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Opinión

12 de Noviembre de 2023
Carolina Urrejola
Carolina Urrejola
Foto: Felipe Figueroa

Columna de Carolina Urrejola | Beatriz Hevia y el cierre del Consejo Constitucional: verdadero o falso

Por Carolina Urrejola

"No recuerdo una frase más excluyente y divisoria viniendo de la boca de una persona con un cargo institucional que, además, dice hablar contra la desunión", escribe la columnista de The Clinc sobre los dichos de la representante del Partido Republicano al hacer entrega de la propuesta de nueva Constitución al residente Gabriel Boric.

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Al inicio del trabajo del ahora extinto Consejo Constitucional, su presidenta Beatriz Hevia invocaba valores como la responsabilidad, la prudencia y la sabiduría. Señalaba, en su discurso de instalación que “más allá de nuestras diferencias, si ponemos a las personas por delante, el proceso será exitoso (…) La etapa que se inicia es importante para la unidad de Chile sin descalificaciones ni exclusiones”.

Cinco meses después, Hevia eligió un tono muy distinto para su discurso de cierre. Lejos de la impronta conciliadora del inicio y lejos del aura republicana que intentó imprimir a sus palabras, la militante del Partido Republicano prefirió la beligerancia.

Su discurso reflejó la satisfacción de la mayoría política que reinó en el Consejo y que logró su objetivo: alinear a las derechas detrás de un texto constitucional que echó por tierra el esfuerzo unificador de la Comisión Experta. En ese empeño, esta “simple asesora legislativa” como ella misma se definió, no resistió la tentación de interpelar al Presidente de la República, sentado en la testera, reprochándole su entusiasmo por el texto de la fallida Convención de 2022.

A continuación, enumeró las bondades que a su juicio tiene el nuevo texto: el respeto por los emblemas patrios, la continuidad de nuestro esquema institucional y el reconocimiento de las Fuerzas Armadas y de Orden. La ahora ex Presidenta estructuró su discurso resaltando las evidentes diferencias de este texto con el anterior. Lo hizo desde un lugar de superioridad que no consideró a los miembros de la minoría derrotada, cuyos rostros evidenciaban la frustración por la imposibilidad de construir acuerdos duraderos que incluyeran preceptos que equilibraran la propuesta.

Beatriz Hevia
Foto: Agencia uno

Que las mayorías son para usarlas es una regla básica de la democracia, es cierto. Hay dudas sobre si esto aplica de la misma forma en un proceso constitucional que en una elección común. Como sea, lo que resulta contradictorio es declarar una intención de superar diferencias y descalificaciones y en la práctica hacer uso político de ellas.

En el discurso del martes la frase más elocuente de esa contradicción entre lo que dijo Beatriz Hevia y el espíritu que trasuntaron sus palabras, fue la de los “verdaderos chilenos”. Citando una crónica de época, aludió a los verdaderos chilenos, honrados y pacíficos, que celebraban la Constitución de 1833.

Tras la cita, Hevia hizo propio el concepto tras criticar la incertidumbre y extensión del momento constitucional. Dijo: “Los verdaderos chilenos, los chilenos honrados y pacíficos, anhelan con esperanza, quizás sin saberlo, que se cierre este proceso constitucional”.

¿Los verdaderos chilenos sólo son los que quieren el fin del proceso? Y los que creen que, pase lo que pase, el tema seguirá sin solución, ¿son falsos chilenos? ¿no hay patria para ellos? ¿Sólo son verdaderos chilenos los honrados y pacíficos?

Me temo que la ex consejera no considera la enorme complejidad y diversidad de chilenos y chilenas que conviven en nuestro país. Separar a las personas en buenos y malos, correctos y disruptivos, pacíficos e iracundos, honestos e inescrupulosos o felices y miserables, revela una escasa comprensión de la condición humana, donde todos tenemos estas dimensiones según los avatares que la vida nos pone por delante. La propia Beatriz Hevia seguramente combina estas dimensiones, como yo o como usted, que lee estas líneas.

No recuerdo una frase más excluyente y divisoria viniendo de la boca de una persona con un cargo institucional que, además, dice hablar contra la desunión.

Un penoso paso en falso el de la ex Presidenta -que seguramente trabajó con esfuerzo y dedicación- pero que decidió coronar su rol redactando esas líneas nada amigables, sabiendo (no puedo creer que no supiera) el efecto que tendrían. Beatriz Hevia perdió la oportunidad de terminar su trabajo con nobleza, evitando hacer ostentación de una victoria política cuyo destino es incierto.

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