Ciudad
11 de Mayo de 2024
Crónica de Rita Cox | Santiago tras su primer sistema frontal: un martes de estrés
Rita Cox escribe sobre el sistema frontal y la preparación de las ciudades para estos. "¿Colapsó Santiago? La respuesta depende de la experiencia cotidiana de cada santiaguino estos últimos días. Según la mayoría de los especialistas consultados la respuesta es un "no". El arquitecto y urbanista Pablo Allard, de hecho, prefiere cambiar la palabra "colapso" por "estrés". Y que hubo estrés esa mañana de miércoles, eso no lo puede negar nadie", escribe.
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Ya antes de que sucediera el primer sistema frontal del año, podíamos fantasear con la belleza que se venía y con la competencia de imágenes que se desplegarían en las redes sociales.
La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) había advertido varios días antes que para el martes 7 de mayo nevaría en los sectores altos de la Región Metropolitana y así fue: transitar, físicamente o a través de las fotografías, esa misma tarde por Lo Barnechea, Las Condes, Vitacura, Peñalolén, San José de Maipo y Puente Alto paraba los pelos por tanta hermosura.
El miércoles, bajo un cielo azul y una luz impecable, sin ese velo gris que impone la contaminación atmosférica, aún quedaban los vestigios de un Santiago estilo nórdico: parques, techumbres y autos tapizados de nieve; uno que otro muñeco aún erguido gracias a las bajas temperaturas; más y más posteos.
Una postal preciosa que se pudo disfrutar con el corazón partido y que se vino abajo con una segunda postal: la de un ruco bajo la vereda de calle Arturo Prat, altura Santa Isabel, en la comuna de Santiago. Las imágenes difundidas tras el operativo de la municipalidad son estremecedoras. Una tapa de cámara cubierta con tablas y frazadas, una escalera para bajar, mucha basura y una persona.
Es imposible separar esa imagen del anuncio de Código Azul -nacido en 2018- que ese mismo día, previo a las lluvias, nieve y bajas temperaturas, activó por primera vez en el año el Ministerio de Desarrollo Social y Familia (MDSF) para la Región Metropolitana y las regiones de Valparaíso y O’Higgins.
Una medida que intenta proteger la vida de las personas en situación de calle frente a las condiciones climáticas extremas del invierno (otra columna merece el impacto de las olas de calor). Un operativo para evitar que quienes viven en la calle mueran de frío y que comprende el despliegue de cuadrillas para, en terreno, chequear el estado de salud de esas personas, brindarles ayuda urgente y ofrecerles refugio en los albergues dispuestos. No siempre se logra llegar a tiempo.
En Chile hay 21 mil personas en situación de calle según las cifras actualizadas del MDSF. Se trata de personas que habitan en el espacio público, no allegadas, ni moradores de campamentos o viviendas de mala o deplorable calidad. Las regiones con mayor alza son la Metropolitana, con 8.780 personas, Valparaíso, con 2.485 personas, y Biobío, con 1.774 personas. Esto implica un aumento de casi el doble respecto de las cifras de 2017, de acuerdo a una investigación publicada por La Tercera a mediados de abril.

Del total en el país, un 84% son hombres y un 43% lo integran mayores de 50 años, seguidos de cerca por aquellos de entre 36 y 49 (37%). El doble click que hace el Hogar de Cristo es elocuente: en 2021, 11.304 personas llegaron a la calle frente a las 1.026 que lo hicieron el año 2020. Cifras oficiales que están por debajo de la realidad. La complejidad del perfil de esas personas solo permite una sub contabilización, que podría ser corregida a través del Censo en curso. De hecho, el Hogar de Cristo realizó una alianza con el INE para colaborar con los censistas capacitados para ello.
¿Qué lleva a estos hombres a vivir en la calle? Según los datos del Registro Social Calle (MINDES, 2017), problemas familiares o la pareja (63,6%), consumo problemático de alcohol y/o drogas (14,3%), problemas económicos (11,5%).
Sería miope quedarse con la imagen de un hombre solo viviendo en la calle. La pobreza generada por la pandemia y la migración ilegal ha dificultado las cosas. En las carpas o estructuras improvisadas que se encuentran en la ribera del Canal San Carlos, el bandejón central de la Alameda, la Avenida Santa María, así como en parques y plazas, viven familias, incluidos niños pequeños. En su mayoría son migrantes.
Este mes se cumplen cinco años de la implementación del programa Vivienda Primero, del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, en convenio con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) y ejecutado por varias fundaciones que trabajan con personas en situación de calle, entre ellas el Hogar de Cristo.
El programa, que nació en los años 90 en Nueva York como Houssing First, entrega un techo sin condiciones de “buena conducta” a sus beneficiarios y lo hace con un plan de acompañamiento continuo con apoyo psicosocial y laboral. La complejidad de las razones que llevan a una persona a vivir en la calle, y las cicatrices que eso genera, lo requieren.
Así y todo, el problema persiste. Uno que no afecta solo a países pobres. El caso más emblemático, tal vez, es el de la ciudad de Nueva York. Una investigación de 2023 de la Deutsche Welle arrojaba que, a enero de ese año, alrededor de 650 mil estadounidenses se encontraban viviendo en la calle, de los cuales más de 90 mil eran de Nueva York. “Tras la pandemia de COVID-19, muchos programas de ayuda se han interrumpido y el costo de la vivienda ha aumentado tan drásticamente que, en algunos casos, los residentes ya no pueden pagar el alquiler y acaban en la calle”, se lee.
En un informe reciente dado a conocer por el alcalde de la ciudad, Eric Adams, el número de personas sin hogar en el sistema de refugios se disparó un 53% durante 2023, impulsado por el incesante aumento de inmigrantes. El informe compara los datos y el desempeño de las agencias de la ciudad de julio a octubre de 2023 con el mismo período de 2022.

Adams, que asumió el 1 de enero de 2022 sus funciones y declaró desde su campaña la intención de erradicar a los homeless, no ha podido cumplir su promesa, a pesar de que ha liderado la apertura de 210 sitios de refugio de emergencia para albergar a más de 170.700 migrantes durante la crisis fronteriza que ahora entra en su tercer año y suma a más de cien hoteles como refugios de emergencia con un costo estimado que supera los mil millones de dólares.
La crisis homeless no permite una solución rápida como la que soñó Adams. No se trata solo de la crisis migratoria, tampoco problemas de pareja y familiares o adicciones. Se trata de múltiples variables a considerar para entender quiénes son las personas en situación de calle que viven bajo puentes, en parques o en el metro.
En 2022, el alcalde comunicó una estrategia para sacar de la calle, incluso de manera involuntaria, a las personas con enfermedades mentales graves en caso de que representaran amenaza para sí mismas o para la comunidad. El anuncio disparó el debate jurídico respecto de las libertades individuales y el reclamo de varias ONG, por considerarla simplista.
Volvamos a Chile ¿Colapsaron nuestras ciudades con la nevazón y la lluvia del martes 7 de mayo que dejó, solo en Santiago, cerca de 50 milímetros de agua caída (estación Tobalaba)? La respuesta depende de dónde y de las comparaciones que se puedan hacer. En la Región del Biobío, azotada por relámpagos, truenos, lluvias, ráfagas de viento que superaron los 60 km/h, y granizos en algunos sectores costeros del gran Concepción, hubo sectores anegados, inundaciones, caída de árboles y cortes de luz. Las rutinas se vieron afectadas y las clases en varios colegios municipales – en Lebu, Curanilahue, Contulmo, Tomé y Arauco- se suspendieron.
Mientras eso ocurría, y hasta el cierre de esta edición, en el extremo sur de Brasil, en el estado de Rio Grande do Sul, donde habitan 11 millones de personas, el temporal que comenzó el 30 de mayo ha causado más de un centenar de muertos y cerca de 130 desaparecidos. El 80% del Estado se encuentra bajo el agua, con la capital, Porto Alegre incluida.
“Parece que estamos viviendo el fin del mundo”, decía al New York Times una enfermera que trabaja como voluntaria en un albergue en Canoas. La imagen viral de un caballo -Caramelo- parado sobre un pedazo de techumbre en medio del agua, captada por un helicóptero de TV Globo en la misma ciudad, es devastadora.
La crisis climática es sinónimo de eventos meteorológicos intensos, fuera de canon. Breves como el vivido hace unos días en la zona centro sur de Chile. Largos como el que destroza Brasil. Para todos, las ciudades deben prepararse y algunas, como Nueva York, lo están haciendo con ambiciosos proyectos de adaptación.
En Santiago, efectivamente hubo calles anegadas y puentes bajo nivel colapsados por algunas horas. Louis de Grange, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UDP, dice que “todo eso, sumado a los cortes de luz, no puede definirse como colapso. Fue una jornada compleja, pero con problemas acotados. No hubo corte generalizado en la red de metro (que por otras razones experimentó problemas el jueves 9), por ejemplo, que sí significaría un colapso”.

Añade que el agua corriendo por las calles y avenidas de buena parte de la Región Metropolitana se debe a que tenemos un diseño de infraestructura urbana con muy pocos colectores de aguas lluvias y que la mayoría de las comunas carecen de alcantarillado, ambos responsabilidad del Ministerio de Obras Públicas (MOP).
El arquitecto y urbanista Ricardo Abuauad, quien afirma que la RM sí colapsó el pasado martes, agrega que una de las razones es que el cemento le gana progresivamente al verde que actúa como esponja (principio de las llamadas “Ciudades esponja del arquitecto y paisajista chino Kongjian Yu), que impide que las aguas lluvias penetren en el subsuelo y rellenen los acuíferos subterráneos.
Distinta es la situación que se vio, y se suele ver en el centro, gracias a una red de desagües y alcantarillados planificados en 1903 mediante una licitación internacional. La ejecutó un equipo francés entre 1904 y 1910, que habría importado el modelo de construcción y escala parisina.
Caroline Iribarne, arquitecta y socia de Atisba, detallaba hace casi un año a Radio Pauta que, “a medida que fue creciendo la ciudad se requirió de un nuevo plan de colectores de aguas lluvias. En 2001 se planificó un ‘plan maestro’, vigente hoy, que definió una red de colectores, con obras de drenaje y conducción, que además amplió la capacidad hidráulica de los canales y quebradas”. El plan maestro resolvió las inundaciones crónicas que tenía la ciudad de Santiago en sectores como La Florida, La Granja, San Ramón, Maipú, Puente Alto, Independencia y Huechuraba, beneficiando así a dos millones de capitalinos.
Sin embargo, Iribarne afirma que es necesario actualizar ese plan de colectores, “ya que el crecimiento de la ciudad hacia las periferias continúa”.
Tacos. Ese sí que fue un mal rato el martes 7 de mayo. ¡Cómo cuesta manejar con lluvia! Alberto Escobar, especialista en seguridad vial y políticas públicas, dice que la dificultad es para todo mortal que esté al volante, debido a la visibilidad y efecto encandilamiento que, incluso de día, pueden generar las luces de los automóviles. “La recomendación es bajar en 20 km la velocidad permitida, que es algo que suele hacerse intuitivamente. Pero no hay que olvidar que, en Chile, el 90% de los conductores tiene bajos conocimientos de las leyes del tránsito y menos cómo enfrentar la lluvia”.
Esa falta de preparación, y sensación de inseguridad y torpeza, genera también microcolisiones – al choque “por alcance”- que, junto con lesiones, ralentizan la circulación. Cifras difíciles de cuantificar, ya que solo el 30% del parque vehicular está asegurado y de ese total muchos optan por reparar por su cuenta para que no le aumente la póliza.
No olvidemos a los peatones, por favor. Difícil, por no decir imposible, gestionar la furia que genera un auto que por el “río” de agua pegado a la vereda pasa a toda velocidad y te deja estilando. Un acto de prepotencia y desequilibrio de fuerzas – persona versus máquina-, “acción menos grave” según el artículo 201 de la Ley de Tránsito, que arriesga a un pago de más $60 mil al o la canalla que arriba del auto moje a un peatón. ¿Será efectiva la advertencia? ¿Alguien, empapado en plena calle, ha podido alguna vez tener el tiempo de anotar una patente?
A cuatro días del sistema frontal que pasó por la RM queda la preciosa cordillera nevada, el frío, los vecinas y vecinos con bidones en mano esperando su turno para cargar parafina, las personas en situación de calle que volverán a vivir lo que nadie merece, el anuncio de una demanda colectiva contra Enel por parte del alcalde de Lo Barnechea, Cristóbal Lira y la legítima preocupación de la ciudadanía frente a una temporada de lluvias que recién comienza y la amenaza de nuevos cortes en el suministro.
Dos millones de clientes dependen de Enel, repartidos en 33 comunas de la RM. Los cortes de luz que comenzaron el martes 7 de mayo afectaron a un total de más 180 mil personas, principalmente del sector poniente y oriente. Hasta este viernes, el 99% había recuperado la energía.
Las razones de los cortes se deben a varios factores. La más evidente es que tenemos un 85% de cableado aéreo que, para que funcione sin imperfecciones, debe estar completamente despejado. El resto lo comprenden algunos sectores del centro y Providencia, algo de Vitacura y La Dehesa.
Un objeto contundente lanzado por algún gracioso o una rama que cae son amenazas inminentes. Ejemplo del martes 7 de mayo es lo vivido en un sector de Las Condes. Debido a la nieve sobre un eucalipto del jardín de una casa en calle Paul Harris, este se desplomó y cayeron cuatro postes de alumbrado. Como consecuencia, el sector estuvo horas sin luz.
Árboles caídos y ramas que se desprendieron en el espacio público generaron iguales problemas. La poda en esas zonas es de responsabilidad de Enel, si está allí su cableado. En julio de 2023, en un trabajo conjunto con la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la UC, la empresa publicó un manual “Gestión del Arbolado Urbano en las Redes de Distribución Eléctrica” (disponible online), con el objetivo de mitigar el impacto en la continuidad del servicio.

En materia de política pública, sigue reposando en el Congreso la “Ley de arbolado urbano”, redactada durante el gobierno de Piñera 2, que busca generar un marco regulatorio que permita proteger los árboles urbanos en todo país y sugiere criterios de elección de especies idóneas para cada sector. Una ley que ha sido promovida a través del debate público por el arquitecto Yves Besancon. “Es necesario sacarla adelante. Fue tomada por la Senadora Isabell Allende (PS) y considera las podas y toda la supervigilancia de la calidad de los árboles en las ciudades”, dice.
Cableado aéreo, árboles y ramas caídas por diversas razones -incluida la de especies afectadas por la sequía- no son, evidentemente, el único factor de la crisis que han vivido los hogares y comercio sin electricidad.
La tecnología de telecontrol de Enel, que permitiría una respuesta más rápida y sectorizada frente a cortes desde las oficinas de calle Santa Rosa 76, aún es incipiente. Lo mismo que los medidores automáticos, un parque de apenas 300 mil aparatos, que también alertaría de manera inmediata. “Una red de cableado más resiliente, con más interconexiones, también son necesarias”, agrega un ejecutivo de la industria, que añade la frase clave: “Para todo eso se requiere inversión”.
¿Colapsó Santiago? La respuesta depende de la experiencia cotidiana de cada santiaguino estos últimos días. Según la mayoría de los especialistas consultados la respuesta es un “no”. El arquitecto y urbanista Pablo Allard, de hecho, prefiere cambiar la palabra “colapso” por “estrés”. Y que hubo estrés el martes, eso no lo puede negar nadie.
Rita Cox, editora y conductora de Ciudad Pauta, de radio Pauta.



