando el alto impacto mundial, el flujo de saludos que irrumpe en la red de Ignacia Antonia. Es un éxito. Es la fiebre. La fiebre Ignaciana, la fiebre digital, la Gaviota de Oro en versión like.

Y ella, al teléfono, sólo dice:

-Esto es muy loco.

O dice:

-Wow, no me esperaba esto.

-¿Qué ha pasado?

-Estoy en Nueva York y la gente me pide fotos.

Al reportero se le quiebra la voz. Es el síntoma crucial de la fama: selfies en Nueva York. Esa ciudad que, más que ciudad, es una filosofía, es la Atenas del Siglo 21. Allí se gesta occidente. Y allí, por las calles, le piden fotos a Ignacia Antonia. 

-Sí, es muy raro… se me han acercado varias personas. Es emocionante.

-¿Qué le emociona?

-O sea, obvio que me emociono… si esto deja de ser emocionante, deja de ser entretenido. Todos los días me emociono.

El otro día, justamente paseando por Nueva York, Ignacia Antonia pasaba por las cercanías del Puente de Brooklyn contemplando la ciudad con modales de turista y, sorpresivamente, un grupo de personas corrió hacia ella. Un grito en español la alertó:

-¡¡¡Miren!!! ¡¡¡Es Ignacia Antonia!!!

Un grupo de mujeres latinoamericanas se dirigía atropelladamente hacia la estrella mundial. 

-¿¿¿Podemos sacarnos una foto contigo???

-Claro- dijo Ignacia Antonia y, al mirarlas, vio a cinco mujeres en pijama, temblando de frío. Cinco feligreses que habían surgido desde la oscuridad.

Hubo tres o cuatro fotos y un diálogo a gritos (“¡¡¡No lo puedo creer, es Ignacia Antonia!!!”, etcétera). Todo esto no ocurría en Avenida Vicuña Mackenna; todo esto ocurría en el Puente Brooklyn, ese lugar que Woody Allen usaba para estirar las piernas, el paisaje mítico. Y en ese lugar Ignacia Antonia regaló una sonrisa a sus fans.  

-¿Cuál es la pócima secreta?- pregunta frontalmente el reportero. La receta de la gloria. En qué momento una joven utópica que usaba con entereza unos frenillos y que admiraba a Selena Gómez, en qué momento la estudiante del Colegio Almenar del Maipo, en Puente Alto, con promedio 6.1, la hija de Beatriz y Mauricio, batió todos los récords de masividad.

Qué hay detrás. Cuál es el truco, pregunta, en subtexto, este reportero cavernícola con un Bic sujeto a la oreja. 

-No sé- dice Ignacia Antonia, y ríe.

-¿Cómo?

-No sé. No hay pócima secreta. Ser como eres no más. 

-¿Acaso todas las personas que son como son obtienen este éxito?

-No creo.

-Se ha sabido de personas que son como son y cuyos pasos de bailes los han llevado a la humillación…

-…Uy…

-¿Hay algo con lo que encandila a la multitud?

-No tengo idea, jaja- responde con sinceridad.

Y añade, pensativa:

-… cada uno crea su pócima secreta…

Y añade, extrañada:

-¡No tengo idea por qué me hice conocida!

Y lo cierto es que genuinamente ella no tiene una explicación. Sólo hace videos. Sólo la multitud la sigue.

Ignacia Antonia en la cima

A los 16 años, Ignacia Antonia hacía videos gestados con el instinto; su mamá sonreía, su papá se preocupaba. 

-Antes me angustiaba si no tenía likes- afirma.

-Si un video tenía pocos likes yo lo bajaba…y mi mamá me pillaba y decía: “A ver… ¿Por qué bajaste ese video?”- añade, como si tuviese una afección. “Mi mamá me enseñó que uno debía enfrentarse al fracaso, a un video con pocos likes… y que no había que depender de eso…”, explica la influencer esta metodología de moral tecnologizada. 

A los 16 años, en fin, Ignacia Antonia bailaba intuitivamente, era desconocida, toleraba haters, buscaba un sello, era tan tímida.

-Y ahora… es distinto… – ríe la estrella.

Han pasado cinco años: Ignacia Antonia es un huracán de likes, vive en México, lidera una línea de cosméticos, lidera una agencia que fabrica influencers, actuó en la película Un like para Navidad, tuvo un romance con un influencer de Ecuador, finalizó el romance, habló de amor en una entrevista, le piden selfies en Nueva York, en Ciudad de México e incluso quiso estudiar ingeniería comercial para administrarse a sí misma.

-Hay muchos que siempre me siguen. Pero uno no sabe qué contenido será exitoso. Todo es relativo- confiesa.

Una vez dijo: “No me compares, porque yo no compito”. Y se viralizó, conmovió a los seguidores, a la masa hipnotizada. Ha hecho ágiles pasos de baile que recorrieron el cosmos digital. Forbes la declaró, hace poco, como una de las treinta mujeres más importantes del momento. Hay tres marcas aferradas a su estrellato. Ha escrito cuatro libros estimulantes. La siguen muchas celebridades.

En una ocasión, el cantante colombiano Sebastián Yatra, mientras era rodeado por periodistas, la vio pasar y gritó:

-¡Momento, periodistas!… ¿Esa no es Ignacia Antonia?

Y se acercó a ella.

Y la abrazó, conmovido. 

-En su momento, al principio, igual había personas que me ofendían…- declara, aterrizando.

-¿Por qué?

-No sé. 

-¿Ahora la ofenden?

-Ya no. O mucho menos que antes. Ahora también hago lives y hablo con la gente.

-¿Es verdad que le hicieron bullying?

-Sí. Yo no me estaba desarrollando corporalmente así como mis amigas y eso me acomplejaba mucho. Hoy me gusta mi cuerpo.

El cuerpo de Ignacia Antonia lleva, como sabemos, 21 años en el planeta. El cuerpo de Ignacia Antonia es acotado, se compone de 154 centímetros. Está marcado por tres tatuajes y ocho piercings. Y en la actualidad, como dice, es un cuerpo feliz.

Su espíritu, por otra parte, también es actualmente una entidad satisfecha. Su espíritu se alimenta de la familia, de la sana interacción grupal, y, a la vez, de una serie de cursos prácticos que le dan herramientas para entender el mundo.

“Hice un curso de dicción. Otro de actuación. E hice un curso de protocolo, para aprender a comportarme con la prensa. Era todo cool porque yo no sabía nada de los medios”, declara. ¿Aprendió a comportarse con la prensa? “Sí, claro”, dice con énfasis, con total dominio de la situación. Su espíritu, en líneas generales, busca el bien.

-Yo siento una responsabilidad… – dice.

-¿Con quién?

-Con los que me siguen- admite.

-¿Por qué?

-Todos los influencers tienen un deber con la gente.

-¿A qué apunta?

-Todo lo que hagamos lo van a repetir.

El reportero hace una pausa y consulta con seriedad.

-Perdone, pero…¿es usted millonaria? 

La influencer del 2022 ríe.

-Estoy bien- murmura.

-¿Qué es estar bien?

-No sé… vivo en Ciudad de México. Tengo dos departamentos en Santiago. Tengo una casa a medias con mi papá. Tengo dos autos en Santiago. Tengo un auto aquí en México. Tengo mi agencia de influencers que ya trabaja con un cantante y con dos influencers que estamos formando. 

-Usted está bien…- suspira la prensa.

-Sí.

-¿Y ser influencer es algo eterno?

-No. Por ahora seguiré en esto. Pero ahí veremos qué pasa.

-¿Qué sueña?

-El 2022 salí en una película. No sé… me gustaría ir por allí… Y también me queda hacer bien una línea de ropa.

Y da la sensación que sus ojos, repentinamente, han empezado a mirar hacia Hollywood. Y hacia las mejores pasarelas. O hacia otro mundo también.

Opiniones de una influencer

Hace, dice, varios videos a la semana. O baila o expresa una opinión, una palabra de aliento, da luz a los oscurecidos. Trabaja con un equipo. Ignacia Antonia es un holding en sí misma. Es una empresa-persona, una vocera mundial. Su voz, por ende, es relevante. Y aquí habla de todo.

-¿Qué opina de Chile?

-Es un buen país, a pesar de todo.

-¿Qué opina de los políticos chilenos?

-No opino.

-¿Cómo le cae Boric?

-Es una persona con ideas buenas, pero que se le está juzgando muy rápido.

-¿Qué opina del planeta?

-Hay cosas buenas y cosas feas. Hay muchas cosas por mejorar.

-¿Qué le parece Greta Thunberg, recientemente detenida?

-Creo que es muy bonito que a su corta edad tenga tan claro las cosas por las que debe luchar. 

-¿A qué influencer admira?

-Germán Garmendia.

-¿Quién le cae mal?

-Mmm… Bad Bunny.

Y luego dice: “La gracia de esto es la constancia, tener claro lo que uno va a hacer. Entregar un buen mensaje”. Y respira, apremiada y premiada, la Influencer Latina del 2022, desde Nueva York, desde Times Square, donde se fotografió a sí misma, donde le piden fotos. Y en la cima de la gloria, de pronto reflexiona:

-Todo esto es momentáneo…

Y ahí la premiada, la mujer más famosa de Chile, vislumbrando quizás nuevos horizontes, corta el teléfono. Y sigue disfrutando Nueva York.

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