El “portavoz legal” de La Moneda: el paso al frente del ministro Luis Cordero
El titular de Justicia ha tenido un rol preponderante en las últimas semanas, por el Caso Convenios, explicando los alcances del tema y en un rol de vocería, en coordinación con las ministras Tohá y Vallejo. En el Congreso rescatan su asistencia a comisiones y senadores de oposición realzan su capacidad de diálogo. Con una relación cercana con Boric, Cordero ha manifestado que no le interesa una carrera política, mientras en La Moneda reconocen que su actual rol ha descomprimido la presión de otros ministros.
Por Rocío Latorre y Rodrigo Munizaga 5 de Agosto de 2023
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La primera vez que Luis Cordero Vega (50) tomó el peso del nivel de exposición que acarrea ser ministro fue tras la visita de un amigo abogado a su -en ese entonces- nuevo despacho en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos en enero pasado.
Un colega de la Universidad de Talca dejó sobre el escritorio del ministro una taza de regalo con la frase que marcó su debut: “Papelitos primero”.
En medio de la crisis desatada por los indultos otorgados por el Presidente Gabriel Boric a condenados por delitos vinculados al estallido social, Cordero aterrizó pasado el mediodía del 11 de enero desde Alemania, donde residía -hasta ese entonces- junto su esposa y embajadora de Chile destinada en dicho país, Magdalena Atria.

La respuesta del recién estrenado secretario de Estado sobre si era posible o no revocar el beneficio otorgado por el Mandatario fue la primera muestra de su estilo “pedagógico” -describen parlamentarios de oficialismo y oposición- para abordar los problemas legislativos y políticos: el profesor de derecho administrativo no se permite ahondar en una respuesta sin haber estudiado todos los fundamentos legales.
“Va a todas las comisiones, no manda a funcionarios a nombre de él y conoce las materias, él sabe escuchar la opinión de los distintos senadores, más allá de compartir o no lo que se diga o él piense. Busca acuerdos, es de una gran calidad humana y profesionalismo. No va cerrado a las comisiones, escucha las opiniones”, dice la presidenta de la comisión de Constitución del Senado, la senadora Luz Ebensperger (UDI).
El expresidente de dicha comisión, el senador Matías Walker (Demócratas), refrenda la versión de la parlamentaria UDI. “Se ha ganado el aprecio del Congreso. Se destaca por su presencia en la comisión de Constitución, va siempre, y el proyecto de delitos económicos tuvo un apoyo decisivo de él. Si bien en el tema de nombramientos judiciales aún no hay luz verde, se ha caracterizado por articular diálogo, algo que es inusual”, comenta.
Walker apunta a que el protagonismo de Luis Cordero casi no tiene comparación con otros en el mismo cargo en los últimos 30 años. “En relevancia, el actual ministro de Justicia es solo comparable a Luis Bates, del presidente Lagos, cuando le tocó enfrentar en ese momento el caso MOP-Gate. Volvimos a tener un ministro que tiene que hacerse cargo de un problema sistémico, pero viéndolo como una oportunidad”, apunta.
Sin militancia -pese a que hace algunos días, en una actividad en el Partido Socialista (PS), la timonel Paulina Vodanovic le hizo un guiño, señalando que era el jefe de la cartera era un “fiel representante de los valores de la colectividad”- Cordero ha tomado un rol incidente en cada revés político del gobierno que tenga una arista legal.
Tal como lo hizo en la crisis por indultos, asumiendo la vocería total del tema, Luis Cordero ha tomado el rol de cara visible del Ejecutivo en el Caso Convenios, marcando un repliegue de figuras como el ministro de Vivienda, Carlos Montes (PS), pero también de la vocera de gobierno, Camila Vallejo (PC).
Dominio comunicacional
Consciente de que su inusitado rol como una especie de “portavoz legal” lo pone en el blanco -y que a más de alguno en el oficialismo le extraña que aún no sea parte del comité político, pese a ser un invitado regular a ese espacio- ha comentado con dirigentes de gobierno que comprende que la lógica de ese espacio responde a algo distinto a su área de expertise: la representación política de cada bloque o partido de gobierno.
Así, el ministro ha confidenciado a su círculo más cercano que no tiene aspiraciones políticas y que ha podido constatar en sus pares del gabinete que sí cuentan con una carrera en ese ámbito que es una ocupación “demoledora”.
Pero su elocuencia, pese a no provenir de la política tradicional, es destacada por sus pares en La Moneda. El domingo pasado -en conversación en Mesa central, de T13- calificó lo de Democracia Viva como un caso de corrupción.
“Lo primero, es que usted puede entender corrupción como infracción a la ley o la comisión de delitos como cohecho (…). Pero hay una segunda excepción que es la que nosotros en principio debiéramos compartir, que es el ejercicio abusivo de la posición de autoridad para obtener un beneficio privado, aunque no sea constitutivo de delito. En esa segunda dimensión, uno debe entender que estamos en presencia de un caso de corrupción. Y el caso de Democracia Viva es un ejemplo”, señaló.
Esa facilidad natural para explicar lo complejo en un lenguaje más corriente -dicen en el oficialismo- está dada por sus más de 23 años en la academia, rol que sigue ejerciendo en la Universidad de Chile.
Pero quienes conocen mejor al jefe de Justicia apuntan a otra experiencia: su columna semanal que escribió en La Segunda por más de siete años, donde explicaba en -apenas- 1.700 caracteres los fallos de la Corte Suprema.
En La Moneda desdramatizan la idea de que el titular de Justicia ha jugado en el espacio que corresponde a la ministra vocera, sino que argumentan que el paso adelante de Luis Cordero es parte de un diseño para lidiar con la crisis, en coordinación con la misma ministra Vallejo y con la jefa del gabinete, la titular de Interior, Carolina Tohá.

Entre Vallejo y Cordero -apuntan- hay un rol complementario entre la línea política y lo técnico. Pero pese a esa coordinación, esta semana sí hubo diferencias de criterio entre sus declaraciones públicas.
A raíz del Caso Convenios, pero específicamente de la salida de la -otrora- subsecretaria de Cultura, Andrea Gutiérrez, el abogado recalcó que “(las autoridades) cuando llegan por primera vez a un cargo directivo de una administración en el Estado, deberían tener una capacitación básica”.
La ministra no estuvo de acuerdo. “Las capacitaciones, las inducciones, siempre son bienvenidas, en cualquier instancia y particularmente en lo que respecta a la admiración pública, sin embargo, nunca una capacitación más, una capacitación menos, puede ser justificación para no cumplir con la normativa (…). La ley se presume conocida por todos y todas cuando se publica”, replicó.
Más allá de ese impasse, la presencia de un experto en derecho administrativo, admiten, ha permitido descomprimir -por ejemplo- al Ministerio de Vivienda del escándalo.
Su paso hacia adelante, como “portavoz legal” de La Moneda, ha generado reticencias en la oposición, como apunta la senadora Ebensperger: “Creo que a ministros como Codero el gobierno debe cuidarlo, y hoy lo está exponiendo a casi ser el vocero en el Caso Convenios. Eso es un peligro, de desperfilar a ministros, porque no es su materia y hay una ministra para eso”.
El Presidente exalumno y el ministro Luis Cordero
No son amigos, pero en los siete meses que han pasado desde que el ministro Luis Cordero atendió su teléfono desde un supermercado Alemania y al otro lado de la línea estaba el Presidente Gabriel Boric proponiéndole liderar el ministerio de Justicia, la relación entre ambos se ha profundizado.
Los diálogos que han sostenido en las últimas semanas -además de lo relativo al Caso Convenios- han versado principalmente sobre el Plan Nacional de Búsqueda de Detenidos Desaparecidos que presentará la cartera, a fines de este mes, como política pública relacionada al hito de los 50 años desde el Golpe de Estado de 1973.
En una conmemoración donde el gobierno ha tenido dificultades para dar con el relato, el encargo especial del Mandatario durante el último ajuste ministerial a su ministro de Justicia, ha tomado más relevancia que nunca.

En esas conversaciones con el jefe de Estado también queda tiempo para comentar algo de música y lecturas, con la única diferencia que Cordero es más adepto a la narrativa y Boric a la poesía.
Antes de tenerlo como su “superior”, Cordero conoció al Mandatario en las salas de clases de Pio Nono I. El ministro como anécdota ha contado a sus pares que a Boric lo tenía sentado en primera fila, casi al frente, requiriéndolo con preguntas complejas sobre alguna interpretación de un fallo o de un aspecto del derecho administrativo.
Esas preguntas, después de años, han vuelto a aparecer cuando Luis Cordero es invitado a las reuniones en La Moneda.



